Bauman y el consumo (II)

Cada día entiendo menos la sociología. Recientemente Zygmunt Bauman publicó Vida de Consumo (el título en inglés es mejor en todo caso, Consuming Life), y en realidad -para ser uno de los sociólogos más conocidos de la actualidad- el nivel no es tan alto.

Para decirlo más corto: Buena parte del texto es la discusión del sentido común sobre el consumo (y los males del consumismo) sólo que dicha con un lenguaje mucho más alambicado. Pero apenarse porque en la moderna vida de consumo las personas tienen relaciones de desecho, y se ven unas a otras como bienes de consumo, es decir -en complicado- lo que todas las viejas de la esquina dicen -en simple. Para criticar que estamos obligados a consumir, para mantener las apariencias de pertenecer a esta sociedad, nuevamente no es más que decir en complejo el sentido común más ramplón sobre el consumo.

Veamos un ejemplo -que muestra en concreto todo el texto. Bauman nos plantea que hemos llegado a tales niveles (si no usa la palabra depravación es porque los sociólogos nos cuidamos de usar ciertas palabras, pero en realidad eso es lo que piensa) que materializamos nuestras relaciones sociales, nuestras relaciones familiares. ‘Los políticos que claman por la resucitación de los agonizantes valores familiares, y que lo hacen con seriedad, deberían empezar a pensar concienzudamente en las raíces consumistas causantes del deterioro simultáneo de la solidaridad social en los lugares de trabajo y del impulso de ciudar y compartir en el contexto de la familia’ (página 165). O unas páginas más atrás: ‘Arlie Russell Hochschild resume el daño colateral fundamental causado en el curso de la invasión consumista en una expresión tan incisiva como sucinta: la materialización del amor’ (página 163). Cualquier reportaje en cualquier revista mediocre puede decir frases como esa. No negaré que Bauman es ingenioso al escribir, pero con ingeniosidades no se crea conocimiento.

Ahora, el tema es que ¿tiene sentido lo anterior? La idea que el consumismo moderno materializa el amor, y por ello -por ejemplo- las ideas de un Miller del consumo, la compra, como expresión de relaciones de amor no funciona, o al menos sólo funciona para mostrar el desastre que es el consumismo actual, parece ser interesante. Pero tiene el problema de ser falsa.

Siempre materializamos el amor. Como siempre materializamos todo. Porque los seres humanos -y cualquier curso de Arqueología 101 lo debiera dejar en claro- vivimos entre objetos y cualquier cosa que hacemos las hacemos con objetos. No es que (y para ello volvamos a Miller) por un lado están las cosas y por otro lado las relaciones humanas, y que cuando las mezclamos perdemos la autenticidad / profundidad / pureza de las relaciones. Hemos expresado nuestras identidades culturales, nuestros afectos, nuestros modos de vida a través de objetos, los ‘materializamos’. Eso es lo que hacemos.

Ahora, uno podria decir, bueno ‘lo central no es tanto que materializamos el amor sino que en el consumismo moderno mercantilizamos el amor’. Al fin y al cabo, es cierto que regalos -por ejemplo- se intercambian en todas partes, que suelen ser, en todas partes, parte de las relaciones sociales. Pero que todo eso pase por la compra, he ahí algo que es tipícamente moderno. Sea, pero que estamos en un mundo de mercancías es algo que sabemos desde el siglo XIX, y de hecho es consustancial al capitalismo. Así que es común tanto a la sociedad de productores como a la de consumidores, no sirve para identificar a esta última.

Es en relación al tema de identificar una nueva sociedad de consumidores, de identificar los cambios recientes como un cambio de tipo de sociedad de productores a consumidores, donde las tesis más interesantes de Bauman ocurren. Pero siguen sin convencer mucho, al menos a mí.

Una idea, que de hecho ya repite en otros textos, es que lo que nos transforma en sociedad de consumidores es que el deber social central es el de consumir. Y por ello, entonces somos una sociedad diferente. Suena bien, pero ¿por qué el deber central ya no es el de producir cuando la participación en el mundo monetario, tan central para el consumo, sigue estando mediado por la participación en el mundo del trabajo?

La otra idea, el ‘secreto mejor guardado de la sociedad de consumo’, es la idea que en la sociedad de consumo las personas se transforman en bienes de consumo. Para ser participantes de verdad en la sociedad, tenemos que transformarnos nosotros en bienes de consumo (y por tanto en seres que se pueden comprar, usar, desechar). La distinción entre personas que eligen y bienes elegidos nos dice Bauman se borra (página 25). La idea es poderosa, aunque uno podría discutir si es tan secreta.
Pero creo que la idea nos muestra que, finalmente, la sociedad de consumidores no es tan distinta de la anterior. Al fin y al cabo, en la sociedad de productores ya teníamos -en tanto fuerza de trabajo- que transformarnos en mercancías. Puede que la transformación sea más completa aún, en vez de requerir una cierta cantidad de tiempo (dejando el resto ‘libre’), en la sociedad actual se pediría esa transformación en mercancía, en bien de consumo, siempre.

Bauman hace notar que, en el paradigma ya tradicional del sentido común sobre el futuro que es Silicon Valley, se habla de lastre cero: El trabajador perfecto es aquel cuya vida fuera del trabajo no le pone ninguna demanda adicional (o sea, no tiene familia, no tiene otros intereses) y puede siempre tomar una tarea extra, ser re-asignado etc. Pero este cambio, ¿no tiene que ver con el mundo de la producción finalmente?

En otras palabras, son las modificaciones del mundo de la producción, que progresivamente se vuelven más exigentes, las que producen los cambios en el consumo del cual habla Bauman. Al fin y al cabo, desde el consumo, las personas con lastre tienen grandes ventajas: Las relaciones permanentes son mejores productoras de compras, y el hito central del mundo del consumo es Navidad, donde los regalos son tipícamente familiares. La vida de relaciones líquidas no es demandada por el consumo, sino por la producción (*).

Pero alguién puede decir, pero al final es por el consumo: porque la demanda de producción flexible viene dada por los cambios en el consumo, de la velocidad de los cambios de la demanda y de la continua exigencia de comprar. Pero esa exigencia uno bien pudiera decir proviene de otra parte.

Wallerstein cuando define el sistema-mundial contemporáneo hace ver que una de sus premisas es el crecimiento. La exigencia básica de toda empresa, de todo proceso de producción, es la de crecer. Y esa exigencia se podía satisfacer en la modernidad clásica de los ’50 sin la idea de cambiar perpetuamente de bienes -con la exigencia de desechar lo antiguo que Bauman enfatiza es característica de la nueva sociedad-: Digamos, cuando todavía quedan familias sin automóviles se puede crecer vendiendo a más familias, y cambiando los bienes en lógica de reemplazo. Pero cuando todos tienen automóviles, sólo se puede crecer si se instaura la idea que hay que cambiar regularmente de automóvil: que lo antiguo tiene que desecharse por el sólo hecho de ser viejo. Pero esa dinámica sólo se explica por esa demanda inicial, permanente del sistema, no algo que haya aparecido en las últimas décadas, de crecimiento en la producción.

En otras palabras, las dinámicas de consumo que describe Bauman no son tanto una nueva sociedad, sino la forma específica con la que se cumplen ciertas demandas tradicionales en una sociedad (que ya sea que queramos llamar moderna o capitalista) tiene al menos 200 años, si no ya casi 500. Pero claro, para decir eso, habría que quitar algo de ultra nuevo a lo que vivimos en la actualidad, habría que darse cuenta que la ‘nueva’ sociedad de consumidores es heredera directa, y no una contradicción de, la ‘vieja’ sociedad de productores.

Pero a los sociólogos nos encanta decir que el cambio que se vive ahora es el mayor cambio que se ha experimentado en ocasión alguna; que esta transformación es profundamente revolucionaria y diferente. De algún modo, la sociología no pasa de ser, en muchas ocasiones, más que el ropaje que toma el sentido común cuando el sentido común quiere ser grandilocuente.

Con lo que volvemos al punto de partida: Cada día entiendo menos. ¿De eso se trataba a final de cuentas la sociología?

(*) Algo que muestra perfectamente que Bauman se mueve en el sentido común es su idea que en la sociedad moderna la familia se rompe y todo se reemplaza por amor líquido. Bauman está siempre pensando en las relaciones de pareja. Pero centrar la vida de familia en las relaciones de pareja, en vez de por ejemplo las relaciones padres, madres – hijos, que no han perdido permanencia, es una muestra del sentido común de las sociedades en las que escribe Bauman.

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10 Comments

  1. “siempre materializamos el amor”, aca incurris en un error, estas generalizando, y el amor mi amigo el amor de verdad nuna se materializa. en todo caso te enamoraras de algo material y a eso es lo que apunta el libro, el amor a lo material

  2. ¿Haces regalos a las personas que amas? Bueno, si lo haces, entonces si materializaste el amor.

  3. quería encontrar esto porque pienso igual. Consumo y Consumismo estoy leyendo y no puedo creer como escribe, no soporto este autor pero lo DEBO estudiar. Saludos.

  4. 1) Que lectura reduccionista la que haces sobre Wallerstein….!!!
    2) Que Bauman no hace referencia a otros vìnculos como los fraternales, etc. puede ser valido desde tu mirada, pero esto no desvaloriza su postura sobre las relaciones de pareja…

  5. No es una lectura de Wallerstein (i.e una interpretación del conjunto de sus afirmaciones), es simplemente recoger una de las afirmaciones que Wallerstein efectivamente hace, y que creo esencialmente correcta -que el sistema capitalista tiene instalada la exigencia de crecimiento

    Y Bauman habla de relaciones familiares -eso incluye todos además de los de parea me imagino. O sea, es una visión muy reduccionista -y particularmente específica a algunas sociedades- plantear que lo central de las familias son las relaciones de pareja.

  6. Creo que para criticar a un autor hay que proponer algo superior. En mi parecer la sociología postmoderna ha generado más que sentido común, ha generado un replanteamiento de los valores modernos que no se concluyeron para cuestionarlos y abrir el panorama a la formulación de las propuestas (objetivo del agente de cambio!)
    Cuando dices que prácticamente no hay diferencia entre la sociedad de productores y la de consumidores, creo que es una crítica de sentido común, la propuesta de Bauman va más allá de lo que mencionas. En efecto, es cierto que no son radicalmente diferentes, pero eso tampoco lo dice Bauman, en sí la sociedad de consumidores es un seguimiento de la de productores. Cierto es que antecedentes de la sociedad de productores están presentes en la de consumidores, pero ese no es el objetivo de la reflexión macrosociológica, el objetivo es generalizar las tendencias. Si nos dedicamos a ver los casos que falsean esa hipótesis, tendríamos que hacerlo con argumentos macro, no micro.
    Trata de irte un poco más allá del prejuicio para poder entender bien la propuesta. Anterior al libro que mencionas, está “Vida de consumo” expresa con claridad la diferencia de valores en la sociedad de productores, en donde se enfocan en adquirir productos para toda la vida, lo cuál les da seguridad a largo plazo por su larga duración. La producción pretendía generar objetos perdurables, la acumulación era un valor desado en todo consumidor, la duración, porque eran herramientas para alcanzar una felicidad celestial. Eso se contrasta con los valores de la sociedad de consumidores en donde se busca alcanzar una felicidad terrenal, en el hoy (cultura ahorista) , en el ahora, con un disfrute inmediato, y como el resultado de la felicidad caduca rápidamente, también los objetos tenderán a ser eliminados y desechados rápidamente. No quiere decir en una sociedad no exista capitalismo, lo que ha cambiado es el enfoque de producción y de adquisición de los objetos. ¿Qué opinas? Parte de la sociología es estar abierto a la crítica y se necesitan tres cosas para criticar a un científico, humildad, apertura de mente y nuevas propuestas. Creo que diste un buen paso al iniciar una crítica, pero tal vez se podría fortalecer.

  7. Juan Ignacio Jiménez A.

    Digamos que la diferencia crucial -más allá de donde opere y donde se cause- es la diferencia de valores (consumo del ahora inmediato / consumo de larga duración) -que de hecho es compatible con lo dicho en la entrada (i.e ‘las dinámicas de ahora son las formas en que se cumplen ahora con ciertas exigencias anteriores’ permite que esas formas no sean iguales).

    Pero de hecho esa tesis requiere más trabajo. Que el consumo moderno es búsqueda de novedad frente a una felicidad que cadua con rapidez es básicamente la tesis de Campbell sobre La Etica Romántica y el Consumismo Moderno (1987), pero para él esto es una característica ya en el siglo XVIII-XIX.

    El problema con Bauman es que -micro o macro- no realiza una investigación sobre sus temas sino que se limita a plantear algunas hipótesis que pueden ser más o menos relevantes. Y eso estará bien para un blog o una columna de opinión pero creo que no es suficiente para un texto que pretende ser algo más que eso.

    • Las ciencia social no sólo se forma a partir de investigación de campo, parte importante proviene de la hermenéutica, de la indagación de textos, un análisis deductivo interpretativo que creo que es lo que realiza el autor, lo cuál no quiere decir que tenga un nivel inferior en cuanto a su contribución a la ciencia social, tan tiene validez que muchos autores emplean dicha metodología. Si el planteamiento de preguntas (o de hipótesis) fuera sólo para columnas de opinión ¿dónde dejaríamos los textos filosóficos en donde más que respuestas, el objetivo es plantear preguntas interesantes que permitan a los lectores generar nuevos caminos en resultados.

      • Juan Ignacio Jiménez A.

        La hermenéutica es una herramienta que tiene sus propios requisitos, y Bauman en realidad no los cumple. Más aún como su tesis no es sólo sobre textos sino además sobre prácticas no estaría de más que aduciera algunos elementos que muestren que las prácticas efectivamente tienen esas características. No darse el trabajo de observar en profundidad lo que se desea analizar implica que uno se queda con la primera impresión -la que no necesariamente es la más correcta.
        (Y los textos filosóficos usualmente plantean a su vez respuestas, mal que mal no es extraño que dediquen parte importante a defender lo que dicen -incluyendo muchas veces defender porque el mero plantearse esa pregunta es relevante).
        En última instancia, tengo la impresión que plantear sólo posibles ideas es, bueno, demasiado fácil; representa la operación básica de la inteligencia. Ir más allá de lo que se puede hacer en una conversación inteligente de café es donde está la dificultad y probablemente donde uno encuentre lo que no era esperable de encontrar. Claro está, tiene su valor, y uno bien puede quedarse en la conversación de café. Pero para ello está el blog o las columnas

  8. Tu artículo y tus comentarios dan cuenta de lo poco que conoces la obra de Bauman, y al mismo tiempo, revelan lo poco que entiendes acercas de las nociones y conceptos de la sociología contemporánea.

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