Maravilla de maravilla: De liberación en el curso de metodología

A veces los alumnos son enervantes. Sólo hoy se les ocurrió decirme que las cosas que estábamos viendo en metodología ya las habían visto y porqué no nos centrábamos en diseño de instrumentos.

Y entonces la reacción: ¡Viva! ¡Maravilla de maravillas!

En un solo acto, se solucionan todos mis problemas con el curso. No paso nada de las cosas estándar de metodología, ‘el libro’, que son las cosas que no me parecen relevantes, en las que no creo y que sólo estaba pasando porque creo que alguna vez se tiene que pasar el libro. Pero el libro ya había sido pasado.

Así que la idea es dedicarse a las cosas que son de interés, cómo efectivamente se construye un cuestionario, donde claramente el libro no es mucho lo que aporta y lo que interesa es la práctica efectiva.

Las cosas de diseño o de muestra se pueden reducir, entonces, a repasar lo mínimo y aprovechar de pasar los énfasis que me interesan. Por ejemplo, no dedicarse a perder tiempo en muestra aleatoria, estratificada, cálculo de error muestra. Pero dedicarse a los problemas reales de cómo se extrae la muestra, cómo consigo aleatoriedad en muestras telefónicas, temas reales de ponderación etc.

No habiendo sido esta una semana muy agradable en general, al menos eso estuvo bien.

De la perfección

Aunque los seres humanos somos, usualmente, bastante desastrosos, en algunas ocasiones nos acercamos a la perfección y a la plenitud. Cada quién sabrá en qué ocasiones tiene esas experiencias, pero yo al menos la tengo usualmente escuchando música. De las siguientes obras, que no sé si serán las mejores, o las que más me gustan, o las que escucho más recurrentemente, sí creo que muestran el espíritu humano, si se me permite una expresión tan cursi, en su mejor faceta..

Y después de expresiones algo ridículas sobre el asunto, pasemos a los que nos interesa (aunque continuemos con el tono beatífico). El listado de obras de manifiesta perfección y ostensible plenitud.

  • Byrd. In Nomine a 5. No 5. Son dos minutos solamente, pero entre los mejores 2 minutos posibles.
  • Bach. La Ofrenda Musical.
  • Bach. El Arte de la Fuga
  • Haydn. Las 7 Ultimas Palabras de Nuestro Señor en la Cruz.
  • Beethoven. El Cuarteto en La Menor, Op 132 -en particular, la Heilige Dankgesang. Acabándola de escuchar, no se si será el día o que, pero nunca deja de afectarme.
  • Beethoven. Cuarteto en Do sostenido Menor, Op 131
  • Beethoven. La Grosse Fuge.

La siguiente pieza no es, al revés que las anteriores, una declaración de perfección y plenitud, sino casi todo lo contrario. Pero, al mismo tiempo, resulta una manifestación tan precisa del desgarro que creo está al mismo nivel.

  • Schonberg. El Sobreviviente de Varsovia, Op 47.

Si todo lo que los seres humanos, en toda su existencia, hubiera hecho, hubiera sido crear las obras anteriores, creo que nos justificaría en algo. En esos pocos momentos de perfección, creo que mostramos que -en algunas gloriosas ocasiones- podemos ser mejores de lo que somos, y de los que nos merecemos.

Ya sé, cursi y todo, pero no por ello menos cierto -o al menos eso creo.

De la melancolía, la felicidad y lo transitorio.

Algo extraño tiene la música para conjunto de violas: No importa que sea lo que toquen, siempre suena profundamente melancólica. Uno empieza a escuchar una pieza por Byrd or Dowland, o peor un conjunto de ellas, y la capacidad para que produzcan melancolía es asombrosa (*).

Ahora, la melancolía, creo, es de todas las emociones relacionadas con el dolor, la más cercana a la felicidad. Nace, en un buen número de ocasiones, del reconocimiento -en medio de un momento de felicidad- que éste no será duradero, que toda felicidad pasará (como tears in the rain para citar a Blade Runner).

Y claro está, es un reconocimiento que todos enfrentamos alguna vez. Un reconocimiento que vuelve la felicidad sospechosa, sólo apta para quienes viven en la ilusión y no pueden mirar la vida tal como es. Pero esa sería, creo, una falsa conclusión.

Porque eso indicaría que las cosas solo valen por su duración, que aquello que es sólo de un momento, que es efímero, no vale mucho. Que, para recordar a los griegos, no digas de nadie que es feliz hasta el último momento. Pero las cosas no dejan de ser porque pasen sólo un momento. Incluso bien pudiera uno plantear que aquello que vale la pena, es aquellos que sería valioso aún cuando sólo durara un instante, y luego se perdiera.

Medir las cosas por la vara de la eternidad no parece adecuado para los seres humanos, para quienes la eternidad y lo permanente sólo son un concepto, y que lo que viven, y lo que es valioso, es en esos momentos. Y por ello la melancolía no es tanto una condena de la felicidad, como el reconocimiento de su carácter.

(*) En Youtube no encontré mucho sobre Byrd, pero he aquí este link a un grupo amateur que toca la Fantasía a 4. Y sobre Dowland, del mismo grupo amateur tenemos las Lachrimae Antiquae:

Del uso de Powerpoint al hacer clases

Aunque ya he hecho clases algunos años, me había resistido sistemáticamente a usar Powerpoint en clases. Más que nada por puro resquemor, sin muchas razones de fondo.

Ahora creo que tengo buenas razones. Estoy haciendo clases de metodología en Antropología en la Chile, y dado que -por razones de ser metódico, ordenado y todo- usualmente se usan powerpoint en esos cursos. Ahora, que son una ayuda, lo son; que hay material que se presenta mejor en powerpoint, sí claro (desde citas a gráficos y modelos).

Pero siguen teniendo un problema -que también es válido cuando uno escribe notas muy extensas: Ayudan a estabilizar las clases. El curso de consumo lo he cambiado todos los años, incorporando temas, autores, cambiando la estructura y básicamente cambiandolo a medida que cambia mis ideas y lo que entiendo del tema. Tener un powerpoint, y en particular un powerpoint muy desarrollado -que puede reemplazar la clase-, es, finalmente, un obstáculo para esa modificación continua. Uno queda agarrado e inmovilizado en cierta concepción, que tiende a repetir.

Por ahora, veremos si funciona, estoy tratando de usar powerpoint más ligeros -que de hecho no reemplazan las clases ni se entienden mucho por sí solos- y centrandolos en lo que sí considero son las ventajas del medio -la presentación de información que es gráfica.

(No sólo información gráfica. Hay algo que he querido hacer por un buen tiempo, pero al final nunca termino de realizarlo: Al hacer la clase de Boirdieu sobre la distinción no sólo presentar los análisis de correspondencia con sus respectivos mapas, sino agregarle a ese mapa información visual y auditiva para que se entienda que significan esos gustos (donde dice Webern, bueno se pone una pieza de Webern; donde dice Utrillo, un cuadro de ese autor)

Tatareando a Schönberg

Alguna vez leí, vaya uno a saber donde, que Webern deseaba que sus obras fueran tatareadas por, digamos, los carteros. El autor de la nota planteaba que el pobre Webern no podía estar más equivocado: Lo que los carteros querían tatarear eran melodías, “tunes”, y las composiciones dodecafónicas no funcionaban para eso.

Lo anterior es sólo para hacer notar mi incredulidad cuando me encontré el otro día (en la micro, que es donde siempre me pasan estas cosas) tatareando a Schönberg, más precisamente el tema inicial del Cuarteto de Cuerdas No. 4. En otras palabras, al parecer, la secunda escuela de Viena si se puede usar para tatarear.

En cualquier caso, para una obra que no debiera ser tatareada, entre las cosas más impresionantes que Schönberg escribió: Un sobreviviente de Varsovia, Op 47, cortesía de Youtube y de Horst Stein, la Sinfónica de Bamberg y Hermann Prey como narrador:

De la trinidad

No puede contarse como perdido el día en que uno se da cuenta de algunas de sus creencias más básicas. La mía es, además, bastante básica: La santísima trinidad la componen Joseph, Wolfgang y Ludwig y el único profeta es Johann Sebastian.

Todo lo cual se reduce a lo siguiente. Otros peregrinaran a la Meca, y otros -algo más cercanos y al mismo tiempo más herejes a mi credo- a Bayreuth. Yo tendré que peregrinar a Viena.

En todo caso, la comparación con asuntos religiosos no es tan sólo broma. Al fin y al cabo, no es por nada que solamente escuchando música entiendo los asuntos religiosos (y de hecho ya posteé que si alguna vez me convierto será por Haendel). Si el sentimiento religioso es la experiencia de algo que va más allá de uno, entonces yo sólo la he sentido escuchando música, y en particular esa música.

Lo cual no será tan terrible. Si no fuera por ellos, uno -un ateo común y silvestre- se hubiera perdido una parte no despreciable de la experiencia humana. Y eso sí hubiera sido lamentable.

¿Muestras? Usemos las más obvias, reproducciones de la mejor música posible -algunos movimientos de los cuartetos tardíos de Beethoven. Que ya sé he mencionado muchas veces. Por otro lado, espero que nunca llegué el día en que me canse de repetirlo.

Op 131 en Do sostenido menor, primer movimiento Adagio, ma non troppo e molto espressivo(por el Cuarteto Tákacs)

Op 132 en La menor, tercer movimiento. Heilige Dankgesang (por el Cuarteto Budapest). Lamentablemente, sólo una parte del movimiento (en otro video en Youtube está el resto).

Op 130 en Si bemol mayor, quinto movimiento. Cavatina, adagio molto espressivo (ni idea que cuarteto)

Los cuartetos de Shostakovich

El otro día, escuchando el inicio del Cuarteto No. 15 (en Mi bemol menor) de Shostakovich, que es increíblemente triste, doloroso y melancólico (y al mismo tiempo, con una serenidad de otro mundo), pensé en cómo es posible que siendo que encuentro las sinfonías de Shostakovich muy poco interesante, encuentro que los cuartetos de cuerda son casi insuperables (*).

De los últimos cuartetos de cuerda, como en general las últimas obras de Shostakovich, siempre se dice que son una meditación sobre la muerte. Dado que eso es siempre lo que se dice de ellos no es mucho lo que voy a decir sobre el particular, sino hablar de la variedad de medios que usa Shostakovich en esa reflexión: Desde el inicio -el movimiento se llama Elegía, y el nombre es altamente preciso- pasando por uno de los mejores usos de dodecafonía -en el pasaje en que cada nota es tratada independientemente, pasando por un crescendo-, con un movimiento ‘ligero’ (el cuarto) que es cualquier otra cosa que ligero, hasta el epílogo final -que recupera las sensaciones del inicio. De algún modo, a pesar que todos los movimientos están marcados Adagio, que todos tienen el mismo tema subyacente, Shostakovich se las arregla para hacer que todos los movimientos sean claramente distintos.

Buscando en Youtube no encontré ningun video sobre el cuarteto en cuestión, pero encontré el siguiente que es bastante interesante: El cuarteto Fitzwilliam, uno de los primeros que tocaron los últimos cuartetos en ‘Occidente’, dan sus impresiones -y tocan parte- del cuarteto No. 14

(*) Una de las cosas interesantes de los medios móviles para escuchar música es la incongruencia que posibilitan. Porque escuchar el inicio del cuarteto mientras se viaja en micro es, en realidad, bastante incongruente.

Reconsiderando Francia

Los que me conocen de un tiempo, conocen de mi aversión explícita a lo francés: a sus pensadores, a los estilos de pensamiento, a las artes, a la cultura, en fin a todo. Creo -demos gracias a mi suerte no haberlo puesto por escrito- haber dicho algunas frases muy terminantes, absolutas y dichas con todo el tono indudable que acompaña lo anterior, sobre lo terrible de la cultura francesa.

Una de las cosas positivas de las frases terminantes, absolutas, y dichas con total aplomo, es que permiten y facilitan el cambiar de opinión. Y he aquí, entonces, que procedemos a ese cambio.

Hace poco, procediendo a releer algunos de mis libros favoritos, dime cuenta que -de hecho- los dos que estaba releyendo habían sido escritos en francés: Las Memorias de Adriano de Yourcenar y La Peste de Camus. Y no estaría de más recordar que a estas alturas de la vida, mi sociólogo favorito es Bourdieu.

Sería posible el intento de rescatar mi viejo menosprecio indicando que Yourcenar es belga, Camus nació en Argelia, y que Bourdieu no representa el tipico pensador francés. Pero, serían, claro está, respuestas débiles.

Mejor simplemente reconocer el error. Porque además me permite comentar un rasgo común tanto a Las Memorias como a La Peste, y que puede quizás considerarse francés: la combinación de una gran lucidez con un rechazo deliberado a caer en la desesperación. Y en ello he de reconocer que me agrada la postura. En otras palabras, que siendo nuestro destino semejante al de Sísifo, no es ese motivo suficiente para quedar aprisionado en la angustia, que se puede tomar la decisión, que vale la pena tomar la decisión, de seguir y continuar.

Hay muchos párrafos de La Peste reflejan esa actitud. Pero me acuerdo del momento en que Tarrou le comunica a Rieux la decisión de formar equipos de voluntarios de sanidad. Una decisión que ninguno acierta a defender con toda claridad, con ideas irrefutables, pero en ambos el sentimiento de que eso es lo que hay que hacer, lo que corresponde hacer, es más poderoso.

Después que Tarrou le dice a Rieux que cree que hay que formar esos equipos y que se ofrece a ello, este le pregunta si lo ha reflexionado bien. Entre medio de la conversación tiene lugar este intercambio:

– ¿Después de todo?- dijo suavemente Tarrou.
– Después de todo… -repitió el doctor y titubeó nuevamente mirando a
Tarrou con atención-, ésta es una cosa que un hombre como usted puede
comprender. ¿No es cierto, puesto que el orden del mundo está regido por la
muerte, que acaso es mejor para Dios que no crea uno en Él y que luche con todas
sus fuerzas contra la muerte, sin levantar los ojos al cielo donde Él está
callado?
– Sí -asintió Tarrou-, puedo comprenderlo. Pero las victorias de usted
serán siempre provisionales, eso es todo
Rieux pareció ponerse sombrío
– Siempre, ya lo sé. Pero eso no es una razón para dejar de luchar
– No, no es una razón. Pero me imagino, entonces, lo que debe ser esta
peste para usted.
– Sí -dijo Rieux-, una interminable derrota.

Luego de ello, proceden a formar los equipos.

La Creación

Por alguna extraña razón, en realidad no tan extraña, de toda La Creación, buena parte de los comentarios se centran en los primeros minutos -La Representación del Caos. El oratorio dura más de una hora, el tema central es la celebración -que es celebración- de la creación del mundo, pero es lo que sucede antes de la creación lo que parece más relevante.

Al final, todo esto se debe a la mala conciencia que tenemos con el clasicismo. La nuestra es una era cuya estética es, final y fundamentalmente, romántica. Y luego, ¿que vamos a hacer con una obra que al mismo tiempo es claramente de gran calidad y claramente clásica? Concentrarnos en la parte que más se puede acercar al romanticismo al fin y al cabo (*).

De hecho, lo vamos a hacer de forma tal que lo que pasa en la Representación se pierde, y se centraran en la audacia, en la modernidad, en que mira hacia el futuro, en la disonancia del tema: Donde se da el drama de las confusiones cromáticas y acordes inresueltos (para copiar frases de una reseña en el New York Times sobre una representación de la obra). Digamos, es bueno porque podría ser parte de una obra del siguiente período.

Ahora, lo que uno encuentra el tema es de hecho una representación de algo sin forma, sin demasiada dirección, que no ha sido creado y ordenado, pero no es una masa de sonidos discordantes, como uno pudiera pensar de escuchar y leer esos comentarios. Sigue siendo una pieza magnífica de música, pero no lo es porque es ‘avanzada’ y algo que va más allá de la estética clasicista.

Y en toda esa discusión, a veces se olvida el momento más poderoso de la obra. Que viene inmediatamente después: el momento en que Haydn representa no el caos, sino la creación, la primera creación de la luz. Y para escuchar el más esplendoroso y glorioso uso de un acorde en Do mayor -el más básico de todos los acordes, por eso mismo bastante apropiado para representar el nacimiento de la luz, usemos -como siempre- el bueno de Youtube:

No es la mejor de las versiones, pero bueno nada es perfecto. Bueno, casi nada: el das Licht es la imagen de la perfección y la plenitud.

(*) Lo que se puede hacer notar por ejemplo leyendo las notas de cualquier CD que tenga una obra en tono menor de Mozart. Pareciera que esas obras son especialmente buenas y poderosas porque son distintas, más románticas, de mayor profundidad, más cercanas a las terribles realidades de la experiencia humana y cualquier cliché romántico que uno quiera usar. Parte del argumento básico: lo que tiene de bueno es cuando se acerca al romanticismo. Y por ello, uno de los mayores elogios de una obra mozartiana, bajo ese argumento, es decir que anuncia a Beethoven o a Schubert, o incluso -y esto ya es lo máximo- a Wagner. Por cierto, citicar el argumento que Mozart es bueno porque auncie a otros, no es criticar a esos otros anunciados. Su calidad es independiente, y no depende del futuro que anuncien o del pasado que heredan.
Eso es lo bueno de Haydn. De los autores clásicos, el único que es prácticamente imposible de ser cooptado por una estética romántica. Y pocas veces más claro en la Creación, que es una celebración de la magnificencia del mundo, y de la posición de los seres humanos en ella (las Estaciones también es, a grandes rasgos, lo mismo, una celebración del hombre en el mundo natural). Otra cosa es que nunca estemos a la altura de esa celebración, y hayamos convertido el mundo en algo difícil de celebrar. Pero eso nada le quita a la creación, como la Creación se encarga tan luminosamente de mostrar.

Spem in Alium

No tengo la menor idea de porqué este pobre blog sigue siendo oficialmente de sociología y de ciencias sociales cuando rara vez comento actualmente de ellas. Pero, bueno, algún día volveré.

Creo que hay pocos albumes de música clásica que tengan un nombre tan bien puesto como el Utopia Triumphans del Huelgas Ensemble. Creo que la sensación de asombro, tantas veces dicha y mencionada, realmente es válida cuando uno escucha la maravilla polifónica que son las piezas grabadas. Y no por conocida y obvia, el Spem in Alium -polifonía en 40 voces- de Tallis es una muestra clara de lo anterior. Y aunque, en mi humilde opinión no están al nivel de la versión del Huelgas, usemos unas de las que aparecen en Youtube

Aunque, también en mi humilde opinión, el Qui Habitat de Desprez es superior (y, ¿no es Youtube cosa excelente?, también se encuentra allí.

Creo haberlo dicho en otra ocasión, pero creo útil repetirlo: Esta es música que es mejor que nosotrs, que el mundo que habitamos. No nos la merecemos y su existencia nos muestra, mejor que nada, la limitación y pobreza de nuestras existencias. Efectivamente, nos muestra una Utopia Triumphans, que resulta superior a nuestro mundo.