La sociología en la locomoción colectiva

Algunas ventajas tiene detestar los automóviles, y de no tener ninguno (ahora por motivos económicos, pero anteriormente por gusto de hecho). Al menos creo que las tiene para sociólogos.

Porque hay que reconocer que escuchar las conversaciones y las situaciones en la locomoción colectiva no deja de ser interesante. Desde el Transantiago, hasta discusiones sobre segmentación de grupos juveniles (recuerdo una larga escucha en Tobalaba a un par de adolescentes sobre las ‘cuicas andinas’), pasando por músicos callejeros que lanzan peroratas y nos cuentan de su sitio web (desafortunadamente, no anote el nombre); hay mucho que observar y escuchar.

Sería bastante útil que alguna vez me hiciera caso y efectivamente me agenciara una grabadora para los viajes en micro y metro. Y quizás habría que analizar porqué la micro funciona mucho mejor para la escucha cotidiana que el metro, que es un medio de transporte silente.

La invisibilidad de la metodología

Una de las preguntas de la última prueba del curso de consumo implicaba comparar dos estudios que, a primera vista, tenían resultados que se contradecían. Joel Stillerman (*) estimaba que los hogares de clase trabajadora por él estudiados tenían una relación muy de cuidado con el crédito -limitando su uso todo lo posible. Un estudio de van Bavel y Sell-Trujillo (**), por el contrario, argumentaba que para los sectores bajos resultaba perfectamente sensato, razonable endeudarse -y de esta forma demostrar, de manera concreta, con bienes, que ya no es pobre. La pregunta era, bueno, ¿se pueden hacer compatibles ambos argumentos? Al fin y al cabo, ambos son sobre estudios cuyo campo es de finales de la década de los ’90, publicados con un año de diferencia, y trabajando sobre los mismos temas.

Varios alumnos intentaron solucionar la posible contradicción notando que, en principio, los grupos eran diferentes: Que los trabajadores de Stillerman -obreros especializados en una industria, obteniendo sueldos superiores a la norma del mercado- no eran el mismo grupo, ni económica ni socialmente al estudiado de van Bavel y Sell-Trujillo, que serían un grupo más pobre. Lo cual resulta medianamente razonable.

Pero lo que casi nadie comentó, y es la raíz de este post, fue la diferencia en metodologías. Stillerman es un estudio que se basa fundamentalmente en entrevistas en profundidad (a las mujeres de los trabajadores en buena parte), mientras que van Bavel y Sell-Trujillo usan técnicas grupales. Ahora, uno bien pudiera explorar las consecuencias de usar técnicas diferentes: Que resulta más fácil decir y explorar un tema ‘negativo’ cuando se habla en grupo -cuando no es necesario decir ‘hey, estoy super endeudado’ sino uno puede decir cosas ‘la gente se endeuda porque’. La entrevista individual nos lleva a lógicas diferentes de presentación -donde la lógica de exponer tácticas preferidas pueden ser lo más desarrollado. (***)

Ahora, la explicación anterior puede ser, probablemente lo es, bastante mala. Pero el caso es que defender la idea que usando técnicas distintas se obtienen resultados distintos no es demasiado difícil. Y que nuestros datos dependen de la forma en que hemos preguntado, porque cada técnica ilumina una parte del fenómeno, debiera ser parte de nuestro sentido común.

Pero el problema de los datos es que, una vez publicados, se olvida de donde y cómo se obtuvieron. Y pasan a ser ‘realidad’. Y entonces, como lo decía el título, la metodología se vuelve invisible.

(*) Joel Stillerman, Gender, Class and Generational Contexts for Consumption in Contemporary Chile. Journal of Consumer Culture, Vol. 4, No. 1, 51-78 (2004)
(**) Rene van Bavel y Lucía Sell-Trujillo, Understandings of Consumerism in Chile. Journal of Consumer Culture, Vol. 3, No. 3, 343-362 (2003)
(***) Miller, de hecho, hace una observación similar cuando diferencia sus resultados -de etnografía- de los obtenidos por otros que usan focus groups: No se puede esperar obtener lo mismo cuando se usan técnicas diferentes, cada una ilustra elementos que son diferentes.

Defender la Casen Redux

Tomando en cuenta que El Mercurio decidió el fin de semana seguir con la cantinela sobre la Casen, me imagino que sigue siendo necesario establecer porqué es importante defender el dato. Algunas de las críticas no tienen mucho sentido, a decir verdad. Se reclama que no se use la nueva canasta y se siga usando la del ’87. Pero lo mismo se pudo haber dicho en ocasiones anteriores y nadie reclamo (obvio, porque en esa ocasiones pasó que la pobreza no bajó). También se reclama que como cambió tanto la elasticidad crecimiento-reducción pobreza, porque ahora unos puntos de crecimiento hacen bajar mucho más la pobreza. Ahora, nadie reclamó (en el sentido de ‘los datos no sirven’) cuando a su vez la elasticidad cambió anteriormente -cuando pasó que el país crecía y no había disminución de la pobreza. En realidad, el tema es peor. Buena parte de las críticas mencionadas en El Mercurio habían sido, anteriormente, contra-argumentadas por Engel (el 24 de Junio en La Tercera). Pero en El Mercurio se opera como si eso no hubiera pasado.

Ahora, el caso es que esto es relevante. Conversando con un amigo, Rodrigo Márquez, me comentaba que lo que le parecía más negativo era el hecho que entre la discusión política se había perdido el hecho que había críticas más serias que hacer -por ejemplo sobre la definición de pobreza. Pero creo que eso es errado.

El tema importante es el político. Porque cuesta construir cifras confiables y en las que se confía. La confianza es fácil de destruir, y una vez rota cuesta mucho reconstruirla. Ahora podemos pensar, era lo que pensaba inicialmente, que da lo mismo -un poco de discusión y al mes vamos a estar todos usando y citando las citas como siempre. El gobierno usa las cifras políticamente -lanzando la encuesta de a pedazos-, la oposición replicadel mismo modo, pero a la larga nada importa. Pero así se empieza, y después quedará la encuesta CASEN como los datos del gobierno (así los llamó Larraín) y luego, sin darnos cuenta perdimos algo que teníamos, y que no dejaba de ser valioso.

Defender la Casen

En los últimos días hemos tenido que soportar que:

a) El gobierno, por asuntos más bien políticos supongo, se apresure a dar los datos de pobreza sin tener la encuesta lista.
b) Que presente datos que están, por decir lo menos, raros: ¿Vitacura con 3,7% de indigentes? Uno puede suponer que el problema estuvo con la expansión (que en la Casen usualmente es bastante compleja, y es lo que hace que -usualmente- los datos se demoren en salir)

Por el otro lado, se ha tenido que soportar que:
a) Hernán Larraín diciendo que No vamos a discutir su encuesta ¿Desde cuando se ha tratado la CASEN como una encuesta de ‘gobierno’?
b) Y para que decir lo de Allamand.

En otras palabras, alguna vez tuvimos una encuesta más que decente -con una muestra gigante, con un terreno de alta calidad, que podía llegar a tener resultados representativos a nivel de comuna para prácticamente todo el país, que permitían tener datos recientes sobre buena parte de los temas que son de interés para política pública. Y ahora, para tener cheap shots, ya empezamos a hacer un desastre con ella.

Uno podría decir que -bueno, que otra cosa se puede esperar y que pasado el tiempo quedará todo esto en nada. Por otro lado, esfuerzos como la CASEN son delicados y es mejor cuidarlos: si empezamos a politizar su uso y los datos, entonces vamos a dejar de tener lo que es, como investigación para política pública, prácticamente invaluable.

Sobre que a la racionalidad a veces se le exige demasiada racionalidad

La revisión de pruebas es la tarea más ingrata de dedicarse a hacer clases. Ahora bien, sólo tiene una característica redentora: permite darse cuenta de algunas peculiaridades del sentido común sociológico. Que es lo que procederemos a comentar ahora.

En la última prueba de consumo, y dado que los alumnos tuvieron que responder una pregunta sobre Becker (*), resulto notorio que fuera extremadamente común declarar que para que una acción sea racional debe ser sin error. Y no error de juicio (no sacar las consecuencias válidas del conocimiento dado) sino error de conocimiento (no tener todo el conocimiento).

Ahora, ¿por qué resulta tan común una mirada tan tradicional sobre la racionalidad? Pensemos que, por ejemplo, en lo que concierne a todas las disciplinas que analizan el conocimiento, la idea que la racionalidad tenga algo que ver con estar en lo correcto (encontrar la verdad) ha sido abandonada desde hace mucho tiempo. Digamos, desde Popper al menos que eso ya no es mantenido. Porque, entonces ¿insistir en ello para la acción?

De hecho, ni siquiera en economía -que tiene una de las nociones más restringidas y limitadas de racionalidad posible- se usa tal equiparación. O al menos, lo que se requiere es no tener error de juicio. Pero exigir que sin tener todo el conocimiento no se puede tener acción racional implicaría que, por definición, no se puede tener acción racional en situaciones de incertidumbre -que no tiene sentido a decir verdad..

Al final, me imagino, el mantener esa equiparidad tiene una explicación sencilla: Si mantenemos que para que una acción sea racional tiene que cumplir unos requisitos imposibles, entonces podemos desechar toda esa línea de explicación de manera muy sencilla.

(*) ¿Por qué pasar a Becker en un curso de sociología de consumo? La razón ilegítima es que a mí me parece interesante. La razón legítima es que, al fin y al cabo, nunca esta de más conocer al ‘enemigo’ por así decirlo.
(**) 100 entradas. Para algo más de un año y medio. Hmm, el ritmo inicial no fue muy rápido, pero bueno -hay cosas peores.

Una nota sobre los supuestos de este blog

En realidad, el supuesto es más que evidente, pero en aras de que las cosas queden explícitas nunca está de más mencionarlos.

El lector atento, e incluso el muy inatento, se habrá dado cuenta que la crítica al estado de la sociología se basa en la postura que la Sociología es una ciencia y que su tarea es explicar los fenómenos sociales.

Ahora, como la mayoría de las declaraciones sencillas, esto requiere de una explicación. Que debiera ser larga, pero que aquí sólo desarrollaremos en breve.

El problema de decir la Sociología es una ciencia es que con eso uno pudiera decir muchas cosas, que no es la intención decir. Por ejemplo, uno pudiera querer decir que la sociología debiera imitar la física. O que, por ejemplo, uno se ha olvidado de las necesarias dialécticas que implica la sociología (que es la sociedad estudiando la sociedad, cosa que se supone trae innumerables complejidades). O que, entonces eso implica necesariamente una postura acrítica sobre la sociedad. Veamos que podemos decir a cada una de ellas.

A la primera, que imitar a la física puede decir -a su vez- muchas cosas. Claramente no podemos imitar una ciencia experimental, ni probablemente el tipo de esquema teórico de la física (con constantes universales, leyes formalizadas etc.) Pero eso también es cierto de la química (que no trabaja mucho con leyes universales, aun cuando las use) o de la biología (que durante un buen tiempo ha sido claramente científica sin necesidad de grandes formalizaciones). En realidad, cuando decimos que la sociología es una ciencia queremos decir que lo que debiéramos imitar de la física es el rigor en el trabajo, la necesidad de claridad (los conceptos pueden ser todo lo complejos que se requiera, pero conceptos ambiguos no son una ventaja a final de cuenta). Finalmente, la idea que entender como funciona la sociedad es una tarea difícil y compleja, que requiere trabajo serio.

A lo segundo, que la sociología no tiene ninguna dialéctica especial al respecto. La física es materia investigando materia, la biología vida investigando vida. Ninguna de esas cosas ha sido óbice para desarrollar esas ciencias, no veo porque debiera ser especial en el caso de la sociología. Independiente de que eso esté o no fundamentado, el caso es que en la práctica el que X estudie X no ha implicado nada muy particular para el estudio de X en ningún otro caso. A final de cuentas, yo tiendo a pensar que ese tipo de ideas no son más que otra forma de querer vernos (y, por tanto, a las sociedades que creamos) como algo distinto, especial, diferente a la naturaleza.

A lo tercero, que la convicción crítica o no es un asunto de uno como ciudadano, no como sociólogo. Es cierto que el hecho, necesario en un sociólogo, que regularmente piensa en alternativas posibles (*), facilita una posición crítica, pero sigue siendo cierto que no es necesario (Todavía resulta posible que se evalúen todas esas alternativas como inferiores). La sociología necesariamente quita uno de los puntos de apoyo de una visión acrítica de lo social, pero no los quita todos. Y, en general, las posturas sobre la sociedad son un asunto de los ciudadanos como ciudadanos, no de algunos grupos en particular que -vaya uno a saber por qué- saben por donde tiene que ir la sociedad. Nada peor que el filósofo-rey, y la pretensión que la sociología, per se, implica una posición política tiene una cercanía a esa posición. Obviamente, en todo caso, cuando el sociólogo habla como ciudadano, entonces debiera hablar como sociólogo (aprovechando y usando su saber particular). Pero así habla todo el mundo, y debiera estar claro que está hablando él usando la sociología, no que está hablando la sociología. En otras palabras, una visión de la sociología como ciencia no implica la torre de marfil o una visión conservadora, implica que cuando uno habla en la sociedad, lo hace como ciudadano de a pie.

Con lo que podemos pasar al segundo punto que basa este pobre blog: Que la sociología no sólo es (debiera más bien) una actividad científica, sino que su objetivo debiera ser explicar.

Más bien, debiera incluir explicar. La disciplina, como toda disciplina, tiene muchos objetivos posibles. No es que la sociología sea una ciencia ‘teórica’ dejando a otras las tareas de contacto directo con la realidad (ya sea como estudio o como acción). Lo que sí defendemos es que la sociología también incluye esos aspectos teóricos, y que la teoría debiera entenderse como explicación, no sólo como desarrollo de modelos conceptuales.

Para defender esta idea vamos a usar un atajo. Vamos a criticar a uno de los exponentes más conocidos de la idea contraria, a Giddens. Para Giddens una sociología explicativa es imposible, o a lo más naïve, acaso ¿no es cierto que lo que pasa en la sociedad depende de los conceptos de los sujetos? ¿no es cierto que los actores son, finalmente, también teóricos sobre lo social, y que sus teorías constituyen lo social?

Sí, todo eso es cierto. Pero nada de eso obsta para desarrollar una ciencia explicativa (o peor, incluso generalizante). El propio Giddens lo muestra: Su teorema de la dualidad de la estructura (**) es cierto independiente de los sujetos. Incluso, seguiría siendo válido si los sujetos lo dieran por verdadero y lo usaran en su vida. Lo que dice Giddens sobre la importancia de la seguridad existencial básica en la vida social puede ser verdadero o falso, lo que sí es cierto es que verdad o falsedad no depende de si los sujetos sociales lo usan en su vida cotidiana o no. Por ejemplo, si lo usaran -y entonces lo convirtieran en objetivo político- no cambiaría su validez.

De hecho, lo mismo es válido para uno de los ejemplos típicos de Giddens: soberanía. Nos dice que ese concepto, que parte como conceptualización teórica de académicos, ‘inventada’ para explicar ciertas cosas; se transforma en un objeto social en la medida en que es adaptada por los actores y usada como uno de los conceptos básicos mediante los cuales entendemos (y por tanto, constituivo) la vida social. ¿No implica esto, entonces, que la validez de los conceptos al final depende de los actores sociales? ¿Que soberanía no es un concepto externo de la vida social, sino constitutivo de ciertas sociedades?

No, no es esa la consecuencia real. Efectivamente, soberanía es un concepto interno de los sujetos, efectivamente para discutir, describir y explicar la política contemporánea tenemos que usar el hecho que los actores describen su accionar usando el concepto de soberanía. Ahora, eso es independiente del hecho si el concepto de soberanía es un concepto explicativo (en sentido generalizante o de un nivel separado de los sujetos) sobre lo político. El hecho que el concepto funcione en los dos niveles no implica que no pueda usarse en el nivel explicativo general, implica que efectivamente opera en los dos niveles. Y que así sucede con los conceptos de las ciencias sociales en general.

Por ejemplo, usando el concepto de soberanía teórica y generalmente uno podría intentar preguntarse, ¿por qué ese concepto se incorporó en las concepciones de los actores políticos? ¿tiene eso efectos sobre la forma en que se usa la soberanía? (‘trabajan’ con la soberanía de manera diferente quienes tienen el concepto y quienes no lo tienen).

En general, el hecho que los autores tengan conceptos, que esos conceptos son parte de los hechos que investigamos, es reconocer y entender de qué se trata la tarea explicativa. No implica que no se pueda tener una tarea explicativa. Al fin y al cabo, Giddens está lleno de afirmaciones explicativas y generalizantes: Que la falta de seguridad existencial tiene tal y tal consecuencia es claro de la lectura de su texto. Que Giddens no lo lea en términos de explicaciones y no quiera desarrollar ese camino es otro asunto, y uno que limita (limitó) profundamente sus esquemas

(*) Que es el punto, esperemos no olvidarnos, del siguiente post en la serie sobre el método de la sociología.
(**) Ese es el tipo de frases que muestra lo útil que sería imitar a la física. El teorema de la dualidad de la estructura es cualquier cosa menos un teorema, si uno quisiera imitar se daría cuenta de ello y usaría alguna frase menos rimbombante

Alabado sea con grandes alabanzas el Internet Archive

Alabado sea con grandes alabanzas el Internet Archive y su magnífica Wayback Machine. ¿Por qué?

Porque me ha permitido recuperar mi antiguo sitio, El Francotirador, y mis viejos comentarios (circa 2001-2002). Recuperar lo que uno suponía perdido no deja de ser una pequeña felicidad.

Lo otro que me causa algún placer es que, mirando los textos con 4 o 5 años de distancia, creo que no están tan mal. Es cierto que siempre quedaron ripios, que algunas veces debiera preocuparme de dejar más en claro las ideas, y que -en general- algún trabajo de edición nunca estuvo de más; pero he de decir que me gusta el contenido y, en particular, el estilo -al menos en algunas partes.

Todavía me gusta el inicio de la crítica al libro de Cousiño y Valenzuela (Politización y Modernización en América Latina). Después de una larga cita, se partía con ‘Se agradece a un texto que buena parte de sus errores, todos mayúsculos, estén tan concentrados en un solo párrafo‘. Y también, en el comentario La Miseria de la Sociología dijera en una nota a pie de página que ‘Moulian además usa el método probado de decir que la ideología de los adversarios les impide ver la verdad‘. Y en el cuerpo de ese mismo comentario ‘Como toda conversación de café [que era la comparación que usaba para esos textos], sirven para pasar una tarde y para pretender que uno no es un bruto, pero como aporte al conocimiento de la sociedad no es mucho lo que sirven‘. Y me gusta la frase, usada para criticar a Tironi, de ‘las afirmaciones pueden ser ciertas, y parecen ser plausibles, pero es la perdición de las ciencias sociales si nos vamos a quedar en el reino de lo plausible‘.

No me acordaba tampoco que la crítica al informe del PNUD de 1988 fuera tan severa. ‘Si las incertidumbres son ineludibles en la vida social, entonces para investigar la seguridad en Chile no hay que estudiar incertidumbres, hay que analizar amenazas‘ para plantear que, efectivamente, el PNUD nunca realizó ese análisis. Y más en genérico:

Decir que un difuso malestar recorre Chile puede querer decir varias cosas: Puede querer decir que los chilenos plantean que existen problemas importantes. Puede querer decir que los chilenos perciben que viven mal, que el balance general de su vida es negativo. Si la tesis del PNUD plantea sólo lo primero, entonces no plantea nada interesante. Es relativamente obvio que las personas nunca son tan ilusas, en general, para crear que todo está bien y que no existen problemas. Lo interesante es la segunda versión: que decir malestar es decir que, en balance, los chilenos estiman que lo negativo supera a lo positivo. Pero para poder plantear ello, se requiere evidencia sobre ese balance. Y esa evidencia no está presente.

Lo del estilo, en particular si el lector no comparte mi gusto por esas frases, puede parecer menor. Pero, al menos para mí, no lo es tanto. Pero, para ello será menester referir a una historia personal y anterior. En 1996-1997, saliendo de la Universidad, por algún motivo releí algunos de mis trabajos de cuando recién ingresé a la escuela -2º año para ser preciso, 1991- y me deprimí. Encontré que sencillamente no podía repetir el estilo de esos trabajos, y que la persona que los escribió era irrecuperable. Y pensé que había quedado, sin vuelta posible, atrapado por el seco, mediocre e ilegible estilo de los sociólogos. Lo que me muestran los textos del 2001-2002 es que no era la caída en esa forma de escritura no era irreversible. Que, mal que mal, era posible recuperar una forma de escritura más personal. Una forma que podrá ser todo lo desastrosa que se quiera, pero refleja al menos que uno no se ha separado de sus propios textos.

En todo caso, lo que me resulta incluso más placentero -en realidad, debiera preocuparme, pero por ahora simplemente disfrutaremos del asunto- es que todavía mantenga firmemente algunas de las opiniones de esa época. Al parecer 5 años no es tiempo muy largo para cambiar de (algunas) opiniones.

Porque todavía doy por cierto, como decía en mi introducción a mi nada mesurado proyecto de Historia de las Sociedades Humanas (*) que:

¿Queremos saber porque Japón fue la única sociedad no occidental que en el siglo XIX logró modernizarse y no quedar bajo la dominación -sea directa o indirecta- de las potencias coloniales europeas? Pues bien, busquemos la respuesta en la estructura social japonesa -en el carácter de su feudalismo, de su vida urbana, de la extensión de sus mercados- más que en la cultura japonesa. ¿Queremos saber porque las religiones monoteístas se expandieron tan fuertemente? busquemos la razón de ello en la precisa forma en que se relacionan entre sí los miembros de una secta profética y las formas en que se reaccionó a ello.

En otras palabras, me siguen gustando las explicaciones estructurales (aunque por algún motivo son los temas culturales a los que vuelvo).

En fin, terminada esta excursión por asuntos más bien personales que no debieran importarle -creo- a nadie más allá de mi pobre persona, podemos continuar con la programación habitual del blog.

(*) Y se coloca en mayúsculas porque siendo un proyecto sin mesura debiera marcar su importancia, Al fin y al cabo, si yo no me creo la importancia del proyecto intelectual que se supone debiera orientar mi experiencia, entonces ¿quién podría hacerlo? Y el pobre proyecto se merece que alguien se lo tome en serio.
(**) Alguna vez leí, que por supuesto no me acuerdo donde, que Beethoven era uno de los pocos compositores en que todo lo que había escrito era bueno o al menos interesante. Escuchando la Sonata a Kreutzer, op 47, he de reconocer que estoy de acuerdo: Nunca le he escuchado algo mediocre.


Fordismo y Posfordismo

Entre las innumerables transformaciones que a los sociólogos nos encanta plantear se han desarrollado en la actualidad, está la vieja (a estas alturas) idea del cambio al fordismo al posfordismo (se puede usar el siguiente link para una descripción somera del asunto)

Ahora, cuando la fábrica del mundo se trasladó a China, ¿podemos decir que la forma contemporánea de producción es el post-fordismo? Porque, no tengo claro que las fábricas chinas sigan ese modelo (tampoco que sean fordistas para el caso). Bien puede ser que en el mundo desarrollado no se esté en fordismo, pero también es el caso que el centro de la producción material está abandonando ese mundo.

Al parecer, el eurocentrismo sigue siendo fuerte en la disciplina.

Sobre el fin de la crítica a la sociología

¿Por qué abandonar, aunque sea por un rato, el deporte de criticar a la sociología?

El bueno de Demóstenes, criticado en el siglo IV A.C por su oposición fallida a Filipo de Macedonia, respondió así a Esquines -su más enconado oponente:

‘A ti se deben, ¿qué trirremes? ¿qué municiones? ¿qué arsenales? ¿qué restauración de murallas?, ¿qué caballería?, ¿en qué de todo esto has sido tú útil? ¿cuál ha sido tu aportación monetaria, en bien de la ciudad y la comunidad, a los ricos y a los pobres?’ (Sobre la Corona, 311).

El punto de Demóstenes no es que los críticos no saben de lo que hablan, y que sólo pueden hablar con conocimiento quienes algo han hecho (no es el punto de ‘los que saben hacen y lo que no, critican). Al fin y al cabo, la política había ya fracasado -esto se produce después de Queronea. Su punto es que, en los momentos de crisis sufridos , lo que corresponde a todo buen ciudadano fue haber hablado y propuesto cosas, y no hablar solo a posteriori. El realmente preocupado hubiera propuesto algo sobre trirremes y municiones.

Y por tanto, volviendo a la sociología. Cuando tenga trirremes y murallas a mi haber, me dedicaré a la crítica de la sociología de nueva. Al fin y al cabo, si es que la disciplina va a mejorar en algún momento, será cuando se propongan nuevas tirremes y no simplemente diciendo lo mal que se han hecho las cosas

(Qué, por cierto, se hacen mal. Pero ya hemos dicho eso en muchas ocasiones).

De la limitación de las categorías sociológicas

Me imagino que esta debiera ser una de las últimas veces -al menos por un buen tiempo- en que me dedico a criticar el estado de la disciplina. Todos los divertimentos tienen algún final supongo.

El texto que da origen al post -y conste que pudiera ser cualquier cita, el texto está elegido sólo porque lo leí recientemente. Nina Eliasoph y Paul Lichterman escribieron un artículo publicado en el American Journal of Sociology el año 2003 (Culture in Interaction, AJS, 108, 4: 735-794) parten de la idea -común en la sociología contemporánea- de ver a la cultura en términos de comunicación, en términos de códigos públicamente compartidos. Y entonces, lo que intentan es complejizar un poco la idea, a partir del supuesto que dado que estos códigos no tienen un sólo significado, hay que analizar cómo se implementan y se producen en diferentes contextos y grupos. Hasta aquí todo bien.

El problema es el ejemplo que usan para fundamentar su idea. Y aquí comienza la cita:

‘But we came to realize the we could not adequately understand how the groups we studied drew upon collective representations. To illustrate, we offer just one example here: in different groups of activists and volunteers, the ‘langugage’ of individualism made public-spirited community involvement meaningful. This poses a puzzle, if not a downright paradox, for theories of collective representations. For these theories, the dominant language of individualism makes it hard for Americans to express concern about anything beyond their own private affairs. These theories would guess that participants would have used the language of individualism to signify selfish action or withdrawal from public engagement altogether’ (p 736).

La oposición individualismo / involucramiento en la comunidad es lo que muestra la pobreza de nuestras categorías. Porque, en principio, no hay razón alguna para la oposición (individualismo no es egoísmo). Pero, efectivamente -por más que toda vez que uno reflexiona algo en el asunto se da cuenta que no hay oposición, y por más que se haya dicho y planteado miles de veces- siempre volvemos a ella. El artículo ya citado muestra efectivamente cómo no se produce mayor oposición. El problema no es la tesis del articulo, sino con el hecho que algo trivialmente cierto (se puede fundamentar la participación social en un lenguaje individualista) sea motivo de publicación el año 2003.

Nuestro conjunto de oposiciones binarias (tradición / modernidad es otro par que pudiera haber dado miles de citas similares; y todas las que se derivan de ella), en realidad oscurece más que otra cosa nuestra comprensión de la sociedad. Es claro que uno siempre necesita algún conjunto de categorías para empezar siquiera a pensar sobre un tema, pero no todas las anteojeras conceptuales son igualmente útiles. Y las nuestras no brillan por su capacidad para decir cosas de interés.

(*) Es extraño pero a Haydn si bien los cuartetos le salían mejor con la madurez, con las sinfonías creo que ocurre lo contrario. Iba a escribir decenas de sinfonías luego de la del Adiós (45 en Fa sostenido menor) pero no iba a escribir mucho mejor. Y no me refiero sólo al Adagio final.

En otro orden de cosas, Freude, schöner Götterfunken, / Tochter aus Elysium. La versión Bayreuth /1951 de la 9º con Furtwängler es una de las que más comunica efectivamente el sentido de la obra.