De la falsedad de (cierta) sociología de la ciencia

Hace mucho tiempo en una situación muy lejana, existía una humilde sociología de la ciencia, la mertoniana. Ella se reducía a investigar el problema de qué cosas caracterizaban, que procesos distinguían, que dinámicas hacían posible esa comunidad particular que denominamos científica y la generación de ese conocimiento específico que llamamos científico.

Pero eso resultó insuficiente para ciertos soberbios investigadores que no aceptaban límite alguno a su saber. Denostaron a la anterior sociología porque no había entrado en lo que se consideraba el ‘sancta santorum’ de la ciencia -sus contenidos. Pero, ¿por qué no? ¿Por qué habría un proceso social que un sociólogo no debiera poder describir y analizar? ¿Por qué abandonar a ciertos expertos el análisis de lo que hacen y no permitir su examen con las herramientas empíricas de la ciencia social?

La soberbia en concreto no es tanto en querer analizar esos contenidos en particular. La soberbia es en querer analizar los contenidos sin conocer el lenguaje correspondiente.

Pensemos en gente seria. Cuando un historiador decide, por ejemplo, que quiere analizar la historia del antiguo medio oriente, una de las primeras cosas que hace es entrenarse para poder entender el lenguaje y las inscripciones. Nadie se declararía un historiador serio del período sin realizar dicha tarea. Y así lo mismo con cualquier otro período o lugar: debes ser capaz de leer las fuentes primarias para poder estudiar. Por cierto que sin tener ese conocimiento se pueden hacer todavía estudios -se pueden realizar comparaciones basándose en los resultados de quienes efectivamente sí lo conocen- pero a nadie se le ocurriría que eso reemplaza el trabajo de conocer el lenguaje. Con lingüistas y antropólogos se podría decir lo mismo. E incluso bien se podría decir lo mismo de cualquiera que realiza estudios cualitativos -la regla básica es comprender el lenguaje de las personas.

Pero eso es precisamente lo que no hacen, buena parte, de los sociólogos de la ciencia, que bien pueden pasearse por laboratorios y creer que hacen etnografía cuando, en muchos casos, simplemente no comprenden el lenguaje que se usa. ¿Cuántos sociólogos de la ciencia son capaces de comprender de verdad las ecuaciones de campo de Einstein?

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¿o la ecuación de Schrödinger?

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No es posible determinar si alguien comprende las interpretaciones de esas teorías si no comprende el formalismo matemático -porque, finalmente, el formalismo es cómo se expresa la teoría en el lenguaje natural de esas disciplinas. Como lo decía Jorge Sabato cuando ya no hay matemática alguna al intentar explicar la relatividad, simplemente ya no queda relatividad.

Pretender que se puede decir algo sobre los contenidos de esas disciplinas sin conocer su lenguaje (las matemáticas) es como pretender que alguien puede realizar una investigación empírica sobre la cultura de una comunidad que habla yucateco (iba a poner maya, pero recordé que maya es una familia de lenguajes más bien) sin saber una sola palabra de yucateco.

Lo cual nos lleva al inicio. Para realizar la humilde tarea que se daban a sí mismos los sociólogos de la ciencia mertonianos, que sabían lo que no sabían, no es requerido conocer en profundidad el lenguaje. Del mismo modo que alguien que no sabe maya yucateco puede decir cosas sobre esa comunidad (en particular si se apoya en alguien que conoce el lenguaje para revisar malas interpretaciones)- por ejemplo sobre el rendimiento de sus cultivos o la distribución de las casas, pero sin saber el lenguaje poco puede decir de la cultura y los significados asociados.

En este sentido, actuar dentro de los límites de la propia ignorancia, o asumir que para poder salir de ellos es necesario quebrar esa ignorancia, resultan actitudes razonables. Lo que no resulta razonable es pretender salir de esos límites continuando con esa ignorancia.

 

La discusión anterior tiene una consecuencia práctica. Hay un área de la investigación que los sociólogos de la ciencia sí pueden estudiar en profundidad sin problemas, puesto que conocen y manejan el lenguaje: Las ciencias sociales. Pero, como lo ha hecho ver en su reciente La producción de la pobreza como objeto de gobierno  Claudio Ramos (que, dicho sea al pasar, es brillante como todos los textos de Ramos), esas disciplinas han estado más bien abandonadas por esta aproximación.

Lo cual nos lleva a pensar, porque hoy estamos desconfiados y mal pensados, que no es por interés de conocer el mundo (para el cual el examen de las ciencias sociales ya era lo suficientemente relevante y se daban todas las condiciones para realizarlo), sino más bien por envidia de la situación de otras disciplinas, para atacar su superioridad en cómo son tratadas por otros, que se han desarrollado estas aproximaciones.

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