¿Qué se dice cuando se habla del lugar en el cual se vive?

Captura_SignificadosUn pequeño texto producido sobre el tema de la significación del territorio (en el marco de lo que iba a ser el Informe de Desarrollo Humano 2016). Es una primera versión, que intento transformar en alguna cosa publicable en algún tiempo (así que no estaría de más recibir algún comentario de algún amable lector).

La introducción del texto:

El lugar en el cual se vive, el territorio vivido, es parte de la conversación entre las personas. Las opiniones y relación con el territorio, en parte, se expresan y se construyen en esa conversación. Luego, esa conversación permite examinar los criterios desde los cuales se evalúa el lugar y ahondar en el significado de lo que es éste. En este paper abordaremos, a partir de un análisis de material cualitativo de 16 grupos de discusión realizados durante finales del 2016 estas preguntas (el listado de grupos en anexo al final de este texto).

Los principales resultados, en relación a los dos puntos mencionados, diría que son dos. Primero, hay tres criterios de evaluación sobre lo que sucede en el lugar en que se vive: Uno económico (el territorio debe dar cómo vivir), el funcional (el territorio debe contar con servicios de educación, salud etc.) y experiencial (el territorio debe permitir vivir bien); criterios que entran en tensión y de los cuales se busca una forma de reunirlos en conjunto. Segundo, la estructura de significación asocia el lugar al pasado, a lo propio y a lo bueno: Lo bueno de lo mío que estamos perdiendo, y las conversaciones muestran que en eso se juega -finalmente- la vida. En última instancia, el significado basal del lugar en cual se habita es la vida.

Aquí el link.

El feminismo y el discurso sobre la moral en la izquierda

A propósito de la reciente Ola feminista, y el discurso sobre el macho de izquierda, y después de conversar con varias personas, llegué a la siguiente hipótesis:

  1. El discurso tradicional de la izquierda sobre la moralidad es un discurso de la transgresión. Frente a la moral conservadora y tradicionalista, lo que se veía apropiado era denigrar y quebrar dicha moral. Y esto llevó, en general, a un discurso en el cual se criticaba en general la moral y la aproximación moral en general (todo ello era ‘moralina’, ‘pechoñería’ etc.). Los héroes culturales de la izquierda eran quienes estaban más allá del influjo de la moralidad ‘burguesa’, ‘conservadora’ etc., y lo mostraban en la agresión frente a ella. En el límite, prohibido prohibir.
  2. El discurso feminista de los últimos años, y el que se muestra en la reciente ola, es un discurso intensamente moral. Frente a la moral conservadora lo que hace es proponer otra moral: En otras palabras, es instaurar nuevas normas y nuevas prohibiciones. Alguna vez en este blog hacíamos la observación que el discurso moral había pasado de uno centrado en la virtud a uno basado en el consentimiento (link aquí) -donde la diferencia entre lo moral y lo no moral se centra en la noción que todo aquello que es consentido es bueno, y todo aquello que no es consentido es incorrecto (y el límite del sujeto moral es el límite de quien puede o no consentir). Más aún, se puede observar que es una moral que enfatiza un ideal de autonomía (donde toda irrupción externa debe ser, en principio, justificada, no puede irrumpirse sin más en la vida de un otro).
  3. Entonces, el discurso tradicional de la izquierda queda en contradicción con esa transformación. Su discurso, que era el que parecía ‘liberal’ y ‘progresista’ queda -entonces- atrapado junto a su odiado conservadurismo como resistencias frente a un nuevo hecho moral.

No es la primera vez, en cualquier caso, que un discurso de talante ‘liberal’ (que critica la moral tradicional) queda contradicho por un nuevo discurso moral (que ve a ese viejo discurso transgresor como defensor de algo que se observa como inmoral). Sabido es que el ilustrado siglo XVIII era bastante más ‘relajado’ que los revolucionarios que los siguieron.

En última instancia, toda transformación moral -y es a ello a lo que nos vemos enfrentado- sólo puede instaurarse a través de un momento de alta preocupación moral y de búsqueda y rechazo a lo que se ahora se ve como inmoral. Solo así lo que antes se observaba como no representando una falta, o siendo una falta de menor cuantía, puede pasar a ser observado a una falta moral importante. Los cristianos no cambiaron el discurso moral de la antigüedad sin un rechazo abrupto y muy profundo de los discursos paganos (a niveles que los cristianos de futuros siglos observaron como exagerados). Así es como operan los discursos morales.

Una observación sobre las transformaciones del debate intelectual en Chile (1990s-2010s)

Alrededor de 20 años atrás se publicaron dos textos que marcaron el debate público en el Chile de la época: La Anatomía de un Mito de Moulian y el Informe de Desarrollo Humano de 1998. Esos textos, y las respuestas que produjeron, operaban en un mismo nivel: El del debate sobre el diagnóstico de la sociedad. Debate. a su vez, reducido a un elemento: ¿los chilenos están a favor o en contra del modelo?, que no deja de ser una forma manifiestamente bruta de  Es un debate que ha reverberado por un buen tiempo -el Centro de Estudios Públicos publicó, todavía, el 2017 ¿Malestar en Chile?

Lo que nos interesa marcar en esta entrada es que se puede argüir que el debate intelectual ha variado en carácter en los últimos años. Las discusiones recientes sobre la obra de Fernando Atria (que, por ahora, han finalizado en su Razón Bruta, link aquí), por ejemplo, no son sobre diagnóstico -son directamente discusiones ideológicas (en torno a cuáles son las instituciones a desarrollar, cuáles son los valores centrales que debieran orientar la vida en común etc.). La relativa eclosión de disputas sobre el significado del liberalismo también van en la misma dirección.

Una discusión ideológica no requiere ni usa mayormente (a lo más como algo ancilar) la discusión de diagnóstico. En vez de discutir sobre lo que se piensa sobre X, se discute directamente sobre X (no sí la población cree o no en el ‘modelo’, sino directamente sobre si el modelo es negativo o positivo). Si se quiere: en vez de discutir sobre la población, se discute con la población -al mismo nivel que ella lo realiza: en torno a lo que se debiera o no hacer.

Dado ello, entonces cabe preguntarse ¿por qué la discusión pública fue tanto tiempo sobre el diagnóstico? En última instancia, creo que ello se debe a que la discusión de diagnóstico opero como un sustituto de la discusión ideológica. No estaba la capacidad de discutir directamente sobre los temas ideológicos, de defender en directo lo que se pensaba correcto, y se hacía por interpósita persona:  Defendía mis ideas a través del recurso de plantear que era lo que la población deseaba.

El discurso sobre el diagnóstico de Chile entonces era una falsa discusión -que decía que era sobre la descripción de lo que la población pensaba, pero en el fondo era sobre lo que se deseaba que sucediera en la sociedad. En un momento, durante la década de los ’90, en que la mera idea de un debate ideológico llamaba a la crítica, y que lo supuesto era no tener convicción alguna, entonces nos quedamos con esa forma mentirosa de discutir.

Cabe la esperanza que, una vez que el debate ideológico se puede plantear como tal, entonces la operación de describir la sociedad (el diagnóstico) quede liberada de la presión de reemplazar a la discusión ideológica, y pueda dedicarse sólo a la tarea de comprender lo que ocurre. Una señal que ello ocurre sería encontrar textos en donde se mostrara que la propia posición no coincide con la de la población. Habrá que ver que ocurre al respecto.

Una periodización de la evolución de la concentración territorial en Chile 1540s-2010s

Siguiendo una reflexión de hace un par de años, en el marco de mi viejo trabajo en el PNUD, elaboré una primera versión de un examen histórico de la construcción del territorio en Chile, bajo el punto de vista de la evolución de la concentración -lo que da, además, una perspectiva que puede ser interesante para periodizar nuestra historia.

El paper argumenta que se pueden reconocer al menos los siguientes períodos:

1540s-1598: La Conquista, caracterizada por una concentración en lo que ahora es el sur del país. El período termina con la rebelión de 1598, la que implica el abandono de lo que había sido el esfuerzo principal de la colonia

1598-1700’s: Un período donde el único lugar de concentración social y demográfica importante era Santiago. Más que la mayor parte de la actividad ocurriera en Santiago y en sus alrededores, aunque de hecho en parte importancia ocurría cerca, lo importante es que no hay otro centro relevante.

1700s-1850’s: Período de desconcentración. Desde el inicio de la fundación borbónica de ciudades hasta mediados del siglo XIX se observa un fuerte crecimiento (demográfico y económico) de los distintos territorios, donde Santiago pasa (vuelve) a ser a lo más primus inter pares

1850’s-1970s: El período clásico de ‘concentración’, primero en el par Santiago-Valparaíso y luego sólo en Santiago. Esa es la zona que crece, mientras que muchas otras se estancan. El peso del centro, y en particular de Santiago, no hace más que aumentar a lo largo de todo este período

1970’s-actualidad. Lo que caracteriza de forma más clara al período es el ceso del aumento de la concentración. Si bien esta no disminuye, el peso de Santiago no sigue aumentando. Si ello se suma al hecho del importante crecimiento del país en las últimas décadas, que se ha manifestado en los diversos territorios, encontramos una dinámica muy diferente a la anterior.

En general, lo que intenta mostrar el artículo es que por una parte lo que todavía sigue siendo una representación común de la situación de los territorios (un centro pujante contra unos territorios atrasados) no da cuenta de la realidad actual, y de hecho es un fenómeno que no ha caracterizado a Chile durante buena parte de su historia. No es algo perenne.

Aquí el link.

El crecimiento económico en Chile 1810-2016

El economista Angus Maddison publicó el año 2007 un libro Contours of World Economy, que culminaba una tarea absolutamente insensata: Intentar medir el PGB per cápita de diversos países a partir del año 1 de nuestra era. Una tarea gigantesca (en términos de recopilación de datos y de análisis para hacerlos comparables) que siempre produciría resultados imprecisos y discutibles (porque es difícil estar seguros de, por ejemplo, la estimación que se hace del PGB per cápita del Imperio Romano en la era de Augusto). Pero al mismo tiempo de una utilidad impresionante: Son recurrentes en historia preguntas que, al final, son preguntas de estándar de vida (que el PGB per cápita, mal que bien, mide) y de comparaciones en torno a ello (¿cómo se compara la prosperidad de China, India y Europa en el siglo XV-XVI? para recordar una bien habitual). Como muchas veces ocurre, son quienes se atreven a esas tareas insensatas que otros no los que nos permiten avanzar en nuestra comprensión del mundo.

A partir de ello se generó un proyecto de múltiples investigadores, llamado el proyecto Maddison en honor del investigador (fallecido el 2010). Ese proyecto ha publicado bases de datos para comparación histórica, y hace unos pocos meses en este 2018 publicó su actualización más reciente (ver aquí el link). Dicha base posee datos para Chile desde el año 1810 en adelante, así que esto permite una mirada de largo plazo del crecimiento económico en Chile.

Para la comparación de crecimiento a lo largo del tiempo, el proyecto recomienda usar la tabla rgdpanpc (que corresponde al PGB per cápita real en dólares del 2011, con benchmark del año 2011), y es la que usaremos para nuestros dos primeros gráficos, que intentan mostrar el crecimiento de la economía Chile en el par de siglos de nuestra historia republicana.

Ingreso per Cápita, Chile 1810-2016 (dólares de 2011)

Crecimiento

 

 

Los datos son bastante claros en mostrar un cambio en el ritmo permanente de crecimiento a contar de alrededor de 1985-1990. El aumento en el PIB per cápita a partir de esos años experimenta un salto que claramente es muy diferente de la tendencia anterior. He ahí una discontinuidad. La frase tan manida de un Chile muy cambiado en las últimas décadas tiene un correlato muy claro en ese gráfico.

Ahora bien, alguien podría retrucar que un gráfico que muestra valores absolutos puede resultar engañoso: Un crecimiento del 5% implica un salto muy distinto cuando se tiene un ingreso de 1.000 que cuando se tienen 20.000, y es ello lo que podría aparecer en el gráfico más que un cambio de tendencia fundamental. Ello es correcto, aunque deja fuera dos elementos que son relevantes: (1) No siempre aparece ese cambio de tendencia en el gráfico absoluto (si uno hace el mismo gráfico para Argentina no encuentra ese cambio) y (2) efectivamente sí es muy distinto lo que implica un crecimiento de un cierto nivel a muy diferentes niveles de ingreso, eso es también algo a destacar.

Como de todas formas es un tema relevante, procedemos a mostrar entonces un gráfico del porcentaje de crecimiento. Ahora bien, si se realiza un gráfico anual no se encuentra ninguna tendencia que pueda describirse, pero si se realiza un gráfico de crecimiento decenal si aparece algo muy interesante.

Porcentaje de crecimiento decenal del Ingreso per cápita, Chile 1816-2016 (dólares de 2011)

ritmo_crecimiento_decenal

Y entonces resulta claro que efectivamente hay un salto en la década de 1986 a 1996 (si se usan décadas iniciadas en otros años se desdibuja el máximo pero el fenómeno de todas formas resulta claro). El ritmo de crecimiento decenal no sólo es el más alto de toda la historia republicana, sino que supera con creces (más del doble) a cualquier otro decenio. Es claro que es ahí, y sólo ahí, donde se produce un salto. Los decenios posteriores tienen niveles que, dentro de la tendencia histórica, están en un nivel alto pero dentro de lo normal. Es cierto que tener tres décadas de crecimiento (cuatro si se considera también 1976 y 1986) con niveles de crecimiento que no son bajos para nuestra tendencia histórica es también algo excepcional -lo normal es más bien buenas décadas seguidas por décadas más bajas-, pero en términos de decenios es entre 1986 y 1996 donde se produce un salto cualitativo.

Como a buena parte no le interesan las descripciones sin que vayan acompañadas de evaluaciones, o al menos de sus efectos para evaluaciones, entonces habrá que recordar lo siguiente: Es un hecho que, nos gusto o no, es bajo el modelo actual de desarrollo que (a) Chile experimentó su década más alta de crecimiento en toda su historia y (b) unas cuantas décadas que, también miradas de conjunto, representan el período de mayor crecimiento. Dicho de otra forma, en términos de décadas no hemos tenido una década pérdida desde los ’80 (la década 1974 a 1984 implica un crecimiento del 1,7% y es la última ocasión en que ello ocurre, justo saliendo de una recesión extremadamente fuerte). Se pueden decir muchas cosas al respecto, desde que no fue en la dictadura sino bajo la Concertación (y por lo tanto bajo un modelo que no sería igual) que se han obtenido los mejores resultados, o que no todo es crecimiento (hay desde distribución -cuantos son los que disfrutan de ese crecimiento-  hasta asuntos no económicos); pero los datos resultan innegables, y sea cual sea su evaluación y postura no queda otra que aceptarlos. En términos de crecimiento, el período Buchi-Foxley es, sin comparación alguna, el mejor de nuestra historia.

Ahora, todo lo anterior fue mirando sólo a Chile. Pero claramente para evaluar el desempeño económico no basta con mirar el propio crecimiento. Al fin y al cabo, el hecho que no se observe en el caso chileno los ‘3o gloriosos’ de los países desarrollados (altos niveles de crecimiento en post-guerra) no deja de ser bastante relevante. Para observar la ‘convergencia’ (o divergencia) de Chile con los países desarrollados, observaremos el porcentaje que representa el ingreso de Chile en relación con el de Estados Unidos. Éste siempre ha sido un país rico en términos comparativos, y cercano o directamente en la línea de la frontera de productividad -o sea, del país que produce de manera más eficiente dada la tecnología en un momento dado. Pensé en comparar con el país de máximo ingreso -como equivalente de frontera de productividad-, pero en ese caso aparecían pequeños países petroleros (Qatar, los Emiratos) con cifras muy altas, que no implicaban frontera de productividad, y el ejercicio de eliminar países extraños no deja de ser subjetivo (¿incluyo Noruega, con el petróleo y sus ingresos por el fondo público de inversión?). Dado eso, mejor comparar con Estados Unidos.

Los datos para esa comparación provienen de la misma base, pero ahora de la tabla cgdppc (también el ingreso per cápita del PGB en dólares del 2011, pero aquí basado en benchmarks múltiples, que nos dicen los autores sirve para comparaciones de ingreso entre países).

Porcentaje del ingreso per cápita de Chile comparado con el de EE.UU 1810-2016

comparación_USA

Lo que encontramos es que Chile ha experimentado convergencia con Estados Unidos en las últimas décadas. Sin embargo, todavía no alcanzamos las cifras de la segunda mitad del siglo XX, y ello no es solamente produce que se eligió Estados Unidos como comparación. Hay varios países desarrollados con los cuales la comparación en, por ejemplo, 1883 da una convergencia mayor que el 2016: Francia (ingreso chileno siendo el 65% del francés en 1883 y 55% el 2016) Alemania (66% y 46% respectivamente), Países Bajos (55% y 44%). En otros casos, como Portugal o Italia, el ingreso chileno de 1883 era más alto que el de los respectivos países en esa fecha. No siempre ocurre así (comparado con el Reino Unido, el ingreso chileno converge más ahora), pero una conclusión es clara: No es cierto que el período contemporáneo sea cuando más cerca Chile se haya encontrado de los países desarrollados.

El salto cualitativo de desarrollo que vimos anteriormente nos ha acercado a los países desarrollados, pero todavía no alcanza la situación de convergencia de mediados del siglo XIX. ¿A qué se debe ello? La respuesta es clara: Porque en los 40 años entre los 1940’s y los 1980’s Chile se alejó progresivamente de los países desarrollados. Si bien en términos de crecimiento decenal no parecen ser décadas muy diferentes a las anteriores, sucede que ese es un período de muy alto crecimiento de la economía mundial -y por lo tanto el desempeño económico de Chile fue, comparativamente, deficiente. Los años del desarrollismo, entonces, no fueron -desde el punto de vista del crecimiento económico- buenos años.

De hecho, uno puede hacer notar que las épocas en las cuales Chile ha convergido con los países desarrollados han sido épocas relativamente liberales en lo económico -finales del siglo XIX, la república parlamentaria, el modelo actual. Nuevamente, esto no quiere decir nada sobre evaluaciones (se puede retrucar al respecto que la trayectoria de convergencia alcanzó un máximo y no se avanzó más, o sea que tampoco representó un salto, que el desempeño posterior del desarrollismo se explica por los problemas que no pudo resolver el modelo anterior etc.); pero el caso es que la frase con la que se inició el párrafo no deja de ser correcta.

 

Más allá de todas las discusiones que pueden producir estos datos, hay algo que resulta muy claro. A todo lo largo de los 200 años de vida republicana, sólo hay un salto y cambio de tendencia en el crecimiento del ingreso (y al final, en el estándar de vida) durante todo el período. La década de 1986 a 1996 -es ahí donde se produce el cambio principal.

A propósito de la Elección Presidencial de 2017

Nada muy ordenado, pero:

(1) FA+NM claramente no constituye una mayoría electoral. La ‘unidad’ de las izquierdas se dió (en lo que puede darse, que tampoco hay traspasos del 100%) y no fue suficiente.

(2) Chilezuela funcionó. Y la razón que funcionara implica una derrota para los más izquierdistas. Me acuerdo de conversar con varias personas de derecha en Twitter que estaban usando ese argumento y (a) nadie dijo que fuera un peligro inminente, sino más bien el inicio de un camino y (b) no era tanto Guillier ni la vieja Concertación que generaba ese miedo, sino precisamente el FA (y el viejo PC).

(3) Además implica una preferencia que es preocupante para esos sectores, que tan contentos estaban en 1a vuelta (es lo bonito de las elecciones). El electorado chileno está disponible para y hasta una socialdemocracia, pero no más: No es anti-mercado ni anti-empresarial; puede tener problemas con cómo funcionan, y querer que el mercado no lo sea todo, pero eso es distinto de rechazarlo (en las marchas de No+AFP los mismos marchantes iban felices a comprar al McDonalds, que de hecho estaba abierto el de Santa Lucía).

(4) El programa de Piñera incluye cosas que eran impensables en un programa de derecha hace 10 años. Y ello también debiera servir para poner límites a los discursos que implican cambios abruptos de lo que la población está buscando (leyendo cada elección como un cambio de timón fundamental en la opinión de las personas). Algo me dice que la población es más estable en sus preferencias, y que los cambios electorales se deben a que ninguna oferta política se ha acercado a ella en los últimos tiempos.

(5) El crecimiento importa. Puede que para la población éste no baste (y por eso también reclamó por menos abusos o mejor acceso etc.), pero era más bien algo que se lo daba por dado -pero cuando fue creíble que no existiera, sí genero reacción. Ninguna oferta política puede funcionar sin ser creíble en que es compatible con crecimiento.

(6) La Concertación fue tremendamente exitosa en los ’90 ofreciendo crecimiento con equidad. En cierto sentido, Piñera está ofreciendo ahora algo de eso (su promesa inicial fue más crecimiento, y durante la campaña reforzó elementos ‘reformistas’ -desde gratuidad a ley de pesca, hasta incluso hablar de AFP estatal). Hay muchos cambios (por cierto ni el discurso ni el contenido de los ’90 es adecuado ahora), pero hay una continuidad de preferencias básicas también.

(7) Hay un tema que aparecía en el Informe de Desarrollo Humano del 2015 que es el hecho que la evaluación de cualquier intento de reforma se hacía siempre desde un prisma individual (¿cómo esto me afecta a mí y a los míos de forma concreta?). En ocasiones posteriores la idea fue planteada como una lógica de apoyo colectivo al esfuerzo individual. Luego, todo discurso que hablara desde lo colectivo (como suele hacer la izquierda, y como buena parte de la izquierda leyó demandas de cambio) no funcionaba. Y luego, en el momento en el cual se realizara una oferta de solución a los problemas sociales desde esa óptica, tenía buena

(8) Los anteriores son sólo unas ideas. No están demasiado hilvanadas, ni siquiera sé si sean muy coherentes entre sí, claramente son hipótesis a explorar (la realidad bien podría ser distinta). Hay bastante que estudiar, pero al menos uno de mis viejos leit-motiv sigue en pie: Observar a la población desde las categorías que usa la discusión pública es una forma segura de no entender a la población.

La Particularidad de las Encuestas Electorales

El miércoles 13 de este mes, el Colegio de Sociólogos tuvo a bien realizar un Panel sobre Encuestas Políticas. En la discusión, a propósito de la diferencia entre encuestas de opinión y encuestas electorales, mencioné como comentario una vieja idea de Jesús Ibáñez: Que la encuesta y la elección son actividades homólogas: En ambos casos se realiza la misma operación (se realiza una selección entre varias alternativas pre-determinadas); y que ello constituye, al final de cuentas, una ventaja de la encuesta electoral sobre otras -donde ello no ocurre.

A propósito de lo anterior, Bernardo Mackenna -que exponía como panelista- hizo el comentario que la encuesta electoral no era la única que tenía un baremo externo. Se puede comparar los ingresos que se obtienen en la CASEN con los datos del Banco Central, se puede comparar los datos de las Encuesta Nacional de Seguridad Ciudadana con las estadísticas de delitos. Y sin embargo, pareciera ser que sólo a las encuestas electorales se les pide una corrección tan precisa.

Creo que a partir de esa discusión se puede perfilar mejor la particularidad de la encuesta electoral -y por qué es, finalmente, muy razonable que a ellas les pidamos una exigencia de corrección tan alta. Volvamos a la observación inicial. Ella no es que hay baremo externo, es que la operación de responder una encuesta y de votar en una elección son la misma operación. Entonces, es claro que ello no ocurre en los otros casos.

En las encuestas de actitud simplemente porque claramente la actitud o creencia que uno tiene no es -para nada- equivalente al responder una encuesta. La respuesta de la encuesta está siempre alejada, no puede corresponder exactamente, a lo que se quiere medir. Hay una distancia infranqueable. No por eso dejan de ser útiles las encuestas de opinión, pero esa utilidad se construye a través de esa distancia.

En el caso de otras encuestas de comportamientos es cierto que, en principio, hay una ‘respuesta correcta’ que es posible determinar. Existe tal cosa como los ingresos de una persona, y ello puede decirse. Sin embargo, sigue siendo cierto que la operación de recibir un ingreso (o la situación de sufrir un delito) no son equivalentes a la de una votación: Recibir un sueldo no es seleccionar una alternativa de un listado, tampoco lo es el realizar un trabajo o el ser asaltado. La distancia aquí no es infranqueable, pero dependiendo de la situación la pregunta y la realidad tienen distancia. Es cosa de pensar en todas las dificultades que existen en lo relativo a poder determinar el ingreso del hogar (es cosa de revisar el cuestionario de la CASEN y observar todas las operaciones que requiere una persona para seleccionar una respuesta). El mapeo de lo real y el mapeo de la encuesta no son idénticos. Más aún, el baremo externo a su vez es distinta de la realidad que queremos investigar: Los ingresos que reciben las personas no son las cuentas nacionales (hay ingreso que no aparece en ellos), los delitos que efectivamente suceden no son equivalentes a las denuncias (hay delitos que no se denuncian, hay denuncias que no siempre corresponden a un delito). Si bien en principio es posible realizar una prueba de realidad, ella es manifiestamente compleja.

El caso de la encuesta electoral es, entonces, claramente más sencillo. Seleccionar al candidato X de una lista de posibles candidatos es la misma operación que realizo al votar. Por cierto, la medición no es trivial ni transparente, pero la cercanía estructural de las operaciones facilita la resolución de esos temas (en última instancia, es tan equivalente que el CEP puede, simplemente, hacer encuesta con voto en urna). Más aún, aquí la prueba de realidad es perfecta: El conteo de votos es el resultado de la votación (mientras que las cuentas nacionales no son el ingreso nacional). La encuesta electoral, que tiene sus propios problemas, tiene bastante menos problemas de validez de medición y una prueba de corrección que, al ser más precisa, permite un mejor ajuste.

Ahora bien, ese permite un mejor ajuste, se traduce en un ‘se demanda mejor ajuste’. Es razonable suponer que la CASEN no de lo mismo que las cuentas nacionales (y en los tiempos en que se ajustaban los ingresos declarados de la CASEN con dichas cuentas, había cambios relevantes). La dificultad de medir el ingreso, y el hecho que las cuentas nacionales no sean la realidad a medir, tiene esa consecuencia. Pero dado que en la encuesta electoral hay menores dificultades, y la realidad es perfectamente conocida, es razonable que se pida mayor precisión y se tengan mayores exigencias en la medición.

En algún sentido, hasta pocos años atrás la encuesta electoral en Chile era un asunto relativamente sencillo. Ahora, debido a diversos cambios (que, por cierto, tampoco está claro en concreto que está detrás de los problemas recientes), esa medición se ha vuelto más compleja. Y, sin embargo, sigue siendo algo menos complejo que lo que el INE debe resolver con empleo, el MDS para medir pobreza y uno puede continuar con otros casos. Y si, en última instancia, esos otros problemas han podido ser resueltos (al menos, se puede entregar una medición que tenga algún sentido y validez), entonces uno debiera esperar que ello también ocurriera con las encuestas electorales.

Al centro+izquierda no le fue mal en la elección, pero la Nueva Mayoría fue claramente derrotada

Hace cuatro años la derecha tenía muy buen animo porque, contra pronóstico (¿habrá que recordar que en esa ocasión el CEP se equivocó hacia la izquierda? Lo único constante es que sobre-representa el primer lugar parece), se había logrado. Tanto que pasó por alto (a) que no tenia posibilidad alguna para la 2a vuelta y que (b) la elección parlamentaria había representado una derrota contundente.

Hoy se repite un poco el escenario, pero con actor cambiado (es ahora la Nueva Mayoría la que tiene ese ánimo). Es cierto que hay diferencias. La 2a vuelta es meramente muy difícil en vez de imposible. El 2013 Matthei no tenía donde crecer, y la 2a vuelta la habían producido los candidatos de izquierda. Aquí, sucede que Guillier tiene donde crecer. La magnitud y la dificultad de ese crecimiento lo vuelven muy difícil, pero en principio hay un camino. Pero también ocurría que si Matthei representaba el peor resultado de la derecha en todo el ciclo desde 1989, lo mismo ocurre con Guillier (si se suma Guillier+Goic se repite el resultado 2009).

Ahora bien, lo que sí se repite es el desastre parlamentario. La debacle es en escaños y en votación. Una tabla dejará las cosas más en claro:

Comparación votación parlamentaria (diputados) Nueva Mayoría 2013-2017

Votos Escaños
2013 (Nueva Mayoría) 2.967.896 67
2017 (NM + DC) 2.082.808 56
Diferencia 885.088 11

Casi un millón de votos menos (la votación 2017 es similar a la votación de la municipal que ya era un desastre). Además, 11 diputados menos -en una Cámara que dispone de 35 más diputados.

En general, la Concertación-NM había ganado todas las elecciones parlamentarias desde 1989 en adelante, a veces por poco, pero siempre era la primera coalición. Esta es la primera vez que no es la principal coalición en la cámara de diputados. Y conste que estoy sumando listas que no por nada no pudieron ir reunidas.

En resumen, a la Nueva Mayoría (con o sin DC) el resultado fue paupérrimo.

Ahora bien, al centro+izquierda (no digo centroizquierda porque ni van juntos ni forman una sola sensibilidad, pero tiene sentidos reunirlos porque la alianza entre centro e izquierda ha sido efectivamente una base política desde 1989 en adelante) le fue relativamente bien. O al menos, efectivamente los que apoyan cambios y transformaciones son más de los que no los apoyan. La Suma de NM+FA+PRO en diputados es más que CHV (la votación de diputados de la DC puede ir a cualquier parte).

La derecha obtuvo su un poco menos de 40 puntos y 2.3 millones que es su base electoral. Una base que sigue siendo minoría pero que, como ha sido la tónica desde hace muchos años, es individualmente el sector más fuerte. El centro+izquierda “progresista” sigue siendo la mayoría política, que es lo que ha sido en realidad durante todo el período. Que esa mayoría pueda efectivamente operar como una mayoría (i.e operar como unidad) no es claro -y algo me dice que para poder operar como unidad se requeriría primero una transformación interna importante.

 

Las Encuestas Electorales se equivocaron (pero no todas, y no todos reaccionan igual)

Habíamos dicho en varias ocasiones anteriores (para que no digan que se es general después de la batalla) que había problemas con las encuestas: Que no era claro que estuviera bien analizado lo de votante probable, las tasas de rechazo (aquí link), que las primarias habían mostrado varias sorpresas (aquí link). Más en general, habíamos enfatizado el hecho que los métodos han de articularse con la realidad social que estudian, su validez depende del estado de esa realidad (link)

Los resultados del 19 de Noviembre mostraron eso con claridad. La Radio de la Universidad de Chile tuvo a bien mostrar un cuadro que es bastante claro.

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Las principales encuestas tuvieron varios errores importantes para Piñera (10 puntos en varios casos) y Sánchez (12 a 6 puntos), y con una fuerte subestimación de Kast. Más aún, la impresión general -de una votación muy alta de Piñera, de importantes diferencias entre Guillier y Sánchez- resultó claramente errada.

Ahora bien, ¿eso implica que hay un problema de mala fe? ¿Las encuestas de derecha nos engañaron? Y no. CERC que no es de derecha estuvo entre las encuestas con más problemas. UDD-El Mercurio -que la gente que usa esa interpretación diría que es de derecha- estuvo bastante bien.

¿Se equivocaron todas las encuestas? ¿No sirven para nada? Tanto Criteria como UDD obtuvieron estimaciones que resultaron bastante decentes. En general, las encuestas no se equivocaron con Guiller (sólo CERC), y nadie le otorgó muchos votos a Goic (que también era de quien criticaba antes a las encuestas). Adimark, entre las grandes, tuvo los menores errores con Piñera y Sánchez (y dejó de hacer encuestas antes que las otras).

En otras palabras, hay problemas importantes que resolver (¿cómo se calcula votante probable?); pero no todos se equivocaron.

Aquí es importante hacer dos precisiones cruciales. Una de actitud y otra metodológica.

Partamos con la actitud de la reacción. He aquí Mackenna del CEP en Twitter hoy

Captura_CEP

Para ver otra reacción,Izikson de CADEM a través de la misma red social:

Captura_Cadem

Entre Mackenna e Izkinson está la diferencia entre la seriedad y el burlarse de la población. Entre quien de verdad se cree que las cosas hay que hacerlas bien y quien le da lo mismo. La diferencia entre el mínimo profesionalismo y el vendedor de humo.

Una encuesta es, al final, un instrumento cuantitativo, lo mínimo es que vaya más allá del al orden. La impresión que deja una encuesta no es sólo un tema de orden. Un error de 10 puntos no es un tema de ‘hacer más precisas las estimaciones’.

Al fin y al cabo, basados en resultados electorales y analizar políticamente es posible estimar mejor. En mi oficina se hizo el ejercicio de apuesta en intentar predecir el número de votos de Piñera. Los datos que usamos para ello fueron (a) cuantas personas votaron 1a vuelta el 2013, (b) votación primaria derecha 2017, (c) votación Evelyn Matthei en 2a vuelta el 2013. Basado en ello, el promedio de la oficina fueron 2.6 millones de votos, concentradas las opciones entre 2,3 y 2,5 millones (el nivel mínimo de votación derecha es lo que obtuvo Matthei en 2a vuelta el 2013 y de ahí puede sacar más porque es candidato más fuerte). Los outliers pensaron en 3 millones porque siguieron más bien a las encuestas. Esto es importante porque el mismo Izkinson ha retrucado al hecho de sólo dieron al orden con que ese orden sólo parece obvio dadas las encuestas. Sin ellas también es posible obtener estimaciones.

Luego, una buena encuesta necesita entregar algo más que un buen resultado al bulto. En particular, una buena encuesta electoral.

El segundo tema es metodológico. Es sabido que la encuesta CADEM no cumple con ningún requisito metodológico mínimo. Usar encuestas en punto de afluencia para una encuesta política es impresentable (y de nuevo, eso es sabido y ya había sido dicho en este blog ya el 2015). Y sin embargo, se usaban -no sólo los medios, incluso Kenneth Bunker -que desarrolla en TresQuintos predicciones bayesianas- los usaba. Izkinson realizó varias defensas de su método. Esto es incluso peor porque otras encuestas (Criteria por ejemplo, que recordamos ahora porque sus resultados fueron relativamente decentes) fueron vapuleadas por usar un Panel Online -el mismo Bunker en Twitter las declaró impresentables. Lo que aparecía como mostrando su clara inutilidad era la alta votación de Bea Sánchez. Es bien inconsistente declarar inusable una metodología problemática mientras al mismo tiempo aceptar otra.

Recordemos que los paneles online tienen problemas -el sesgo no se soluciona automáticamente a través de ponderadores. Sin embargo, han sido usados en otros contextos (y en algunos estudios de forma bastante exitosa con muestras claramente sesgadas -hay un estudio del 2015 con usuarios de Xbox que entrega buenos resultados para la encuesta norteamericana, link aquí). Incluso en el caso chileno, aparte de Criteria otras encuestas usando paneles (privadas) dieron resultados razonables. Sabemos que las metodologías tradicionales tienen problemas (tasas de respuesta por ejemplo), y luego hay que probar nuevas metodologías en el contexto actual. Ahora bien, para hacer esas pruebas resulta necesario hacer las cosas con seriedad y cuidado.

Y bien sabemos que seriedad y cuidado no es lo que caracteriza a la encuesta CADEM. Problemas con encuestas hay, fallos los habrá; pero lo mínimo es reconocerlos para poder solucionarlos. Salir defendiendo lo indefendible muestra que no hay mucho interés de hacer las cosas bien. Si de esta debacle al menos se logra que no sea aceptable hacer cualquier cosa, algo se podrá obtener en limpio.

De la Administración del ‘Modelo’

La idea que los gobiernos de la Concertación (1990-2010) administraron al modelo de la dictadura generó, entre quienes defendían y defienden esos gobiernos, gran escozor; una forma de menosprecio de los logros de esos gobiernos. Sin embargo, aparece la forma más sucinta de referirse a lo que hicieron esos gobiernos -comparados con los cambios fundamentales implantados durante la dictadura, los gobiernos de la Concertación resultan menores (que, por cierto, cuando ganaban elecciones se mostraban a sí como gente moderada que hacía cambios moderados, en otras palabras continuaban el modelo).

Ahora bien, toda afirmación sobre la continuidad del modelo ha de basarse en una definición. Por ahora usaremos una que fue usada por parte del Gobierno de la época, más allá de cuan en serio se tomara, como resumen de los principales cambios realizados. Las famosas ‘siete modernizaciones’. Ellas pueden sintetizarse en el siguiente listado (siguiendo a Darío Menanteau-Horta, El rol del Estado en el desarrollo social y la Reforma de la previsión en Chile y EE.UU, Revista Austral de Ciencias Sociales 2006, 10: 5-22)

1. El Plan de Reforma Laboral.
2. La Reforma Previsional.
3. Cambios en los planes de la salud.
4. Municipalización de la Educación.
5. Modernización Judicial.
6. Cambios en la Agricultura.
7. Regionalización y Cambios en la Administración Pública.

En una entrevista realizada a José Piñera en 1979, quien diseñó en forma concreta parte de varias de ellas, usando el mismo listado, nos dice de sus principios:

El Plan laboral con la libertad sindical; la futura reforma previsional con un sistema de pensiones basada en la capitalización individual; la Directiva Educacional y la reforma de la salud a través de la descentralización operativa y la mayor flexibilidad de opciones individuales; la modernización judicial al hacer más efectivo y expedito el acceso de toda persona a la justicia; el reordenamiento agrícola al fortalecer la propiedad privada en el campo; y por último, la reforma administrativa al agilizar el sector estatal y permitir reducir su tamaño que abruma con su pesada carga a todo los chilenos

Definidas de esa forma, es claro que vivimos bajo la égida de esas transformaciones. Con los cambios posteriores, la Reforma Laboral sigue en vigencia; las pensiones operan bajo capitalización individual; en Salud siguen existiendo Isapres; en educación la municipalización, la pérdida de prerrogativas del MINEDUC y la expansión de la educación privada siguen operando; seguimos operando bajo una agricultura de exportación con fuertes derechos de propiedad (pensemos en el código de Aguas). Las reformas puramente estatales (Justicia y Administrativa) son menos claras, aun cuando se puede mencionar que continua el ordenamiento territorial con regiones.

Más en general, la orientación de la economía a las exportaciones, con bajos aranceles, libre cambio de divisas, menor presencia del Estado de forma directa (empresas) e indirecta (menos regulaciones, por ejemplo, queda muy poco de regulación de precios), centralidad del mercado y el sector privado, la orientación focalizada de las políticas públicas, siguen operando.

Los grandes cambios de la Concertación se centran, fundamentalmente, en dos tipos -y ninguno de ellos implica más que administrar. Uno de ellos es en términos de resultados: crecimiento, disminución de la inflación, disminución de la pobreza. Pero claramente no es parte del modelo como tal una alta pobreza. Lo que muestran esos resultados (y no es aquí la intención negar su magnitud o relevancia para la sociedad) es, literalmente, buena administración. Los segundos son todos ellos modificaciones en los margenes: Pensemos en pensiones, algunas de las modificaciones siguen los lineamientos puestos por Piñera (elección de tipo de fondo, entre A y E); otras operan de manera subsidiaria (pilar solidario para pensiones bajas). El núcleo del sistema se mantiene intacto (sistema de capitalización individual  administrado privadamente). Incluso aceptando que la intención fuera otra (estoy pensando que en varios casos las intenciones iniciales de reforma eran más amplias que en otros casos, como el AUGE, como lo ha investigado Garretón); el caso es que el resultado es del tipo administrativo: Realizar las modificaciones necesarias para que el sistema siga operando -una lógica tan conservadora que la frase clásica está en Burke en las Reflexiones sobre la Revolución en Francia.

En otras palabras, es tan obvio y evidente que es cierto que la Concertación administró el modelo (si se quiere, además, lo hizo exitosamente), que el resquemor sólo puede ser producto de una mala conciencia al respecto.