¿Los GSE no se diferencian por los bienes?

Hoy en La Tercera, aparece una nota sobre los cambios en la segmentación socioeconómica. Y una de los temas importantes destacados es el siguiente:

“El principal hallazgo de esta investigación es que los grupos, como los estábamos mirando, han cambiado fuertemente. Los bienes ya no son discriminantes entre los grupos socioeconómicos. Los factores que hacen la diferencia hoy son básicamente la educación y el trabajo”, afirma Max Purcell, presidente de la AIM. A juicio del experto, la evolución se relaciona con el crecimiento económico y los cambios en las estructuras familiares.

Y en la siguiente página nos aparecen datos como el siguiente:

Bien Tenencia C1 Tenencia D
Secadora de ropa 68% 7%
Automóvil Particular 93% 17%
Cuenta Corriente 91% 4%

En otras palabras, los bienes y servicios sí diferencian. Una cosa es que los bienes específicos que diferencian cambien (ya no lo hace el refrigerador -más del 90% incluso en el E- y la lavadora -que va del 99% al 60% ya lo está dejando de ser); pero no dejan de existir diferencias. Y eso sin contar otras diferencias que son relevantes aunque de menor rango que las ya mencionadas: El servicio de cable que pasa del 96% al 44% o el tener celular con contrato 92% a 31%. Y más aún podrían existir si entráramos a observar los tipos de bienes existentes (no todos los automóviles son iguales).

El dinamismo lo que hace es cambiar los bienes concretos, pero no cambia necesariamente que existan diferencias. Negar la existencia de diferencias a nivel de consumo de bienes y servicios entre GSE en una sociedad altamente desigual es un puro ejercicio de ideología.

 

Sobre la investigación de mercado

La paradoja central de los estudios de mercado es que una industria que ofrece a sus clientes cómo aumentar el valor de sus ofertas a sus consumidores, de hecho hace ofertas de muy poco valor a sus clientes (Y, por lo tanto, ¿cómo ofrecen que pueden aportar en generar valor a los consumidores de sus clientes?). Por qué si hay algo que es claro en los estudios de mercado es que todos encuentran que el nivel es bajo -tanto clientes como ofertantes.

Ahora, el tema es que la industria -por razones diversas- se encuentra atrapada en un ciclo de bajo valor. Dado que es un círculo, el punto de partida de su exposición es completamente arbitrario: Las empresas -que creen que los estudios nunca entregan nada muy valioso y que son demasiado simples sin análisis e insights de interés- piden entonces estudios al nivel que suponen las empresas pueden dar -o sea, estudios simples, de bajo costo, muy rápidos, sin mucho análisis. Las empresas de investigación a su vez -que creen que las empresas no están dispuestas al tiempo y el valor que requiere un estudio que entregue datos más valiosos, y que nunca confían mucho en la capacidad de las empresas para entender datos que vayan más allá de las salidas simples de poco valor- entregan entonces informes simples sin demasiado análisis. Por lo que las expectativas de ambos actores quedan plenamente validadas.

Y todos terminan, por ende, haciendo estudios en los que todos están de acuerdo que no representan un gran aporte.

Ahora, claro está, como cualquier círculo, representa un problema salir: Para las empresas, ¿cómo arriesgarse a los valores y tiempos que requiere un estudio de mayor calidad e interés cuando no es claro que las empresas de investigación puedan hacerlo? Y, ¿cómo confiar en análisis más complejos -ya sea cuantitativos multivariados o cualitativos- cuando a duras penas se confía en lo básico? Para las empresas de investigación de mercado, ¿cómo dedicarse a hacer un informe completo e interesante cuando no hay tiempo para eso ni se ha pagado por ello? ¿Y cómo dedicarse a hacer análisis complejos cuando de todas formas hay que gastar (el poco) tiempo y energía disponibles en las cosas simples?

Lo bonito de los círculos, aunque sean de poco valor, es que no es fácil salir de ellos.