De rangos y puestos

Algunas de las organizaciones más antiguas suelen hacer una diferenciación entre el rango y el puesto. Por ejemplo:

En la Iglesia Católica, una cosa es ser monseñor / cardenal; otra obispo /arzobispo. En las Fuerzas Armadas, una cosa es ser capitán / mayor / coronel; otra es ser comandante de compañía / batallón / regimiento. En la Universidad, una cosa es ser profesor asociado / titular; otra cosa es ser profesor del curso X, o ser director o decano. La distinción se mantiene a pesar que tiendan a existir relaciones más o menos estrechas entre ambos escalafones (el arzobispo de Santiago tenderá a ser elegido cardenal en algún momento, en principio el que debiera comandar una compañía debiera ser un capitán).

Y la distinción no es solamente una vía de ofrecer ‘honores’ de dos formas. De hecho, ambos escalafones tienen derechos y deberes diferenciados. En la Iglesia, el Papa es elegido por los cardenales (una distinción de rango), no por los arzobispos (una distinción de puesto). Y así podríamos buscar otros ejemplos.

Ahora, ¿que es lo que gana una organización con un doble escalafón? Es cierto que al menos gana la posibilidad de ascensos, y de ascensos que conllevan beneficios específicos, sin necesidad de cambiar puestos. Pero eso es cierto de cualquier organización, y no todas realizan esa distinción.

Uno puede desarrollar diversas ideas, pero ninguna parece ser demasiado buena:

  • ¿Un resabio de elementos personales, individuales en organizaciones burocráticas? El puesto -arzobispo de Santiago, director del departamento de Sociología, comandante de la III División de Ejército- es plenamente burocratizado; pero el rango sigue siendo un reconocimiento personal, un derecho personal. El puesto puede ser un cargo, pero tu eres personalmente, y lo llevas donde quiera que fueres, tu rango.
  • ¿La flexibilidad que otorga un escalafón no competitivo? Sólo puede haber un arzobispo de Santiago, pero la iglesia chilena en principio podría tener varios cardenales. Entonces, si aparecen varias personas con los requerimientos para usar el rango X, no estoy limitado por la estructura organizacional. En ese sentido, permite que las ‘carreras funcionarias’ no se detengan incluso cuando, por diversos motivos, no hay demasiados cambios en los puestos per se.
  • ¿Una forma de lograr equivalencias en organizaciones altamente complejas y diferenciadas? Las estructuras jerárquicas pueden ser muy diferentes en diversas partes de la organización, con diversos niveles, relación entre ellos etc. El sistema de rangos permite hacer equivalentes posiciones muy diferentes. Y sin necesidad de hacer la equivalencia estricta y ya formalizada (los cardenales están todos en el mismo lugar, aunque en un momento dado los cargos que ocupan los cardenales en su conjunto no sean los cargos que ocupan en otro).
  • ¿La forma en que afecta los procesos de promociones? Supongamos que para un puesto determinado se requiere cierto rango. Entonces, para ocupar el cargo X sólo pueden estar quienes tienen el rango A. Por una parte limita el universo (no todos pueden ocuparlo) y por otra parte lo amplía (todos los del rango A lo pueden ocupar, no solamente los que han ocupado este puesto).

Sea cual sea la razón, y dudo que las mencionadas sean de hecho las más relevantes, me parece un fenómeno interesante de analizar y de, al menos, hacer notar.

Un par de notas sobre el trabajo doméstico y su relación con el remunerado

Dado que estoy haciendo un curso de consumo, estuve releyendo A Theory of Shopping de Daniel Miller y entonces me encontré con las siguientes frases:

‘Here, as is often the case, there is no evident resentment at being identified unambiguously with housewifery. On the other hand, there is a considerable desire that this should be appreciated by the family members, and to taken for granted’ (p 21) Y no mucho después, discutiendo sobre los estudios feministas sobre el trabajo doméstico: ‘This degree of exploitation and the asymmetry of power was reinforced rather than redressed in consumption, where housewives were found to give the best of their labour in meals and comforts to others while ofter denying themselves the pleasure they strove to create for others’ (p 22).

Miller se centra en el punto que las dueñas de casa -inmersas en una cultura de ‘amor hacia la familia’- no ven como explotación lo que las críticas feministas -inmersas en una cultura reflexiva de igualdad (*). Pero lo que me parece interesante es otra cosa.

Es lo cercano que parece el trabajo doméstico al remunerado moderno. Iguales en el hecho que el fruto del trabajo no es propiedad del trabajador, iguales en su demanda de reconocimiento (el gusto y la demanda por el trabajo bien hecho, por la buena obra, que en ambos contextos no es reconocido), e iguales en el hecho que estas características se dan por sentadas y no producen mayor problema (al fin y al cabo, los trabajadores nunca han reclamado por el hecho que el fruto de sus esfuerzos sea para otros). De hecho, aparte de la existencia de una ideología y una cultura que le da más sentido al trabajo doméstico (**) (orientado a lo que sigue siendo el centro ostensible de la vida de las personas -la familia) y de la recepción de dinero en el remunerado, mantienen las mismas características básicas.

(*) Lo que muestra que la cultura de las sociedades occidentales modernas -el trabajo de Miller es sobre hogares ingleses en un suburbio londinense- sigue siendo tan irreflexiva, tan poco racionalizada, como toda cultura siempre lo ha sido. Pero ahondar en este punto sería empezar a criticar a un montón de sociólogos en sus disquisiciones sobre la modernidad.
(**) Aparte del feminismo clásico, ¿quién pudiera pensar, especialmente si pensamos en el tipo de trabajos que la mayor parte de la población realiza, que el trabajo es una fuente de realización personal?

Las reglas del método: El postulado de la igualdad de actores

Alguna vez, entre las innumerables ideas que he tenido y no he seguido, se me ocurrió que sería buena idea escribir un texto análogo a Las Reglas del Método Sociológico. Entre otras razones, porque me parece que lo que falta -extrañamente en una disciplina tan preocupada de asuntos metodológicos- discusiones acerca de lo que constituye un buen análisis sociológico. Tanto falta que en un manual de metodología cuantitativa común y silvestre la parte de análisis será reemplazada por una descripción sucinta de análisis estadístico. Pero tanto el texto de Durkheim (y más el de Giddens) están ordenados por la pregunta de que cosas ha de cumplir un análisis para ser buena sociología.

Y, en ese espíritu, ponemos el primer postulado de un buen análisis sociológico: El de igualdad de actores: Todos los actores han de tener las mismas capacidades, y en lo posible sus diferencias han de provenir de diferencias en sus relaciones sociales, en sus ubicaciones más que de atributos del actor. Y si no queda otra más que correspondan a atributos del actor, entonces que la distribución del atributo sea lo más general posible.

Partamos por lo primero: la exigencia que no existan actores especiales. Básicamente, si postulamos que un actor dado puede hacer X (se puede organizar, puede aprender tal cosa etc.) entonces cualquier actor puede hacerlo. Si encontramos que un actor no realiza la acción, entonces no podemos basar la explicación en que el actor es diferente, sino que su situación era diferente. No hay actores con capacidades especiales, a lo más hay situaciones especiales que les permiten o no realizarlas.

Pensemos por ejemplo en el caso de la acción colectiva y la vieja observación de Olson que no todos los actores con intereses comunes se organizan para su logro. Pero que algunos sí lo hacen. Ahora, el desarrollo conceptual de Olson es en base a descubrir que circunstancias, situaciones, estructuras suceden en los grupos que producen acción colectiva. No es plantear, digamos, que donde hay acción colectiva es porque los actores son diferentes (porque tienen más orientación colectiva o cualquier otra cosa).

Esto tiene, casualmente, ciertas consecuencias interesantes. Todo modelo conceptual (o empírico) que se base en una distinción entre verdad / falsedad (desde la falsa conciencia hasta explicar las diferencias con respecto a un estándar racional mediante un término de error) que es conocida para el analista pero no puede ser conocida para los actores es inaceptable. Los analistas son, al fin y al cabo, actores; y por tanto si ellos tienen la capacidad de detectar la ‘verdad’, entonces esa capacidad está disponible para los actores. La idea de la clase intelectual como ocupando un lugar libre en la sociedad y por ello estando en condiciones de conocer la realidad (a la Mannheim) no funciona.

Pero no es sólo que si los investigadores pueden encontrar la verdad está debiera estar disponible también a los actores. El siguiente caso, en principio, cumple con ese requisito: Cierto texto (del cual no diré el nombre ahora) plantea, basado en teorías económicas contemporáneas y la idea del rent-seeking que las explicaciones del mercantilismo dadas en ese tiempo no corresponden (o sea, que el mercantilismo tiene otros efectos) y que es otra la explicación. Luego, entonces no puede ser que las elites dirigentes europeas hayan considerado ser mercantilistas por las razones esgrimidas en las teorías de su tiempo, sino que tienen que haber sido mercantilistas por las razones que plantea la teoría contemporánea. Para decirlo de otra forma, el barómetro de racionalidad lo tiene un actor en particular (el investigador), para que un actor sea considerado racional ha de pensar como lo hace él. El hecho que una persona pudiera mantener efectivamente las creencias del mercantilismo y, por tanto, actuar en consecuencia, sencillamente no parece posible.

El postulado implica, en última instancia, reconocer que los investigadores son, finalmente, actores sociales. Con las mismas características, limitaciones y posibilidades que cualquiera. E implica, por otra parte, pensar en que las diferencias entre actores han de explicarse a través de diferencias en su entramado social, que en tanto actores tienen las mismas capacidades. En otras palabras, no es en el actor donde ha de buscarse una explicación sociológica.

De la regimentación metodológica

El hacer clases tiene varias consecuencias. Una de ellas es que uno se enfrenta a cosas que, quizás ya sabía, pero quedan mucho más patentes al tener al frente alumnos.

Ahora que estoy haciendo clases de metodología en una carrera de sociología, me enfrenté a una de ellas. La idea del curso es que la metodología se aprende caminando, y por tanto el curso se organiza en torno a la realización de una investigación. Y como el curso es de metodología cuantitativa, entonces la investigación requiere cuantificación.

¿Y cómo fue leída la demanda de cuantificación? Cómo una exigencia de encuesta. Todas las propuestas tenían como parte cuantitativa el realizar una encuesta (y habitualmente una encuesta de actitudes). Los comentarios que hicimos en clase sobre que la metodología cuantitativa no se reduce a encuestas, sino que incluye otro tipo de fuentes, al parecer no fueron oídos o no parecieron relevantes.

Y eso es algo que encuentro preocupante. Porque la metodología cuantitativa no es encuestas. De hecho, las encuestas (y en particular de las actitudes) no son más que una forma algo bastarda de cuantificar aspectos subjetivos que, en realidad, son mejor estudiados con metodologías cualitativas. Y no es que la sociología tenga como único método y como único tema cosas que pueden ser mejor estudiadas si se le pregunta que piensa a la gente. La observación puede cuantificarse, se pueden analizar comportamientos, ya sea algunos que quedan registrados por la índole misma de la acción -como las votaciones- o de los que pueden preguntarse -como uso del tiempo. O sea, lo cuantitativo no consiste solamente en ir y preguntarle algo a alguien.

Pero parece que todas esas posibilidades nunca se piensan y hemos reducido el campo de lo cuantitativo (y dada la fuerza y aparente ‘cientificidad’ de lo cuantitativo, la sociología) a encuestas de actitud: ¿Ud. que opina sobre X? ¿Le gusta Y? Y eso no deja de ser lamentable.

De hecho, pero esto es más bien mi personal prejuicio, para cualquier pregunta de real interés sociológico, nunca será el método de preguntarle a la gente su opinión el método más adecuado.

A propósito de los efectos de las encuestas electorales

El 4 de Noviembre en la mañana, Chilesoc organizó un evento sobre encuestas electorales y sobre sus efectos en la opinión pública. Y bueno, los expositores -en parte- defendieron la opinión que, en realidad, las encuestas no tienen muchos efectos y que los electores no deciden por esas cosas. Ahora, para defender eso se hicieron referencias a los efectos del bandwagon y a su contrario y que, bueno, no se ve demasiada claridad a ese respecto.

Pero el problema es que los efectos discutidos -al menos, los efectos más conocidos- tienen una particularidad muy extraña: No tienen ningún carácter político. La información política de las encuestas actuaría a través de efectos (‘vota por el que todos votan’, ‘vota por el que nadie vota’) que nada dicen acerca del campo de la decisión. Ahora, eso no tiene sentido. Puede que existan esos efectos, pero el principal efecto de cierta información en un campo específico, debiera ser producido a través de procesos de esos campos.

Al fin y al cabo, el ‘voto útil’ (‘vota por alguien que tenga posibilidades de salir’) si es algo existente, y si se ve afectado por la información que la gente tiene. En última instancia, los efectos electorales de, digamos, un sistema mayoritario (la vieja idea de Duberger que los sistemas mayoritarios llevan a tener 2 partidos) se explican, en parte, porque los votantes deciden no perder su voto. Y ‘perder el voto’ es una decisión que sale de información. Por cierto, no necesariamente o solamente información de encuestas, pero en un mundo con encuestas algo debiera pasar con ellas.

Lo anterior tamibén se relaciona con el hecho de donde se publican las encuestas. La hipótesis favorita del seminario es que las encuestas influyen en la elite. Ahora, las encuestas se publican en medios masivos: Son titular de La Tercera, no solamente de la revista Capital. Y si se publican en medios masivos será porque son de interés másivo. Dudo que los diarios gasten los titulares en cosas que no interesen a nadie. Un diario usa su cuerpo de reportajes para hablar de cosas que interesan a la elite, pero el titular es para las masas. Puede que el interés masivo no provenga de la idea que la información de encuesta afecte el voto, hay muchas otras posibilidades de uso y de interés por parte de la población general. Pero no es algo que solamente preocupe a, por decirlo así, a los lectores de la revista Capital. Ellos, recordando uno de las revistas presentadas en la reunión, se preocupan de la verdad detrás y de quienes las realizan, pero el interés de los resultados no es privativo a ellos.

De las explicaciones a nivel individual

Una de las características del modelo de acción racional es que todas las diferencias que se producen en términos de resultados (digamos, si se produce o no acción colectiva, si se alcanza o no se alcanza equilibrio, si se produce o no cooperación etc) provienen de diferencias en la estructura. O para decirlo en otras palabras, en las reglas de interacción. Cuando se trata de explicar porque pasa tal cosa en tal situación y no en otra lo que se hace variar son las características sociales (cómo se puede interactuar, como se puede negociar, que información hay disponible en el medio).

Por cierto no provienen de diferencias en los propios actores -que se asumen son todos del mismo tipo.De hecho, si se trata que las diferencias provengan de los actores nos vemos lanzados al campo de la tautología: O sea, si las diferencias se producen por sus distintas preferencias, entonces volvemos al viejo ‘pasa que X porque pasa que X’ (i.e el sujeto elige X porque prefiere X, pero solo sabemos que prefiere X porque elige finalmente X).

Entonces, lo que permite entonces explicar las diferencias no son las características de los actores, sino las características de su interacción social. Y por tanto lo que hay que explicar es a que se deben esas características y como se producen. Para decirlo de otro modo, uno nunca sabe cuan Durkheimiano puede llegar a ser: Que nada se avanza con explicaciones basadas en características individuales, y que cuando se intenta seguir por ese camino, lo que se encuentra es finalmente con la vieja estructura social.

Del carácter tautológico de algunas teorías -o de como no ver la paja en el propio ojo

La siguiente cita servirá como muestra -porque hay muchas que básicamente insisten en el mismo punto:

‘Ultimately, it is just too easy to ‘explain’ historical phenomena by positing diferences in the wat people saw the world -by whatever variant of neo-Confucianism was in the air, or whatever the level of antimarket prejudice, imperial reverence, or patriarchal deference. Too often, ideology, tastes, and culture are things we fail to measure independently of the phenomena we hope to explain. Too often, the result is simply circularity’ (J. Mark Ramseyer, Odd Markets in Japanese History, Cambridge University Press, 1996, página 8).

Hasta aquí, la afirmación parece sensata. Efectivamente muchas veces la explicación cultural de por que las personas hacen X no pasa de ser ‘hay una norma que promueve X’. Y eso no es más que una forma algo más compleja de decir que las personas hacen X.

El problema es en la solución que sigue Ramseyer (y muchos otros, recordemos que estamos usando a Ramseyer como muestra no porque él particularmente sea muy importante) -la vieja aproximación de la acción racional- parece sufrir de los mismos problemas. Al fin y al cabo, usualmente poseemos poca otra información de cualquier función de utilidad aparte del comportamiento: Sabemos que la persona prefiere X a Y porque, bueno, elige X a Y.

Lo que salva, en realidad, de tautología a la teoría es el hecho que usualmente, aunque se habla de racionalidad en genérico, en la práctica se la dice en específico: La acción racional es aquella que aumenta la riqueza. Pero claro, esto que permite a la teoría decir cosas, es lo que se abandona cuando hay que tomar otros factores en cuenta y asumir otras acciones que refutan lo anterior.

Pero esto de pasar de una visión genérica tautológica a una visión particular (que le da fuerza y peso a la teoría) bien pudiera también decirse de las teorías culturales y de ‘valores’ para explicar los asuntos sociales. Lo que les faltaría sería algo equivalente al dinero. Probablemente ese paso tendría las mismas consecuencias del paso a la riqueza en el caso de la racionalidad: permitir hacer predicciones pero a la vez abrir la teoría a críticas más que bien fundadas. Pero si se permite eso a una, no veo porque no se le podría permitir a la otra.