Historia de las Tecnologías Sociales (IX). La expansión de la civilización (1200 AC-1500)

Una visión muy común de la historia al interior de las civilizaciones es una imagen cíclica de ella; la idea de imperios que surgen y caen (o dinastías, como es la impresión en China). En el largo plazo, una idea cíclica implica la ausencia de novedad: todo es pura repetición. Lo cual quiere decir, entonces, que desde el punto de vista estructural es todo lo mismo. La pregunta entonces es, ¿pasa algo al interior de la historia ‘civilizada’? Una vez que aparecen la forma de vida de la civilización ¿sucede algo importante antes de la emergencia de la ‘modernidad’ (que implica otro cambio en la forma de vida)? La pregunta es particularmente pertinente desde la perspectiva de una historia de las tecnologías sociales, o sea de esos arreglos institucionales, porque mucho de lo que sucede y que puede ser relevante desde ciertas perspectivas, lo es  menos mirado desde esta.

El problema resulta menor pensando en el período anterior -el de origen (del 3.000 al 1.200 AC): Simplemente describir los procesos y características de ese origen ya implica un cambio mayor, y darse cuenta que esas modificaciones no son instantáneas sino que se despliegan (y que es necesario aprender como vivir con ellas e ‘inventar’ todas las consecuencias de ellas) muestra con cierta claridad que durante esos 1.800 años pasan diversas cosas.

Si se piensa en el período que pasaríamos a describir ahora (1200 AC-1500), o sea 2.700 años, el tema es distinto. Es plausible decir que si se comparan las sociedades al inicio y al final nos encontramos más o menos en la misma situación: Sociedades agrarias, donde la base económica es el sector agropecuario, con una base tecnológica material común (el uso del hierro), y que se mantienen usando y desplegando las mismas herramientas sociales básicas (la ciudad, la escritura, el Estado). Mirado de esa forma, la imagen cíclica que tenían esas civilizaciones no parece ser muy errada: la historia sí parece ser mera repetición de lo mismo, con diferentes nombres y circunstancias. A lo más, uno podría encontrar un despliegue de las diversas formas de tener esa forma de vida (ciudades-estado e Imperios), pero no ninguna novedad que cambiara fundamentalmente las cosas.

La intención de esta entrada, y de las siguientes en la serie, es negar lo anterior. O más bien: negar la consecuencia que ‘no pasó nada’. La descripción anterior no es errada en su totalidad (son civilizaciones agrarias, que usan hierro, con la tríada ciudad-escritura-Estado), pero al interior de esa estructura común, en primer lugar, la variación existente es lo suficientemente amplia que tiene interés como tal y, en segundo lugar, que hay creación y desarrollo de nuevas estructuras y arreglos institucionales durante el período. La postura que criticamos sería como plantear que una vez que aparece la estructura y características de los animales que llamamos cordados no pasará nada después: que la aparición de cordados terrestres, o el huevo amniótico, o aprender a volar y así no fueran eventos de relevancia, puesto que todo se hacía con la misma base cordada.

El cambio más básico, y uno que ya apuntamos en la entrada anterior, es el mero hecho de la extensión de la civilización: Toda su expansión por la cuenca mediterránea y por Europa, su expansión hacia (Mali y Etiopía por ejemplo), en las estepas del Asia Central, a lo largo de todo el subcontinente indio, o en el Asia Sudoriental, sin contar que la civilización china pasa de estar centrada en el río Amarillo a todo lo que ahora cuenta como China, y además su expansión hacia Corea y Japón. La expansión de las tierras bajo la civilización implica, al mismo tiempo, su mayor conexión. Hacia el 200 se puede ya plantear la existencia de un cinturón de civilizaciones en el Viejo Mundo desde las islas británicas en las costas occidentales hasta el archipiélago japonés en sus costas orientales. Cinturón que, aunque procederá a tener algunas interrupciones, termina caracterizando de manera permanente el mundo ya en la segunda mitad del primer milenio de nuestra era (la ruta de la Seda, embajadas bizantinas en China y viceversa, y el mero hecho que las mercancías se transporten a través de ese cinturón etc.). Todo ello aporta al hecho que, como se mencionaba en la entrada anterior, entonces el hecho de la civilización, la forma de la civilización se consolide. Para recordar el ejemplo de debacle más conocido, la caída del Imperio Romano: Sí, es cierto que, por ejemplo, la vida urbana se repliega y lo mismo con la alfabetización, pero ni la escritura ni la ciudad desaparecen por completo, ni tampoco las formas y memoria de ese imperio (se siguió usando su lengua, su derecho, y siguió operando como ideal).

Además, se puede observar el despliegue de nuevos arreglos institucionales y sociales, que han resultado fundamentales para comprender la vida social. Es en estos años que se desarrollan lo que podemos llamar formaciones imperiales (unidades políticas que cubren muchas culturas, donde el problema de cómo gobernar grandes extensiones separadas por tiempos relevantes etc.), se generan religiones universales (de hecho, es la época que corresponde a la era axial de Jaspers), donde de hecho se crea la moneda, el dinero (con todo lo que ella implica para la operación de los mercados y la economía, y su relación con el Estado), en los cuales se genera y aparece la Educación Superior (en sus distintas versiones Academias, las distintas versiones de escuelas religiosas, Universidades etc.). Si bien no corresponden a desarrollos del mismo nivel que los vistos en la etapa anterior -no crear una nueva forma de vida social-, claramente estamos ante cambios que afectan de manera importante como funcionan las sociedades.

Las instituciones generadas en la etapa anterior también experimentan modificaciones. Algunas de ellas, se puede plantear, son efectos de las transformaciones que experimentamos en esta etapa. Con el desarrollo de los imperios, aparecen sus ciudades capitales; y la ciudad imperial (Roma, la Chang’an de los Tang o Bagdad) es un nuevo tipo urbano, que trae sus propios desarrollos y características. Los cambios experimentados por las instituciones de la civilización no se reducen a los del tipo anterior. Así, por ejemplo, tenemos la emergencia como forma civilizada de Estado de las repúblicas (tanto en el ámbito mediterráneo como en la India de acuerdo a mis pocos conocimientos); o todos los cambios experimentados por la escritura a lo largo de ese tiempo (desde el desarrollo de escrituras alfabéticas al desarrollo del libro como objeto, y la expansión de sus usos en la sociedad); y ello sin contar con procesos combinados (la interacción entre escritura y desarrollo del Estado que está en la base de diversas evoluciones del derecho). Un tipo de institución, como es evidente, no termina su evolución cuando se genera; y si bien concentraremos la atención en los nuevos tipos de institución (puesto que son los que con más claridad muestran que estas sociedades no pueden entenderse como una simple repetición cíclica), no se puede dejar de anotar dichas evoluciones de lo ya existente.

El lapso de tiempo que cubre la época es lo suficientemente largo para que resulte adecuado dividirlo en dos. En el primero (1200 AC-600) se observa la aparición de todas estas nuevas instituciones y es donde además se genera la parte más crucial de la expansión de la civilización: En los primeros siglos de la era común se genera por primera vez un cinturón de sociedades civilizadas en el viejo mundo desde sus costas atlánticas a su costa oriental. En los siguientes siglos muchas de estas formaciones entran en crisis, disolución del imperio romano de occidente, caída de la dinastía Han en China y del Imperio Maurya en India por ejemplo -siendo eventos de distinto tipo (repliegue de civilización en un caso, pérdida de unidad política pero sin repliegue del hecho de la civilización en los otros), pero son siglos de una crisis que, si bien no es simultánea, es relevante y que marca el fin de la cultura pre-religión universal. El punto de inicio de la siguiente fase es en siglo VII con la aparición del Islam, la más reciente de las religiones universales, con la cual aparece ya una estructura que sigue estando vigente en los tiempos modernos (en lo que concierne a la religión, que es parte importante de la vida social, ya están todos los actores relevantes hasta la actualidad). En esta segunda fase (600-1500) en algún sentido se consolida la existencia del cinturón de civilizaciones (es la era de la ruta de la Seda por ejemplo), y se sigue expandiendo el hecho de la civilización (por ejemplo, al norte de Europa); y aparece una pregunta que cada tradición ‘civilizada’ respondió de manera diferente: ¿cómo relacionar la nueva cultura de la religión universal con la vieja cultura clásica? Cada tradición (si se quiere, la ‘occidental’, la islámica, la india, y la china) respondió a ello de manera diferente. Esas características son suficientes para dar cuenta del tono de esa época.

Toda este período, de despliegue y desarrollo de la civilización, se cierra en el 1500. En particular, podemos insistir en 1492. La irrupción del viejo mundo en el nuevo implica a su vez no sólo la aparición de los primeros flujos realmente globales, sino que a partir del siglo XVI se empiezan a desarrollar (no necesariamente a crear, estas cosas tienen sus ‘preparativos’ en siglos anteriores, pero sí a adquirir cierto peso en la sociedad) los fenómenos de aquello que corresponde a la modernidad, entendida en términos de tecnología social. Defender que es a partir del 1500 que se puede hablar de modernidad, sin embargo, es materia que deberá ser desarrollada a su vez en otras entradas. Pasemos ahora a describir los cambios en las tecnologías sociales en el período que nos convoca, el de expansión y consolidación de la civilización.

Historia de las Tecnologías Sociales (VIII). La crisis del fin de la Edad del Bronce

Hacia el 1.200 AC, el rey Hitita, Suppiluliuma II, requirió de uno de sus vasallos, el rey de Ugarit (en la actual Siria), Ammurapi, asistencia contra una invasión desde el oeste, la que el vasallo entregó. Algún tiempo posterior Ammurapi envío (o intento enviar, la carta está en los archivos de Ugarit, por lo que no es claro si es una copia de archivo o no se entregó) la siguiente carta al rey de Alashiya (Chipre):

Dile al rey de Alashiya, mi padre, que el rey de Ugarit tu hijo dice: Caigo a los pies de mi padre. Pueda mi padre estar bien. Puedan tus casas, tus esposas, tus tropas y todo lo que pertenece a rey de Alashiya, mi padre, estar muy, muy bien.

Padre, los navíos del enemigo han estado llegando. Ellos han estado quemando mis aldeas y hecho malas cosas al país. ¿No sabe mi padre que todas mis tropas [y carros] están en Hatti [el imperio Hitita] y que todos mis barcos están en Lukka? Ellos no me han alcanzado todavía, por lo que el país no está defendido. Pueda mi padre informarse de esto. Ahora los sietes barcos del enemigo que han llegado han hecho malas cosas. Si otros navíos enemigos aparecen, envieme un mensaje para que pueda saber (Carta del rey de Ugarit al rey de Alashiya, citada en Marc van de Mieroop, A History of the Ancient Near East, Blackwell Publishers, p  194. Traducción al español propia)

Ugarit, hacia alrededor del 1.200 AC, era un típico reino de menor rango en Siria-Palestina, en una zona disputada por los grandes reinos de la época, estando en la zona de influencia de los hititas -tenía sus obligaciones hacia el Imperio Hitita (devolver a quienes se escapan, apoyo militar) a cambio de protección para la dinastía. Como casi todas las monarquías burocráticas de la época (en un área que va desde Egipto hasta Elam, en el sur del actual Irán, que incluye Anatolia y que alcanza a los reinos micénicos en la actual Grecia) el palacio administra directamente una parte importante de la economía (buena parte de los textos de la época son documentos contables), tiene un núcleo de gobernantes, junto a dependientes del palacio (que incluye a buena parte de la élite), un grupo urbano de artesanos y comerciantes, y un número de importante de campesinos empobrecidos en situación cercana a la servidumbre (por lo bajo, su libertad de movimiento se encuentra restringida, una parte no menor de las relaciones entre grandes poderes y reinos menores es sobre devolución de fugitivos).

Es en esta situación que aparece la crisis de la invasión de lo que los egipcios llamaron ‘los pueblos del mar’, y que era a la que estaba respondiendo Suppiluluima II. Mucha investigación se ha desarrollado en torno a si puede caracterizarse como ‘invasión’, como una migración o como movimientos más internos; lo que sí es claro es que representa una crisis para las sociedades civilizadas y estatales. El imperio Hitita se desintegra, al igual que la civilización micénica y muchos de las ciudades (aunque no todas) en el área sirio-palestina, Asiria y Babilonia reducen la escala de su cultura urbana (de hecho, es en el 935 AC cuando volvemos a tener documentos escritos en Asiria y los asentamientos urbanos se reducen a un 25% de su tamaño con respecto a finales del tercer milenio), y Egipto es el reino que mejor sobrevive la crisis; y las fuentes egipcias, propagandísticas y todo, remarcan un hecho real -la sobrevivencia del reino de los faraones en comparación con sus rivales de siglos, los hititas.

Una crisis de esta magnitud implica, en general, dos cosas. Por un lado, un evento que la desencadena -en este caso, independiente de la interpretación general, de un hecho de alta violencia. Por otro lado, una condición que hace posible que ese evento genere dicha crisis: estamos hablando de sociedades que se han debilitado, donde la capacidad de los Estados de efectivamente controlar y dirigir a sus poblaciones (y de contar con lealtad por parte de ellas) es débil, donde la situación de explotación del campesinado no parece muy viable (o al menos, que pueda soportar una crisis). El hecho que Egipto, uno de los más ‘territoriales’ de los estados existentes, con una identidad bastante fuerte, soportara mejor la crisis, algo nos dice de los factores que la causan.

Es importante destacar la magnitud de la crisis. Caída de imperios y de ‘civilizaciones’ ya había ocurrido con anterioridad. Las sociedades civilizadas se habían extendido y contraído, reinos habían aparecido y desaparecido (Mittani por alrededor de dos siglos constituyó uno de los grandes poderes antes de desaparecer, y el lapso de su importancia es similar en extensión a la historia de Prusia). Lo que tenemos ahora es una crisis más o menos general; y donde en muchas de esas zonas simplemente la formación ‘civilización’ desaparece. Todas las zonas que para el 1.200 llevaban cerca de dos milenios de civilización se enfrentan a un debilitamiento de ella (una debilidad de esa forma de vida que es vivir en ciudades, con escritura, con Estados etc.). Las zonas donde ello no ocurre son lugares donde la civilización se está más bien formando (la dinastía Shang en China) o donde se está lentamente reformando (como en el período védico en India, que después de la caída de la civilización de Harappa está todavía re-creando formaciones estatales, las que en realidad se desplegarán un par de siglos más tarde).

La magnitud de la crisis nos hace ver a su vez otra característica de ella. Mittani, Ugarit, el Imperio Hitita -todos ellos son cosas olvidadas. Los griegos del período clásico -los autores que todavía leemos, Tucídides, Platón- desconocían el pasado de la civilización micénica; sabían sobre ella menos que nosotros. Se puede recordar que todas las escrituras de la época han tenido que ser re-descubiertas, porque fueron olvidadas con posterioridad. Todo este pasado se perdió. Ese pasado no se pierde en el 1.200 AC necesariamente -las civilizaciones egipcia y mesopotámica entraron en crisis y no desaparecieron, se siguió escribiendo con jeroglíficos o con escritura cuneiforme,

Y esa es la principal diferencia con el período que se va a abrir a continuación. La edad del hierro, el metal que será central para las civilizaciones posteriores, podrá experimentar crisis y caídas de civilizaciones, lo que simplemente no volverá a ocurrir es un olvido total. Hubo que redescubrir el Poema de Gilgamesh y descifrar el Lineal-B, la escritura de la civilización micénica; ello no ocurrirá con los Vedas, la Odisea, y -aunque ha experimentado continuas variaciones- hay una descendencia lineal entre la escritura china en las inscripciones Shang y la escritura moderna (y varios caracteres son, de hecho, legibles todavía). La caída del imperio romano representa, todavía, una imagen de decadencia y caída de civilización; y sin embargo Roma nunca fue olvidada, este texto se escribe con las letras de Roma y el propio latín jamás desapareció. La continuidad y la memoria son cosas que ahora casi damos por descontadas, pero sólo lo son -a decir verdad- a partir de la siguiente etapa, tras el fin de la edad del bronce y el inicio del hierro. Al mismo tiempo que adquirirá continuidad, el hecho de la civilización va a expandirse -y ambas dinámicas, se puede argumentar y es lo que haremos en las siguientes entregas, están en asociación.

La historia de los siguientes 2.700 años (del 1.200 A.C hasta el 1.500) es una de expansión y de consolidación; en la que -además- se generan nuevas instituciones (por ejemplo, todas aquellas que dicen relación con formaciones imperiales o con religiones universales de salvación). Dicha expansión y consolidación produce que actores, eventos y procesos sean todavía conocidos y recordados -César, Gengis Kan, Mahoma etc. No comparten la suerte de Ugarit, que después de los sucesos con los que iniciamos esta entrada, no sólo es arrasada por los ‘enemigos’ sino que es abandonada por alrededor de 1.000 años y toda su historia (y este drama de fiel vasallo que envía sus tropas y que por eso mismo queda sin defensa) pasa al olvido y se desvanece.

Historia de las Tecnologías Sociales (VII). La Emergencia de la Estratificación. Elites y Subordinados

Las comunidades humanas, en su origen, eran más bien igualitarias. Ello, al menos, en lo que concierne a los recursos económicos y materiales. Simplemente, las capacidades para acumular recursos por parte de un individuo y por parte de un linaje eran más bien escasas; en particular, las capacidades de defender esa acumulación. Dicha capacidad aumenta con la sedentarización, pero sigue siendo más bien baja en aldeas y campamentos. En cualquier caso, con ello ya empieza la marcha de la desigualdad.

Conste que hemos hablado de la desigualdad de recursos materiales. Es altamente probable que liderazgos y otras formas de influencia y poder personal hayan existido en todos los niveles de complejidad social. Sin embargo, ello en la aldea y el campamento no parece traducirse en diferencias tan amplias de recursos. Al menos, en comparación con lo que provendrá después.

La desigualdad aumenta progresivamente con el aumento de la complejidad social, o si se quiere: con la capacidad de la sociedad para producir y generar más actividades. La mayor complejidad de los monumentos y la mayor desigualdad de las tumbas suele ir de la mano (conste que es un ‘suele’, suficiente divergencia hay en arqueología para dar esto como regla universal, pero es claramente un camino común).

La aparición de las civilizaciones, la tríada ciudad-escritura-organización, ha implicado en general un aumento de la desigualdad. No su aparición, ella ya existía con anterioridad; y las así llamadas jefaturas, que son previas a la aparición del Estado, ya muestran niveles relevantes. En todo caso, con la civilización la desigualdad aumenta. Cuando ella puede observarse no sólo en las tumbas sino en los esqueletos (diferencias de estatura por ejemplo) la inequidad está presente en un alto grado.

Sin embargo, lo que aparece y se desenvuelve con la civilización no es solamente la desigualdad como tal; además, se puede argüir, se desarrolla la estratificación. Con esto me refiero no solamente a que diversas personas (y linajes) tengan acceso a diferentes recursos, es que diversas personas (y linajes) tienen derechos y potestades diferentes. Hay libres y siervos; hay personas privilegiadas (por ejemplo, ante impuestos) y personas que no lo son. Y así sucesivamente. Nuevamente, ello no aparece con la civilización y el Estado, formas de servidumbre hay en sociedades pre-estatales; lo que sucede es que ellas se desarrollan de manera más fuerte en este nuevo medio social: Las leyes y regulaciones reconocen la diferencia de personas, la diferencia de dignidad y de derechos que debe ser reconocida. No se trata igual, no se sancionan igual las faltas, no tienen por derecho acceso igual a recursos y premios etc.

Es importante marcar la diferencia de la estratificación con la desigualdad. En última instancia, la desigualdad es una situación de hecho (hay quienes manejan más recursos que otros), lo cual tiene consecuencias sobre temas legales (por ejemplo, la propiedad implica todo un conjunto de sentencias sobre traspasos, sobre robos etc). Pero la estratificación, diferenciar la calidad de las personas, es un asunto de derecho desde el inicio, que se sostiene y se implanta a través de decisiones y regulaciones. Es por ello que adquiere más fuerza al aparecer organizaciones que implantan y desarrollan decisiones vinculantes y establecen regulaciones estables.

El fortalecimiento de la desigualdad y la estratificación tiene que ver con la concentración de poder y de actividad que implican estas nuevas formaciones (o al menos eso se puede argumentar). Por un lado, una mayor concentración de actividad implica una mayor oportunidad para la desigualdad -hay más recursos y se acrecienta la posibilidad de acumularlos; por otro lado, una mayor concentración de poder implica una mayor capacidad para proteger esa distribución desigual. Es uno de los usos más antiguos del aparato coercitivo creado con la civilización.

Más aún, si se toma en cuenta que en este período la desigualdad está altamente asociada al poder político. El uso del aparato coercitivo para generar y proteger la desigualdad no es sólo, o tanto, en la forma de ‘la ley se inventa para proteger la propiedad’ sino en la forma directa que quienes se apropian de los recursos lo hacen a través de  medios políticos. La existencia de mercaderes desde los inicios de la civilización (y hay documentación relevante de los comerciantes asirios en Anatolia, como de los comerciantes del sur de Mesopotamia comerciando a lo largo del golfo pérsico) nos indica que no toda acumulación de recursos fue por medios políticos, pero claramente fue una manera dominante. Los señores, los dueños de la tierra y de los recursos, no estaban separados del poder político. La élite política es, al mismo tiempo, la élite económica. Si bien antes del Estado es posible que quienes actuaran de líderes no tuvieran una acumulación de recursos mayor, eso deja de ocurrir. Los gobernantes acumulan recursos a escalas inimaginables previamente, y incluso con posterioridad.

Para construir las pirámides se requiere el control de una cantidad de recursos (en materiales, en cantidad de trabajo) bastante alta, y que no dejan de ser importantes inversiones del conjunto de la economía. Y todo ello para producir tumbas para los gobernantes. Son, en ese sentido, una muestra concreta de procesos de desigualdad y de estratificación.

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Pirámides de Guiza. La Gran Pirámide de Keops, circa 2.570 AC. Una demostración de desigualdad

La civilización, entonces, implicó la generación de élites y subordinados. Ahora bien, ¿Qué tipo de grupos sociales son los que normalmente se generan? Están los segmentos asociados al control administrativo -los escribas-, los funcionarios y sacerdotes de los templos, los dependientes de los palacios (que incluyen desde soldados a trabajadores manuales), comerciantes, artesanos, campesinos, siervos, esclavos etc. La emergencia de la ciudad, ya lo indicamos anteriormente en la entrada correspondiente, implica una mayor división del trabajo, y la diferenciación funcional de esos roles está asociada a un mayor dinamismo de la economía. El hecho que todas esas divisiones puedan constituirse en una diferencia de calidades de personas (con mayores o menores derechos) se debe a la incrustación en ella de esta capacidad de producir desigualdad que generan la civilización, y en particular el Estado.

La aparición de la desigualdad, y de la estratificación, generan a su vez asuntos de ‘política pública’. ¿Cómo lograr que los desposeídos, aquellos que tienen menos derechos, acepten esa situación? ¿O al menos se comporten de acuerdo a esas pautas? Se exploraron, si se quiere, diversas alternativas. Desde la fundación teológica -el soberano es un Dios, así que se le hace caso y recibe los recursos del resto de la población como cualquier Dios; a la presentación del soberano como protector del débil -logrando que el fuerte no abuse del débil (como vimos es como se presenta Hammurabi); al simple recuerdo del poder y de la fuerza. De hecho, las mismas sociedades usaron diversas alternativas con el paso del tiempo. De hecho, parte del relato de la crisis con la que hemos elegido terminar esta primera fase de la historia (el cierre de la etapa del inicio) puede entenderse a partir de estas dinámicas. Puede que la lucha de clases no sea el motor de la historia, pero dado que el nacimiento de la civilización está unido al aumento de la desigualdad y la estratificación, los conflictos entre diversos grupos acompañan estos desarrollos desde la aparición de las sociedades estatales.

 

Durante alrededor de dos milenios (hasta el 1.200 AC) estas nuevas formaciones sociales que podemos llamar civilización (esta tríada ciudad-escritura-Estado) cambia la vida social. La manera de vivir, las posibilidades de existencia (digamos, la posibilidad de ser un escriba, de ser un artesano especializado en un palacio, de ser un mercader ‘internacional’ entre Estados, de ser un capataz de una cuadrilla de trabajadores etc.) se diversifican y aparecen muchas nuevas formas. Incluso para la forma de vida que existía previamente -el campesino en una aldea- el mero hecho que existan ciudades o Estados cambia, al menos indirectamente, las cosas: puedo ser afectado por un recolector de impuestos, la propiedad de la tierra queda registrada de manera escrita (y puede ser intercambiada) y diversos contratos escrito en que puedo estar involucrado y aunque yo quizás no participe de ellas, si soy afectada por ellos. El hecho que esté documentado, por ejemplo, la pérdida de terrenos por deuda o la práctica de adopciones falsas (el campesino vende su tierra al adoptar de manera ficticia a un hijo, que es el comprador, que fue una práctica relativamente usual en Mesopotamia para obviar la prohibición de venta de tierra), es una muestra que la vida del campesino también es ya distinta en esta nueva forma social (sin contar que la mera existencia de la ciudad permite la posibilidad de la venta de productos a ella, y ya sea que el campesino aproveche de ello, o sea explotado en esa producción, el caso es que le afecta).

Esta nueva forma de vida, en todo caso, todavía no alcanza plena estabilidad. La primera expansión urbana, que es incluso algo previa al nacimiento de esta forma, entró en crisis con cierta rapidez; y el ciclo de caída de dinastías en más de una ocasión implica una crisis de esta forma de vida: Que donde existían ciudades y Estados, estos desaparezcan posteriormente. Durante todo este período la forma de vida civilizada nunca perece como tal, y en los núcleos básicos (Egipto y Mesopotamia) es más o menos permanente. Sin embargo, sigue siendo más bien frágil y limitada en términos espaciales. La crisis del 1.200 AC, materia de la siguiente entrada, es una muestra de ello. Tras dicha crisis, en todo caso, se entrará en un proceso de consolidación y de expansión, pero ello abrirá otra etapa distinta, ya alejada de las dinámicas iniciales de la civilización. En cualquier caso, estas etapas iniciales cubren alrededor de 1.800 años (entre el 3.000 y el 1.200 AC, en los cortes algo arbitrarios que estamos usando), que no dejan de ser una parte importante de todo el conjunto de la historia de la ‘civilización’ (que cubre alrededor de cinco milenios en última instancia). El inicio fue una etapa muy larga, generar la vida ‘civilizada’ y aprender a vivir en ella es un proceso que tomó un tiempo no menor.

Historia de las Tecnologías Sociales (VI). Nacimiento de las organizaciones y del Estado

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Estela del Código de Hammurabi (alrededor de 1754 AC)

De todas las entradas dedicadas a la emergencia de nuevas instituciones sociales con el nacimiento de la civilización, esta es la que resultó más compleja. No tanto por lo que hay que decir, que dado que estoy en estas entradas sólo poniendo las ideas centrales, siempre lo tuve relativamente claro; sino más bien por su denominación: ¿La tecnología social a destacar son las organizaciones ? ¿O el Estado?

Se puede defender fácilmente la idea que lo que se debe destacar es el nacimiento de la organización formal: Puesto que incluye al Estado, pero no se limita a éste, y la idea en sí de la organización (una entidad completamente distinguida de los individuos que operan en ella, que posee y se le reconoce capacidad de acción) es lo radicalmente nuevo. Por otro lado, si bien desde los inicios el hecho organizativo no se ha reducido al Estado, es claro que la principal organización en muchas de estas sociedades fue el Estado, y buena parte de lo que distingue a estas sociedades tiene que ver con la emergencia de ellos: impuestos, ‘códigos legales’, ejércitos, campañas de conquista, reyes -y sus monumentos y palacios; y así. Si bien la ciudad y la escritura cambiaron la vida social, también hay que reconocer que para muchos campesinos esas innovaciones eran más bien lejanas, o a lo más de influencia directa; la aparición del recolector de impuestos o el paso o rapiña de los ejércitos reales, aunque fueran infrecuentes, eran cosas que sí podían afectar su vida más directamente. Del lado positivo se podrían mencionar la capacidad de desarrollar obras de irrigación que requerían la organización de grandes cantidades de personas, pero no estoy seguro si ello requería el Estado o bastaba con el hecho organizativo. La capacidad de la acción coercitiva, en cualquier caso, es uno de los cambios más relevantes en la historia social.

Por ahora nos limitaremos a mencionar ambos en la misma entrada.

La emergencia de la organización y su separación del individuo.

La aparición de la organización formal va más o menos de la mano con el desarrollo de la escritura que se destacaba en la anterior entrada de esta serie. Y ya decíamos allí las razones de ello: la escritura favorece la separación de la información con respecto a un individuo en particular, y esa separación es fundante del hecho organizativo: Cuando mi derecho a una acción o un recurso me es asignado por parte de una organización y en tanto cumplo un rol en ella (soy un funcionario). Es en tanto tengo el cargo de supervisor de la bodega es que recibo ciertos recursos y tengo ciertas responsabilidades. Lo que se requiere es que existan bienes y recursos que ya no son propiedad personal de una persona o de un grupo, sino que son propiedad de esa organización -que los administra y distribuye.

La separación entre los individuos y su rol organizativo, y la capacidad separada de la organización para ser sujeto de propiedad (o para tomar acciones -que tenga sentido decir que es tal empresa la que compró algo, no tal persona), es el mecanismo fundamental de una organización; y al mismo tiempo, es también fundante el hecho que nunca llega a ser completa. Las personas nunca dejan de ser individuos, y no sólo cumplidores de sus roles, y así siempre existe el lado informal; y todos los fenómenos del patrimonialismo y del feudalismo tienen que ver con la dificultad de mantener esa separación. Sin embargo, difícil o no, parcial o no, ambigua o no, mientras esa diferencia exista, tenemos una organización.

Al menos en el caso mesopotámico se puede plantear que el hecho organizacional es previo al hecho estatal. O quizás, que es previo al hecho estatal secular. Las primeras organizaciones son los templos, que funcionan como unidades económicas. El hecho que, en principio, los terrenos y bienes del templo son del Dios de ese templo; y que ese Dios sólo puede actuar por funcionarios humanos, es quizás uno de los elementos que permite que emerja esta separación de unos bienes y recursos que son propiedad no de individuos o grupos, sino de la organización (son del templo); y sobre los que se toman decisiones por funcionarios, que son ‘remunerados’ por esa organización (los funcionarios del templo). Si estos templos-organizaciones son equivalentes a un Estado depende de la capacidad que ellos tuvieran para ejercer coerción fuera de los bienes del templo, o si creemos que la economía de esos templos cubría toda la economía de la ciudad.

 

La emergencia del Estado. Las dinámicas de la concentración del poder coercitivo.

En cualquier caso, con la aparición del palacio -o sea, de una organización que se centra en torno a un líder seglar- que podemos decir que aparece algo que corresponde a un Estado. Puesto que los palacios no se limitan a ser grandes organizaciones -que administran una gran cantidad de bienes propios; que por cierto, también son -entre las tabletas de un rey como Hammurabi no tenemos sólo edictos y decisiones de un rey, tenemos varias que corresponden a las de un latifundista, en relación con sus propios terrenos. Esta organización adquiere derechos coercitivos sobre todo un territorio: En otras palabras, puede cobrar impuestos, tomar decisiones judiciales vinculantes, entrar en guerra con sus pares y con otros, desarrollar obras públicas etc; y, por cierto, además de las actividades simbólicas que representan a la comunidad (dirigir festivales, por ejemplo, es una de las actividades típicas de un rey).

Aunque el hecho organizativo no se limita al Estado (y corresponderá cuando esto se escriba en profundidad explorar la emergencia de la firma comercial por ejemplo), es cierto que -con distancia- el principal actor organizativo de toda esta primera fase de la civilización es el Estado. Aparte del Estado no hay otras organizaciones con sus recursos, con su división de tareas entre funcionarios especializados, que mantenga a tantas personas etc. El hecho que, por ejemplo, vasijas estandarizadas para distribuir raciones (una de las formas de ‘remuneración’ de la época), se encuentren entre los objetos más comunes en la III dinastía de Ur hace recordar su importancia. De hecho, la complejidad de las organizaciones en esta su primera aparición se puede incluso aducir será mayor que lo ocurrido hasta siglos posteriores, y al menos se puede decir alcanzó igual nivel de complejidad: Las tabletas nos muestran, por ejemplo, el manejo de la idea de días-persona de trabajo (que implica cierta capacidad de abstracción y de estandarización de la idea de trabajo). El número de tabletas conservadas de dicha dinastía es de alrededor de 25 mil, y en algunos casos se puede observar que la muerte de una oveja quedó registrada en al menos tres de ellas. Aunque esa dinastía es claramente un caso exagerado de presencia y poder administrativo, el caso es que Estados con organizaciones fuertes es una característica común en el período inicial de la civilización (en la edad del Bronce).

No por nada entre varios investigadores se extendió la idea que la  economía administrada -la que caía bajo esta organización- cubría casi toda la economía: la idea se mostró insostenible, y la aparición de una economía no-administrada, de intercambios más o menos libres entre personas, ha sido demostrada. Y sin embargo, la importancia de la economía administrada no deja de aparecer: el artesano especializado que vende sus servicios tiene muchas veces su empleo principal en la organización (que es la que genera la demanda permanente que le permite existir) y procede a actuar en el mercado como forma de complemento. La identificación entre Estado y organización, por un lado, y entre Estado y sociedad, por otra, son erradas, pero tienen su fundamento, en el hecho que el Estado es la principal organización, y que, por lo tanto, adquiere una posición particular por el simple hecho que no hay ninguna concentración de poder y recursos similar. O para ser más precisos: que las únicas entidades similares son otros Estados. No por nada, una de las reacciones comunes entre sociedades no-estatales al enfrentarse a las sociedades estatales ha sido la de desarrollar sus propios Estados (estados secundarios siendo el nombre usual): ese tipo de organización parece ser el modo más sencillo de confrontar esa concentración de poder que es el Estado.

El hecho que el Estado es una concentración de poder y recursos nos permite, creo, entender además porque la aparición de un Estado es tan universal en las sociedades que adquirieron la tríada ciudad-escritura-organización. Al fin y al cabo, habría sido posible que el hecho organizacional-administrativo no generara un Estado, sino que las organizaciones quedaran simplemente insertas al interior de una ciudad, como su unidad más fuerte, pero sin cubrir todo el espacio. Al fin y al cabo, no se requiere Estado, por ejemplo, para generar decisiones judiciales vinculantes -las comunidades pre-estatales no logran sin el aparato administrativo-; y la comunidad de una ciudad (y sabemos que al menos las ciudades mesopotámicas tenían niveles importantes de identidad común e instituciones comunitarias como asambleas) que podrían haber tomado esos roles. Y sin embargo, eso no ocurrió, o al menos no pudo establecerse como algo estable.

Simplemente, una organización es una concentración de poder y recursos que es mucho mayor que cualquier otra. Una vez que ella emerge, el paso de ser una institución poderosa a ser una dominante, y de ahí a constituirse en una (dado que no hay otra) que cubre todo el territorio son pasos sencillos. La emergencia de un estado territorial -que incluye más allá de una comunidad urbana- además establece con claridad la emergencia de una organización que se constituye en un espacio más allá de donde puede operar una comunidad: Si un estado territorial genera una comunidad ella es siempre una ‘imaginada’, para reusar esa frase. Sólo un Estado puede operar a ese nivel. Y es un nivel que se alcanzó con rapidez en Egipto (donde el valle del Nilo facilitaba crear una unidad) y que si bien se demoró bastante más en Mesopotamia, ya entre Sargón de Akkad (2334-2884 AC) y la III dinastía de Ur (2.112-2004 AC) queda ya establecido (la distancia son siete siglos, lo que nos separa de Dante, no es un período menor, aun cuando se reduzca a unas pocas páginas en los libros y aquí a un par de líneas). El caso chino si bien muy posterior, es al menos otra dinámica de estado primario, también es una muestra de un estado territorial relativamente temprano. Generado un polo de poder, con una capacidad mucho mayor que la de cualquier otro, la formación de una agencia concentrada de poder coercitivo resultó, si no fácil, al menos imposible de evitar.

Si bien el Estado, como recordábamos en la entrada en cuestión, es una dinámica diferente del de la ciudad, cierto que existen relaciones entre ellas. Fundar,una capital para el rey, crear una nueva ciudad, es una actividad que muestra la relevancia de una base urbana de poder para el Estado (El ejercicio de fundación, en todo caso,  no es universal, y en el cercano oriente es más común en la zona norte de Mesopotamia que en el sur; pero su existencia en sí muestra que la ciudad es relevante). La concentración de poder político y la concentración de población y de actividad parecen fortalecerse entre sí.

Una característica que en esta entrada sólo mencionaré, pero que debiera ser materia de expansión cuando se escriba el texto. es la pregunta de la forma política de estos Estados: todos son básicamente monarquías. ¿Por que cuando emerge el Estado es tan común esa forma? No parece existir formas republicanas, como ocurrirá prontamente en esa expansión de lo urbano en el Mediterráneo en el primer milenio A.C (y al parecer, también aparecen en India por ese mismo período). Y al menos en el caso mesopotámico, tenemos -como ya se indicó- comunidades urbanas importantes y una conformación de ciudades-Estado que se mantuvo durante varios siglos. Pero allí fueron (como en el caso de la civilización maya) gobernadas por reyes (la otra alternativa discutida es teocracia, o sea la dominación del sacerdote principal).  Aquí sólo dejamos la pregunta.

 

El Estado y la sociedad. Ejército, impuestos, decisiones judiciales, obras públicas.

Hasta ahora nos hemos concentrado en el hecho basal del Estado -en la aparición de una organización formal que tiene una pretensión efectiva sobre todo un territorio sobre el cual ejerce un poder coercitivo. ¿Qué significa eso en concreto? ¿Qué hace un Estado más allá de ser una organización, o sea de tener funcionarios y recursos propios?

Ejercer un poder coercitivo implica dos cosas básicas. Primero: tiene una capacidad coercitiva de extraer recursos. En otras palabras, impuestos. No hay Estado sin impuestos, y no hay impuestos sin Estado. La otra posibilidad son los recursos propios de la organización estatal (en otras palabras, lo que puede extraer de los terrenos que son de su propiedad). Ambas cosas son combinables (el Estado puede pretender que todo el terreno es de su propiedad, y por lo tanto los recursos que extrae de los hogares siempre fueron suyos); el caso es que -sea como sea- para que pueda operar se requiere poder extraer recursos. Segundo: para poder ejercer coerción se requiere tener disponible de una fuerza, La fuerza puede no ser el medio más común, y su uso recurrente siempre implica una falla o una crisis de la operación, pero siempre está ahí operando: En principio, es mejor que los hogares entreguen sus recursos o las decisiones judiciales se realicen sin requerir la fuerza, por la pura autoridad, pero la fuerza está disponible. El ejercicio de la fuerza no se reduce al uso interno, una posibilidad es la de extraer recursos expoliando otros territorios -y la figura del conquistador, o al menos, del victorioso guerrero, acompaña a buena parte de los dirigentes desde los inicios, y las celebraciones de los recursos que se traen hacia el Estado (materiales y simbólicos) comunes. La cara ofensiva implica, inmediatamente, la cara defensiva -y el ejercicio de crear guarniciones de defensa y de murallas defensivas también resultó común.

Las dos operaciones anteriores son las que permiten que un Estado exista: obtener recursos de forma coercitiva, y la construcción de esa capacidad de ejercer coerción. Si se quiere, el orden administrativo, la organización, cuando se transforma en Estado (o sea, cuando va más allá de los límites de sus recursos ‘propios’) necesita de esas operaciones. Como ya dijimos, la operación es más fluida en la medida que la fuerza no se ejerce de manera permanente y de manera ostentosa. Esto implica, entonces, que el Estado debe realizar operaciones que transformen su dominación en legítima.

Lo primero es la ejecución a través de medios estatales de algunas funciones básicas. Inicialmente, y durante este período, podemos decir que hay dos fundamentales, o al menos hay dos operaciones materiales fundamentales.

La primera es la judicial. Aunque hacer juicios y lograr que esas decisiones sean vinculantes ha sido realizado fuera de los Estados, con su aparición, la potestad de tomar decisiones judiciales pasó a dicha institución. Si hacer valer una decisión judicial es finalmente un asunto que involucra fuerza, que la institución que posea esa capacidad la tome, resulta fácil. He enfatizado el tema judicial más que lo relativo a la ‘ley’: Es claro que el Estado hace de juez desde sus inicios, pero no es claro que tome la función de legislador de inmediato. Buena parte de lo que aparecen ahora como códigos pueden ser entendidos más bien cómo ‘antologías’ de decisiones judiciales (que muestran que el rey es un buen juez), más que como leyes; y cosas como edictos pueden ser entendidos como decisiones particulares más que como leyes que regulan y ordenan. Con la escritura, y la conformación de ciudades, aparece además un campo relativamente amplio para juicios sobre propiedad: la propiedad queda registrada (y se pueden hacer contratos sobre ella), y la emergencia de ciudades y estados territoriales lleva estos temas más allá de lo que puede manejarse al interior de una comunidad dada (de una aldea); y todo eso lleva entonces al uso del Estado para resolver estas controversias. Aunque sólo parte de estos temas pase a través del Estado, el caso es que esta posibilidad existe, y permite disociar la propiedad de los recursos del ámbito de la comunidad concreta.

La segunda son las obras públicas. Una de las más cruciales, porque es una de las que entrega beneficios más claros, son las de irrigación. La relación de estas obras con el Estado tiene, al menos, dos caras. Por un lado, la organización de trabajo que requiere la irrigación (en particular la más compleja) se facilita con la aparición de estas organizaciones coercitivas, que precisamente pueden disponer de esos recursos. Por otro lado, la irrigación implica la transformación de todo el territorio (puesto que cambia la distribución de las aguas para todos), y en ese sentido lleva a una asociación que cubre todo ese territorio (que tiene pretensiones para tomar decisiones sobre todo éste). Pero las obras no se reducen a lo anterior: También tenemos construcción (y reconstrucción) de templos, de ciudades, de murallas, de caminos y otros. Algunos de ellos pueden realizarse sin Estado, pero nuevamente la aparición de una agencia coercitiva facilita el que esas tareas pasen a ella; y en algunos casos, como ya planteamos sobre grandes obras de irrigación, la relación parece ser mucho más estrecha.

Varias de las obras públicas que mencionamos anteriormente son de carácter simbólico, y con ello pasamos a la última forma de relación entre el Estado y el resto de la vida social: la propaganda y la ideología. Con el Estado surgen, al mismo tiempo la necesidad de justificar el hecho de gobernar. En algunos casos, esto proviene directamente de la religión -el gobernante es un Dios, en otros se enfatiza el carácter justo y bueno de ese gobierno, el gobernante como pastor y protector de la comunidad; o, lo que también era común, simplemente el carácter fuerte y el poder del gobernante.

Esto se realiza tanto a través de ceremonias públicas, que todos pueden ver, y también a través de textos escritos (muchas veces monumentales). Ahora bien, ¿para quién se escriben esos textos? Esto es relevante, porque del contenido de ese trabajo de justificación conocemos más bien por textos escritos, o sea, en buena parte, por esas inscripciones en monumentos. La sospecha es que son textos hacia la élite (la que podía leer). El trabajo de propaganda es, en buena parte, propaganda ‘interna’ -hacia el interior de la élite (no exclusivamente, la propaganda externa, hacia el resto, bien está en las ceremonias y en los propios monumentos).

Los mensajes pueden verse como pura propaganda, y en ese sentido no dirían nada de la sociedad. Sin embargo, que se elija uno u otro tipo de mensajes (presentarse como rey fuerte, como rey justo, como rey Dios) dice de esa sociedad -dice de lo que es aceptable y de lo que efectivamente justifica. El mero hecho que esos mensajes existen, que el Estado se presente ante la sociedad, ya nos plantea que -por toda su concentración de poder- está el problema perenne de la aceptación de la ‘gobernabilidad’.

Siempre nos podemos preguntar por la efectividad, por la ‘realidad’, de esas declaraciones. ¿Cuán justo es el rey que se presenta como justo? ¿Cuanto efectivamente protege un rey que se presenta como pastor? ¿Cuán fuerte es el rey que se presenta como poderoso? Si bien las declaraciones son declaraciones, tampoco las declaraciones son sólo declaraciones. Producen expectativas y generan acciones.

Como ejemplo de lo que hace un Estado al inicio de esta entrada está la estela donde Hammurabi inscribió su código, que es precisamente una demostración de estas operaciones ideológicas. El Código en sí es una antología de sus decisiones judiciales, que muestran -en concreto- la justeza de su reino; en la introducción  nos dice como el Dios Marduk lo convoca a llevar la justicia y en el epílogo narra su reinado. Es un ejercicio de justificación de su reinado. En el epílogo nos dice:

Let the oppressed, who has a case at law, come and stand before this my image as king of righteousness; let him read the inscription, and understand my precious words: the inscription will explain his case to him; he will find out what is just, and his heart will be glad, so that he will say [sigue alabanza a Hammurabi] (Traducción de L. W. King)

No entremos ahora en el tema de cuánto creerle a la inscripción, sino centrémonos en otro tema: La estela habla de un oprimido que puede leerla y que puede encontrar la justicia. ¿De donde aparece esta figura del oprimido que necesita justicia? En otra parte de la estela, se nos menciona la figura del fuerte que oprime al débil. Se requiere, entonces, en la siguiente entrada de esta serie tratar el tema de la aparición de las clases y estratos sociales -que aparecen al mismo tiempo que aparecen los otros elementos de la civilización.

Nota. Hemos usado en las fechas mesopotámicas la cronología media.

El punto es la crueldad. Una cita de las memorias de Zweig y la llegada del nazismo a Viena

Hitler n’était pas depuis huit hours maître de la ville qu’on prit un arrêté bestial interdisant aux Juifs de s’asseoir sur un banc -une de ces mesures qui visiblement n’avaient été inventées que dans le dessein sadiqur de tourmenter perfidement (Stefan Zweig, Le Monde d’hier, p 473, Le Livre de Poche)

El Mundo de Ayer, las memorias de Stefan Zweig, literato vienés de ascendencia judía. es un libro bien interesante para observar el cataclismo que sobre la civilización burguesa de Europa significó la 1a guerra mundial, y todo lo que ella desencadenó. Hacia los capítulos finales aparece el régimen nazi, y su implantación en Austria, y ahí aparece la cita anterior.

En años recientes se ha discutido bastante, a propósito de los populismos de derecha, sus similaridades (y diferencias) con esta versión anterior de populismo de derecha; y muchas veces se ha mencionado que todo partió con pasos pequeños. No se llega al lager en un solo paso, sino a muchos pasos pequeños. De hecho, en unas páginas antes de la cita Zweig hace notar todo la sorpresa que implicaba para él, ciudadano formado en la vieja civilización burguesa, el hecho que la policía fuera a realizarle un interrogatorio en su casa. El simbolismo de esa barbarie algo se ha perdido, porque efectivamente ya no vivimos en ese mundo burgués para el cual eso era radicalmente inaceptable.

En la cita aparece, en una práctica de un hecho muy cotidiano, todo el odio al que es diferente. Zweig compara esa decisión (la prohibición de sentarse) con otras (la decisión de quitarles sus propiedades) y nos dice que esto último tenía alguna explicación económica (expoliar a un grupo se puede comprender, por más ilegítimo que se lo encuentre), “mais refuser à une vieille femme ou à un vieillard épuisé le droit de reprendre haleine quelques minutes sur un banc, cela était réservé au XXe siècle et à l’homme que des millions de gens adorent comme le plus grand de ce temps” (Ibid, p. 474).

En años recientes la idea de hacerles la vida imposible a los grupos inmigrantes (era la política de May en el Reino Unido cuando era ministra del interior si no me equivoco) sigue la misma idea: A estas personas no se les extiende la cortesía de la vida civilizada (el de poder sentarse tranquilo en el parque) sino que deben ser hostigados a cada momento. Puesto que al final no son personas como uno. En la actualidad, una abogada del gobierno de Estados Unidos ha defendido que los niños tengan acceso a cepillos y pasta de dientes en sus centros de detención no es parte necesaria de las condiciones sanitarias. Todo ello es comparable a esa regla que los judíos no pueden sentarse en los bancos públicos.

Cuando uno quiera pensar en cuáles pueden ser los peligros del futuro, no estará de más recordar que la barbarie mayor, partió con la producción cotidiana de la indignidad.

 

El derecho a (no) tener derechos. Una nota sobre Agamben

L’usage, opposé ainsi au droit de propriété, n’est cependant aucunement défini. Il n’est donc pas étonnant que Hugues de Digne, comme nous l’avons vu, puisse encore présenter la condition franciscaine en termes juridiques certes peut-être de manière ironique, comme le droit d n’avoir aucun droit (De la très haute pauvreté, III 3, 1, p. 1028 en mi edición, Homo Sacer, L’intégrale, Editions du Seuil, 2016)

Hacia el final de Altísima Pobreza, Agamben describe el esfuerzo de los franciscanos por buscar una forma de existencia fuera de la noción de propiedad, lo que implicó -de maner muy directa- un rechazo a ser inscritos en el mundo del derecho: Una forma de existencia más allá de la idea de ley. Describe los conflictos que ello produce con la Iglesia, que había elegido más bien crear su propio derecho y su propia ley.

En medio de esas discusiones aparece la idea, que se menciona en la cita, del derecho a no tener derecho alguno. La misma idea se repite varias veces. Al interior del texto es claro que Agamben estima que esta tentativa es una tentativa de salir fuera de la matriz general del mundo occidental, y por eso mismo resulta tan difícil de pensar.

Ahora bien, una de las tesis centrales de todo el proyecto del Homo Sacer es que, en la actualidad, el núcleo y centro a lo que llevan las tradiciones de pensamiento occidental no es ya (¿o nunca fue?) la idea de la polis, sino llevan ineludiblemente al campo de concentración. Hay una razón por la cual el texto sobre Auschwitz ocupa el centro de la investigación. Y en relación con los campos uno puede recordar (y estaría casi seguro que Agamben conoce el texto) la idea de Arendt en torno a que una de las invenciones del totalitarismo es precisamente la persona que no tiene el derecho a tener derechos, y que el derecho a tener derechos es el tema más básico -y precisamente lo que aparece contrario a las pretensiones totalitarias que llevan al lager.

No tengo tan claro cuál es la relación entre este derecho a no tener derechos y el derecho a tener derechos, ni sus respectivas consecuencias sobre cómo se llega al campo de concentración; pero hay ahí algo a pensar. La idea en sí del derecho (que las ciencias sociales no han pensado en profundidad desde hace un buen tiempo creo, con la excepción quizás de -precisamente- el mundo alemán, Habermas y Luhmann) no deja de ser crucial para comprender la vida.

Historia de las Tecnologías Sociales (V). El desarrollo de la Escritura

Hasta que nos dimos cuenta que las tecnologías de comunicación son, al mismo tiempo, instituciones que cambian la forma de la interacción social, que en una parte no menor, son una forma de interacción social, la importancia que al nacimiento de la escritura se le daba tradicionalmente podía parecer algo extraña. ¿Qué el nacimiento de la historia se hiciera equivalente al hecho que las cosas quedaran registradas? ¿Qué cambiaba eso en la vida? Lo que ha quedado de manifiesto en la investigación a lo largo del tiempo es precisamente que eso implicó transformaciones en campos muy diversos -desde la organización social a los hábitos mentales (no han faltado autores que han visto que la escritura, en sí, produce diversas características que después se asociarán a la modernidad o a la racionalidad).

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Sellos de Mohenjo-Daro, civilización del Indo, actual Pakistán, circa 2.500 AC

La escritura, como todas las instituciones complejas, no nació de un momento a otro, y algún examen de su desarrollo será de interés. La capacidad de registrar en un medio con cierta permanencia cualquier mensaje expresado en un lenguaje es el resultado final de un proceso largo. Los primeros registros tienden a ser sellos. Así, con claridad en Mesopotamia -donde, debido al material usado, tenemos un buen registro del desarrollo de todo el proceso-, pero también en la civilización del Indo, donde buena parte del material al que tenemos acceso parecen ser diversos tipos de sellos. A lo largo del cuarto milenio A.C aparecen ya sellos, en otras palabras, registros, en las diversas zonas donde se está generando la civilización; y la aparición de la plena escritura (en otras palabras, de textos que podemos leer en cuanto conocemos el lenguaje en que están escritos) ocurre alrededor del 3.000 A.C. El registro es previo a la escritura.

El hecho que la escritura se desarrollara, en buena parte, a partir de sellos entrega varias pistas sobre los procesos que llevan a su desarrollo. En otras palabras, ¿qué tipo de procesos requieren que se certifiquen con sellos?

Por una parte, es claro que procesos no lo requieren: Es claro que la transmisión cultural como tal no requiere escritura. Múltiples culturas han transmitido sin mayores problemas su acervo, e incluso historias y mitos complejos, sin necesidad de escritura; e incluso en sociedades letradas, una parte no menor del trabajo de transmisión cultural se realiza sin escritura.

La certificación y el registro son requeridos por otro tipo de procesos. Los primeros sellos, en general, simplemente muestran si han sido abiertos o siguen sellados, y están asociados a ciertos bienes. Las primeras tabletas que tienen información inscrita suelen implicar información sobre número de bienes y el equivalente a una firma: Un número, un signo que dice de qué se habla (unidades de cebada, digamos), y un nombre asociado a dicha cuenta. En general, podemos decir que todos estos usos se asocian a lo que sucede con cierta propiedad. Los sellos indican si están cerrados que una transacción no se ha llevado a cabo y si están abiertos que ella ya se llevó a cabo, quien recibe un traspaso ‘sabe’, si el sello está cerrado, que ha recibido lo que ha sido enviado. Las tabletas certifican la situación de ciertos bienes, digamos son similares a ‘recibos’.

Ahora bien, el traspaso de propiedad como tal no requiere de este tipo de procedimientos. Nuevamente, el comercio, y recordemos que en buena parte el ‘comercio primitivo’ ocurre entre grupos sociales no en su interior. En una aldea o banda no comercio con mis co-habitantes, se intercambia con otros grupos. Y en esos casos el intercambio no requiere registro porque se realiza de inmediato.

Sólo cuando aparecen interacciones mediadas, cuando hay operaciones sociales donde no todos los que participan están ubicados en el mismo lugar, es que el registro aparece como relevante. Si recibo unos ciertos bienes, pero no estaba cuando ellos se enviaron, un registro me puede indicar que recibí lo que se envío. Certificar la existencia de ciertos bienes resulta indispensable si hay que dar cuenta de esas transacciones ante otros: llevar mis cuentas ante mi puede ser útil, pero sólo si se requiere presentarlas a otros es que llevar un registro resulta algo indispensable.

Lo anterior lleva a la conclusión que la escritura, el desarrollo del registro de información, resulta particularmente útil cuando aparece la administración, la organización formal. Las administraciones generan, por sí, interacciones mediadas. La organización formal ocurre, precisamente, cuando se generan instrucciones que son llevadas a cabo fuera del control inmediato de quienes las emiten; ella ocurre a través de procesos de control administrativo, que quienes realizan las órdenes puedan ser auditados. Todo ello se facilita cuando aparecen registros.

Ahora bien, una organización formal, una administración, sin escritura puede existir: todas esas certificaciones pueden realizarse oralmente. Y no estará de más recordar que, en muchas culturas, incluso cuando hay escritura, la información oral se le otorgaba mayor confianza. En Mesopotamia (y repitiendo ese mismo proceso un par de milenios después, Grecia) hay un largo proceso bajo el cual, por ejemplo, aumenta la importancia de la información escrita sobre la oral en términos legales. Lo que sucede es que la escritura facilita esos procesos -ese llevar a cabo instrucciones, ese control.

El núcleo central de la relación entre escritura y organización, que va más allá de ese facilitar, es -creo- el hecho que con la escritura el soporte de la información ya no depende de individuos: Queda objetivado (en un sentido literal: la información está en un objeto). Y el hecho esencial de la organización es, precisamente, diferenciar entre individuos y roles (entre este individuo concreto que vigila que bienes están en la bodega y el rol y posición de supervisor de la bodega). La existencia de un soporte de información distinto de cualquier individuo resulta particularmente apropiado para esa diferencia: Quienquiera que recibe esos registros tiene lo necesario para cumplir ese rol y posición: esa información objetivada es el estado de ese rol y posición. Toda la investigación sobre la existencia de elementos informales en organizaciones formales nos recuerda que esto no es la figura completa, y que lo informal (lo oral) no deja de existir; pero esa diferencia y separación es lo que produce la aparición del elemento formal.

 

Un proceso evolutivo común es aquel en el cual un elemento producido por cierto proceso, es prontamente usado por otros procesos, lo cual a su vez genera nuevos cambios. Si las necesidades administrativas de registro facilitan el inicio del desarrollo de la escritura, el potencial que genera el registro hace que sus usos se expandan. El registro administrativo inicial no requiere plena escritura (en el sentido que mencionamos previamente, un sistema de registro que permite indicar cualquier mensaje de ese lenguaje). La utilidad de requerir cada vez menos información contextual (o sea, que cualquiera que conozca el sistema de signos pueda entender el lenguaje) y la necesidad, si se quiere darle nuevos usos, de pasar nuevos elementos bajo registro, hace que los sistemas de registro más bien limitados se expandan progresivamente hasta alcanzar el estado de escritura completa. Entonces así se despliega el potencial de esos sistemas para comunicar cualquier tipo de mensajes, y es así que pueden pasar a escritura himnos religiosos, instrucciones más completas etc.

Y además se empiezan a generar textos que se generan sólo con la escritura. Aparecen cartas e inscripciones monumentales: géneros que tienen una contraparte oral (la conversación, el discurso protocolar etc.), pero que al pasar a la escritura adquieren características propias. Lo mismo puede decirse de los textos literarios y ‘filosóficos’.

El ejemplo de la carta resulta de interés. La carta permite comunicar un mensaje personal (lo que distingue las cartas es que se dirigen a alguien en concreto y son emitidas por alguien en concreto) a través del tiempo y del espacio. Han sido usadas, desde su aparición, para permitir el manejo de múltiples actividades: Así, con las comerciales, lo que conocemos acerca de firmas comerciales asirias en Anatolia o sumerias en el Golfo Pérsico es muchas veces a través de cartas en que se envían instrucciones, se cuentan resultados o se hacen reclamos. También para comunicaciones personales, familiares y para dar instrucciones administrativas. Ahora bien, la carta puede ser equivalente a una conversación a distancia, pero el hecho que se realice a través de la escritura, que quede registrada, modifica la situación. Nada deja eso más en claro que el desarrollo de las cartas diplomáticas (el archivo de Tell el-Amarna en Egipto, siglo XIV A.C es una de nuestras mejores muestras): la capacidad que adquieren los reyes de comunicarse entre sí sin necesidad de movimiento físico amplía, de hecho, las posibilidades de comunicación. El ‘club de los grandes poderes’ que se desarrolla al fin de la Edad del Bronce se hace posible por este tipo de comunicación en última instancia.

tell-el-amarna
Carta de Ashur-uballit, rey de Asiria, al rey de Egipto. Alrededor del 1353–1336 A.C. Archivo de Tell el-Amarna

También aparecen textos que sólo tienen sentido como mensajes escritos: La aparición de listas de palabras, que ya son una forma de ordenar y categorizar el mundo. La aparición de textos bilingües, destinados en varios casos a aprender otros lenguajes, y aquí aparece algo que será una característica de varias culturas escritas: la aparición de un lenguaje ‘muerto’ que se destina a fines culturales y que existe centralmente a través del medio de la escritura. Toda esta expansión de tipos de mensajes, y de creación de nuevos géneros de inscribir información, implican nuevas capacidades para la acción y el pensamiento.

Como ejemplo de ello, hay algunas tabletas administrativas de la III dinastía de Ur (aproximadamente 2.100 AC) que resultan de particular interés.

‘For every year documented in the text, the exact number of animals is given according to the age categories listed above [menores a un 1 año, 1 año, 2 años, 3 años, adultos]. The calculation of the expected delivery of dairy products for each basis on the basis of the number of animals in the preceding year is then recorded: for each adult cow 5 sìla of 2 dairy fat’ and 7 1/2 sìla of cheese was to be delivered’
‘The annual reproduction of cattle was fixed as a rule at an average rate of one newborn calf for every two adult cows. The gender distribution of the calves was also theoretical: the text exhibits a strict adherence to the sequence male-female, and so on. For years in which adult cows were registered in odd numbers, calving success was recorded by dividing this number by two and rounding the result to the next lower number’ (Archaic Bookkeeping, Nissen, Damerow y Englund, Chicago University Press, 1993: 100)

Es un texto extraño, inusual para la época nos mencionan los autores, pero ilustran algunas tendencias de interés. Lo que hay aquí es un ejercicio conceptual de pensar la evolución futura del ganado; claramente esos cálculos no corresponden a la evolución de ninguna manada particular. Es un ejercicio que, desde el punto de vista actual, tiene deficiencias en su instrumental técnico (nosotros no haríamos ese cálculo de esa forma) pero cuya intención es clara: Esto permite planificar el manejo del ganado (y calcular la producción esperada de ciertos productos), a través de un ejercicio sistemático, usando reglas claras y precisos. Es un ejercicio que solamente puede realizarse con la escritura -es ella la que permite que sea un ‘ejercicio sistemático, usando reglas claras y precisas’. Esa racionalización, particularmente útil para la burocracia administrativa (que pueden entender planificar ciertas acciones) es algo que la escritura permite.

La escritura se co-posibilita con el desarrollo de la organización, de la vida administrativa; y a su vez es una condición de posibilidad de diversas interacciones sociales y de diversas maneras de pensar. Constituye, así, una de las principales ‘invenciones’ sociales a lo largo del desarrollo de la humanidad.

 

Historia de las Tecnologías Sociales (IV). La emergencia de la ciudad

Ziggurat_Ur
Gran Zigurat de Ur, levantado como lugar de culto de Nanna hacia el siglo XXI AC, reconstruido en el siglo V AC. Fachada y escalera reconstruidas en el siglo XX

Mandó edificar los baluartes
de Úruk, bien amurallada,
y también el santo tesoro,
el sagrado templo Eanna.

Admirad su muro exterior,
de bronce parece construido;
sus columnas, inimitables.
Subid la antigua escalinata
y aproximaos al Eanna,
morada de Íshtar la diosa,
tal que hombre alguno ni rey
logrará igualarlo jamás.

Ascended luego a las murallas
de Úruk y allí recorredlas.
Examinad bien sus ladrillos
y fijaos en los cimientos.
¿No fueron acaso cocidos
en horno aquellos ladrillos?
¿Y no fueron los Siete Sabios
los que sus cimientos pusieron?

Estas palabras están al inicio del Poema de Gilgamesh, que se replican en forma breve al fin del poema. Es una de las obras esenciales de la civilización mesopotámica, copiadas en múltiples ocasiones, y que cuenta uno de sus mitos centrales: la búsqueda de Gilgamesh, rey de Uruk, de la inmortalidad, al darse cuenta, tras la muerte de Enkidu, su amigo, de la realidad de la muerte. Y la obra se inicia y finaliza con la loa a la ciudad.

La ciudad es uno de los ejes centrales de la vida social en las civilizaciones. En el caso mesopotámico ello es muy claro, siendo una sociedad altamente urbanizada; pero todas las civilizaciones iniciales del Viejo Mundo se organizan en torno a ciudades. Incluso el caso egipcio, sobre el cual durante un buen tiempo se discutió la importancia de la ciudad, ellas aparecen como núcleos administrativos relevantes.

Ahora bien, ¿qué queremos decir cuando hablamos de ciudad? Si la ciudad es un tipo de asentamiento diferente, y su nacimiento es una de las marcas de una nueva forma de vida social, ¿cuál es la diferencia entre la ciudad y la aldea? No estamos ante un tema sólo de tamaño. Históricamente han existido ‘aldeas’ que han sido mayores que sitios reconocidos como urbanos. La existencia en sí de obras de arquitectura mayor no es suficiente, puesto que existen múltiples de esas construcciones no sólo fuera de ciudades sino en sociedades que no las conocían. Tampoco es necesariamente una diferencia de carácter económico, que la vida urbana sea comercial o artesanal, mientras que la vida ‘rural’ es agrícola o pastoral. Sabemos que, por ejemplo, las ciudades ‘clásicas’ en las culturas griega y romana no tenían una distinción clara entre el habitante rural y el urbano (en contradistinción con el medioevo europeo). Y múltiples aldeas rurales han tenido artesanos incorporados (cuando aparezca el hierro, el herrero será parte de muchos ambientes aldeanos a lo largo del tiempo), y vendedores ambulantes que visitan aldeas rurales también han sido parte de la vida en muchas zonas rurales.

Lo que sí podemos plantear como algo común es que la existencia de ciudades implica la existencia de una jerarquía de asentamientos. Las sociedades que tienen ciudades son sociedades que distinguen, que usan y operan bajo la distinción, entre la ciudad y la aldea (o lo rural). La ciudad es un asentamiento que se ubica en la parte superior de dicha jerarquía. En otras palabras, no es un tema absoluto de tamaño, y el limite siempre es poroso (existen evidencias de áreas suburbanas para la antigua Mesopotamia para el caso) y hay mucha superposición, pero la ciudad aparece cuando se generan asentamientos que pueden distinguirse de las aldeas rurales. Y esto implica entonces que la ciudad ha de entenderse siempre en relación (en sus distintas relaciones) con el mundo rural que lo circunda. Al mismo tiempo, escasas son las ciudades que están aisladas -una ciudad opera en relación también con otras ciudades. Entre ambas relaciones se constituye esta unidad.

La distinción es un tema, si se quiere, de densidad y de concentración de actividad. Quién dice ciudad habla de construcciones cercanas, de habitantes que viven aglomerados, y toda la actividad que ello permite. En particular, en las condiciones de comunicación y de transporte que existen en la época en que nacen las ciudades, algo así como un mercado (que en esos tiempos es equivalente a un mercado físico) permanente se sostiene bajo condiciones urbanas. La capacidad de división del trabajo, que aparezcan y que tengan suficiente actividad para sostenerse, de especialistas y de trabajadores que no vivan de la agricultura, es algo que la ciudad permite. La concentración que implica la vida urbana es una condición de dinamismo de la vida económica y social. Algo que en general sigue siendo válido, pero lo es aún más cuando la disminución de la distancia física facilita crucialmente la actividad social coordinada.

La emergencia de la ciudad es la emergencia de focos de concentración de actividad social, y de ello deriva una dinamización general de dicha vida social. Las ventajas que produce la concentración generan, a su vez, la producción de centros urbanos de tamaño importante a fechas relativamente tempranas. Uruk contó con poblaciones cercanas a 60 mil habitantes cerca del 3.000 AC y Ur con una población similar en la época de la III dinastía de Ur (2100-2000 AC), y siempre es posible encontrar estimaciones mayores. En épocas de ciudades de 20 millones ello puede parece ‘pequeño’, pero si comparamos esos tamaños con una aldea típica podemos darnos cuenta inmediatamente del salto y pensar en todo lo que éste implica.

 

Los otros dos elementos que hemos mencionado como estructurantes de la civilización, la escritura y la organización formal (el Estado usualmente), tienen una relación muy estrecha entre sí. No hay organización sin registros escritos, los registros escritos se generan a partir de las necesidades de estas organizaciones. No ocurre lo mismo, al menos ese es mi parecer ahora, con la ciudad: La vida urbana puede pensarse separada de los otros fenómenos.

Al mismo tiempo, están altamente asociados. Los Estados crean y hacen crecer a sus capitales (y fundar ciudades se convierte en una actividad típica de reyes desde temprano), y la vida urbana  y el Estado han ido muchas veces de la mano. La concentración de actividad que es la ciudad y la concentración de poder que es el Estado si bien no tienen relaciones necesarias entre sí, si se han facilitado mutuamente. La coordinación social urbana fácilmente se transforma en coordinación organizada (y Estado), y el Estado usa y promueve esos bastiones de actividad y poder que son las ciudades. Empero, la ciudad y el Estado no son lo mismo.

En nuestros lenguajes, ciudad y civilización tienen una raíz común. Y esta casualidad de todas formas es relevante: La vida de la ciudad, el mero dinamismo generado por una alta densidad de población y de concentración de actividad, es crucial para comprender las dinámicas de la vida social una vez que emerge la civilización.

No por nada las caídas de las ciudades se presentan y son experimentadas como desastres que equivalen a la muerte de la civilización. O como dice la Lamentación de la ruina de Ur, a propósito de la caída de la III dinastía antes mencionada:

¡Ciudad, alza tu lamento; que sea amargo tu lamento!
Amargo sea tu lloro, alzalo tan grande como puedas.
De una santa ciudad destruida el lamento ha de ser muy alto.
Ur la santa, la dormida: amargo sea su lamento.
Ladrillos de la ciudad, alzad el doliente son.
Santuarios de las deidades, alzad el doliente son.

 

Historia de las Tecnologías Sociales (III). Las Primeras Civilizaciones

Estandarte_Ur

Estandarte de Ur (Siglo XXVI A.C). El objeto tiene dos caras, una de paz y otra de guerra, que ilustran la vida en una ciudad sumeria al inicio de la civilización

 

Ciudades. Escritura. Organizaciones formales, principalmente el Estado. Todas ellas son formas sociales que se consolidan de manera conjunta en algunos lugares del mundo hacia el 3.000 AC. Es claro que todas ellas tienen procesos largos de formación: desde la generación de sellos y marcas hasta el desarrollo de una forma de inscribir información que refleje el lenguaje pasan siglos. Lo mismo se puede decir de las ciudades, cuyos diversos elementos se van consolidando con el tiempo -y de hecho, las primeras ciudades claramente anteceden a la emergencia plena de las formas que hemos mencionado. Todo el cuarto milenio AC, en cierto sentido, es un desarrollo que posteriormente conformará esta nueva formación social, que emergerá plenamente hacia el final de éste.

Lo que nos interesa es lo de ‘consolidan de manera conjunta’. Siempre hay antecesores, y buscar la primera emergencia de una formación es un esfuerzo que no cierra (todo lo que podemos decir es ‘hasta ahora, la referencia más temprana que hemos encontrado es…’). Sin embargo, hay momentos en que se adquiere cierta continuidad, y en particular los elementos que mencionamos se refuerzan entre sí de manera de generar una nueva formación social que, de hecho, no va a desaparecer totalmente de nuevo. Habrá momentos de expansión y de retroceso, ‘edades oscuras’, pero esos elementos no serán perdidos. A falta de mejor nombre, nos referiremos a esto como el nacimiento de la civilización; pero dependiendo de los autores y la perspectiva alguno de los elementos puede adquirir primacía (nacimiento de sociedades estatales, revolución urbana para usar frases conocidas).

Es importante comprender la relación entre estos elementos. Es sabido que para la transmisión de las culturas no es necesaria la escritura, y que las culturas orales tienen importantes capacidades para transmitir información. La posibilidad que entrega la escritura es, por un lado, la posibilidad de transmitir de manera relativamente fidedigna información que no necesariamente es memorable, pero sí es relevante y, por otro lado, la posibilidad de separar la transmisión de información de una persona (o personas) en particular. Ambas cosas no siempre son relevantes, pero sí lo son cuando emergen organizaciones formales: Puesto que ellas sí necesitan información administrativa precisa y para ellas separar la persona de la organización sí es crucial. La organización formal más relevante es el nacimiento del Estado -la conformación de una agencia con capacidad coercitiva para adquirir recursos. De hecho, bien podríamos haber dicho ‘Estado’ dado que en muchos contextos es la principal o incluso única ‘organización formal’. Y sin embargo, vale la pena hacer la diferencia dado que no es claro, por ejemplo, que los templos de las ciudades sumerias -que claramente eran centros de administración de recursos, usando una gran cantidad de registros- puedan ser vistos como ‘aparatos estatales’. La emergencia de estas organizaciones requiere de una cierta concentración de recursos y de actividad que permita roles especializados -administradores, escribas etc.- y esa concentración se traduce físicamente en la constitución de la ciudad: El lugar desde el cual operan estos actores. La ciudad, y sea cual sea su forma, ella implica siempre un nivel de concentración de recursos y población, permite y es muestra de un nivel de complejidad social relevante. Para usar un concepto que estuvo a la base de la emergencia de las ciencias sociales: quién dice ciudad dice división del trabajo, especialización.

No entraremos aquí en el proceso causal de emergencia de estas características. En última instancia, el proceso que genera la escritura o que genera la ciudad o que genera el Estado no son necesariamente los mismos. Lo que sí sabemos es que la formación social que se genera los incluye a todos, y los relaciona a todos. Un Estado no puede operar sin escritura; el fenómeno urbano ha estado asociado a formaciones estatales, la escritura se ha visto impulsada por la ciudad etc.

 

Prolegómenos. La emergencia de la civilización y la expansión de Uruk

El creciente fértil, aquella franja de terrenos cultivables rodeados de desierto, de Egipto a Siria a Mesopotamia, es una frase conocida, y que ahí se encuentra el origen de la civilización también. Como muchas de las ideas tradicionales, es a grandes líneas correcta: Ahí es donde se encuentran las concentraciones más importantes, donde encontramos las sociedades más urbanizadas (Sumer, al sur de Mesopotamia) y la emergencia de un estado territorial (Egipto). Al mismo tiempo, y como muchas de las ideas tradicionales, deja pasar elementos importantes, El primero es que fuera del creciente fértil nos encontramos con la civilización de Harappa, en el valle del Indo -que es de hecho territorialmente más extensa. Sin embargo, siendo otro valle fértil rodeado de zonas áridas se puede plantear que sigue la misma lógica. Lo segundo es que una parte no menor de los procesos previos que llevan posteriormente a la emergencia de esta formación social ocurren fuera de las zonas que posteriormente serán las centrales, en Anatolia por ejemplo. La ocupación de los valles donde emerge la civilización requiere de niveles de organización altos, o sea de civilización -y luego su inicio no se entiende solamente analizando lo que sucede en esos valles, sino en lo que permitían y ya estaba ocurriendo fuera de ellos.

La relación entre estos centros en el valle y las periferias es uno de los puntos de discusión en torno a la así llamada expansión de Uruk, durante el cuarto milenio AC. Tenemos una ciudad, Uruk, al sur de Mesopotamia, que representa una concentración económica y de población mucho más alta que en los alrededores, y en donde podemos observar el desarrollo de sistemas de registro y de organización -que si bien no alcanzan todavía el nivel de la escritura o de un Estado formal- ya son bastante avanzados. Lo que observamos es además un período de expansión de la cultura de Uruk a lo largo de Mesopotamia pero además más extenso -en particular, alcanzado Anatolia, Siria e Irán. Esto ha sido interpretado como una primera muestra de relación centro-periferia, llegando a ser vistos la expansión de Uruk como una forma colonial. Lo cual ha sido también discutido -de la emergencia de rasgos Uruk en sitios en Anatolia o Sirio no se puede deducir inmediatamente la existencia de colonias, los niveles de complejidad social ya existentes en la periferia no eran menores. Lo que sí es claro es que la emergencia de esta nueva formación no puede comprenderse solamente como algo que ocurre al interior de las zonas centrales, sino que requiere una comprensión de un fenómeno más extendido.

El otro fenómeno relevante es que esta expansión sufre un quiebre y la cultura de Uruk se concentra posteriormente en dicha ciudad. Sea cual sea lo que explicaba esa expansión, lo que sí es claro es que no pudo consolidarse. El fenómeno de expansión con un posterior retraimiento será repetido en varias ocasiones -la civilización no surge de una vez para siempre; y la adquisición de una plena continuidad será un adquisición posterior. Al fin y al cabo, de muchas de las ciudades de esta primera urbanización no quedará ni el nombre y serán completamente olvidadas con posterioridad.

En las siguientes entradas procederemos a analizar más en detalle lo que implican estas nuevas formas sociales, estas nuevas tecnologías del Estado, la ciudad y la escritura. Sin embargo, antes de ello una narración -aunque sea muy somera- de las principales zonas, que nos permitirán ubicar los casos e información que relataremos en los siguientes capítulos.

 

Mesopotamia. Desde el Dinástico Temprano hasta el Período Paleo-babilonio

De los diversos espacios en que emerge la formación social ‘civilización’ Mesopotamia, la tierra entre el Tigris y el Eufrates, es lejos la más urbanizada, con una densidad bastante alta de sitios urbanos, particularmente en el sur. Lo que se observa al inicio de este desarrollo, cuando ya ha aparecido con plenitud la escritura y las organizaciones, es un conjunto de ciudades-Estado. Las ciudades sumerias, más al sur, (Ur, Uruk, Nippur y otras), se ordenan y se estructuran en torno al templo -que opera como la unidad administrativa y económica principal. El palacio, y en ese sentido podríamos decir ‘el Estado’ es más relevante en las ciudades del norte y adquiere progresivamente más importancia con el tiempo.

Esta situación de un conjunto de ciudades-estado independiente no resultó muy estable. Encontramos muchos intentos de lograr una hegemonía – de convertirse en el gobernante del mundo (o de las cuatro partes del mundo). El primero que logró un éxito relevante al respecto fue Sargón de Akkad hacia el 2.250 AC -el Imperio Acadio creado no fue de gran extensión temporal, pero durante un tiempo efectivamente gobernó a todas las ciudades de Sumer y de Akkad (o sea, Irak al sur de Asiria fundamentalmente), y con expediciones victoriosas hasta el Mediterráneo y en Irán. La III dinastía de Ur (2.100-2004 AC)  realizó un control más restringido espacialmente pero más intensivo. Cada uno de estas formaciones finaliza de modo similar: un ataque externo que destruye la capital. La destrucción de Ur, por muchos siglos la ciudad más importante de la zona, causó un fuerte impacto cultural (pensemos en el saqueo posterior de Roma). La hegemonía Babilónica con Hammurabi (1.728-1.686 AC) es relativamente célebre, debido a la estela con el ‘código’ de Hammurabi. Una narración completa de la historia política de Mesopotamia por durante todo este período es compleja, precisamente por la falta de estabilidad de los Estados: El gobernante de una ciudad expande su poder, genera una dinastía, pero esta posteriormente decae y con ello vuelve el poder se desconcentra, y se genera una nueva lucha hasta que uno de ellos genera nuevamente una hegemonía. No se conforma un estado territorial como tal estable, y si bien las ciudades conforman el eje del poder (cada estado hegemónico se constituye conquistando otras ciudades, pero usandolas como centro administrativos) tampoco puede mantenerse una situación de equilibrio entre ellas. Sin embargo, con el paso del tiempo las unidades políticas se van progresivamente consolidando.

Si bien hemos hablado de Mesopotamia, en este resumen nos hemos limitado a la tierra que inicialmente se conocía como Sumer y Akkad y luego como Babilonia. Si ya era complejo relatar lo ocurrido ahí, agregar lo que ocurre en Asiria hacia el norte, hacia Siria y Anatolia (Ebla), y en los valles intermedios (Mari), o hacia la meseta Iranía (Elam) sería simplemente agregar más y más nombres.

 

Egipto como un estado territorial.

El valle del Nilo, que es lo que es Egipto en sus orígenes, permitió la consolidación temprana de un Estado territorial. Para el año 3.000 AC Egipto está recientemente unificado -al unirse el Bajo y el Alto Egipto por Narmer (alrededor del 3.050 AC) y en general permanecerá unificado a lo largo del tiempo. Si en Mesopotamia se reconoce una unidad ‘cultural’, basada en el lenguaje, la escritura y la religión, en Egipto ella es también una unidad política. En vez de ciudades-estado durante mucho tiempo separadas y que cuando logran hegemonía lo hacen cada vez como una formación política diferente; aquí las ciudades se transforman en capitales de provincias (nomos).

La dinámica de períodos de centralización y de descentralización también ocurre aquí. La principal diferencia es que los períodos centralizados son más estables en Egipto y que cuando se conforma un nuevo período centralizado se lo piensa como heredero del Estado anterior (no el reemplazo de un Imperio por otro). Así al Reino Antiguo (2.686-2.181 AC) sucede el primer período intermedio y luego el Reino Medio (2.050-1750 AC). En ambos casos, más allá desde donde se ejerce el poder, se mantiene el mismo Estado y la misma identidad. Si se quiere, en vez de la lucha entre diversas ciudades y zonas por la hegemonía, la historia Egipcia es la lucha entre el poder central (el faraón) y los poderes locales.

El valle del Nilo simplemente parece ser más fácil de operar como una sola unidad y más fácil de aislar con respecto a situaciones externas. De hecho, durante todo este período, si bien Egipto está conectado por vías comerciales con otras zonas civilizadas, en general están más bien separados. Una de las características de Egipto será, precisamente, su relativo aislamiento frente a otra zonas.

 

Harappa y la civilización del Indo.

Un poco más tardía a las sociedades anteriores, aunque menos conocida, son los desarrollos en el valle del Indo. En comparación uno puede observar que el territorio ocupado por las sociedades urbanas es mucho más extenso que en los casos anteriores (en particular, en lo que concierne a sus territorios centrales: Egipto y Mesopotamia). Al mismo tiempo, hay gran claridad de un fuerte desarrollo urbano: Harappa y Mohenjo-Daro por ejemplo muestran señales de planificación, lo cual implica una fuerte capacidad de coordinación. El sistema de sellos y de registros es bastante complejo, pero no parecen existir registros de escritura más allá de lo administrativo (en otras palabras, no hay equivalentes a cartas, tratados, edictos etc.). Y si esta compleja sociedad efectivamente constituyó Estado, y por consiguiente instauró fuertes desigualdades sociales, es algo que se ha discutido. En cualquier caso, sea cual fuera su organización administrativa, ello no impidió su despliegue económico: esta área desarrolló un fuerte comercio con las sociedades mesopotámicas (y poseemos comunicaciones comerciales en las ciudades del sur de Mesopotamia al respecto)

La otra característica esencial es su desaparición. Como hemos dicho, la dinámica de expansión-repliegue es relativamente común en estas civilizaciones tempranas. Que la forma social civilización adquiriese estabilidad fue tarea de largo tiempo. Sin embargo, en los otros casos -más allá de crisis y repliegues- el hecho mismo de la civilización no desaparecía. En este caso, la crisis de la civilización del Indo implicó el abandono de toda la zona y la pérdida del hecho mismo de esta vida urbana y con escritura. Cuando esas características re-emerjan en India l harán en otras zonas y con olvido de lo ocurrido aquí. Esta discontinuidad de la mayor de las civilizaciones tempranas es un hecho relevante.

 

El club de los grandes poderes (circa 1500-1200 AC).

Uno de los procesos más comunes a lo largo de la historia, una vez que aparecen las formaciones civilizadas, es su expansión: Ya sea que los primitivos núcleos se expanden directamente, o que otras sociedades en contacto (ya sea como defensa o como imitación o cualquier otro proceso) procedan a transformarse en civilizaciones, el territorio que pasa a convertirse en campo civilizado aumenta. A los núcleos mesopotámico y egipcio se agrega la consolidación de la civilización en Siria-Palestina, a lo largo de Anatolia y en el Egeo y en Irán. Entre alrededor del 1500 y el 1200, la era del Bronce Tardío, emergen una serie de estados territoriales relativamente consolidados con relaciones establecidas entre ellos: Los grandes reyes se reconocen entre sí y se separan de los gobernantes menores (la zona de Siria-Palestina es usualmente uno de los focos de competencia, donde los gobernantes de estados menores buscan la protección de los grandes reyes).

En Egipto es el Reino Nuevo, es el período del Imperio Hitita en Anatolia, de los Casitas en Babilonia y del Reino Medio Asirio. Estos grandes estados están relativamente consolidados, y las luchas entre ellos no terminan con la aniquilación de un estado por otro, sino en cambios territoriales o de cambios en las zonas de influencia (así tal como en la Europa de la Modernidad temprana). Las guerras entre el Imperio Hitita y Egipto, por ejemplo, son sobre su influencia en Siria-Palestina. El estatus de gran rey es algo reconocido, que implica participar en unas relaciones de intercambio (de regalos, de esposas) establecido, con relaciones asimétricas reconocidas con los reyes de menor estatus. Lo cual implica, entonces, una cierta lucha por el reconocimiento de quienes adquieren poder algo más tardíamente, como es el caso de Asiria.

Una característica interesante del período es un cambio de tecnología militar: la aparición del carro tirado por caballos. Este cambio está asociado a su vez a una cultura más aristocrática. El poder depende de poder manejar una cantidad importante de estos carros, y por lo tanto el poder de quienes pueden equiparlos aumenta. En Mesopotamia, por ejemplo, podemos observar un cambio en las formas de propaganda y legitimación: Al período previo en que existe una preocupación por defender a la base campesina de las deudas, sucede un período en que existe, por el contrario, una fuerte preocupación para limitar y devolver a quienes huyen de la opresión estatal. A los edictos que promulgan la justicia en la tierra (que dan por nulas las deudas), suceden los tratados de devolución de fugitivos. La consolidación de los grandes poderes en términos de competencia entre pares ocurre al mismo tiempo de una fuerte diferenciación interna al interior de las formaciones políticas.

Al mismo tiempo, este período experimenta una de las primeras, si no la primera, revolución religiosa, la de Akhenatón (1.353-1.336 AC). El intento de instaurar a Atón como único Dios oficial en Egipto, en vez de los tradicionales, generó toda una serie de conflictos en la época. El cambio puede ser entendido como una variante de los continuos conflictos entre el faraón y el clero egipcio, mediante la instauración de un orden religioso que elimina la intermediación del clero. Sin embargo, es uno de los primeros momentos hacia una orientación religiosa que dominará buena parte de las sociedades en siglos siguientes.

Estamos ante sociedades altamente desiguales, con una burocracia importante en sus centros administrativos, que desarrollaron importantes capacidades de almacenamiento y distribución. En algún sentido, las sociedades posteriores no alcanzarán esos grados de burocratización por mucho tiempo: la burocrática sociedad micénica tiene mayores grados de administración que la Grecia clásica.

Todo este sistema experimentará una crisis muy fuerte alrededor del 1.200 A.C. La urbanización experimentará un fuerte repliegue, e incluso varias de  las zonas centrales (que continuarán siendo sociedades letradas, estatales y urbanas, experimentarán una crisis). La crisis del fin de la Edad del Bronce -en la recuperación siguiente el metal de base será el hierro, que cambia las dinámicas sociales- sirve como cierre del período. En la época siguiente las bases sociales de la civilización (como ya hemos dicho: ciudad, escritura y Estado) se despliegan y se complejizan, y la civilización como tal se expande a nuevas zonas y adquiere cierta estabilidad de base: con todas las crisis y repliegues, y cambios fundamentales, aparecen ciertas continuidades.

Nos hemos dedicado a describir con algo más de detalle (siendo siempre muy sumarios) a los tres siglos de la edad tardía del bronce con un propósito muy definido: Para mostrar lo inadecuado que es tratar todos este tiempo simplemente como ‘lo mismo’. La tecnología básica (tanto social como material) es, ciertamente, la misma -tratarlas como sociedades complejas agrarias es válido, y también será válido de varias de las situaciones posteriores hasta cerca del 1700-1800 D.C. y observar toda esta historia como una simple repetición de ciclos dinásticos o de imperios: Aparte que en un momento el centro está en Ur y en otro en Babilonia, no hay tantas diferencias. Sin embargo, dentro de este carácter común, hay importantes variaciones en las formas en que se usan y operan esas tecnologías básicas. Del mismo modo que en la actualidad podemos decir que en todas partes hay una base tecnológica común (des-ruralización, combustibles fósiles, expansión universal de la forma Estado y así), pero no es lo mismo vivir en Detroit que en Estocolmo o en Kuala Lumpur. Para un campesino libre, o un artesano, por ejemplo, no era lo mismo vivir en momentos de mayor o menor centralización, o en momentos de alta desigualdad y concentración, o donde el sector no-administrativo era más o menos importante. El hecho mismo de la consolidación de un estado territorial implicaba relaciones diferentes con la población: en una ciudad-estado, aunque fuera basada en templos o en palacios, hay menor distancia (para bien y para mal) entre los habitantes de la ciudad y sus gobernantes, que en un estado territorial.

Las sociedades complejas del fin de la edad del bronce, estos tres siglos, cubren un período de alrededor de tres siglos -algo similar a, por ejemplo, la modernidad temprana en Europa (desde el inicio de la expansión europea ultramarina hasta la revolución industrial). Y también representa un período relativamente definido, con características distintas a lo que estuvo antes y a lo que vino después. El efecto de la distancia hace que todo nos parezca lo mismo, pero así no ocurre cuando se piensa desde el punto de vista de la experiencia.

Más en general, el período del cual hemos hablado cubre alrededor de 1.800 años (de cerca del 3.000 cuando se inicia el período dinástico, o sea la emergencia plena de la tríada Estado-escritura-ciudad hasta el 1.200, con la crisis del fin de la edad del bronce. Lo que hemos mencionado en tan pocas líneas, donde hemos reducido sociedades enteras a un sólo nombre, es muy extenso. Toda la historia de la China imperial (desde los Qin hasta los Qing) es sólo un poco más extensa (alrededor de 2.200 años). Toda la historia de Europa tras el fin de un imperio Romano que cubriera todo el mediterráneo (o sea entre los siglos VI y VII DC, desde Justiniano hasta las conquistas árabes) es sólo un poco menor.

Para insistir: Y todo ello que, particularmente en un resumen corto, puede parecer sólo una sucesión de lo mismo, implican cambios importantes. Las estructuras económicas de la III dinastía de Ur parecen ser más centralizadas y concentradas en el segmento administrativo que en otros períodos. Hay fenómenos económicos completos (como las colonias comerciales asirias en Anatolia) que ocurren al interior de este período, y podemos contrastar el peso diferencial de sectores económicos entre el sur mesopotamico (con una mayor base agrícola) que lo que ocurre en el norte, en Asiria. Y aunque la base de tecnología social es la misma, hay importantes desarrollos a lo largo del tiempo: La escritura adquiere a lo largo del tiempo mayor capacidad como medio de comunicación y se lo amplia a más usos: En algún momento se desarrolló la idea (y la práctica y el sostén social) de escribir y enviar cartas cubriendo espacios importantes, con todo lo que implica en términos de coordinación a distancia. Ello no fue ni evidente ni inmediato -hubo que crearlo y desarrollarlo.

Excurso. El inicio de la civilización en China.

Los desarrollos en China de una civilización urbana, el inicio de la escritura y el nacimiento de Estados son algo más tardíos que en el creciente fértil (al momento en que aparecen estos fenómenos en esta última área, en China estamos en el Neolítico, con la cultura Longshan), pero ocurren al interior del período que hemos indicado. El período Shang se desarrolla entre alrededor del 1.600 hasta el 1.046 AC, que corresponde a la primer momento donde tenemos observar la tríada de formaciones sociales de manera plena (Estado-cuidad-escritura). Nuevamente, también tenemos desarrollos previos importantes; y no hay que olvidar que el territorio cubierto por los Shang no es el único donde se encuentran desarrollos paralelos.

Es un desarrollo, al parecer, más bien independiente de los anteriores -que entraron con cierta prontitud en interacción y que siendo relativamente contiguos se pueden observar impactos y relaciones. Por lo tanto, sus movimientos y desarrollos no siguen la estructura dada anteriormente: No se pueden integrar en la descripción que hemos hecho del período del bronce tardío. En general, poseemos menos información -hay inscripciones contemporáneas, pero los relatos continuos y los textos más desarrollados que tenemos son más bien posteriores.

Lo anterior tiene dos consecuencias: Que para la discusión en los capítulos posteriores, sobre las dinámicas de emergencia de la ciudad, la escritura y el Estado, los desarrollos en China son un caso bastante relevante en términos comparativos. Lo segundo es que la incorporación plena de la situación China en la narración sería más bien tarea del siguiente período: Cuando al expandirse la civilización en China, y con la expansión de la civilización en general, el conjunto de las tierras civilizadas de Eurasia (y África al norte del Sahara) entre en contacto y en interacción -el qué podrá ser indirecto y tenue, pero existente. Ese hecho -la expansión de las tierras bajo civilización hasta cubrir el terreno desde las Islas Británicas al archipiélago Japonés representa uno de los desarrollos básicos del periodo posterior. Para poder analizar dichas dinámicas, será necesario -en todo caso- proceder a describir primero los elementos que hemos mencionado como constitutivos de la civilización. Procedamos, pues, a ello.

 

NOTA. Como ya lo dijimos en la entrada anterior: Aquí van las primeras ideas que corresponden a este capítulo de la obra, simplemente para obligarme a iniciarla. Siendo una primera redacción, obviamente las ausencias y problemas son gigantes. Esperemos que la vergüenza de la presentación sea aliciente para la mejora. En cualquier caso, hay que dar los primeros pasos para poder hacer cualquier cosa. Sean estos los primeros pasos de la megalomaníaca idea de la Historia de las Tecnologías Sociales.

A propósito del argumento de la auto-contradicción del Escepticismo

La idea que nada podemos saber es una idea antigua. A su vez, el contraargumento más común es también antiguo: El escepticismo es una contradicción en sus propios términos. Nadie puede vivir escépticamente, porque vivir implica que uno asume creencias -que son las que dan sentido a la acción. Más allá de esa contradicción práctica está la contradicción teórica: No es, a su vez, la frase ‘nada se puede saber’ una creencia -y una que el escéptico afirma que es así. Variantes de esos argumentos, en sus dos formas, han aparecido en múltiples contextos (y de hecho siendo usados más allá del escepticismo, Aristóteles usa una versión del argumento práctico para criticar a quienes niegan el principio de contradicción). Es claro porque es así: Es un argumento simple y demoledor.

Siendo un argumento simple y fuerte, es claro que quienes han desarrollado posiciones escépticas ya lo han, a su vez, criticado. El propósito de esta nota es mostrar un par de esas respuestas por parte de representantes del escepticismo clásico -para mostrar que esa crítica ya fue respondida en muchas ocasiones antes de la formulación de dichas críticas. No por ello el argumento ha dejado de ser eficaz: Quienes tienen una raigambre escéptica no necesariamente han conocido (o han creído) en estas respuestas, y para quienes no la sostienen el argumento de auto-contradicción si funciona. La existencia misma de la respuesta muestra la necesidad de una precaución: Si el contraargumento es tan obvio (es tan evidente que nadie puede vivir sin creer en la práctica en algo) hay que suponer que éste ha tenido respuesta, los contrarios también han pensado en ello.

Las primeras citas que usaremos son de Sexto Empírico en sus Esbozos pirrónicos. En dicho texto se propone exponer las principales ideas del escepticismo. Ello lo obliga, desde el inicio, a responder implícitamente al contraargumento. Decir ‘el escepticismo tiene tal idea’ es una creencia, pero ¿no dicen que no hay creencia válida? Entonces nos dice:

By way of preface, let us say that on none of the matters to be discussed do we affirm that things certainly are just as we say they are: rather, we report descriptively on each item according to how it appears to us at the time (Libro I, i, 4)

El énfasis en ‘describimos de acuerdo a como se nos aparece’ es la forma en que se busca superar la contradicción. El escepticismo no niega que existan apariencias, y no niega que con esas apariencias se puede actuar y creer, en tanto se mantengan en el nivel de la apariencia. Lo que niega es que se puede ir más allá de ellas -que existe un conocimiento seguro tras las apariencias (o en las apariencias). Las apariencias aparecen y eso es todo lo que se puede decir, y con ello basta para no caer en contradicción alguna. Como lo plantea más adelante en el texto:

When we say that Sceptics do no hold beliefs, we do not take ‘belief’ in the sense in which some say, quite generally, that belief is acquiescing in something; for Sceptics assent to the feelings forced upon them by appearances (Libro I, vii, 13)

As we said before, we do not overturn anything which lead us, without our willing it, to assent in accordance with a passive appearance -and these things are precisely what is apparent (Libro I, x, 19)

No se niega la apariencia, puesto que con ese nombre se denomina a aquello que no resulta posible negar (‘forzados’, ‘sin nuestra voluntad’). Lo que se hace es quedarse sólo en ella -no agregar nada que requiera de nuestra voluntad o elección. Esto soluciona, de manera inmediata, el problema de la contradicción práctica. Pero alguien pudiera plantear que no es suficiente para solucionar la teórica: Que plantear ‘nada de lo que va más allá de la apariencia permite fundar una creencia válida’ es una creencia que se pretende válida.

Frente a ello, cabe recordar que Sexto Empírico plantea que los escépticos hablan de la suspensión del juicio o, frente a estas cosas, siguen investigando (Libro I, i, 3). Y que en última instancia el escepticismo no es una posición teórica, es una posición práctica. Es sobre como vivir lo que interesa, y para decir sobre ella basta con las apariencias:

The causal principle of scepticism we say is the hope of becoming tranquil (Libro I, vi, 12)

Las prácticas del escepticismo (por ejemplo, usar la capacidad de frente a toda creencia postular su contraria, de frente a cualquier argumento preguntar, una y otra vez, sobre su fundamento, para mostrar que no hay fin) son prácticas para llegar a ese fin. En cierto sentido, no son afirmaciones teóricas y conceptuales:

Thus, if people who hold beliefs posit as real the things they hold beliefs about, while Sceptics utter their own phrases in such a way that they are implicitly cancelled by themselves, then they cannot be said to hold beliefs in uttering them (Libro I, vii, 15)

De esta forma, el escepticismo se protege de la acusación tan evidente de auto-contradicción.

 

Lo mismo es dicho, de manera más simple y directa, por Cicerón. En Sobre los Deberes (De Officiis), frente a la crítica que plantea cómo es posible que él, representante de los escépticos, escriba un libro sobre moral, nos dice que:

For rather what sort of mental habit, or rather what sort of life would that be which dispense with all rules for reasoning or even for living? Not so with us; but, as other schools maintain that some things are certain, other uncertain, we, differing with them, say that some things are probable, others improbable.

What, then, is to hinder me from accepting what seems to me to be probable, while rejecting what seems to be improbable, and from shunning the presumption of dogmatism, while keeping clear of that recklessness of assertion which is as far as possible removed from true wisdom? (Libro II, 7-8)

Al texto le falta la sutileza filosófica del de Sexto Empírico, pero compensa con su absoluta claridad. El escepticismo no implica no tener pareceres, y no implica no actuar de acuerdo a esos pareceres e incluso propiciar que esos pareceres sean usados por otros. Sólo implica que son pareceres y no cosas indudables. A lo cual no cabría sino responder que tiene razón: El escepticismo no es una posición que pueda caer por una contraargumentación tan sencilla como el argumento de contradicción.

Lo cual nos lleva a una idea más general. Hay muchas ideas que han circulado por largo tiempo y han sido sostenidas por múltiples personas. Muchas de ellas nos pueden parecer a nosotros, en un sentido literal, increíbles; y podemos pensar con facilidad objeciones claras y fuertes a ellas. Dado eso, y teniendo el mínimo de consideración con los otros, habría que pensar que ellos también pensaron esa objeción, y sin embargo sostienen la posición. Entonces, ¿qué les permite responder a esa obviedad? Y más en general, dado que lo obvio no es tan universal como se pudiera pensar, ¿qué les permite sostener, a personas meridianamente inteligentes y reflexivas (y de toda posición que ha sido sostenida por un tiempo relevante por una porción importante de la humanidad se puede pensar que hubo tales personas), cosas que a nosotros nos parecen increíbles?

La exigencia de intentar comprender el pensamiento ajeno, de no reducirlo a mera idiotez, no es una exigencia moral, se sigue del hecho que una posición ha sido sostenida por personas que no son brutas. Y ese camino permite, uno cree, comprender mejor lo que los otros nos tienen que decir y lo que los otros nos pueden ofrecer.

 

NOTA.

Las citas provienen de las siguientes ediciones.
Sexto Empírico, Outlines of Escepticism. Cambridge Texts in the History of Philosophy. Editado por Julia Annas y Jonathan Barnes. Cambridge University Press, 2000.

Cicerón. De Officiis. Loeb Classical Library.