Proyectos Intelectuales (VII) Una historia del Chile central

Este es el último proyecto sobre historia. Y es el que tiene el objeto más restringido: un estudio de la sociedad que se ha ido desarrollando en el Chile central (digamos, desde el valle del Aconcagua hasta el límite del Biobío). Al fin, un entramado social -un conjunto de actores, de instituciones y de prácticas, de formas de vida- no necesariamente coincide con los límites de una autoridad política (incluso si se reconoce que dichas autoridades influencian esa conformación).

La idea basal del escrito es que el Chile central constituye un objeto histórico: un entramado que tiene una historia identificable, con sus propias estructuras y dinámicas, y que ella fue distinta (y sigue siendo distinta) a lo ocurrido en otras zonas, incluso si son parte del ‘mismo’ Estado. El Chile central no sólo es el núcleo del país (donde reside la gran mayoría de su población o de su actividad económica), además conforma una unidad por un largo tiempo. Y eso entonces hace interesante observar su historia.

La estructura del texto tal como la concibo ahora (pero claramente debiera cambiar con el desarrollo del estudio).

Capítulo 1. Delimitando una forma de vida social

Capítulo 2. La evolución preincaica

Capítulo 3. La primera irrupción. La invasión incaica

Capítulo 4. La segunda irrupción. La invasión española

Capítulo 5. Los tiempos del vacío.

Capítulo 6. Los tiempos de la hacienda

Capítulo 7. Estado y ciudades

Capítulo 8. La centralidad de lo público no universal

Capítulo 9. Entre sistemas y hogares. La ‘modernidad’ de Chile

NOTA. Una de las cosas que muestra que todavía a este proyecto le falta una maduración importante es que no se me ha ocurrido un título. Otra de las tareas del estudio.

In Memoriam Carlos Catalán B.

Este fin de semana murió Carlos Catalán. Podría escribir varias cosas, pero creo que en este blog lo que corresponde son algunas reflexiones en torno a la sociología. Al fin y al cabo, habiendo trabajado en varios estudios junto a Carlos durante varios años, creo haber aprendido algunas cosas sobre el oficio. En realidad, los oficios -lo que aprendí de Carlos se aplica a dos actividades diferente.

El primer aprendizaje es sobre el oficio de consultor. Quizás lo más evidente fue constatar que el oficio de consultor es bien distinto del oficio del investigador de mercado. Cuando uno está en esa última actividad, uno hace el estudio, hace unas recomendaciones (e incluso, a veces, ni siquiera eso) y cierra el asunto. Pero ser consultor es otra cosa. Y lo que aprendí observando a Carlos hablar en múltiples reuniones, es que el consultor hablar en primera persona plural: Que al hablar de la organización cliente se habla usando el nosotros.

Esto no era solamente un asunto de terminología, sino implicaba una actitud -que era la que estaba detrás que Carlos fuera, a mi entender, un buen consultor. Es la actitud de involucrarse con la organización, de asumir sus problemas como tus problemas; de preocuparse de su situación futura; de conocer lo mejor posible el campo donde se mueve. Solamente así se puede cumplir con la tarea, y sólo así -creo- se puede entregar algo que tiene valor. Algo que me ha llamado por mucho tiempo la atención es que la investigación de mercado, que supuestamente entrega información a un ciente para que éste pueda agregar valor, es una industria que no es tan valorada (ni por clientes ni por oferentes). Y creo que parte de la diferencia es la actitud que mencioné al inicio.

A su vez, y esto no siempre queda tan claro, lo anterior tiene consecuencias éticas. Si para ser consultor necesitas hablar en nosotros e involucrarte de verdad con quien es tu cliente, se sigue que estás asumiendo los fines y la actividad de ese cliente. No te es ajeno las consecuencias éticas de esos fines y ya no puedes refugiarte en la excusa (que es siempre mentirosa, pero aquí lo es más) que se ofrece un conocimiento neutro o sólo una opción técnica. Quien trabaja de forma tal que favorece la realización de ciertos fines, está apoyando esos fines. (En términos concretos, asesora a quienes no te parece que sea problema su actividad).

El segundo aprendizaje es sobre el oficio sociológico. Y fue quizás el más sorpresivo de todos: Que la sociología es útil, que la mirada que entrega la disciplina es relevante, y permite observar elementos importantes que otros pasen más fácilmente por alto.

No me acuerdo cuando, pero era un estudio sobre el consumo de vino. Y justo para esa época estábamos discutiendo el libro de Douglas e Isherwood, The World of Goods, y el caso es que los conceptos del texto (sobre el uso de bienes para marcar y diferenciar situaciones) fueron usados de manera directa para comprender los resultados que estaba dando la investigación. Y así en múltiples ocasiones en que ideas y conceptos provenientes de las ciencias sociales eran usados no sólo para analizar resultados, sino para orientar recomendaciones e ideas para la acción.

La capacidad de Carlos para poder leer desde la sociología casi cualquier asunto, y para sacar conclusiones prácticas desde el conocimiento sociológico siempre me llamó la atención. Hay ciertos espacios donde eso ocurre más habitualmente, en particular en lo que dice relación con la política; el caso es que esa habilidad de aplicar la sociología -y ello de manera fuerte, usando el instrumental conceptual de la disciplina- a casi cualquier realidad no deja de ser una habilidad importante.

Esto del uso de la sociología me lleva al hecho que Carlos siempre estaba, en cierto sentido, investigando: Conversando, preguntando, a todo el mundo; siempre preocupado de tener una impresión de cómo otros vivían o estaban pensando o sintiendo. Sociólogo se es, si se quiere, a todo momento.

Carlos participó en muchos estudios en distintos roles, realizó múltiples análisis para diagnosticar el estado de la sociedad -presentados en diversos lugares. Publicó poco. Lo cual refuerza la idea de publicar (en el medio que sea, no me estoy refiriendo solamente a libros o artículos académicos); de otro modo, lo que tenemos son pérdidas. Y en este caso en particular, creo que esa pérdida no deja de ser relevante.

Pensando en los territorios (III). El involucramiento colectivo con el territorio

Finalizando la serie de escritos sobre la base del viejo estudio realizado en mis años del PNUD, ahora toca la última dimensión en la cual participé en el análisis: el involucramiento colectivo con el territorio, la politización territorial. Este era un tema perenne en los Informes de Desarrollo Humano, y aquí entonces la pregunta sobre las capacidades para desarrollar acción colectiva desde los territorios se veía como crucial. He de reconocer, sería engañoso el no hacerlo, que dicha centralidad de esta dimensión de acción colectiva siempre me fue algo ajena. La relación cotidiana, la vida de todos los días, me parecía más relevante (incluído ahí su influencia en la construcción del territorio). Pero siendo, de todas formas, un tema relevante y habiendo trabajado en ello y pensando que, de todas formas, es una lástima que se pierda, helo aquí.

El resultado fundamental, a mi juicio, del análisis es la aparición -en proceso tras proceso- de un cortocircuito. Hay elementos que podrían desarrollar un proceso de movilización pero otros impiden que se fortalezca y desarrolle. Es claro (y uno de los análisis específicos lo hacía caso a caso) que hay múltiples acciones y movimientos colectivos en los territorios, la pregunta era por su capacidad de mantenerse activos, de su sustentación.

Aunque debido a la pandemia el movimiento nacido en Octubre del 2019 se encuentra en animación suspendida (incluso considerando el retorno de algunas chispas de movilización), la idea de movimientos sin capacidad de sustentarse no parece muy válida en el Chile actual. La capacidad del movimiento para estar de manera permanente de forma activa (meses con el principal punto de reunión de la capital prácticamente cooptado por el movimiento de manera casi continua) haría estas reflexiones sobre debilidades de procesos de acción colectiva territorial, a lo más, una descripción del pasado.

Dos consideraciones militan contra esa conclusión. La primera es que las capacidades de un movimiento nacional no están, de forma automática, disponibles para movimientos territoriales. La segunda es que no por haber sido sobrepasados en la coyuntura del 2019, han dejado de existir todos esos mecanismos de cierre.

Sea cual sea la corrección de esas ideas, al final estas cosas sólo se saben con meridiana certeza a través de la visión retrospectiva, corresponde poner aquí el link correspondiente.

Pensando en los territorios (II). La relación subjetiva como aparece en la Encuesta Desarrollo Humano 2016

Siguiendo con esta serie de textos del estudio sobre territorios que estuve trabajando en el PNUD años ha, ahora toca lo de la encuesta. La encuesta es de 2016 así que claramente no se puede esperar que los resultados se mantengan en el mismo lugar, por otro lado los temas que preguntaba era más bien generales (no era una encuesta política de opinión pública) así que varias de las cosas todavía tendrán algo de utilidad.

El análisis de la relación subjetiva con el territorio cubría bastante más allá que la mera encuesta, pero como se mencionó en la entrada anterior lo que se trabajó en grupos de discusión ya lo he publicado y las entrevistas no las trabaje.

Esto tiene una consecuencia perversa: Uno de los resultados más interesantes no aparece en el texto porque era un resultado de la comparación de los diversos análisis. Aprovecharé aquí para contarlo: Básicamente, mientras la encuesta (y secundariamente los grupos, aunque ahí era más matizado) entregaba una visión más bien positiva del lugar que se habitaba, en las entrevistas el lugar con el cual la persona se identificaba aparecía en términos negativos. ¿Cómo se puede comprender esa contraposición?

Una posibilidad es negar que sean contradictorios. Para las personas que migran su actual lugar de residencia es distinto del lugar donde se identifican y por lo tanto lo positivo y lo negativo aplican a lugares distintos (y una parte importante de la muestra de entrevistas era a migrantes). Sin embargo, ello no era suficiente, dado que la mirada negativa también aplicaba a quienes vivían en los lugares con los cuales se identificaban (y en particular no habían migrado). La contraposición era real.

Así que existía una contraposición que era real. En particular, los territorios no metropolitanos aparecían como buenos lugares en la encuesta y en las entrevistas eran mirados de manera negativa. La hipótesis que defendí en el día, que en cualquier caso no convenció a todo el equipo, era que la encuesta (y los grupos) operaban al nivel de la vida cotidiana. Incluso cuando se preguntaba por proyectos, estos eran más bien del orden de lo cotidiano (digamos, mejorar la casa para poner un ejemplo). Y en la vida, el lugar aparecía usualmente de manera positiva. Mientras que las entrevistas, al ser historias de vida, ponían en juego los sueños y los proyectos de vida de largo plazo -y ahí entonces el territorio aparecía como lugar sin futuro. La diferencia de evaluaciones se basaba en una diferencia en el punto de vista de la evaluación.

No sé si dicha hipótesis es convincente, como dije no terminó de convencer a varios en el equipo, el caso es que la contraposición que intentaba explicar era uno de los resultados centrales.

Ahora, entonces, la descripción de los resultados de la encuesta, incluyendo hacia el final una muy bonita, en mi poca imparcial opinión, tipología de formas de relacionarse con el territorio. El link aquí.

Pensando en los territorios (I). La construcción social

Años ha estuve trabajando en el PNUD y en particular en lo que iba a ser un informe sobre los territorios en Chile. Pasados varios años supongo que no estará de más publicar algo del material que fui produciendo a propósito de ese estudio. El PNUD hizo finalmente una publicación sobre desigualdad territorial, link aquí. En esta serie, por lo tanto, me limitaré a publicar textos que yo haya trabajado que no se refieran a temáticas publicadas por el PNUD

Esta serie tendrá tres entradas. En la primera un texto que muestra algo que es sabido y repetido, que el territorio es socialmente construido, y lo que hace es desplegar lo que implica en la práctica esa afirmación tan general. El segundo se dedica a describir los principales resultados de la encuesta 2016 sobre percepciones del territorio (como siempre en el PNUD estó también implicó análisis cualitativo, y si bien trabajé en lo que dice relación con el análisis de los grupos de discusión, y el documento de análisis puede verse aquí, no lo hice con las entrevistas, así que me limitaré por lo tanto al tema de la descripción de resultados de la encuesta). El tercero es un análisis del involucramiento colectivo con el territorio, tema de continuo interés en el viejo equipo de desarrollo humano, aun cuando personalmente creo que no era lo central. Ahí están datos de encuesta y de grupos, que fueron los que trabajé.

En cuanto a la primera me limitaré a citar dos párrafos de la conclusión:

La construcción social del territorio es compleja. Cada actor y cada proceso construye una forma de territorios, las dinámicas de construcción incluyen muchas dimensiones -al menos son simbólicas y materiales al mismo tiempo-, y generan un complejo mosaico de heterogeneidades y homogeneidades territoriales. No hay un solo territorio, y es necesario evitar la tentación de creer que una forma de construcción es privilegiada por sobre las otras. La complejidad de la construcción es parte del fenómeno territorial

(…)

La sola definición del lugar, el hecho que hay múltiples definiciones del lugar, genera un espacio para las disputas políticas. Iniciamos esta parte haciendo notar que la delimitación es parte de la definición del territorio y que ellas no son únicas; la concluimos recordando que las disputas son también parte de la definición del territorio, y que entre las cosas que pueden estar en disputa está, precisamente, qué y quienes están incluidos bajo un determinado territorio. La multiplicidad de la construcción territorial tiene una implicancia política.

El link al PDF aquí.

El fin de la legitimidad. Chile 2020

Sobre la legitimidad pueden decirse muchas cosas. Me referiré a sólo una de ellas: Una de las cosas que hace la legitimidad es permitir que el orden social se reproduzca sin violencia física. Podemos decir, como parte importante de la tradición sociológica, que ello es violencia simbólica, enfatizando el carácter de dominación de las instituciones y la legitimidad como ilusión ideológica. El caso es que incluso bajo esa idea, que es la mirada más negativa sobre el tema, nos ahorra el uso de la fuerza.

Es por ello que una situación de pérdida de legitimidad es crítica, puesto que entonces nos dirige a una situación donde es la fuerza y la violencia directa la que dirime las cosas.

Y el caso es que Chile se encuentra en una situación donde se pueden observar grietas fuertes en la legitimidad. Con ello no me refiero solamente al hecho que las instituciones no son creíbles, ello ya se sabía desde hace varios años, pero las instituciones y sus adláteres se habían encargado de no darle importancia. Me refiero a que ya las creencias básicas que facilitan su operar están en riesgo. Bien puedo pensar que la institución X no es creíble, o que no cumple lo que supuestamente debiera hacer, pero todavía puedo pensar que hay que seguir lo que ella dice o, por último, aceptar ese poder.

Datos de encuestas recientes muestran que hay elementos basales de las instituciones que ya no pueden darse por descontado. La última CEP nos muestra que un 57% de la población estima que casi nunca o nunca se justifica que Carabineros use la fuerza contra un manifestante violento (ver link aquí). En otras palabras, el Estado ya no tiene el monopolio de la violencia legítima (sigue teniendo operativamente grados importantes de control de violencia efectiva, pero es de la legitimidad de que estamos hablando), cuando la mayoría de la población le niega a la fuerza pública del Estado legitimidad para operar con violencia frente a la violencia eso es lo que está en juego. La reciente encuesta UDP sobre Juventud, Participación y Medios nos dice que un 19% de los jóvenes está de acuerdo con incendiar cuarteles militares o las estaciones de metro realizadas en el contexto de las manifestaciones iniciadas en octubre (link aquí). Son cifras minoritarias, pero cuando alrededor de uno de cada cinco jóvenes declara su acuerdo con los actos mencionados nuevamente la legitimidad de las instituciones, la existencia de ese monopolio de la violencia legítima es lo que está en juego.

Podemos observar que ya existen en la práctica de la vida social ciertas operaciones cuya realización no puede darse por descontada. La realización de la PSU efectivamente ya ha tenido contratiempos, y no sabemos que ocurrirá este lunes 27 y 28. El sistema para establecer los precios del metro ya está desactivado en la práctica (no pueden realizarse las decisiones de los sistemas institucionalizados).

En general, todavía no se ha alcanzado el momento más crítico. En general todavía las instrucciones y órdenes que dan las instituciones se realizan. La pérdida de legitimidad está produciendo que las reservas de buena voluntad para que ellas ocurran se pierden y tenga que recurrirse a la violencia y a la coacción. Pero ello es, finalmente, desgastante. Y en última instancia hay que recordar que estamos ante procesos: que ese ‘todavía’ puede dejar de serlo; que hay un momento en que la máquina institucional deja de funcionar, cuando el que recibe la instrucción asume que no tiene por qué cumplirla y no recibe castigo por ello (que es lo que ocurre en las revoluciones al fin y al cabo).

Dada esa situación de pérdida de legitimidad, y de los efectos de ello, se pueden observar intentos de re-legitimación, precisamente para recrear esa ilusión que permite a las instituciones actuar y ejercer sin recurrir a su ultima ratio, que es la fuerza. El llamado a una nueva constitución, en particular a la generación de un proceso constituyente, es una de ellas -el intento de construir instituciones que se legitimen a través de un proceso en que participe buena parte de quienes habitan estas tierras, y que por lo tanto legitimen el resultado.

El caso es que, en realidad, no sabemos qué es lo que -en las condiciones actuales- puede producir y regenerar legitimidad. Cuando los mecanismos tradicionales de legitimidad dejan de operar no es fácil determinar que puede construir nuevamente legitimidad. Para usar un ejemplo de mayor alcance histórico (probablemente) que la situación actual: Cuando se dejó de pensar que los reyes gobernaban en virtud de un mandato divino o cuando la mera tradición dejó de tener peso, ni se pudo volver a lo anterior (como atestiguan todos los fracasos en América Latina en reconstruir monarquías, el único éxito fue Brasil, que -crucialmente- no dejó de ser monarquía) ni tampoco fue simple construir nuevas instituciones legítimas.

En la vida social, como en todas las cosas, es válido aquello que es más simple que algo deje de existir que crear algo nuevo. Por otra parte, difícil o no, con los tiempos que se tomen, al final se crean nuevas legitimidades. Otra cosa es que esas nuevas legitimidades sean las que se desean, pero ellas existirán.

La relación de la cultura de izquierda con el pueblo

Estaba leyendo Los Diarios de Emilio Renzi de Piglia y me encuentro con lo siguiente cita, que me llevó a pensar en cómo la izquierda se ha relacionado con el pueblo. Es cierto que Tolstói, quien es sobre el cual Piglia reflexiona, no es una persona de izquierda, pero la emoción y valoración que estaba ahí era algo que uno puede reconocer en la izquierda tradicional.

Notas sobre Tolstói (9) El respeto tolstoiano por el hombre común, el sencillo y franco afecto por un trabajador corriente («Más inteligente que yo.») (Piglia, Años Felices, Diario 1969, p 600)

Esta mirada positiva sobre el pueblo es algo que uno puede observar una y otra vez en las expresiones culturales de la izquierda tradicional. Para pensar sólo en Chile: La Sangre y la Esperanza de Nicomedes Guzmán es un caso clásico de ello. Uno puede encontrar repetidas ocasiones de ello en la poesía de Neruda (en el Hombre Invisible donde habla de su interés en lo que les pasa y lo que hacen las personas comunes y critica al poeta que pero no ha visto nunca / un panadero / ni ha entrado a un sindicato / de panificadores) . En el poema de Teillier dedicado a su padre, militante comunista, también se encuentran similares tonos:

Desde hace treinta años
grita «Viva la Reforma Agraria»
o canta «La Internacional»
con su voz desafinada
en planicies barridas por el puelche,
en sindicatos o locales clandestinos,
rodeado de campesinos y obreros,
maestros primarios y estudiantes,
apenas un puñado de semillas
para que crezcan los árboles de mundos nuevos (Jorge Teillier, Retrato de mi Padre, militante comunista en Muertes y Maravillas)

El pueblo como depositario de la sabiduría y el trabajador común y silvestre como la sal de la tierra. Esta defensa de los humildes, por cierto, es una cosa que el discurso de izquierda tradicional tiene en común con el cristianismo original.

Ahora bien, la izquierda de las últimas décadas, en el mismo movimiento que la ha llevado a centrarse en temas culturales ha cambiado esa imagen. Si se quiere, del sabio campesino y el esforzado obrero se pasa al racista y sexista con baja educación. El conservadurismo moral de los sectores populares, que es algo bastante estructural, aparece en diversos contextos, en diferentes tiempos y lugares, se transforma entonces en el significado clave asignado al pueblo, y por lo tanto se transforma en el contrario. También se realiza una crítica al sujeto de la representación previa (campesino y obrero se pensaban en masculino y no como parte de una minoría étnica), y que cuando se decía ‘pueblo’ no se decía todo el pueblo.

Ahí se da, entonces, una transformación cultural, y en cierto sentido de bases de sustentación, bastante importante. Si se quiere la izquierda tradicional era una izquierda enraizada y comunicada con el mundo popular. Pensemos en los partidos laboristas, cuya base estructural eran los sindicatos. O pensemos en todo el trabajo cultural, de creación de convicciones, que realizaba la izquierda en esos sectores (una práctica equivalente a lo que en la actualidad sólo hacen evangélicos). El progresismo, y el cambio de nombre no deja de ser significativo, tiene otras bases de sustentación social.

Tengo la impresión que ahí se da una impasse que la izquierda todavía no resuelve muy bien. Para el discurso de la izquierda, idealmente (recordemos la frase del 99%) ella debiera poder reunir a todos aquellos que son oprimidos por la sociedad; quienes, para ese mismo discurso, son la gran mayoría. Ahora bien, como sucede que las opresiones son diversas y pocos son oprimidos en todas las categorías, sucede que el discurso en vez de unificar a todos los grupos que bajo alguna dimensión son oprimidos los disgrega (por cuanto en alguna dimensión no lo son).

Más allá de lo anterior, uno puede volver al tenor de las citas iniciales. Cuando la cultura de la izquierda critica la cultura tradicional y, por lo tanto, no reconoce ya ese ‘sencillo y franco afecto’ algo ha pasado en la izquierda. El tema no es la crítica a dicha cultura, al fin y al cabo la mirada tradicional de la izquierda también tenía sus críticas (saliendo del caso de Chile, Germinal de Zola al mismo tiempo muestra varias críticas a la cultura popular y es un canto en admiración de la cultura obrera). Tampoco habría que olvidar que una cultura bien puede ser autocrítica (Dussel se ha pasado la mitad de su carrera filosófica trabajando sobre el tema de la generación interna de la crítica por parte de grupos subalternos). El tema es la relación con el pueblo. En el sentido de distancia y de separación.

Ahora, en el caso particular de Chile, donde la izquierda tradicional no ha perdido toda relevancia, y por lo tanto algo se mantiene de la relación tradicional, la situación descrita es sólo parcial. Todavía subsiste una izquierda relacionada y que valora al pueblo tradicional. Sin embargo, esas tendencias ya existen.

Y esas tendencias ya implican un problema: Una izquierda que no siente afecto por las personas del pueblo, que se distancia de ellas emocionalmente, no es una izquierda que valga de mucho.

¿Qué ha pasado con la demanda de orden? II

A principios de mes (que lejano suenan esos días ahora) escribí una pequeña entrada sobre la demanda de orden, y la observación que ella -a pesar de varios sucesos- no había emergido todavía (la entrada aquí)

Creo que resulta de interés volver a la misma pregunta ahora, a finales de Noviembre. Por un lado, uno puede observar que esa demanda ha empezado a emerger, a la luz de incendios y saqueos. Incluso aparece la idea de parar la movilización, y esto ya entre personas que la habían mirado favorablemente. La preocupación por la violencia en la élite es claramente mayor, y en redes sociales (que no son la población pero algo más se acercan) claramente se ha convertido en tema. Esta entrada la había comenzado a escribir durante el 26 y la dejé para revisar esta mañana, cuando me encuentro que el Senado aprobó en general la así llamada ‘ley antiencapuchados’ que es una muestra clara de la llegada de la demanda en la élite; el tema es cómo afecta en general a la población.

Lo que podría haber pasado era simplemente un retardo en dicha demanda, producto de algunas dinámicas de esta movilización (de las cuales expusimos algunas hipótesis en dicha entrada). De hecho, creo que en buena parte es ello -un retardo y una lentitud en la expresión de esa demanda.

Sin embargo, creo que hay diferencias. Si se quiere, en manifestaciones y protestas previas, los manifestantes estaban entre los más interesados en diferenciar entre ellos y los encapuchados, y en remarcar la violencia de éstos contra la manifestación pacífica. Mi impresión es que esa dinámica ha cambiado. En el manifestante la violencia se ha concentrado en la policía (como causante y responsable) y los capucha pasan a ser primera línea reivindicada y apoyada (ver un análisis/ejemplo de ese proceso en esta columna). Más aún, si bien dije manifestante, la opinión mencionada con anterioridad es más extendida, al grupo bastante más grande (y que de acuerdo a encuestas sigue siendo mayoría) que aprueba las manifestaciones. La demanda de orden se cruza con un rechazo a lo que supuestamente eran los garantes de dicho orden, la policía, que pasa a ser los que quiebran dicho orden. Cuando queda la imagen que es la policía la responsable de la violencia se desactiva uno de los mecanismos usuales de la demanda de orden.

Además se puede observar un cierto endurecimiento entre los grupos que apoyan la protesta en relación al tema del orden. Esto se manifiesta en varias señales: (a) En, cada vez que aparece un hecho de desorden callejero -saqueo, incendio etc.-, se menciona que lo que es realmente violento es otra cosa, que el ‘orden normal’ es más violento; (b) en la facilidad con que resulta creíble achacar toda esa violencia a infiltrados y, finalmente, a la misma policía; (c) en última instancia a la idea que es la policía la responsable, puesto que por abandono y dejadez simplemente no protege de saqueos e incendios mientras reprime (o realiza esa protección en algunos sectores; y (d) a la idea, que he escuchado en diversos contextos y de personas con ideas muy variadas, que era necesario ‘quemar el país’ para que se pudiera, siquiera, avanzar hacia una solución (y, que de hecho, nada de ello ha sucedido hasta ahora).

Esos elementos no son suficientes, creo, para cambiar la dinámica como tal, lo que hacen más bien es hacerla más lenta; y generar un grupo más amplio que está inmunizado a la demanda de orden (que tradicionalmente era más bien universal).

Si estas transformaciones quedan como algo permanente producto de estas movilizaciones o quedan restringidas a ellas es algo que todavía no sabemos. Lo que los distintos actores aprendan de este tiempo depende también de cómo perciban y reaccionen a acontecimientos futuros. En cualquier caso, es relevante observar que la relación entre la protesta y el orden ha tenido características propias en estas movilizaciones.

Reacciones Subjetivas al Neoliberalismo en Chile en los 2010’s

Este fue un texto que venía preparando por un tiempo (y de hecho, los primeros atisbos de algunas de las ideas son de principios de la década), y que presenté en una primera versión en el III Congreso Latinoamericano de Teoría Social en Buenos Aires en agosto de este año. Lo seguí elaborando y creo que puede ser interesante en el contexto actual. A la luz del contexto se puede revisar con más claridad lo que implicaban estas hipótesis (que se basaban en datos previos); al mismo tiempo esas hipótesis (que recogían el estado de la subjetividad previo al estallido) pueden ser útiles para comprender mejor lo que puede quedar de estos procesos, y calibrar lo que ellos pueden producir de transformación en la subjetividad.

Hay dos argumentos centrales en el texto, y puede que finalmente intenté publicarlos com dos papers diferentes entonces.

La primera idea es que la relación subjetiva con el neoliberalismo (y estoy usando ese concepto de forma histórica, para nombrar el giro hacia mayor liberalización desde los ’70s) tiene, al menos, cuatro niveles o aspectos:

  • Hay un nivel ’empírico’ si se quiere. El reconocimiento que el estándar de vida ha aumentado en los últimos decenios.
  • Otro nivel es cognitivo, en el sentido de ‘mapa del mundo’. Y aquí la idea es que hay una naturalización del modelo, el mundo funciona de esa forma. Sin embargo, ese mapa no se lee bajo las coordenadas de la mirada ‘conversa’: No se ve tanto un mundo de relaciones contractuales libres en el mercado como un mundo donde cada quién busca abusar del otro y regido por una máquina impersonal.
  • El tercer nivel es de imagen de sí mismo, y opera una fuerte valoración del mérito y de un mandato del esfuerzo (‘no digas que no puedes’ como escuché en un grupo de discusión). Este es un mandato particular, no es un evangelio de la prosperidad -lo que se valora es el esfuerzo, no el éxito. Y tampoco válida la desigualdad existente: los ricos se observan tanto como que no se esfuerzan tanto y, esto es más crucial, como los que ponen los obstáculos. La valoración del esfuerzo y del mérito no redunda en una valoración del modelo.
  • Finalmente, tenemos la valoración moral, y ella es más bien negativa. La forma de vida que el modelo favorece y fortalece no corresponde a una vida buena (genera una buena vida, un mayor estándar, pero no una vida buena, algo que es valorado en sí). La vida como debiera vivirse tiene otros parámetros (de una relación humana entre personas) que lo que se observa sucede en Chile.

Todo esto generó una subjetividad particular: una que sólo se entiende dentro del modelo (es generada en él); pero que no consiste en un plegamiento de la subjetividad al modelo.

El segundo argumento es sobre los efectos dinámicos de essa subjetividad. Ella estabilizó durante un tiempo el modelo más que por posibles efectos de des-politización sino más bien por el camino que ha seguido el rechazo al modelo. La reducción a la vida individual y personal (a cultivar el jardín en la formulación del Cándido de Voltaire) generó conductas en el consumo y en la producción que son precisamente las que el modelo requiere. El neoliberalismo, así, se nutrió de su crítica; pero al mismo tiempo no hay que confundir ello con una aceptación de esa vida. Si se quiere una ‘astucia de la razón neoliberal’, que logró transformar el rechazo en una de sus bases de sustentación.

La actual crisis muestra los límites de esa adaptación, sin embargo, la relación subjetiva con el neoliberalismo en contextos donde no era aceptado muestra que subestimar su capacidad de reproducción sería un error. El capitalismo (del cual el neoliberalismo no es más que un momento), finalmente, ha sobrevivido más de una vez a los agoreros de su caída.

Decidí que esto debiera escribirlo en inglés, así que el link aquí a esa versión.

El link aquí de la versión previa en español (uso el link a Research Gate)

Una observación sobre el incendio del Mall de Quilicura

Revisando Twitter me encuentro con un video que muestra disparos de Carabineros en la Plaza de Quilicura a personas que, así lo indicaba el tweet querían confirmar si las denuncias de tortura en el Mall eran ciertas. Me digo entonces que vivo a unas cuantas cuadras del Mall así que bien puedo ir para allá.

La ubicación del Mall es frente a la Plaza de Quilicura, lo cual implica que está a su vez cerca de la Municipalidad, del SAPU y al lado de la supuesta próxima estación del Metro. La Plaza había sido usada en días anteriores como centro de manifestaciones, y habían existido intentos de saqueo del Mall en otros días pero en general se lo había dejado más bien tranquilo.

Ahora bien, me acercó al lugar y en el camino observo mucho humo, que al principio no podía saber a que se debía (¿barricada? ¿lacrimógena? ¿algo se incendia?). Me acerco por un pasaje lateral y al salir de Avenida Matta me encuentro con unas personas que increpan a alguien que acaba de pasar con unas cajas. Al escuchar bien me doy cuenta que están retando a alguien que estaba saqueando, y el grupo de curiosos es bien enfático al respecto. Lo que me llamó la atención, porque en los saqueos del 19/20 Octubre, en la misma Quilicura, no observé ello.

Humo acercándome en dirección al Mall. En esos momentos no sabía a que se debía, luego observé que era fuego por incendio.

Me sigo acercando y en la calle que da hacia el Mall veo mucho humo y una barricada al medio de la calle, y una gran cantidad de personas. Al acercarme puedo ver que hay mucha gente viendo, que hay gente ingresando dentro del Mall y saqueando diversos bienes (no muchos en todo caso, no sé si porque se lo había saqueado antes, porque las tiendas del Mall, que tengo la impresión no estaba funcionando normal, habían sacado sus bienes o la razón qu esea). Pero si bastante gente sacando cosas.

Y veo llamas al interior del recinto. Las primera que ví estaban ubicadas fuera del recinto (creo haber escuchado que estaban quemando las piletas). Pero luego veo que el Mall se estaba quemando, y que el incendio se expandía.

En ese momento además me percaté que no había bomberos cerca (cuando posteé en Twitter una imagen, alguién mencionó que habían atacado a bomberos cuando se acercaba, no puedo asegurarlo puesto que no lo ví, pero sí puedo declarar que no ví a bomberos, lo que me extrañó), y que de la policía sólo estaba un helicóptero. Por otro lado, el SAPU seguía funcionando y enviando (y recibiendo) ambulancias. Y tengo que decir que la posibilidad que el incendio afectara el SAPU me empezó a preocupar.

Entre la gente alrededor escuché comentarios de diverso tipo. Algunos de cansancio y hastío (nuevamente, algo diferente a los que había escuchado el 19/20); otros muy ‘pragmáticos’ (literalmente, bueno disminuirán el precio de las casas así que podríamos comprar); y entre los grupos que estaban en el Mall o inmediatamente fuera muchos gritos contra Carabineros, cada vez que el helicóptero se acercaba.

Ya cerca de las 2030 el incendio del Mall estaba saliéndose de control
Y como dije el SAPU está al frente de donde se ubicaba el Mall. Como se puede observar mucha gente mirando el suceso (o sea, haciendo lo que estaba haciendo este servidor)

Al crecer el incendio preferí retirarme. En esos momentos pude ver a varias personas llevándose cosas, incluso algunos en automóvil. En uno de esos momentos apareció Carabineros (o al menos eso se dijo y muchos empezaron a correr). Y vi a algunos empezar a tomar piedras para enfrentarse a la policía.

Me quedé unos momentos en la esquina de O’higgins con Matta (que queda a una cuadra del ex-Mall y es una de las principales intersecciones de la comuna). Estando ahí escuché a algunas personas reclamando contra la falta de mano dura, o que el alcalde había pedido más presencia policial y n había pasado. Los grupos de capuchas se movían sin que pudiera determinar con claridad las razones de ello (en un momento muchos corrieron hacia el oriente), y en cualquier caso aparecían buscando cosas que poner en las fogatas de las barricadas.

Pasado un rato apareció un guanaco (al principio no estaba muy seguro pero después sí) que lo primero que hizo fue apagar la barricada de la calle, que estando con fuego estaba demasiado cerca del SAPU. Y luego procedió a intentar dispersar manifestantes. A partir de ese momento aparecieron más buses de Carabineros y lanzamiento de lacrimógenas. La reacción de la multitud fue, aparte de una gran cantidad de improperios contra Carabineros, la de seguir el bus de Carabineros.

En ese momento decidí que mi labor de observación podía entrar en contradicción con mi deseo de conservación así que me retiré. En el camino a unas cuantas cuadras del Mall y de todo el conflicto, en la cancha de fútbol Quilisport continuaban jugando fútbol.

Un partido de fútbol unas cuadras del incendio del Mall