El Imperialismo en Ciencias Sociales, o de la peculiar situación de la Ciencia Política

La economía impuso a las otras disciplinas de las ciencias sociales el imperialismo económico: la idea que el actor racional que es fundamento de sus teorías es la mejor explicación del comportamiento. La sociología, a su vez, había hecho lo mismo con su propia versión de imperialismo: la sociología como la ciencia base del estudio de lo social, desde la cual se podía entender todas las otras. Y de la antropología también podemos decir que ha experimentado también sus tentaciones de realizar un imperialismo cultural, la idea que todo es cultural y simbólico.

La ciencia política tiene la particularidad de no haber sucumbido a ninguna tentación parecida. Es explícitamente una disciplina dirigida a abordar un campo específico de la vida social: el poder al interior de las instituciones políticas, al interior del Estado. Tomando en cuenta que los imperialismos son, finalmente, facilismos y equivocaciones, esto bien puede leerse como una alabanza hacia la ciencia política, que en su humildad bien nos podría enseñar al resto.

Pero no es esa la intención de esa entrada. Es cierto que los imperialismos son, sin excepción, equivocaciones: Todo puede ser cultural, pero la cultura no lo es todo; las relaciones sociales pueden ser fundamentales para cualquier entrada en la vida social, pero no agotan todas las perspectivas; y la perspectiva de la acción racional puede aplicarse a cualquier ámbito, no hay necesidad de reducirlo a la vida económica, pero no todo es racional. Y sin embargo esos límites sólo podemos establecerlos con claridad cuando exploramos esos puntos de vista hasta su respectivo límite, cuando los usamos todo lo que pueden dar e incluso más allá. Pero para realizar ese esfuerzo, para poder indagar en cuanto pueden dar esos puntos de vista, requerido es finalmente el imperialismo: la idea de salirse del lugar más obvio de aplicar ese punto de vista y aplicarlo sin resquemores donde sea.

En última instancia los imperialismos son tentaciones del entusiasmo por una idea teórica o un concepto. Y el entusiasmo que suele conducir al error posee, en cambio, la inestimable virtud de permitirnos crar. Por todas sus faltas nada de valor es creado sin entusiasmo. Si bien resulta necesario después recortar lo recogido por él, bien se lo necesita para tener algo que recoger. La tentación imperialista es una equivocación fructífera.

En ese sentido, el hecho que la ciencia política se haya auto-limitado es una limitación del potencial de esa disciplina. O para decirlo de otra forma: El poder es uno de las dinámicas básicas de la vida social, y bien sabemos que cruza distintos y diversos ámbitos. Usar el poder como el elemento sobre el cual basar un imperialismo sería, claro está, una equivocación; pero alguien que estuviera convencido de su potencial e importancia y lo aplicara sin remilgos a toda la vida social bien podría entregarnos muchos aportes e ideas. Somos, si se quiere, más pobres en las ciencias sociales debido a la ausencia de ese imperialismo.

 

NOTA: Debido al carácter imperialista de la sociología es en esa categoría en que queda clasificada esta entrada. Debiera existir una categoría de ciencias sociales pero siendo sociólogo bien creo que no hay aspecto de la vida social sobre el cual no pueda realizarse una mirada sociológica -y los límites que se pone una disciplina científica a sí misma bien son parte de esa vida social.

Bookmark the permalink.

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.