La Particularidad de las Encuestas Electorales

El miércoles 13 de este mes, el Colegio de Sociólogos tuvo a bien realizar un Panel sobre Encuestas Políticas. En la discusión, a propósito de la diferencia entre encuestas de opinión y encuestas electorales, mencioné como comentario una vieja idea de Jesús Ibáñez: Que la encuesta y la elección son actividades homólogas: En ambos casos se realiza la misma operación (se realiza una selección entre varias alternativas pre-determinadas); y que ello constituye, al final de cuentas, una ventaja de la encuesta electoral sobre otras -donde ello no ocurre.

A propósito de lo anterior, Bernardo Mackenna -que exponía como panelista- hizo el comentario que la encuesta electoral no era la única que tenía un baremo externo. Se puede comparar los ingresos que se obtienen en la CASEN con los datos del Banco Central, se puede comparar los datos de las Encuesta Nacional de Seguridad Ciudadana con las estadísticas de delitos. Y sin embargo, pareciera ser que sólo a las encuestas electorales se les pide una corrección tan precisa.

Creo que a partir de esa discusión se puede perfilar mejor la particularidad de la encuesta electoral -y por qué es, finalmente, muy razonable que a ellas les pidamos una exigencia de corrección tan alta. Volvamos a la observación inicial. Ella no es que hay baremo externo, es que la operación de responder una encuesta y de votar en una elección son la misma operación. Entonces, es claro que ello no ocurre en los otros casos.

En las encuestas de actitud simplemente porque claramente la actitud o creencia que uno tiene no es -para nada- equivalente al responder una encuesta. La respuesta de la encuesta está siempre alejada, no puede corresponder exactamente, a lo que se quiere medir. Hay una distancia infranqueable. No por eso dejan de ser útiles las encuestas de opinión, pero esa utilidad se construye a través de esa distancia.

En el caso de otras encuestas de comportamientos es cierto que, en principio, hay una ‘respuesta correcta’ que es posible determinar. Existe tal cosa como los ingresos de una persona, y ello puede decirse. Sin embargo, sigue siendo cierto que la operación de recibir un ingreso (o la situación de sufrir un delito) no son equivalentes a la de una votación: Recibir un sueldo no es seleccionar una alternativa de un listado, tampoco lo es el realizar un trabajo o el ser asaltado. La distancia aquí no es infranqueable, pero dependiendo de la situación la pregunta y la realidad tienen distancia. Es cosa de pensar en todas las dificultades que existen en lo relativo a poder determinar el ingreso del hogar (es cosa de revisar el cuestionario de la CASEN y observar todas las operaciones que requiere una persona para seleccionar una respuesta). El mapeo de lo real y el mapeo de la encuesta no son idénticos. Más aún, el baremo externo a su vez es distinta de la realidad que queremos investigar: Los ingresos que reciben las personas no son las cuentas nacionales (hay ingreso que no aparece en ellos), los delitos que efectivamente suceden no son equivalentes a las denuncias (hay delitos que no se denuncian, hay denuncias que no siempre corresponden a un delito). Si bien en principio es posible realizar una prueba de realidad, ella es manifiestamente compleja.

El caso de la encuesta electoral es, entonces, claramente más sencillo. Seleccionar al candidato X de una lista de posibles candidatos es la misma operación que realizo al votar. Por cierto, la medición no es trivial ni transparente, pero la cercanía estructural de las operaciones facilita la resolución de esos temas (en última instancia, es tan equivalente que el CEP puede, simplemente, hacer encuesta con voto en urna). Más aún, aquí la prueba de realidad es perfecta: El conteo de votos es el resultado de la votación (mientras que las cuentas nacionales no son el ingreso nacional). La encuesta electoral, que tiene sus propios problemas, tiene bastante menos problemas de validez de medición y una prueba de corrección que, al ser más precisa, permite un mejor ajuste.

Ahora bien, ese permite un mejor ajuste, se traduce en un ‘se demanda mejor ajuste’. Es razonable suponer que la CASEN no de lo mismo que las cuentas nacionales (y en los tiempos en que se ajustaban los ingresos declarados de la CASEN con dichas cuentas, había cambios relevantes). La dificultad de medir el ingreso, y el hecho que las cuentas nacionales no sean la realidad a medir, tiene esa consecuencia. Pero dado que en la encuesta electoral hay menores dificultades, y la realidad es perfectamente conocida, es razonable que se pida mayor precisión y se tengan mayores exigencias en la medición.

En algún sentido, hasta pocos años atrás la encuesta electoral en Chile era un asunto relativamente sencillo. Ahora, debido a diversos cambios (que, por cierto, tampoco está claro en concreto que está detrás de los problemas recientes), esa medición se ha vuelto más compleja. Y, sin embargo, sigue siendo algo menos complejo que lo que el INE debe resolver con empleo, el MDS para medir pobreza y uno puede continuar con otros casos. Y si, en última instancia, esos otros problemas han podido ser resueltos (al menos, se puede entregar una medición que tenga algún sentido y validez), entonces uno debiera esperar que ello también ocurriera con las encuestas electorales.

Al centro+izquierda no le fue mal en la elección, pero la Nueva Mayoría fue claramente derrotada

Hace cuatro años la derecha tenía muy buen animo porque, contra pronóstico (¿habrá que recordar que en esa ocasión el CEP se equivocó hacia la izquierda? Lo único constante es que sobre-representa el primer lugar parece), se había logrado. Tanto que pasó por alto (a) que no tenia posibilidad alguna para la 2a vuelta y que (b) la elección parlamentaria había representado una derrota contundente.

Hoy se repite un poco el escenario, pero con actor cambiado (es ahora la Nueva Mayoría la que tiene ese ánimo). Es cierto que hay diferencias. La 2a vuelta es meramente muy difícil en vez de imposible. El 2013 Matthei no tenía donde crecer, y la 2a vuelta la habían producido los candidatos de izquierda. Aquí, sucede que Guillier tiene donde crecer. La magnitud y la dificultad de ese crecimiento lo vuelven muy difícil, pero en principio hay un camino. Pero también ocurría que si Matthei representaba el peor resultado de la derecha en todo el ciclo desde 1989, lo mismo ocurre con Guillier (si se suma Guillier+Goic se repite el resultado 2009).

Ahora bien, lo que sí se repite es el desastre parlamentario. La debacle es en escaños y en votación. Una tabla dejará las cosas más en claro:

Comparación votación parlamentaria (diputados) Nueva Mayoría 2013-2017

Votos Escaños
2013 (Nueva Mayoría) 2.967.896 67
2017 (NM + DC) 2.082.808 56
Diferencia 885.088 11

Casi un millón de votos menos (la votación 2017 es similar a la votación de la municipal que ya era un desastre). Además, 11 diputados menos -en una Cámara que dispone de 35 más diputados.

En general, la Concertación-NM había ganado todas las elecciones parlamentarias desde 1989 en adelante, a veces por poco, pero siempre era la primera coalición. Esta es la primera vez que no es la principal coalición en la cámara de diputados. Y conste que estoy sumando listas que no por nada no pudieron ir reunidas.

En resumen, a la Nueva Mayoría (con o sin DC) el resultado fue paupérrimo.

Ahora bien, al centro+izquierda (no digo centroizquierda porque ni van juntos ni forman una sola sensibilidad, pero tiene sentidos reunirlos porque la alianza entre centro e izquierda ha sido efectivamente una base política desde 1989 en adelante) le fue relativamente bien. O al menos, efectivamente los que apoyan cambios y transformaciones son más de los que no los apoyan. La Suma de NM+FA+PRO en diputados es más que CHV (la votación de diputados de la DC puede ir a cualquier parte).

La derecha obtuvo su un poco menos de 40 puntos y 2.3 millones que es su base electoral. Una base que sigue siendo minoría pero que, como ha sido la tónica desde hace muchos años, es individualmente el sector más fuerte. El centro+izquierda “progresista” sigue siendo la mayoría política, que es lo que ha sido en realidad durante todo el período. Que esa mayoría pueda efectivamente operar como una mayoría (i.e operar como unidad) no es claro -y algo me dice que para poder operar como unidad se requeriría primero una transformación interna importante.

 

Las Encuestas Electorales se equivocaron (pero no todas, y no todos reaccionan igual)

Habíamos dicho en varias ocasiones anteriores (para que no digan que se es general después de la batalla) que había problemas con las encuestas: Que no era claro que estuviera bien analizado lo de votante probable, las tasas de rechazo (aquí link), que las primarias habían mostrado varias sorpresas (aquí link). Más en general, habíamos enfatizado el hecho que los métodos han de articularse con la realidad social que estudian, su validez depende del estado de esa realidad (link)

Los resultados del 19 de Noviembre mostraron eso con claridad. La Radio de la Universidad de Chile tuvo a bien mostrar un cuadro que es bastante claro.

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Las principales encuestas tuvieron varios errores importantes para Piñera (10 puntos en varios casos) y Sánchez (12 a 6 puntos), y con una fuerte subestimación de Kast. Más aún, la impresión general -de una votación muy alta de Piñera, de importantes diferencias entre Guillier y Sánchez- resultó claramente errada.

Ahora bien, ¿eso implica que hay un problema de mala fe? ¿Las encuestas de derecha nos engañaron? Y no. CERC que no es de derecha estuvo entre las encuestas con más problemas. UDD-El Mercurio -que la gente que usa esa interpretación diría que es de derecha- estuvo bastante bien.

¿Se equivocaron todas las encuestas? ¿No sirven para nada? Tanto Criteria como UDD obtuvieron estimaciones que resultaron bastante decentes. En general, las encuestas no se equivocaron con Guiller (sólo CERC), y nadie le otorgó muchos votos a Goic (que también era de quien criticaba antes a las encuestas). Adimark, entre las grandes, tuvo los menores errores con Piñera y Sánchez (y dejó de hacer encuestas antes que las otras).

En otras palabras, hay problemas importantes que resolver (¿cómo se calcula votante probable?); pero no todos se equivocaron.

Aquí es importante hacer dos precisiones cruciales. Una de actitud y otra metodológica.

Partamos con la actitud de la reacción. He aquí Mackenna del CEP en Twitter hoy

Captura_CEP

Para ver otra reacción,Izikson de CADEM a través de la misma red social:

Captura_Cadem

Entre Mackenna e Izkinson está la diferencia entre la seriedad y el burlarse de la población. Entre quien de verdad se cree que las cosas hay que hacerlas bien y quien le da lo mismo. La diferencia entre el mínimo profesionalismo y el vendedor de humo.

Una encuesta es, al final, un instrumento cuantitativo, lo mínimo es que vaya más allá del al orden. La impresión que deja una encuesta no es sólo un tema de orden. Un error de 10 puntos no es un tema de ‘hacer más precisas las estimaciones’.

Al fin y al cabo, basados en resultados electorales y analizar políticamente es posible estimar mejor. En mi oficina se hizo el ejercicio de apuesta en intentar predecir el número de votos de Piñera. Los datos que usamos para ello fueron (a) cuantas personas votaron 1a vuelta el 2013, (b) votación primaria derecha 2017, (c) votación Evelyn Matthei en 2a vuelta el 2013. Basado en ello, el promedio de la oficina fueron 2.6 millones de votos, concentradas las opciones entre 2,3 y 2,5 millones (el nivel mínimo de votación derecha es lo que obtuvo Matthei en 2a vuelta el 2013 y de ahí puede sacar más porque es candidato más fuerte). Los outliers pensaron en 3 millones porque siguieron más bien a las encuestas. Esto es importante porque el mismo Izkinson ha retrucado al hecho de sólo dieron al orden con que ese orden sólo parece obvio dadas las encuestas. Sin ellas también es posible obtener estimaciones.

Luego, una buena encuesta necesita entregar algo más que un buen resultado al bulto. En particular, una buena encuesta electoral.

El segundo tema es metodológico. Es sabido que la encuesta CADEM no cumple con ningún requisito metodológico mínimo. Usar encuestas en punto de afluencia para una encuesta política es impresentable (y de nuevo, eso es sabido y ya había sido dicho en este blog ya el 2015). Y sin embargo, se usaban -no sólo los medios, incluso Kenneth Bunker -que desarrolla en TresQuintos predicciones bayesianas- los usaba. Izkinson realizó varias defensas de su método. Esto es incluso peor porque otras encuestas (Criteria por ejemplo, que recordamos ahora porque sus resultados fueron relativamente decentes) fueron vapuleadas por usar un Panel Online -el mismo Bunker en Twitter las declaró impresentables. Lo que aparecía como mostrando su clara inutilidad era la alta votación de Bea Sánchez. Es bien inconsistente declarar inusable una metodología problemática mientras al mismo tiempo aceptar otra.

Recordemos que los paneles online tienen problemas -el sesgo no se soluciona automáticamente a través de ponderadores. Sin embargo, han sido usados en otros contextos (y en algunos estudios de forma bastante exitosa con muestras claramente sesgadas -hay un estudio del 2015 con usuarios de Xbox que entrega buenos resultados para la encuesta norteamericana, link aquí). Incluso en el caso chileno, aparte de Criteria otras encuestas usando paneles (privadas) dieron resultados razonables. Sabemos que las metodologías tradicionales tienen problemas (tasas de respuesta por ejemplo), y luego hay que probar nuevas metodologías en el contexto actual. Ahora bien, para hacer esas pruebas resulta necesario hacer las cosas con seriedad y cuidado.

Y bien sabemos que seriedad y cuidado no es lo que caracteriza a la encuesta CADEM. Problemas con encuestas hay, fallos los habrá; pero lo mínimo es reconocerlos para poder solucionarlos. Salir defendiendo lo indefendible muestra que no hay mucho interés de hacer las cosas bien. Si de esta debacle al menos se logra que no sea aceptable hacer cualquier cosa, algo se podrá obtener en limpio.

De la Administración del ‘Modelo’

La idea que los gobiernos de la Concertación (1990-2010) administraron al modelo de la dictadura generó, entre quienes defendían y defienden esos gobiernos, gran escozor; una forma de menosprecio de los logros de esos gobiernos. Sin embargo, aparece la forma más sucinta de referirse a lo que hicieron esos gobiernos -comparados con los cambios fundamentales implantados durante la dictadura, los gobiernos de la Concertación resultan menores (que, por cierto, cuando ganaban elecciones se mostraban a sí como gente moderada que hacía cambios moderados, en otras palabras continuaban el modelo).

Ahora bien, toda afirmación sobre la continuidad del modelo ha de basarse en una definición. Por ahora usaremos una que fue usada por parte del Gobierno de la época, más allá de cuan en serio se tomara, como resumen de los principales cambios realizados. Las famosas ‘siete modernizaciones’. Ellas pueden sintetizarse en el siguiente listado (siguiendo a Darío Menanteau-Horta, El rol del Estado en el desarrollo social y la Reforma de la previsión en Chile y EE.UU, Revista Austral de Ciencias Sociales 2006, 10: 5-22)

1. El Plan de Reforma Laboral.
2. La Reforma Previsional.
3. Cambios en los planes de la salud.
4. Municipalización de la Educación.
5. Modernización Judicial.
6. Cambios en la Agricultura.
7. Regionalización y Cambios en la Administración Pública.

En una entrevista realizada a José Piñera en 1979, quien diseñó en forma concreta parte de varias de ellas, usando el mismo listado, nos dice de sus principios:

El Plan laboral con la libertad sindical; la futura reforma previsional con un sistema de pensiones basada en la capitalización individual; la Directiva Educacional y la reforma de la salud a través de la descentralización operativa y la mayor flexibilidad de opciones individuales; la modernización judicial al hacer más efectivo y expedito el acceso de toda persona a la justicia; el reordenamiento agrícola al fortalecer la propiedad privada en el campo; y por último, la reforma administrativa al agilizar el sector estatal y permitir reducir su tamaño que abruma con su pesada carga a todo los chilenos

Definidas de esa forma, es claro que vivimos bajo la égida de esas transformaciones. Con los cambios posteriores, la Reforma Laboral sigue en vigencia; las pensiones operan bajo capitalización individual; en Salud siguen existiendo Isapres; en educación la municipalización, la pérdida de prerrogativas del MINEDUC y la expansión de la educación privada siguen operando; seguimos operando bajo una agricultura de exportación con fuertes derechos de propiedad (pensemos en el código de Aguas). Las reformas puramente estatales (Justicia y Administrativa) son menos claras, aun cuando se puede mencionar que continua el ordenamiento territorial con regiones.

Más en general, la orientación de la economía a las exportaciones, con bajos aranceles, libre cambio de divisas, menor presencia del Estado de forma directa (empresas) e indirecta (menos regulaciones, por ejemplo, queda muy poco de regulación de precios), centralidad del mercado y el sector privado, la orientación focalizada de las políticas públicas, siguen operando.

Los grandes cambios de la Concertación se centran, fundamentalmente, en dos tipos -y ninguno de ellos implica más que administrar. Uno de ellos es en términos de resultados: crecimiento, disminución de la inflación, disminución de la pobreza. Pero claramente no es parte del modelo como tal una alta pobreza. Lo que muestran esos resultados (y no es aquí la intención negar su magnitud o relevancia para la sociedad) es, literalmente, buena administración. Los segundos son todos ellos modificaciones en los margenes: Pensemos en pensiones, algunas de las modificaciones siguen los lineamientos puestos por Piñera (elección de tipo de fondo, entre A y E); otras operan de manera subsidiaria (pilar solidario para pensiones bajas). El núcleo del sistema se mantiene intacto (sistema de capitalización individual  administrado privadamente). Incluso aceptando que la intención fuera otra (estoy pensando que en varios casos las intenciones iniciales de reforma eran más amplias que en otros casos, como el AUGE, como lo ha investigado Garretón); el caso es que el resultado es del tipo administrativo: Realizar las modificaciones necesarias para que el sistema siga operando -una lógica tan conservadora que la frase clásica está en Burke en las Reflexiones sobre la Revolución en Francia.

En otras palabras, es tan obvio y evidente que es cierto que la Concertación administró el modelo (si se quiere, además, lo hizo exitosamente), que el resquemor sólo puede ser producto de una mala conciencia al respecto.

Las contradicciones derechistas sobre el 12 de Octubre de 1492

En la entrada anterior planteamos algunos mitos tipícamente progresistas en torno al 12 de Octubre. Corresponde entonces escribir otra entrada que sea su par sobre los problemas que aparecen en visiones del ‘ala derecha’. En este caso, no sé cuán dominantes sean estos problemas, pero son todos ellos afirmaciones con las que me he encontrado efectivamente.

La entrada anterior versaba sobre mitos, esta sobre contradicciones. Al final de la entrada discutiremos la importancia de la distinción. Otra nota: la palabra progresista tiene la ventaja de identificar a un grupo amplio sin especificarlo a una ideología en concreto; para el otro lado no haya palabra equivalente (aparte de ‘derechas’). Si pongo conservador, algunos dirían que no aplica a liberales; y lo mismo si uso liberal. La idea es usar una palabra genérica que aplica a un segmento de la discusión de un modo amplio, y por lo tanto, por ahora quedará en derechas. Dichas estas consideraciones, entremos en materia.

Contradicción 1. La conquista fue buena porque trajeron civilización, al mismo tiempo  se propugna el principio de no-agresión

Reaccionando a la crítica progresista, se enfatizará que la conquista nos trajo lenguaje, civilización, religión etc (lo que usted quiera). Al mismo tiempo, entre quienes declaran lo anterior aparece, en otras ocasiones, la defensa de la idea de no-agresión: Que lo que es invalido es el uso y amenaza de la fuerza, de la violencia, en las interacciones. Entendiendo al Estado como estructurado por la coerción y la fuerza, a partir de ese principio se critica la regulación (y llevando el argumento a su extremo lógico, a los impuestos).

La contradicción debiera ser evidente. La Conquista no fue un proceso pacífico de intercambio, fue un proceso violento de coerción. Resulta imposible defender, con buena fe, la preponderancia irrestricta de condenar la violencia (pensada de forma que incluya, digamos, el IVA o regulaciones laborales) y al mismo tiempo celebrar un proceso transido completamente de violencia. Porque si se va a justificar la máxima violencia por sus resultados (por ahora ni siquiera entraremos a discutir el error factual de ese ‘trajeron la civilización), entonces el famoso principio defendido nunca fue el tema.

Contradicción 2. No eran propietarios (Terra Nullius), al mismo tiempo la idea de propiedad es algo universal.

Entre las justificaciones de la apropiación europea del Nuevo Mundo, y esto es algo viejo, ya está en Locke por lo menos, es la idea que los habitantes no tenían propiedad alguna sobre esas tierras. Ya fuera porque se los declarara nómadas, y solo un pueblo sedentario puede tener propiedad; o incluso porque no tenían la idea de propiedad de la tierra, el caso es que su uso de esas tierras no constituía propiedad. Legalmente, entonces eran Terra Nullius -disponibles al primero que la proclamara. Al mismo tiempo, entre estas personas es común declarar que la idea de propiedad es universal -de validez universal y encontrada de hecho a través de las culturas: Lo mío y lo tuyo son cosas bien básicas.

Nuevamente, nos encontramos ante una contradicción evidente. Porque tendríamos a un largo y diverso grupos de cultura que no podrían reclamar que fueron desapropiadas, que se les robaron sus tierras, en ellos esas ideas no aplican. Y al mismo tiempo se declara que la propiedad es un fenómeno universal, sin excepciones. Si la propiedad es un fenómeno tan universal, y si es válido el principio que a nadie se le puede quitar su propiedad sin su consentimiento, entonces la Conquista claramente no es un proceso de respeto de la propiedad ajena, sino un proceso no sólo de apropiación sino de expropiación, algo que, entre estas gentes, es usualmente denostado de forma tajante.

Contradicción 3. Criticar la Conquista es aplicar principios de otras eras lo que no corresponde, al mismo tiempo los propios principios son de validez universal.

Una tercera contradicción es la insistencia en que todos los críticos de la llegada de los europeos están cometiendo el pecado de anacronismo: Criticar a personas del siglo XVI de acuerdo a cánones del siglo XXI. Y ello claramente no correspondería. Al mismo tiempo, es común en estas personas una rígida defensa de sus principios en la actualidad, bajo la idea que -finalmente- sus ideas son universalmente válidas, y que toda crítica es errónea. En más de un caso, esto lleva a preguntarse por los límites de la democracia, el viejo argumento de la tiranía de la mayoría, la vieja desconfianza por la muchedumbre, dado que una mayoría bien puede aprobar algo que es inmoral.

Entonces, se plantea que la opinión mayoritaria no es suficiente para validar algo moralmente, y al mismo tiempo se justifica algo porque correspondía a la opinión mayoritaria de su tiempo. La contradicción es menos flagrante que en ocasiones anteriores: Por ejemplo, alguien podría decir que que esta circunstancia no justifica, sino que aminora la culpa. Sin embargo, sigue siendo una tensión pragmática en el argumento.

En los asuntos anteriores, dado que el centro está en la contradicción, no entré mayormente en la corrección empírica del aserto. En este caso lo creo necesario, porque muestra un desconocimiento cabal del tema. Es bastante sabido, de hecho era uno de los temas recurrentes entre apologistas pro-hispánicos, que la conducta de los conquistadores fue un tema discutido en la época, en España. Está la Brevísima Relación de la Destrucción de las Indias, está la Junta de Valladolid, están las Leyes Nuevas. El tipo y naturaleza de la crítica son diversas, y van desde quienes en la época no creían en la justificación de la Conquista como tal, hasta quienes (como el propio emperador Carlos V) si bien creían en la validez de la Conquista estaban en contra de los excesos de los conquistadores contra los pueblos originarios. De hecho, estamos ante asuntos cuya disputa llegó al conflicto armado. El intento de implantar las Leyes Nuevas por el primer virrey en Perú generó una rebelión, el asesinato del virrey e incluso los conquistadores pensaron independizarse. Claramente, no estamos ante hechos que fueran claramente y fácilmente aceptados en la época.

Por cierto, planteada así la discusión se esconde a un grupo que resulta bastante importante: Cuando decimos que la Conquista era justificada o no en la época, habrá que recordar que quienes actuaron y vivieron en esos años no se reducen a los españoles, sino incluyen a los pueblos originarios. Y aquí claramente la conquista no era algo aceptado ni deseado.

Luego, ¿quienes eran esos de la época que aceptaban la conquista, y la conducta de los conquistadores? Eso no incluye a los pueblos indígenas, tampoco incluye una parte, de cierta influencia, de la opinión y autoridad de los españoles. Pero es la opinión de que era aceptable, la que queda como ‘lo que correspondía a la época’. Lo que no deja de ser una burda simplificación de una era que, como todas, era compleja.

 

Una nota final. Los problemas en la interpretación estándar del progresismo los puse como mitos: Usualmente parten de una constatación correcta, pero extralimitan y obtienen conclusiones equivocadas. Luego, el principal problema es usualmente empírico. En este caso, los problemas son de otro tipo (aunque, de hecho, también hay problemas empíricos): Hay un discurso específico sobre la Conquista que contradice el discurso general que aducen estas personas. En otras palabras, dado su deseo de justificar la Conquista (¿por qué los progresistas se oponen?) entonces no hay problema en caer en contradicción con lo que supuestamente dicen en general con tal de construir un discurso que la justifique. Si se quiere, hay un tema de buena fe que es algo más profundo, y al menos es diferente, de lo que ocurre entre progresistas.

Los mitos progresistas en torno a la irrupción europea en América

Desde el progresismo hay varias ideas, que a estas alturas ya son algo predominantes al interior de estos segmentos, sobre el significado del 12 de Octubre de 1492. Entre ellas hay algunas que tienen claramente problemas, y que esconden temas que son relevantes.

(1) No hubo descubrimiento.

El hecho inicial que es correcto es que eran tierras pobladas, y luego ya sabían dónde vivían. Lo cual es cierto, pero esconde un hecho fundamental: Que nadie más sabía ello. Los habitantes de la meseta de México bien sabían que vivían en sus tierras, y lo mismo es válido para quienes vivían en Cuzco, o en cualquiera de los muy distintos lugares que componen estas tierras. Ahora bien, los aztecas no sabían que existían los chinos, ni los europeos, ni los indios; ni ninguno de estos últimos tenía la más peregrina idea que existía un pueblo como los aztecas. De hecho que existe tal cosa como el conjunto de las tierras que va desde Alaska a Tierra del Fuego era también desconocido para los habitantes de esos lugares, los aztecas bien poco conocimiento tenían que existía un Imperio lejano al sur de ellos.

Lo anterior es relevante, y no mera pedantería, porque enfatizar que eso constituye descubrimiento implica observar una serie de circunstancias que son cruciales: La invasión del viejo mundo por la papa; la irrupción de muchos tipos de ganado en el nuevo; la conformación -por primera vez en la historia- de circulación global de bienes, y así con múltiples otras cosas que se pueden entender sólo si recordamos que en 1492 finaliza una separación prácticamente completa entre América y el Viejo Mundo. Es cierto que para los habitantes América no fue descubierta; pero para todo el resto sí fue un descubrimiento.

(2) Lo que se produce a partir de 1492 es un genocidio.

La afirmación inicial correcta aquí es que existió un desastre poblacional gigante -probablemente, el mayor de la historia. Además es correcto que en las Antillas y el Caribe las poblaciones indígenas fueron exterminadas; y en general, los españoles en sus combates fueron claramente brutales. Sin embargo, de ello no se sigue genocidio.

La voluntad clara y evidente de los españoles es la de subyugar y dominar a los pueblos originarios; claramente para eso querían conquistarlos. Ahora bien, la voluntad de subyugar y la voluntad de genocidio no son compatibles -ambas son formas de pasar por encima al otro, pero claramente son diferentes. Quien quiere subyugar a los pueblos originarios necesita que ellos sigan existiendo, y que se multipliquen -es la forma de poder continuar mi dominación. La disminución de la población originaria era un problema para los españoles (son múltiples los documentos en que, así funciona el colonialismo, acusan a los propios indígenas de su desaparición). Todo ello es distinto a la voluntad de exterminio que es parte de un genocidio.

Por cierto, lo anterior no implica que los españoles no fueran responsables del desastre poblacional. La argumentación de ‘fueron las enfermedades y epidemias’ es muy parcial: Es cierto que la mayoría de los muertos proviene de esas enfermedades, y es claro que no importa quienes fueron los primeros que se contactaran desde fuera con América, las epidemias hubieran sido de gran magnitud. El tema no es ése, sino la falta de recuperación demográfica -la caída es constante  y llega hasta cerca de 1650 (o sea, más de un siglo y medio de contacto). Una población explotada al nivel que fueron buena parte de las indígenas (la cantidad de muertos en el Potosí es seña suficiente de ello) no es una población donde se facilite el crecimiento de la población.

La brutalidad de los españoles al hacer la guerra tampoco tiene relación con genocidio. Y ello no porque la brutalidad sea falsa, sino por una circunstancia más general: Los españoles eran brutales y carniceros en la guerra en todas partes. La famosa leyenda negra no nace en América, nace en Europa: es el tratamiento de Amberes, de Roma, de las ciudades holandesas lo que hizo famosos a los soldados españoles como crueles. Las descripciones que los testigos hacían del destino de esas ciudades no es tan diferente a lo que uno puede leer que hacían por nuestras tierras. La repulsión que generaron esos actos en esos tiempos indica, por cierto, que no eran simplemente ‘diferentes tiempos con diferentes estándares’ (de hecho, en particular, las acciones de Colón en las Antillas fueron denunciadas al interior de la cultura española de ese tiempo). Sin embargo, todo ello es distinto del tema del genocidio.

Ahora bien, decir que genocidio no aplica no quiere negar la debacle demográfica ni la brutalidad de la conquista, ni menos condonar el hecho. Simplemente es recordar que los españoles querían efectivamente disponer de siervos, y eso es distinto de querer exterminarlos.

(3) Que la conquista fue algo que hicieron los españoles contra nosotros

Quienes en la actualidad se identifican y son parte de los pueblos originarios pueden decir, con toda propiedad, que todos estos europeos en sus tierras fueron una invasión de un foráneo. Quienes no somos parte de esos pueblos no podemos decir ello.

No me refiero aquí al tema biológico del mestizaje, al hecho que buena parte de las poblaciones de América Latina tienen entre sus antecesores personas de pueblos originarios y personas europeas (por cierto, ¿desde cuando al progresismo basa algo en un tema biológico?). Estoy hablando de un asunto cultural. Sucede que la lengua materna de buena parte de la población es el castellano, sucede que la religión que las personas aprenden en su infancia (o rechazan después, o por último, tienen que referirse a) es el catolicismo. Y así. Los españoles fueron, más allá de lo que se opine al respecto, extremadamente exitosos en diseminar su cultura y transformar a esas poblaciones en su impronta. No se puede tratar esto como algo simplemente externo que nos hicieron, porque ese ellos que hizo cosas es parte fundamental del nosotros (a 500 años de la conquista de las Galias, al momento de las invasiones germánicas, la cultura romana no era extraña a los habitantes de la actual Francia).

Esto no dice nada en relación con la postura sobre las luchas actuales de los pueblos originarios. Sin embargo, hay que reconocer que son, para buena parte de quienes vivimos por estas tierras, las luchas de ellos. Dudo mucho que un mapuche podría aceptar, por ejemplo, que alguien como yo diga que soy uno de ellos; y habría que asumirse como winka. Esto independiente, nuevamente, del hecho que -como también la mayoría de los que vivimos por estas tierras- parte de mi herencia cultural es también indígena (desde muchas palabras, al uso masivo del maíz, choclo por estos lugares. en la alimentación, pasando por la ubicación de la ciudad donde nací -Santiago); pero el núcleo cultural es producto de la expansión de los españoles. En otras palabras, 500 años de dominación no pasan sin consecuencias profundas.

 

En todos estos casos hay un origen en la afirmación tipícamente progresista que es correcto, pero la elaboración posterior -las implicancias que se obtienen de ella- no lo son (Por si acaso fuera necesario, que en estos tiempos al parecer este tipo de aclaraciones son requeridas: Todo ello no quita nada en torno al criticar o deplorar los hechos sucedidos). Y ellas suelen, más bien, obstaculizar y simplificar la comprensión de esos asuntos.

¿Por qué se siguen usando las encuestas políticas?

La pregunta del título puede sólo merecer una respuesta rápida y obvia: Porque se necesita algo de información, y ese tipo de información sólo la pueden entregar las encuestas. Lo cual es válido, pero sigue dejando abierta la pregunta de los usos. En otras palabras, ¿cuanta confianza podemos tener en sus resultados? Y dado ello, ¿qué es lo que se puede hacer con ellas?

Ahora bien, sabemos -puesto que ya hemos tenido una elección relativamente masiva- que las encuestas tienen serios problemas. Demos por ciertas todas las prevenciones que hacían (o podían hacer) de quienes hacían encuestas en ese momento: Que no eran encuestas electorales, que claramente no estaban preguntando por voto de primaria, que la primaria no es la presidencial, que no se podían usar para predecir. Sin embargo, uno podría suponer que al menos debieran haber estado en las principales tendencias.

El caso es que no lo estuvieron. De los principales resultados sólo que Piñera estaría primero, y con distancia importante, era algo que ya estaba en las encuestas. Pero, ¿había alguna encuesta que diera que Ossandón tendría algo menos de la mitad de la votación de Piñera? ¿Existió alguna encuesta que nos dijera que Ossandón obtendría una votación similar a la totalidad del Frente Amplio? Repito: No estoy pidiendo que las encuestas dieran numéricamente cerca de los resultados (no he nombrado ningún porcentaje para el caso), sólo que estuvieran cerca de las principales tendencias.

Elecciones Primarias de Julio y Encuestas 

Candidato Primarias (2 Julio) Adimark (Junio) Cadem (30 Junio) CEP (Abril-Mayo)
Piñera 47,4 57,4 45,8 69,1
Ossandón 21,3 7,4 14,6 15,7
Kast 12,5 5,6 10,4 0,9
Total CHV 81,2 70,4 70,8 85,7
Sánchez 12,7 24,1 22,9 14,0
Mayol 6,1 5,6 6,3 0,3
Total FA 18,8 29,7 29,2 14,3

NOTA: Los porcentajes están calculados en torno a lo que sumaban los cinco candidatos en la primaria, no en relación con la población general, para hacerlos comparables.

Y si en ese caso no estuvieron ni cerca, ¿por qué debiéramos pensar que están cerca ahora? Y nuevamente, no estamos hablando de un tema de puntos más o puntos menos, sino de las grandes tendencias.

Cuando recordamos lo endeble que son las bases metodológicas de varias encuestas. No estará de más recordar que no todas las encuestas de las que se habla y discute cumplen siquiera con representar todo el territorio; lo que no deja de ser relevante cuando la conducta electoral difiere entre los diversos territorios. Pensemos que la encuesta CEP -aunque la más lejana de la votación, y por lo tanto con casi nula presencia de Mayol o Kast (que se levantan más bien posteriormente)- es la que mejor apuntó a la votación de Sánchez. Precisamente el hecho de ser encuesta nacional permite eso, al salir de  espacios donde Sánchez le fue mejor (más urbanos por ejemplo).

Podemos seguir: También podemos recordar que dado que estamos ante voto voluntario se necesitan modelos de predicción de voto, y que no tenemos -hasta donde llega mi conocimiento- estudios que muestren que los modelos pensados y aplicados al respecto efectivamente funcionan en Chile (creo que sólo Mori intentó hacer ello). Al fin y al cabo, en Chile no se usan mucho las encuestas a salida de urna porque esa herramienta, de uso común en tantas partes, tuvo un fracaso estrepitoso cuando se intentó aplicar en Chile.

Es cierto, por otra parte, que no tenemos otras fuentes, y que no queda más que usar la información que se tiene. Lo que se requiere es usarlas con circunspección. Pero, al mismo tiempo, cuando se las usa de ese modo, ¿cuánto es lo que efectivamente aportan? El dato que es claro en todas las encuestas, y que podemos dar por cierto, es que Piñera es el candidato en primer lugar, y a distancia del resto, pero ¿necesitamos las encuestas para saber ello?

La utilidad de las encuestas, al final, depende de la respuesta a esa pregunta. Yo tengo la impresión que para ese tipo de resultado basta con vivir en la sociedad; pero conociendo, al mismo tiempo, la facilidad con que las personas se engañan sobre estos temas, quizás sí -incluso ese tipo de resultado general ya sea lo suficientemente valioso.

NOTA FINAL: Es cierto que esta entrada se podría haber hecho bastantes meses antes, pero en fin, la vida y todo eso no siempre permite escribir cuando uno primero lo había pensado. Sería más adecuado probablemente analizar la última CEP, al menos sería más atingente, pero mejor tarde que nunca supongo.

Desiguales. Más allá de la desigualdad de ingresos

Hace algdesigualesunos días el área de Pobreza y Desigualdad del PNUD publicó Desiguales. El paso de los días nos permite hacer este comentario a la luz de la discusión pública. Una nota antes de proseguir: Si bien trabajo en el PNUD, el Informe fue desarrollado por otra área. El lector determinará como usar esa información.

Resulta notorio que un texto que presenta múltiples resultados, de diversas dimensiones sobre la desigualdad, queda reducido -en la discusión pública- a sólo uno de ellos: La tabla de evolución de la desigualdad (que está en la página 21). Y entonces aparecería como si el Informe sólo dijera que  la desigualdad ha disminuido en los últimos 25 años.

Además, con esa algo desesperada necesidad de ser reconocidos y de vanagloriarse que tiene nuestra élite, poco más pareciera que con esa disminución ya no hubiera más que decir o preocuparse. De hecho, Engel retó al texto porque incluye dicha disminución en una sección llamada ‘La evidencia mixta’. A su juicio lo mixto sólo vendría por el tema de las diferencias absolutas, y eso es tan irrelevante que no se usa nunca, y por lo tanto no vendría a cuento lo de mixto. Ahora bien, inmediatamente después del comentario y todavía dentro de la sección, el texto se dedica a analizar la concentración de ingresos, la que se clasifica como alta, lo que a cualquier lector le diría que lo mixto provendría de ello. ¿Por qué es importante mencionar las dos cosas de manera simultánea? Porque así se puede explicar por qué esa disminución de la desigualdad no es reconocida por la población (la que, por cierto, no es ciega a los cambios, la disminución de la pobreza y mejoría de la condición económica son temas que aparecen reconocidos en encuesta tras encuestas). Es mezclando varios datos, lo que pareciera lo mínimo razonable para analizar situaciones de mínima complejidad, que se alcanza la conclusión. Pero como nuestra élite política e intelectual le parece difícil manejar cualquier distinción puede que ello le resulte ininteligible.

Por cierto, tampoco se puede decir que la evolución de la desigualdad no da para tanto alborozo. Es cosa de comparar con otros indicadores que han experimentado cambios de gran magnitud en el mismo tiempo. La reducción de la pobreza de ingresos (usando la forma de medición de ingresos que se usa desde 2013) pasa del 68% en 1990 a 11,7% el 2015. De hecho, la reducción de pobreza es tan alta que simplemente no tenía sentido seguir usando la metodología de medición de pobreza de ingreso previa (fue necesario, como mínimo, ajustar la canasta); y usando pobreza multidimensional (que es más exigente) se alcanza a un 20,9% de la población -o sea, una cifra más de tres veces inferior a la pobreza de ingresos, menos exigente en 1990. Usando datos del FMI de PIB per capita (moneda nacional, precios constantes) entre 1990 y 2015 Chile multiplicó por 2.5 su ingreso. En los dos casos estamos ante cambios muy fuertes, que se salen completamente de la línea histórica de Chile. Comparado con eso, una disminución de 52,1 a 47,5 en el Gini (que además se mantiene perfectamente al interior de la variación histórica de largo plazo, ver el gráfico de la página 32 del informe) no es comparable (otros indicadores muestran una variación más alta, digamos pasar de 14,8 a 10,8 en la razón de quintiles Q5/Q1) . En otras palabras: Sí, hay disminución, pero los indicadores siguen siendo bastante altos.

 

Y todo esto es sin entrar a los restantes resultados del informe. Como el informe es extenso, y además tiene un bastante buen resumen interno, nos ahorraremos la tarea de resumir, y nos lanzaremos a la tarea de decir lo que nos parece más relevante.

Partamos por los temas asociados a ingresos y el trabajo. En última instancia, si lo que preocupa es la diferencia de ingresos entonces los ingresos laborales resulta cruciales. Ahora bien, el primer tema que Desiguales enfatiza es la existencia de una muy alta proporción de bajos salarios:

En 2014, la línea de pobreza para un hogar de tamaño promedio correspondía a $343.000, de manera que definimos aquí un salario bajo como aquel inferior a esa cifra. El resultado es que la mitad de los asalariados con jornada de treinta y más horas semanales obtenía un salario bajo en 2015 (p 263)

Los datos de pobreza, el mismo texto lo señala, son mucho más bajos, lo que indica que hay muchos hogares que evitan estar en la pobreza por contar con más de un perceptor de ingreso. La disminución de la pobreza, en última instancia, parece deberse centralmente a los comportamientos de las unidades domésticas, que buscan aumentar sus fuentes de ingreso. No es que la evolución de los salarios resulte suficiente para ello.

Siguiendo con el tema de salarios, la diferencia entre el sector de alta productividad y de baja productividad en las empresas (y no deja de ser relevante encontrar de nuevo un resultado tan tradicional en nuestras ciencias sociales) resulta crucial: ‘El componente entre empresas representa el 54% de la desigualdad de los salarios individuales’ (p 278). Pasar de una empresa de baja a alta productividad resulta fundamental: un trabajador no calificado en una empresa del Q1 de productividad gana 219 mil pesos, el mismo trabajador en una empresa del Q5 de productividad gana 493 mil (el salto es incluso más alto entre los trabajadores de ventas, que pasan de 243 mil a 913 mil al pasar del Q1 al Q5 de empresas por productividad). El amplio sector de empresas de baja productividad aparece como uno de los núcleos del problema.

 

Ahora bien, la desigualdad es, en el Informe, sólo problemática cuando aparecen como ilegítimas. La definición del Informe pone ello como una de las tres condiciones de la definición:

Así, pues, en este volumen las desigualdades sociales se definen como diferencias en dimensiones de la vida social que implican ventajas para unos y desventajas para otros, que se representan como condiciones estructurantes de la propia vida, y que se perciben como injustas en sus orígenes o moralmente ofensivas en sus consecuencias, o ambas (p 62)

Y entonces, ¿cuan ilegítima es la diferencia de ingresos? En resumen: Se puede decir que en Chile esa diferencia es legítima, pero la población pone condiciones y límites a esa desigualdad, las que estima no se cumplen. Lo primero es hacer notar que la desigualdad económica es la que menos molesta de varias desigualdades: 53% elige notas 9 y 10 a su grado de molestia, en escala de 1 a 10, lo cual resulta alto, pero inferior al 68% que le molesta que ciertas personas accedan a mejor salud. Pero hay tolerancia a la desigualdad per se: Los chilenos estiman que es justo que un gerente de una gran empresa reciba un sueldo 13,3 mayor (COES 2014) o 10,7 mayor (ISSP-CEP 2009) que un obrero semicalificado, lo que resulta claramente superior a lo que sucede en otros países (en Suecia la cifra correspondiente es 2,2; en Gran Bretaña 5,3). Y sin embargo, la diferencia percibida de ingresos es superior a la que se considera justa: La encuesta del Informe muestra que se estima que un salario justo de un gerente es de 2 millones, pero el percibido es 3 millones; el sueldo justo para un obrero es de 450 mil, el percibido de 280 mil (p 244). Incluso personas con tanta disposición a aceptar la desigualdad de ingresos como los chilenos perciben que la diferencia supera lo que encuentran justo.

Un tema importante es ¿qué es lo que molesta de la desigualdad económica? Si se quiere, más que la existencia per se de ingresos altos, es la coexistencia de ello con salarios que se perciben subjetivamente como bajos (y que también lo son ‘objetivamente’ recordemos los datos anteriores): Entre las clases medias hacia abajo más del 50% de la población estima que recibe menos de lo que merece (66% en las clases bajas, 70% en las medias bajas, 58% en las medias, p 236). El sueldo que se estima debiera ser mínimo es de cerca de 450 mil pesos (que no está tan lejos de los 343 mil que definían el sueldo que permite que una familia no sea pobre por parte del Informe, y que de hecho es similar a los sueldos estimados justos para obreros y cajeros p 244), un sueldo que sabemos la mayoría de la población no alcanza. En otras palabras, buena parte de la población obtiene sueldos que son inferiores a lo que ellos estiman debiera ser el salario mínimo justo.  Cuando las personas reclaman por desigualdad de ingresos están reclamando por sueldos que estiman no permite hacer lo que un sueldo debiera hacer en la opinión de las personas: cubrir las necesidades.

Lo cual nos lleva a un segundo tema: Recordemos que las desigualdades que más molestan son la diferencia en acceso a salud o educación. En otras palabras, no molesta tanto que haya quienes ganen mucho más que otros (para eso hay múltiples justificaciones posibles); y en este sentido no es la envidia, como en tantos análisis fáciles se dice, la raíz del reclamo. Pero sí aparece como injusto que esa diferencia se traduzca en una desigualdad en bienes que se perciben como básicos: Salud y educación (alguien podría decir, ¿no es la alimentación o la vivienda también básicos? Pero al parecer en ellos el tema del acceso parece estar ‘solucionado’, pero en educación y salud las diferencias son claras). Y además en ellos se ha vuelto crecientemente menos aceptada la desigualdad: El desacuerdo con la afirmación que es justo que quienes puedan pagar más tengan acceso a mejor salud o educación para sus hijos pasó del 52% al 64% en educación y del 52% al 68% en salud (sin estar en ningún momento aceptado, la ilegitimidad de ello ha aumentado con el tiempo). La igualdad en educación resulta importante tanto porque (a) se ha transformado en el sueño de movilidad y (b) porque legitima la desigualdad de ingresos: Esta última es legítima si está asociada al mérito (p 245-251), pero para que exista mérito todos deben tener acceso a la educación. La igualdad en salud, en última instancia, hace referencia al derecho a la vida -y entonces a un campo en que no aparece legítimo que el dinero medie. En otras palabras, el dinero puede mediar el acceso a muchas cosas, pero hay cosas que se perciben debieran estar separadas de éste. La desigualdad de ingresos no molesta, si se quiere, en las primeras; pero sí en las segundas.

En última instancia, hay un tema de trato y de dignidad en juego. Y es ahí donde se concentra molestia, pero además y quizás de manera más importante, una experiencia. Como lo dice el propio informe:

En uno de los grupos de discusión realizados para este libro, una secretaria comentaba su experiencia al salir a la calle:

No me siento que me traten con igualdad, porque, por ejemplo… si voy a comprar al [centro comercial del sector oriente], si no voy vestida regia, no me tratan igual que a las otras secretarias… Claro, tengo que disfrazarme de… de cuica. Y claro, si voy pa’ otro lado me tratan de otra manera

De modo similar, en una entrevista realizada en la región de Valparaíso, un obrero resumía así su experiencia de vestir su ropa de trabajo en un espacio comercial: ”Te miran con desprecio, o te miran como un delincuente”” (p 197)

El Informe hace notar la amplia cantidad de formas que tenemos de referirnos a ese maltrato (desprecio, te ponen la mano encima, te apuntan con el dedo, te pasan a llevar, pisotean, humillan, p 198). Eso refleja una experiencia amplia. En la encuesta un 41% experimentó malo trato en el curso de un año (p 201). Y eso indica una experiencia amplia directa pero también indirecta (i.e los que conocen alguien que le ha pasado ello, que le han dicho de esa experiencia, supera ese 41%). Sabemos que somos una sociedad donde se desprecia a los de segmentos más bajos.

Y esto resulta crucial, porque este tipo de experiencia no tiene justificación, y es anotada inmediatamente como injusticia cuando se la recibe: ‘Este ideal de la igualdad en dignidad se pone a prueba, se concreta, mucho más en la igualdad de trato que en igualdad de ingresos’ (p 199).

Es una experiencia amplia en lo referente a cuantos se ven ofendidos de esa forma. pero también amplia en términos de donde y quienes la realizan: Aparece en el trabajo, en la calle, en los servicios públicos; lo hacen desconocidos, funcionarios públicos, los jefes o supervisores. Dos temas creo que son relevantes a este respecto: (a) El estado es un promotor, en la vida cotidiana, de la desigualdad de trato, son las oficinas y funcionarios públicos también quienes, al maltratar a quienes van a esos servicios, reproducen esas desigualdades, y (b) Dada la granular de las diferencias sociales, buena parte de la población recibe maltratos y hace maltrato. Esos desconocidos en la calle, o vecinos que maltratan no son de las clases altas. El mismo informe cita a un entrevistado cuando está hablando de meritocracia, y la experiencia allí relatada permite ver cómo se justifica el menosprecio desde el punto de vista del maltratador:

Yo vengo de una famuilia del campo (…) gracias a Dios hace tiempo no tomo micro (…) estos días, un, un micrero me chocó, ¿pero sabe cómo me trató él, el micrero? A mí, siendo que él me chocó… Yo le dije: ”¿Sabes qué? Aprende a ser gente, por eso estás ahí, por eso estás chantado ahí, aprende a ser gente, porque no sabes lo que me costó a mí tener quizá el vehículo que tengo ” (…) El chileno prácticamente está en eso y quiere que todo [se lo] regalen, es por eso que el país está estancado (grupo de discusión mixto, clases medias, Santiago, p 246)

Para replicar a una molestia producida por otro el vocabulario usado es el menosprecio de clase (para evitar malas lecturas, el tema no es en la reacción frente a ser chocado, sino en la elección de la forma de expresión). Dado que todos tenemos, finalmente, personas sobre y bajo nuestra posición social en la escala, es fácil terminar siendo los maltratados de otro (que reclamamos) y ser el maltratador de otro (que justificamos). La dinámica del menosprecio no es algo producido desde fuera, es producida por los mismos que reclaman y exigen la igualdad en dignidad.

Podríamos seguir, pero baste aquí volver al punto de inicio: Que un informe que tiene tantas dimensiones a explorar, que muestra tantas de las insuficiencias del debate sobre estos temas (y conste que no abordamos nada, por ejemplo, de lo relativo a la concentración y la conformación de la élite que daría para una entrada por sí sola), queda reducido a un dato que se discute en los términos de un debate simplista. Quizás esperar más de los debates públicos en Chile sea mucho pedir.

La dificultad de las encuestas políticas en el año 2017

Las encuestas se encuentran en una situación que es digna de nota: Sabemos que en los últimos años han encontrado grandes dificultades para dar cuenta de la realidad (Brexit, el plebiscito colombiano, no cuento la elección de EE.UU, porque en ese caso las nacionales sí estuvieron cerca de la distribución del voto). Y, al mismo tiempo que todos sabemos eso, seguimos usándolas para calibrar la situación electoral e incluso siguen siendo usadas para la definición de candidatos. A falta de otras fuentes de información, se usan las que se tienen; incluso si todos pensamos que no son buenas.

Lo cual nos lleva a dos puntos. El primero es que entonces el uso de las encuestas es frágil. Basta con que alguien diseñe otra forma de acercarse a la realidad que dé resultados cuantitativos (y la encuesta es una forma, pero no necesariamente la única) y bien podrían dejar de hacerse. La segunda es que, mientras se realicen encuestas, entonces hay que preocuparse de resolver sus problemas.

En el caso chileno en particular hay dos fenómenos relevantes:

(1) El primero es que estamos ante elecciones con votos voluntarios. Hasta donde yo sé, no hay un modelo claro de cómo identificar a votantes probables. Cada quien, creo, lo hace como puede; pero falta un protocolo claro y público de que cosas hay que hacer para identificarlos. Y esta falta claramente afecta la utilidad de las encuestas políticas.

(2) Hay un creciente rechazo a contestar encuestas políticas y preguntas de índole política en encuestas. Y como todo el mundo sabe, una alta tasa de atrición dificulta cualquier operación: El valor de tener altos n baja, la posibilidad de solucionar problemas de sesgo vía ponderación también se vuelve problemático.

Uno podría pensar que estos dos problemas podrían cancelarse entre sí: Que justo la población con mayor propensión a no contestar es la con menor propensión a votar. Y si esto fuera así, entonces ‘sin hacer nada’ las encuestas todavía serían útiles. Ahora bien, eso habría que observarlo.

Lo importante en esta discusión es observar que, con relación a estas encuestas -que no dejan de ser parte importante del uso público de nuestra disciplina. hay bastante investigación metodológica a realizar.

De la homogeneidad de Chile

El_nucleo_de_Chile¿La homogeneidad de Chile? Pero, cómo, ¿acaso no es evidente lo diferente que son, por ejemplo, Arica de Temuco, y ambos de Punta Arenas? Y sí, pero no es a eso que me refiero.

La zona que resulta bastante homogénea es el viejo Chile, el que va aproximadamente del Aconcagua hasta la ribera norte del Bío-Bío, que es que aparece en la imagen satelital de GoogleMaps en la izquierda. Es lo que ha sido Chile de forma continua desde algo menos de 500 años (descontando el Norte Chico que, aunque también ha sido gobernado desde Santiago desde esos tiempos constituye  efectivamente una zona distinta). Lo que, en cierto sentido, es el núcleo de Chile.

Algo que resulta claramente visible en la imagen es que este núcleo es además uno bastante lineal. La mayoría de las poblaciones importantes (las zonas grises en la imagen) se encuentran en una sola línea. No es tan sólo que estamos ante una zona muy específica donde se concentra el país, sino que al interior de esa zona también podemos observar una fuerte concentración en una sola línea de asentamientos (en particular, desde Santiago a Chillán este fenómeno es muy visible).

Ahora, el caso es que no deja de ser una zona de una extensión (y población) relativamente considerable, como lo muestra la tabla:

Región Superficie Población Densidad
Valparaíso – 11.644 1.803.443 154,9
Metropolitana 15.403 7.314.176 474,9
O’higgins 16.387 918.751 56,1
Maule 30.269 1.042.989 34,5
Bio-Bio – 31.605 1.809.471 57,3
Total 105.308 12.888.830 122,4

Fuente: Wikipedia (sí, decidí no quebrarme la cabeza). Valparaíso sin Petorca e Isla de Pascua, Bio-Bio sin la provincia de Arauco.

100 mil kilómetros cuadrados  y casi 13 millones de personas (un 71% de la población del país en un 14% de su superficie continental, cuando decimos que es el núcleo es porque es el núcleo). En otras palabras, efectivamente bien pudiera tener en su interior una heterogeneidad bastante importante, porque representa una población y una extensión nada menor, y ha alcanzado densidad en general -en particular tomando en cuenta que una parte no menor de esa extensión es alta cordillera- que resulta relativamente apreciable. Es una zona poblada y ocupada.

Pensemos en Europa. Bélgica o Cataluña tienen el tamaño del Maule. La región del Bio-Bio (incluso sin Arauco) es mayor que Bretaña o Sicilia. Entre San Felipe y San Fernando se ocupa un territorio algo mayor que Dinamarca. Toda la zona central es mayor que la República Checa o que Hungría (o que Baviera que es el estado más extenso de Alemania). Y así uno podría continuar. De hecho, la zona central tiene la extensión de Corea del Sur.

En otras palabras, al interior de la zona central tenemos en esas latitudes cambios de idiomas, arraigados particularismos políticos, y todo lo que usted quiera en términos de identidad específica. Extensiones para las que fue necesaria una larga trayectoria histórica que permitiera su unidad política y administrativa. Por dar un ejemplo cualquiera, unir administrativamente Flandes y Brabante (cada uno alrededor de 10 mil kilómetros cuadrados, o sea menos extensos que Ñuble, de acuerdo a The Promised Lands, Blockmans y Prevenier, Tabla 4) les costó a los duques de Borgoña décadas de conflictos, sitios de ciudades, revocación y re-entrega de fueros y así. Cataluña perdió sus especificidades legales y administrativas sólo en 1716 (con los Decretos de Nueva Planta). Bretaña solo en 1488 perdió su última guerra con Francia y sólo en 1532 se unió legalmente al reino francés. Y uno bien podría continuar con otros ejemplos.

De hecho, cada una de las regiones que hemos mencionado requirió también todo un proceso histórico de larga data para construirlas como regiones con cierta unidad: El condado de Flandes, el de Holanda y así sucesivamente no eran unidades, cada ciudad mantenía sus propia jurisdicción y autonomía.

En cada caso fue necesario superar importantes resistencias locales para construir una unidad administrativa. Y en cada caso las diferencias culturales son bastante relevantes (son algo más que una diferencia en ciertos alimentos y ropas), y si todavía hay diferencias culturales habrá que pensar cuan relevantes ellas eran siglos atrás.

Nada de eso sucede en el caso de Chile. Al interior del territorio que analizamos siempre ha existido unidad administrativa y cultural. Es cierto que hay diferencias (la zona más cercana al Bio-Bio está menos marcada por la cultura de la hacienda tradicional, y en cierto sentido Chillán es el centro de la cultura campesina chilena), pero resultan bastante menores en comparación con las anteriormente mencionadas. Santiago no ha tenido mayores problemas en gobernar  de forma unificada toda esta extensión. Los particularismos (pensemos en Concepción a principios de la República) dicen más bien con contiendas de primacía más que defensas de autonomía.

Para tener heterogeneidad, conflictos contra el poder central, más importantes y más fuertes hay que salirse de esa zona. Desde el conflicto mapuche a las movilizaciones en Magallanes o en Tocopilla, los movimientos territoriales más relevantes ocurren fuera de esta zona. En cierto sentido, en lo que es ‘nuevo Chile’ -lo que se integra a esa unidad política entre la década de 1840 (Magallanes) y la de 1880 (el Norte, la Araucanía). Pero con respecto al Chile central, al ‘viejo Chile’, del cual estamos hablando, se puede incluso llegar a decir que toda la mitología de la unidad era real.