Una periodización de la evolución de la concentración territorial en Chile 1540s-2010s

Siguiendo una reflexión de hace un par de años, en el marco de mi viejo trabajo en el PNUD, elaboré una primera versión de un examen histórico de la construcción del territorio en Chile, bajo el punto de vista de la evolución de la concentración -lo que da, además, una perspectiva que puede ser interesante para periodizar nuestra historia.

El paper argumenta que se pueden reconocer al menos los siguientes períodos:

1540s-1598: La Conquista, caracterizada por una concentración en lo que ahora es el sur del país. El período termina con la rebelión de 1598, la que implica el abandono de lo que había sido el esfuerzo principal de la colonia

1598-1700’s: Un período donde el único lugar de concentración social y demográfica importante era Santiago. Más que la mayor parte de la actividad ocurriera en Santiago y en sus alrededores, aunque de hecho en parte importancia ocurría cerca, lo importante es que no hay otro centro relevante.

1700s-1850’s: Período de desconcentración. Desde el inicio de la fundación borbónica de ciudades hasta mediados del siglo XIX se observa un fuerte crecimiento (demográfico y económico) de los distintos territorios, donde Santiago pasa (vuelve) a ser a lo más primus inter pares

1850’s-1970s: El período clásico de ‘concentración’, primero en el par Santiago-Valparaíso y luego sólo en Santiago. Esa es la zona que crece, mientras que muchas otras se estancan. El peso del centro, y en particular de Santiago, no hace más que aumentar a lo largo de todo este período

1970’s-actualidad. Lo que caracteriza de forma más clara al período es el ceso del aumento de la concentración. Si bien esta no disminuye, el peso de Santiago no sigue aumentando. Si ello se suma al hecho del importante crecimiento del país en las últimas décadas, que se ha manifestado en los diversos territorios, encontramos una dinámica muy diferente a la anterior.

En general, lo que intenta mostrar el artículo es que por una parte lo que todavía sigue siendo una representación común de la situación de los territorios (un centro pujante contra unos territorios atrasados) no da cuenta de la realidad actual, y de hecho es un fenómeno que no ha caracterizado a Chile durante buena parte de su historia. No es algo perenne.

Aquí el link.

El crecimiento económico en Chile 1810-2016

El economista Angus Maddison publicó el año 2007 un libro Contours of World Economy, que culminaba una tarea absolutamente insensata: Intentar medir el PGB per cápita de diversos países a partir del año 1 de nuestra era. Una tarea gigantesca (en términos de recopilación de datos y de análisis para hacerlos comparables) que siempre produciría resultados imprecisos y discutibles (porque es difícil estar seguros de, por ejemplo, la estimación que se hace del PGB per cápita del Imperio Romano en la era de Augusto). Pero al mismo tiempo de una utilidad impresionante: Son recurrentes en historia preguntas que, al final, son preguntas de estándar de vida (que el PGB per cápita, mal que bien, mide) y de comparaciones en torno a ello (¿cómo se compara la prosperidad de China, India y Europa en el siglo XV-XVI? para recordar una bien habitual). Como muchas veces ocurre, son quienes se atreven a esas tareas insensatas que otros no los que nos permiten avanzar en nuestra comprensión del mundo.

A partir de ello se generó un proyecto de múltiples investigadores, llamado el proyecto Maddison en honor del investigador (fallecido el 2010). Ese proyecto ha publicado bases de datos para comparación histórica, y hace unos pocos meses en este 2018 publicó su actualización más reciente (ver aquí el link). Dicha base posee datos para Chile desde el año 1810 en adelante, así que esto permite una mirada de largo plazo del crecimiento económico en Chile.

Para la comparación de crecimiento a lo largo del tiempo, el proyecto recomienda usar la tabla rgdpanpc (que corresponde al PGB per cápita real en dólares del 2011, con benchmark del año 2011), y es la que usaremos para nuestros dos primeros gráficos, que intentan mostrar el crecimiento de la economía Chile en el par de siglos de nuestra historia republicana.

Ingreso per Cápita, Chile 1810-2016 (dólares de 2011)

Crecimiento

 

 

Los datos son bastante claros en mostrar un cambio en el ritmo permanente de crecimiento a contar de alrededor de 1985-1990. El aumento en el PIB per cápita a partir de esos años experimenta un salto que claramente es muy diferente de la tendencia anterior. He ahí una discontinuidad. La frase tan manida de un Chile muy cambiado en las últimas décadas tiene un correlato muy claro en ese gráfico.

Ahora bien, alguien podría retrucar que un gráfico que muestra valores absolutos puede resultar engañoso: Un crecimiento del 5% implica un salto muy distinto cuando se tiene un ingreso de 1.000 que cuando se tienen 20.000, y es ello lo que podría aparecer en el gráfico más que un cambio de tendencia fundamental. Ello es correcto, aunque deja fuera dos elementos que son relevantes: (1) No siempre aparece ese cambio de tendencia en el gráfico absoluto (si uno hace el mismo gráfico para Argentina no encuentra ese cambio) y (2) efectivamente sí es muy distinto lo que implica un crecimiento de un cierto nivel a muy diferentes niveles de ingreso, eso es también algo a destacar.

Como de todas formas es un tema relevante, procedemos a mostrar entonces un gráfico del porcentaje de crecimiento. Ahora bien, si se realiza un gráfico anual no se encuentra ninguna tendencia que pueda describirse, pero si se realiza un gráfico de crecimiento decenal si aparece algo muy interesante.

Porcentaje de crecimiento decenal del Ingreso per cápita, Chile 1816-2016 (dólares de 2011)

ritmo_crecimiento_decenal

Y entonces resulta claro que efectivamente hay un salto en la década de 1986 a 1996 (si se usan décadas iniciadas en otros años se desdibuja el máximo pero el fenómeno de todas formas resulta claro). El ritmo de crecimiento decenal no sólo es el más alto de toda la historia republicana, sino que supera con creces (más del doble) a cualquier otro decenio. Es claro que es ahí, y sólo ahí, donde se produce un salto. Los decenios posteriores tienen niveles que, dentro de la tendencia histórica, están en un nivel alto pero dentro de lo normal. Es cierto que tener tres décadas de crecimiento (cuatro si se considera también 1976 y 1986) con niveles de crecimiento que no son bajos para nuestra tendencia histórica es también algo excepcional -lo normal es más bien buenas décadas seguidas por décadas más bajas-, pero en términos de decenios es entre 1986 y 1996 donde se produce un salto cualitativo.

Como a buena parte no le interesan las descripciones sin que vayan acompañadas de evaluaciones, o al menos de sus efectos para evaluaciones, entonces habrá que recordar lo siguiente: Es un hecho que, nos gusto o no, es bajo el modelo actual de desarrollo que (a) Chile experimentó su década más alta de crecimiento en toda su historia y (b) unas cuantas décadas que, también miradas de conjunto, representan el período de mayor crecimiento. Dicho de otra forma, en términos de décadas no hemos tenido una década pérdida desde los ’80 (la década 1974 a 1984 implica un crecimiento del 1,7% y es la última ocasión en que ello ocurre, justo saliendo de una recesión extremadamente fuerte). Se pueden decir muchas cosas al respecto, desde que no fue en la dictadura sino bajo la Concertación (y por lo tanto bajo un modelo que no sería igual) que se han obtenido los mejores resultados, o que no todo es crecimiento (hay desde distribución -cuantos son los que disfrutan de ese crecimiento-  hasta asuntos no económicos); pero los datos resultan innegables, y sea cual sea su evaluación y postura no queda otra que aceptarlos. En términos de crecimiento, el período Buchi-Foxley es, sin comparación alguna, el mejor de nuestra historia.

Ahora, todo lo anterior fue mirando sólo a Chile. Pero claramente para evaluar el desempeño económico no basta con mirar el propio crecimiento. Al fin y al cabo, el hecho que no se observe en el caso chileno los ‘3o gloriosos’ de los países desarrollados (altos niveles de crecimiento en post-guerra) no deja de ser bastante relevante. Para observar la ‘convergencia’ (o divergencia) de Chile con los países desarrollados, observaremos el porcentaje que representa el ingreso de Chile en relación con el de Estados Unidos. Éste siempre ha sido un país rico en términos comparativos, y cercano o directamente en la línea de la frontera de productividad -o sea, del país que produce de manera más eficiente dada la tecnología en un momento dado. Pensé en comparar con el país de máximo ingreso -como equivalente de frontera de productividad-, pero en ese caso aparecían pequeños países petroleros (Qatar, los Emiratos) con cifras muy altas, que no implicaban frontera de productividad, y el ejercicio de eliminar países extraños no deja de ser subjetivo (¿incluyo Noruega, con el petróleo y sus ingresos por el fondo público de inversión?). Dado eso, mejor comparar con Estados Unidos.

Los datos para esa comparación provienen de la misma base, pero ahora de la tabla cgdppc (también el ingreso per cápita del PGB en dólares del 2011, pero aquí basado en benchmarks múltiples, que nos dicen los autores sirve para comparaciones de ingreso entre países).

Porcentaje del ingreso per cápita de Chile comparado con el de EE.UU 1810-2016

comparación_USA

Lo que encontramos es que Chile ha experimentado convergencia con Estados Unidos en las últimas décadas. Sin embargo, todavía no alcanzamos las cifras de la segunda mitad del siglo XX, y ello no es solamente produce que se eligió Estados Unidos como comparación. Hay varios países desarrollados con los cuales la comparación en, por ejemplo, 1883 da una convergencia mayor que el 2016: Francia (ingreso chileno siendo el 65% del francés en 1883 y 55% el 2016) Alemania (66% y 46% respectivamente), Países Bajos (55% y 44%). En otros casos, como Portugal o Italia, el ingreso chileno de 1883 era más alto que el de los respectivos países en esa fecha. No siempre ocurre así (comparado con el Reino Unido, el ingreso chileno converge más ahora), pero una conclusión es clara: No es cierto que el período contemporáneo sea cuando más cerca Chile se haya encontrado de los países desarrollados.

El salto cualitativo de desarrollo que vimos anteriormente nos ha acercado a los países desarrollados, pero todavía no alcanza la situación de convergencia de mediados del siglo XIX. ¿A qué se debe ello? La respuesta es clara: Porque en los 40 años entre los 1940’s y los 1980’s Chile se alejó progresivamente de los países desarrollados. Si bien en términos de crecimiento decenal no parecen ser décadas muy diferentes a las anteriores, sucede que ese es un período de muy alto crecimiento de la economía mundial -y por lo tanto el desempeño económico de Chile fue, comparativamente, deficiente. Los años del desarrollismo, entonces, no fueron -desde el punto de vista del crecimiento económico- buenos años.

De hecho, uno puede hacer notar que las épocas en las cuales Chile ha convergido con los países desarrollados han sido épocas relativamente liberales en lo económico -finales del siglo XIX, la república parlamentaria, el modelo actual. Nuevamente, esto no quiere decir nada sobre evaluaciones (se puede retrucar al respecto que la trayectoria de convergencia alcanzó un máximo y no se avanzó más, o sea que tampoco representó un salto, que el desempeño posterior del desarrollismo se explica por los problemas que no pudo resolver el modelo anterior etc.); pero el caso es que la frase con la que se inició el párrafo no deja de ser correcta.

 

Más allá de todas las discusiones que pueden producir estos datos, hay algo que resulta muy claro. A todo lo largo de los 200 años de vida republicana, sólo hay un salto y cambio de tendencia en el crecimiento del ingreso (y al final, en el estándar de vida) durante todo el período. La década de 1986 a 1996 -es ahí donde se produce el cambio principal.

Marx y las revoluciones

Como Marx ha tenido su bicentenario recientemente, y como los seres humanos somos animales de efemérides, y como todo el mundo ha dado su opinión, no estará de más hacer la propia. Dentro de todas las posibles vertientes que se puede explorar, me centraré en el tema del pensamiento marxista y la revolución -creo que hay cosas interesantes que decir al respecto.

Es además una vertiente que sigue de cerca las preocupaciones del mismo Marx, el que en buena parte es un pensador sobre la revolución (y que las desea). Una parte no menor de los comentarios sobre Marx no dejan de ser algo curiosos, porque lo critican por aspectos que no son privativos de él. Así, pensemos en todas las críticas a la teoría del valor-trabajo. La mitad de ellas olvidan que, de hecho, Marx no creó la teoría, la tomo de la economía clásica de su época: Como buen hegeliano, su postura era que esa teoría reflejaba, quizás de manera distorsionada pero era un reflejo real, las condiciones de la época. Más aún, la elaboración que hace de ella es, en realidad, obtener las conclusiones que se derivan de sus premisas. En otras palabras: Que dadas las premisas de la teoría del valor-trabajo se sigue que hay apropiación de la plusvalía como lo plantea Marx. El argumento que da Marx es, de hecho, bastante bien estructurado y de hecho funciona. Lo hace tan bien que para poder criticar la conclusión de Marx (extracción de la plusvalía) se hace necesario abandonar la premisa (teoría del valor-trabajo), que repito no es invento propio de Marx -que fue, de hecho, lo que hizo la economía neoclásica después. Si tratáramos los argumentos de las ciencias sociales como si fueran argumentos matemáticos, la argumentación de Marx sería observada como parte del proceso que llevó al abandono de la teoría del valor trabajo. Más en general, parte de lo que se le critica actualmente a Marx son cosas que comparte con la teoría económica clásica -tampoco en Smith hay un examen o expectativa de progreso tecnológico permanente.

Donde sí Marx entregó aportes bastante propios es con relación a la idea de revolución. Es relevante recordar aquí que todos los que hicieron revoluciones en el siglo XVIII no tenían ni concepto ni teoría al respecto: Les ocurrió que generaron una revolución política de gran alcance, pero a decir verdad no es ni lo que querían ni lo que esperaban. Eso es relativamente claro en la Revolución Francesa, donde en 1791 lo que se pensaba era en términos de una Constituyente y transformar a la monarquía francesa en algo más similar a la inglesa. Marx sí desarrolló una teoría de la revolución y más importante, estuvo entre las primeras generaciones que buscaron y desearon que ellas ocurrieran.

Y con respecto a las revoluciones nos encontramos con un hecho que creo es central: Ninguna revolución marxista ocurrió de acuerdo a los criterios que el mismo Marx expuso para las revoluciones. Marx declaró que la revolución comunista sólo era posible en el estado y lugar del más avanzado capitalismo: Si la revolución proviene de las contradicciones del capitalismo, se sigue que sólo puede producirse en el momento y lugar donde ellas se agudizan, que debe ser el lugar donde éste es más avanzado. Si la revolución tiene como premisa la abundancia, sólo puede producirse en sociedades que tienen el sistema más poderoso de producción generado en la historia, y ese es -para Marx- el capitalismo. Luego, la revolución sólo es posible (y deseable) en el capitalismo más avanzado.

Como es conocido, ninguna de las revoluciones comunistas ocurrió donde Marx esperaba que ocurrieran. Ellas ocurrieron más bien en países que no eran parte del capitalismo más avanzado, y donde el campesinado tenía tanto o más relevancia que la clase obrera. En los años en que los regímenes nacidos de esas revoluciones seguían en el poder, o intentaban poner en marcha el comunismo, eso se veía como una superación de Marx. Los grandes líderes revolucionarios habían detectado un error y lo habían solucionado en la práctica -la revolución comunista era posible fuera del capitalismo avanzado, y corriendo el tiempo el argumento fue que sólo ahí era posible. Con el correr del tiempo, resulta posible ahora decir que Marx sí tenía un punto: La revolución comunista no era posible fuera del capitalismo avanzado, que el capitalismo avanzado sí era la precondición, que una revolución nacida fuera de esos países podía ser revolución, pero no podía producir el resultado de una sociedad comunista.

Para evitar malentendidos: Esto no es un argumento del tipo ‘no true Scotman’, y en particular tampoco es esa esperanza de ‘si la revolución se hubiera realizado bien…’. Las revoluciones que intentaron lograr el comunismo son las que existieron, hay varios argumentos que revoluciones en los países que Marx esperaba habrían producido resultados similares. En particular, lo último es más válido para el tipo de estrategia (centralizada, de movimiento profesional de revolucionarios etc.) que Marx apuntó en su vida, y que de hecho no sólo fue discutida en su tiempo (que Bakunin haya perdido las discusiones no evita que esas hayan existido) ni tampoco daban cuenta de lo más cercano a una revolución proletaria en país avanzado que él pudo observar (la Comuna de París, que fue bastante más descentralizada y más espontánea que lo que Marx esperaba).

Sólo estoy puntualizando que el argumento negativo de  Marx (sobre donde no debieran producirse revoluciones) si resultó correcto -y que las razones de porqué la revolución requiere el capitalismo avanzado siempre fueron relevantes. Esto al final tiene que ver con un aspecto que es claro en Marx, pero que se desdibuja en sus seguidores: La superioridad histórica del capitalismo sobre todos los otros sistemas históricamente existentes, y que cualquier ‘superación’ del capitalismo ha de basarse en lo que éste ha producido. De alguna forma, por todas sus críticas, Marx es bastante menos negativo sobre el capitalismo que sus seguidores.

Aquí creo que el concepto y esperanza de revolución juega un rol importante. Marx nació en sociedades que habían experimentado lo que una revolución puede hacer, las fuerzas que ella despliegan. No es raro que alguien que quería cambiar la sociedad (que asumía que el capitalismo debía ser superado) buscara entonces ‘aquí y ahora’ desatar esas fuerzas. Y sin embargo, el propio examen de la historia del capitalismo debiera haber generado otra expectativa: las revoluciones que Marx vivió, y tal como él las pensó, fueron producto de largas duraciones. El capitalismo como sistema había emergido de la vida feudal mucho tiempo atrás, y progresivamente se había fortalecido -el proceso que lleva, siglos después de su nacimiento, a que en un contexto determinado se produzca una revolución política pro-burguesía, no fue algo que se pudiera producir en sus inicios. Fue también, como ya indicamos anteriormente, un suceso que sorprendió a quienes participaron en ella. Luego, ¿por qué debiera pensarse que el proceso que llevara del capitalismo a otro sistema debiera ser tan rápido?

Las sociedades modernas son sociedades que en términos estructurales viven en procesos de cambio relativamente rápidos -es esa su característica estable. En cada generación, quienes viven en ella piensan que están viviendo cambios muy fundamentales y que horizontes completamente nuevos se abren en ese momento. Esa experiencia (la que, como Berman recordó y usó en el título de su libro sobre la experiencia moderna, fue tan brillantemente dicha por Marx al decir que ‘todo lo sólido se desvanece en el aire’) hace olvidar que es una experiencia que ya varias generaciones han experimentado (y por cierto, cada generación descubre las continuidades que se habían vivido hasta la generación pasada, que ya pensaba que su experiencia era radicalmente nuevo) Lo cual quiere decir que la experiencia de cambio no es un índice que nos dice que será superado el modo de vida actual, sino que es parte de ese modo de vida y de esa sociedad. Luego, esa experiencia nada dice de la capacidad del capitalismo, como cualquier sistema social en ese nivel de abstracción, de permanecer en el tiempo. Que, como todas las cosas hechas por los seres humanos (e independiente de cómo pensemos ese hacer, deliberado o no, sistemático o no etc.), pueda ser modificado, no implica que esa modificación esté a la vuelta de la esquina.

Si la condición, y ese era una idea fundamental en Marx, de superar el capitalismo es que éste haya alcanzado su cúspide, nada dice que esa cúspide haya sido alcanzada. Si ello sucede, probablemente sólo lo sepamos a posteriori. El pensamiento de Marx es un intento de pensar históricamente, en el largo plazo, el énfasis en la revolución es un énfasis de corto plazo. En esa transición hay miles de fantasmas que despejar.

Evolución de la propiedad en la Francia medieval. Notas de Lectura

La petite et moyenne propriété, qui formait le support économique de la société carolingienne, disparaît ente Xe et XIe siècle sous la pression des puissants.

Francois Menant et al. (1999) Les Capétiens, Parte I, Cap 3, p 86. Paris: Perrin.

A propósito de un posible argumento a obtener de The Great Leveler (Scheidel, 2017, Princeton University Press): Que una vez que se ‘estabiliza’ un determinado orden, tiende a aumentar la desigualdad (y no te olvides de escribir la reseña)

Ahora bien, crucial aquí es cómo se entiende la palabra ‘estabilizar’. El período analizado es uno de pérdida de poder estatal, y de traspaso a la aristocracia (a quienquiera que pudiera poner un castillo, a decir verdad, el mismo punto lo hace Baschet, La civilisation féodale, Flammarion 2006, Parte 1, Cap 2, p 143-147). Eso, y los niveles de violencia concomitante, puede observarse como desestabilización -los años previos a la instalación de los Capetos con incursiones vikingas de forma regular son una muestra de ello. Pero al mismo punto, es un tipo claro de orden (de una práctica reconocida y estable en el tiempo). Luego, si se lo entiende de esta última forma podría pensarse como apoyando la hipótesis. Pero, por otro lado, los tiempos carolingios son también un tipo de orden, y claramente más estables en el mismo sentido (mayor fuerza poder central). Y no están, a su vez, esos tiempos ya alejados de la ruptura de la caída del Imperio Romano de Occidente -uno de los ejemplos de Scheidel sobre cómo el colapso social produce igualdad, o para decirlo de otra forma que una de las varias precondiciones del aumento de la igualdad es el colapso-, como para decir que ese efecto debiera diluirse.

Supongo que eso requiere más lecturas de los tiempos previos a los Capetos (entre los 400 y los 900), en particular con los Carolingios. En fin, así sucede con la historia en cualquier cosa.

De la Administración del ‘Modelo’

La idea que los gobiernos de la Concertación (1990-2010) administraron al modelo de la dictadura generó, entre quienes defendían y defienden esos gobiernos, gran escozor; una forma de menosprecio de los logros de esos gobiernos. Sin embargo, aparece la forma más sucinta de referirse a lo que hicieron esos gobiernos -comparados con los cambios fundamentales implantados durante la dictadura, los gobiernos de la Concertación resultan menores (que, por cierto, cuando ganaban elecciones se mostraban a sí como gente moderada que hacía cambios moderados, en otras palabras continuaban el modelo).

Ahora bien, toda afirmación sobre la continuidad del modelo ha de basarse en una definición. Por ahora usaremos una que fue usada por parte del Gobierno de la época, más allá de cuan en serio se tomara, como resumen de los principales cambios realizados. Las famosas ‘siete modernizaciones’. Ellas pueden sintetizarse en el siguiente listado (siguiendo a Darío Menanteau-Horta, El rol del Estado en el desarrollo social y la Reforma de la previsión en Chile y EE.UU, Revista Austral de Ciencias Sociales 2006, 10: 5-22)

1. El Plan de Reforma Laboral.
2. La Reforma Previsional.
3. Cambios en los planes de la salud.
4. Municipalización de la Educación.
5. Modernización Judicial.
6. Cambios en la Agricultura.
7. Regionalización y Cambios en la Administración Pública.

En una entrevista realizada a José Piñera en 1979, quien diseñó en forma concreta parte de varias de ellas, usando el mismo listado, nos dice de sus principios:

El Plan laboral con la libertad sindical; la futura reforma previsional con un sistema de pensiones basada en la capitalización individual; la Directiva Educacional y la reforma de la salud a través de la descentralización operativa y la mayor flexibilidad de opciones individuales; la modernización judicial al hacer más efectivo y expedito el acceso de toda persona a la justicia; el reordenamiento agrícola al fortalecer la propiedad privada en el campo; y por último, la reforma administrativa al agilizar el sector estatal y permitir reducir su tamaño que abruma con su pesada carga a todo los chilenos

Definidas de esa forma, es claro que vivimos bajo la égida de esas transformaciones. Con los cambios posteriores, la Reforma Laboral sigue en vigencia; las pensiones operan bajo capitalización individual; en Salud siguen existiendo Isapres; en educación la municipalización, la pérdida de prerrogativas del MINEDUC y la expansión de la educación privada siguen operando; seguimos operando bajo una agricultura de exportación con fuertes derechos de propiedad (pensemos en el código de Aguas). Las reformas puramente estatales (Justicia y Administrativa) son menos claras, aun cuando se puede mencionar que continua el ordenamiento territorial con regiones.

Más en general, la orientación de la economía a las exportaciones, con bajos aranceles, libre cambio de divisas, menor presencia del Estado de forma directa (empresas) e indirecta (menos regulaciones, por ejemplo, queda muy poco de regulación de precios), centralidad del mercado y el sector privado, la orientación focalizada de las políticas públicas, siguen operando.

Los grandes cambios de la Concertación se centran, fundamentalmente, en dos tipos -y ninguno de ellos implica más que administrar. Uno de ellos es en términos de resultados: crecimiento, disminución de la inflación, disminución de la pobreza. Pero claramente no es parte del modelo como tal una alta pobreza. Lo que muestran esos resultados (y no es aquí la intención negar su magnitud o relevancia para la sociedad) es, literalmente, buena administración. Los segundos son todos ellos modificaciones en los margenes: Pensemos en pensiones, algunas de las modificaciones siguen los lineamientos puestos por Piñera (elección de tipo de fondo, entre A y E); otras operan de manera subsidiaria (pilar solidario para pensiones bajas). El núcleo del sistema se mantiene intacto (sistema de capitalización individual  administrado privadamente). Incluso aceptando que la intención fuera otra (estoy pensando que en varios casos las intenciones iniciales de reforma eran más amplias que en otros casos, como el AUGE, como lo ha investigado Garretón); el caso es que el resultado es del tipo administrativo: Realizar las modificaciones necesarias para que el sistema siga operando -una lógica tan conservadora que la frase clásica está en Burke en las Reflexiones sobre la Revolución en Francia.

En otras palabras, es tan obvio y evidente que es cierto que la Concertación administró el modelo (si se quiere, además, lo hizo exitosamente), que el resquemor sólo puede ser producto de una mala conciencia al respecto.

Las contradicciones derechistas sobre el 12 de Octubre de 1492

En la entrada anterior planteamos algunos mitos tipícamente progresistas en torno al 12 de Octubre. Corresponde entonces escribir otra entrada que sea su par sobre los problemas que aparecen en visiones del ‘ala derecha’. En este caso, no sé cuán dominantes sean estos problemas, pero son todos ellos afirmaciones con las que me he encontrado efectivamente.

La entrada anterior versaba sobre mitos, esta sobre contradicciones. Al final de la entrada discutiremos la importancia de la distinción. Otra nota: la palabra progresista tiene la ventaja de identificar a un grupo amplio sin especificarlo a una ideología en concreto; para el otro lado no haya palabra equivalente (aparte de ‘derechas’). Si pongo conservador, algunos dirían que no aplica a liberales; y lo mismo si uso liberal. La idea es usar una palabra genérica que aplica a un segmento de la discusión de un modo amplio, y por lo tanto, por ahora quedará en derechas. Dichas estas consideraciones, entremos en materia.

Contradicción 1. La conquista fue buena porque trajeron civilización, al mismo tiempo  se propugna el principio de no-agresión

Reaccionando a la crítica progresista, se enfatizará que la conquista nos trajo lenguaje, civilización, religión etc (lo que usted quiera). Al mismo tiempo, entre quienes declaran lo anterior aparece, en otras ocasiones, la defensa de la idea de no-agresión: Que lo que es invalido es el uso y amenaza de la fuerza, de la violencia, en las interacciones. Entendiendo al Estado como estructurado por la coerción y la fuerza, a partir de ese principio se critica la regulación (y llevando el argumento a su extremo lógico, a los impuestos).

La contradicción debiera ser evidente. La Conquista no fue un proceso pacífico de intercambio, fue un proceso violento de coerción. Resulta imposible defender, con buena fe, la preponderancia irrestricta de condenar la violencia (pensada de forma que incluya, digamos, el IVA o regulaciones laborales) y al mismo tiempo celebrar un proceso transido completamente de violencia. Porque si se va a justificar la máxima violencia por sus resultados (por ahora ni siquiera entraremos a discutir el error factual de ese ‘trajeron la civilización), entonces el famoso principio defendido nunca fue el tema.

Contradicción 2. No eran propietarios (Terra Nullius), al mismo tiempo la idea de propiedad es algo universal.

Entre las justificaciones de la apropiación europea del Nuevo Mundo, y esto es algo viejo, ya está en Locke por lo menos, es la idea que los habitantes no tenían propiedad alguna sobre esas tierras. Ya fuera porque se los declarara nómadas, y solo un pueblo sedentario puede tener propiedad; o incluso porque no tenían la idea de propiedad de la tierra, el caso es que su uso de esas tierras no constituía propiedad. Legalmente, entonces eran Terra Nullius -disponibles al primero que la proclamara. Al mismo tiempo, entre estas personas es común declarar que la idea de propiedad es universal -de validez universal y encontrada de hecho a través de las culturas: Lo mío y lo tuyo son cosas bien básicas.

Nuevamente, nos encontramos ante una contradicción evidente. Porque tendríamos a un largo y diverso grupos de cultura que no podrían reclamar que fueron desapropiadas, que se les robaron sus tierras, en ellos esas ideas no aplican. Y al mismo tiempo se declara que la propiedad es un fenómeno universal, sin excepciones. Si la propiedad es un fenómeno tan universal, y si es válido el principio que a nadie se le puede quitar su propiedad sin su consentimiento, entonces la Conquista claramente no es un proceso de respeto de la propiedad ajena, sino un proceso no sólo de apropiación sino de expropiación, algo que, entre estas gentes, es usualmente denostado de forma tajante.

Contradicción 3. Criticar la Conquista es aplicar principios de otras eras lo que no corresponde, al mismo tiempo los propios principios son de validez universal.

Una tercera contradicción es la insistencia en que todos los críticos de la llegada de los europeos están cometiendo el pecado de anacronismo: Criticar a personas del siglo XVI de acuerdo a cánones del siglo XXI. Y ello claramente no correspondería. Al mismo tiempo, es común en estas personas una rígida defensa de sus principios en la actualidad, bajo la idea que -finalmente- sus ideas son universalmente válidas, y que toda crítica es errónea. En más de un caso, esto lleva a preguntarse por los límites de la democracia, el viejo argumento de la tiranía de la mayoría, la vieja desconfianza por la muchedumbre, dado que una mayoría bien puede aprobar algo que es inmoral.

Entonces, se plantea que la opinión mayoritaria no es suficiente para validar algo moralmente, y al mismo tiempo se justifica algo porque correspondía a la opinión mayoritaria de su tiempo. La contradicción es menos flagrante que en ocasiones anteriores: Por ejemplo, alguien podría decir que que esta circunstancia no justifica, sino que aminora la culpa. Sin embargo, sigue siendo una tensión pragmática en el argumento.

En los asuntos anteriores, dado que el centro está en la contradicción, no entré mayormente en la corrección empírica del aserto. En este caso lo creo necesario, porque muestra un desconocimiento cabal del tema. Es bastante sabido, de hecho era uno de los temas recurrentes entre apologistas pro-hispánicos, que la conducta de los conquistadores fue un tema discutido en la época, en España. Está la Brevísima Relación de la Destrucción de las Indias, está la Junta de Valladolid, están las Leyes Nuevas. El tipo y naturaleza de la crítica son diversas, y van desde quienes en la época no creían en la justificación de la Conquista como tal, hasta quienes (como el propio emperador Carlos V) si bien creían en la validez de la Conquista estaban en contra de los excesos de los conquistadores contra los pueblos originarios. De hecho, estamos ante asuntos cuya disputa llegó al conflicto armado. El intento de implantar las Leyes Nuevas por el primer virrey en Perú generó una rebelión, el asesinato del virrey e incluso los conquistadores pensaron independizarse. Claramente, no estamos ante hechos que fueran claramente y fácilmente aceptados en la época.

Por cierto, planteada así la discusión se esconde a un grupo que resulta bastante importante: Cuando decimos que la Conquista era justificada o no en la época, habrá que recordar que quienes actuaron y vivieron en esos años no se reducen a los españoles, sino incluyen a los pueblos originarios. Y aquí claramente la conquista no era algo aceptado ni deseado.

Luego, ¿quienes eran esos de la época que aceptaban la conquista, y la conducta de los conquistadores? Eso no incluye a los pueblos indígenas, tampoco incluye una parte, de cierta influencia, de la opinión y autoridad de los españoles. Pero es la opinión de que era aceptable, la que queda como ‘lo que correspondía a la época’. Lo que no deja de ser una burda simplificación de una era que, como todas, era compleja.

 

Una nota final. Los problemas en la interpretación estándar del progresismo los puse como mitos: Usualmente parten de una constatación correcta, pero extralimitan y obtienen conclusiones equivocadas. Luego, el principal problema es usualmente empírico. En este caso, los problemas son de otro tipo (aunque, de hecho, también hay problemas empíricos): Hay un discurso específico sobre la Conquista que contradice el discurso general que aducen estas personas. En otras palabras, dado su deseo de justificar la Conquista (¿por qué los progresistas se oponen?) entonces no hay problema en caer en contradicción con lo que supuestamente dicen en general con tal de construir un discurso que la justifique. Si se quiere, hay un tema de buena fe que es algo más profundo, y al menos es diferente, de lo que ocurre entre progresistas.

Los mitos progresistas en torno a la irrupción europea en América

Desde el progresismo hay varias ideas, que a estas alturas ya son algo predominantes al interior de estos segmentos, sobre el significado del 12 de Octubre de 1492. Entre ellas hay algunas que tienen claramente problemas, y que esconden temas que son relevantes.

(1) No hubo descubrimiento.

El hecho inicial que es correcto es que eran tierras pobladas, y luego ya sabían dónde vivían. Lo cual es cierto, pero esconde un hecho fundamental: Que nadie más sabía ello. Los habitantes de la meseta de México bien sabían que vivían en sus tierras, y lo mismo es válido para quienes vivían en Cuzco, o en cualquiera de los muy distintos lugares que componen estas tierras. Ahora bien, los aztecas no sabían que existían los chinos, ni los europeos, ni los indios; ni ninguno de estos últimos tenía la más peregrina idea que existía un pueblo como los aztecas. De hecho que existe tal cosa como el conjunto de las tierras que va desde Alaska a Tierra del Fuego era también desconocido para los habitantes de esos lugares, los aztecas bien poco conocimiento tenían que existía un Imperio lejano al sur de ellos.

Lo anterior es relevante, y no mera pedantería, porque enfatizar que eso constituye descubrimiento implica observar una serie de circunstancias que son cruciales: La invasión del viejo mundo por la papa; la irrupción de muchos tipos de ganado en el nuevo; la conformación -por primera vez en la historia- de circulación global de bienes, y así con múltiples otras cosas que se pueden entender sólo si recordamos que en 1492 finaliza una separación prácticamente completa entre América y el Viejo Mundo. Es cierto que para los habitantes América no fue descubierta; pero para todo el resto sí fue un descubrimiento.

(2) Lo que se produce a partir de 1492 es un genocidio.

La afirmación inicial correcta aquí es que existió un desastre poblacional gigante -probablemente, el mayor de la historia. Además es correcto que en las Antillas y el Caribe las poblaciones indígenas fueron exterminadas; y en general, los españoles en sus combates fueron claramente brutales. Sin embargo, de ello no se sigue genocidio.

La voluntad clara y evidente de los españoles es la de subyugar y dominar a los pueblos originarios; claramente para eso querían conquistarlos. Ahora bien, la voluntad de subyugar y la voluntad de genocidio no son compatibles -ambas son formas de pasar por encima al otro, pero claramente son diferentes. Quien quiere subyugar a los pueblos originarios necesita que ellos sigan existiendo, y que se multipliquen -es la forma de poder continuar mi dominación. La disminución de la población originaria era un problema para los españoles (son múltiples los documentos en que, así funciona el colonialismo, acusan a los propios indígenas de su desaparición). Todo ello es distinto a la voluntad de exterminio que es parte de un genocidio.

Por cierto, lo anterior no implica que los españoles no fueran responsables del desastre poblacional. La argumentación de ‘fueron las enfermedades y epidemias’ es muy parcial: Es cierto que la mayoría de los muertos proviene de esas enfermedades, y es claro que no importa quienes fueron los primeros que se contactaran desde fuera con América, las epidemias hubieran sido de gran magnitud. El tema no es ése, sino la falta de recuperación demográfica -la caída es constante  y llega hasta cerca de 1650 (o sea, más de un siglo y medio de contacto). Una población explotada al nivel que fueron buena parte de las indígenas (la cantidad de muertos en el Potosí es seña suficiente de ello) no es una población donde se facilite el crecimiento de la población.

La brutalidad de los españoles al hacer la guerra tampoco tiene relación con genocidio. Y ello no porque la brutalidad sea falsa, sino por una circunstancia más general: Los españoles eran brutales y carniceros en la guerra en todas partes. La famosa leyenda negra no nace en América, nace en Europa: es el tratamiento de Amberes, de Roma, de las ciudades holandesas lo que hizo famosos a los soldados españoles como crueles. Las descripciones que los testigos hacían del destino de esas ciudades no es tan diferente a lo que uno puede leer que hacían por nuestras tierras. La repulsión que generaron esos actos en esos tiempos indica, por cierto, que no eran simplemente ‘diferentes tiempos con diferentes estándares’ (de hecho, en particular, las acciones de Colón en las Antillas fueron denunciadas al interior de la cultura española de ese tiempo). Sin embargo, todo ello es distinto del tema del genocidio.

Ahora bien, decir que genocidio no aplica no quiere negar la debacle demográfica ni la brutalidad de la conquista, ni menos condonar el hecho. Simplemente es recordar que los españoles querían efectivamente disponer de siervos, y eso es distinto de querer exterminarlos.

(3) Que la conquista fue algo que hicieron los españoles contra nosotros

Quienes en la actualidad se identifican y son parte de los pueblos originarios pueden decir, con toda propiedad, que todos estos europeos en sus tierras fueron una invasión de un foráneo. Quienes no somos parte de esos pueblos no podemos decir ello.

No me refiero aquí al tema biológico del mestizaje, al hecho que buena parte de las poblaciones de América Latina tienen entre sus antecesores personas de pueblos originarios y personas europeas (por cierto, ¿desde cuando al progresismo basa algo en un tema biológico?). Estoy hablando de un asunto cultural. Sucede que la lengua materna de buena parte de la población es el castellano, sucede que la religión que las personas aprenden en su infancia (o rechazan después, o por último, tienen que referirse a) es el catolicismo. Y así. Los españoles fueron, más allá de lo que se opine al respecto, extremadamente exitosos en diseminar su cultura y transformar a esas poblaciones en su impronta. No se puede tratar esto como algo simplemente externo que nos hicieron, porque ese ellos que hizo cosas es parte fundamental del nosotros (a 500 años de la conquista de las Galias, al momento de las invasiones germánicas, la cultura romana no era extraña a los habitantes de la actual Francia).

Esto no dice nada en relación con la postura sobre las luchas actuales de los pueblos originarios. Sin embargo, hay que reconocer que son, para buena parte de quienes vivimos por estas tierras, las luchas de ellos. Dudo mucho que un mapuche podría aceptar, por ejemplo, que alguien como yo diga que soy uno de ellos; y habría que asumirse como winka. Esto independiente, nuevamente, del hecho que -como también la mayoría de los que vivimos por estas tierras- parte de mi herencia cultural es también indígena (desde muchas palabras, al uso masivo del maíz, choclo por estos lugares. en la alimentación, pasando por la ubicación de la ciudad donde nací -Santiago); pero el núcleo cultural es producto de la expansión de los españoles. En otras palabras, 500 años de dominación no pasan sin consecuencias profundas.

 

En todos estos casos hay un origen en la afirmación tipícamente progresista que es correcto, pero la elaboración posterior -las implicancias que se obtienen de ella- no lo son (Por si acaso fuera necesario, que en estos tiempos al parecer este tipo de aclaraciones son requeridas: Todo ello no quita nada en torno al criticar o deplorar los hechos sucedidos). Y ellas suelen, más bien, obstaculizar y simplificar la comprensión de esos asuntos.

Una brevísima nota sobre el Sacro Imperio Romano

Los últimos años del Sacro Imperio Romano, desde 1648 con el Tratado de Westfalia, hasta 1806, con la disolución final, en general tienen mala prensa. Básicamente, el Imperio deja de existir para todos los propósitos prácticos, al dejar de tener el emperador casi cualquier noción de dominio sobre los territorios que lo conforman. El siglo XVIII cada estado al interior del Imperio lucha sus guerras de forma separada (Bavaria y Prusia en particular).

En ese sentido, aparte de la existencia de un nombre uno bien puede decir que ya había dejado de existir, a lo más cosas de protocolo (como que el margrave de Brandenburgo para convertirse en rey debe serlo en Prusia -fuera del Sacro Imperio- pero no puede decirse a sí rey al interior del Imperio) Y sin embargo, si se escarba se encuentran todavía algunas señales de existencia. En 1681, en el caso del segundo sitio de Viena, participa un ejército imperial en la defensa. Los Hohenzollern durante mucho tiempo tuvieron que soportar que sus dominios todavía estaban afectos parcialmente a la jurisdicción en términos legales del imperio (algo que me sorprendió bastante leyendo Iron Kingdom de Clark 2009, una historia de Prusia).

Pero quizás lo más importante sea otro asunto. Todos los pequeños estados al interior de Alemania sobrevivieron sin mayores problemas durante el período en que existió el Sacro Imperio. Una vez disuelto este, todos esos estados desaparecieron prontamente (la unificación es de 1871). Usualmente decimos que eso se debe al nacionalismo del siglo XIX, pero algo me dice que hay un efecto de poder mantener la independencia de un estado pequeño cuando se está bajo un paraguas mayor. Desde el punto de vista de un gobernante de esos estados -Sajonia, Hamburgo, el obispado de Münster- un imperio débil, o sea incapaz de tener mucho dominio sobre ellos, pero existente y con algún tipo de coordinación, o sea capaz de evitar demasiadas intrusiones externas, quizás era la mejor situación.

Uno bien puede observar la situación y dinámicas de la actual Comunidad Europea desde ese prisma: Como una instancia de poder bien lejana de un estado-nación pero lo suficientemente fuerte como para proteger a los pequeños estados europeos. Y desde una óptica de las primeras décadas del siglo XXI, los países europeos de forma individual son en relación al mundo, lo que Bavaria, Sajonia o Prusia eran en el marco europeo.

De la homogeneidad de Chile

El_nucleo_de_Chile¿La homogeneidad de Chile? Pero, cómo, ¿acaso no es evidente lo diferente que son, por ejemplo, Arica de Temuco, y ambos de Punta Arenas? Y sí, pero no es a eso que me refiero.

La zona que resulta bastante homogénea es el viejo Chile, el que va aproximadamente del Aconcagua hasta la ribera norte del Bío-Bío, que es que aparece en la imagen satelital de GoogleMaps en la izquierda. Es lo que ha sido Chile de forma continua desde algo menos de 500 años (descontando el Norte Chico que, aunque también ha sido gobernado desde Santiago desde esos tiempos constituye  efectivamente una zona distinta). Lo que, en cierto sentido, es el núcleo de Chile.

Algo que resulta claramente visible en la imagen es que este núcleo es además uno bastante lineal. La mayoría de las poblaciones importantes (las zonas grises en la imagen) se encuentran en una sola línea. No es tan sólo que estamos ante una zona muy específica donde se concentra el país, sino que al interior de esa zona también podemos observar una fuerte concentración en una sola línea de asentamientos (en particular, desde Santiago a Chillán este fenómeno es muy visible).

Ahora, el caso es que no deja de ser una zona de una extensión (y población) relativamente considerable, como lo muestra la tabla:

Región Superficie Población Densidad
Valparaíso – 11.644 1.803.443 154,9
Metropolitana 15.403 7.314.176 474,9
O’higgins 16.387 918.751 56,1
Maule 30.269 1.042.989 34,5
Bio-Bio – 31.605 1.809.471 57,3
Total 105.308 12.888.830 122,4

Fuente: Wikipedia (sí, decidí no quebrarme la cabeza). Valparaíso sin Petorca e Isla de Pascua, Bio-Bio sin la provincia de Arauco.

100 mil kilómetros cuadrados  y casi 13 millones de personas (un 71% de la población del país en un 14% de su superficie continental, cuando decimos que es el núcleo es porque es el núcleo). En otras palabras, efectivamente bien pudiera tener en su interior una heterogeneidad bastante importante, porque representa una población y una extensión nada menor, y ha alcanzado densidad en general -en particular tomando en cuenta que una parte no menor de esa extensión es alta cordillera- que resulta relativamente apreciable. Es una zona poblada y ocupada.

Pensemos en Europa. Bélgica o Cataluña tienen el tamaño del Maule. La región del Bio-Bio (incluso sin Arauco) es mayor que Bretaña o Sicilia. Entre San Felipe y San Fernando se ocupa un territorio algo mayor que Dinamarca. Toda la zona central es mayor que la República Checa o que Hungría (o que Baviera que es el estado más extenso de Alemania). Y así uno podría continuar. De hecho, la zona central tiene la extensión de Corea del Sur.

En otras palabras, al interior de la zona central tenemos en esas latitudes cambios de idiomas, arraigados particularismos políticos, y todo lo que usted quiera en términos de identidad específica. Extensiones para las que fue necesaria una larga trayectoria histórica que permitiera su unidad política y administrativa. Por dar un ejemplo cualquiera, unir administrativamente Flandes y Brabante (cada uno alrededor de 10 mil kilómetros cuadrados, o sea menos extensos que Ñuble, de acuerdo a The Promised Lands, Blockmans y Prevenier, Tabla 4) les costó a los duques de Borgoña décadas de conflictos, sitios de ciudades, revocación y re-entrega de fueros y así. Cataluña perdió sus especificidades legales y administrativas sólo en 1716 (con los Decretos de Nueva Planta). Bretaña solo en 1488 perdió su última guerra con Francia y sólo en 1532 se unió legalmente al reino francés. Y uno bien podría continuar con otros ejemplos.

De hecho, cada una de las regiones que hemos mencionado requirió también todo un proceso histórico de larga data para construirlas como regiones con cierta unidad: El condado de Flandes, el de Holanda y así sucesivamente no eran unidades, cada ciudad mantenía sus propia jurisdicción y autonomía.

En cada caso fue necesario superar importantes resistencias locales para construir una unidad administrativa. Y en cada caso las diferencias culturales son bastante relevantes (son algo más que una diferencia en ciertos alimentos y ropas), y si todavía hay diferencias culturales habrá que pensar cuan relevantes ellas eran siglos atrás.

Nada de eso sucede en el caso de Chile. Al interior del territorio que analizamos siempre ha existido unidad administrativa y cultural. Es cierto que hay diferencias (la zona más cercana al Bio-Bio está menos marcada por la cultura de la hacienda tradicional, y en cierto sentido Chillán es el centro de la cultura campesina chilena), pero resultan bastante menores en comparación con las anteriormente mencionadas. Santiago no ha tenido mayores problemas en gobernar  de forma unificada toda esta extensión. Los particularismos (pensemos en Concepción a principios de la República) dicen más bien con contiendas de primacía más que defensas de autonomía.

Para tener heterogeneidad, conflictos contra el poder central, más importantes y más fuertes hay que salirse de esa zona. Desde el conflicto mapuche a las movilizaciones en Magallanes o en Tocopilla, los movimientos territoriales más relevantes ocurren fuera de esta zona. En cierto sentido, en lo que es ‘nuevo Chile’ -lo que se integra a esa unidad política entre la década de 1840 (Magallanes) y la de 1880 (el Norte, la Araucanía). Pero con respecto al Chile central, al ‘viejo Chile’, del cual estamos hablando, se puede incluso llegar a decir que toda la mitología de la unidad era real.

Dos Revoluciones en 1917 (o de por qué los bolcheviques, incluso desde una perspectiva ‘revolucionaria’ estaban equivocados)

No deja de ser llamativo que en un año en que se conmemoran 100 años de la revolución rusa, la revolución de febrero -que es el inicio de la revolución, el momento que marca la caída del zarismo- no haya sido muy comentada. La discusión será claramente con relación a la revolución de octubre -a la toma del poder por los bolcheviques. Y sin embargo, en el hecho de separar y llamar a esto dos revoluciones ya hay algo de interés.

Comparemos con la revolución francesa, y pensemos en los jacobinos como equivalente a los bolcheviques. La adquisición del poder por los jacobinos es un momento crucial en la evolución de la revolución francesa, pero a nadie se le ha ocurrido ponerlo como una segunda revolución. Y es claro, su poder emerge de los pasos anteriores, y no se basa en un quiebre -hay intervenciones pero, finalmente, es la Asamblea la que convoca la Convención, es al interior de la Convención como van adquiriendo poder, y es la Convención la que determina, por ejemplo, crear el Comité de Salud Pública. Pero la toma de poder de los bolcheviques es una ruptura contra el gobierno existente.

Lo cual nos lleva al primero de los puntos. En realidad, no hay revolución de octubre, hay golpe de octubre. Los bolcheviques se toman el poder no luchando contra el zarismo y la reacción, sino contra el gobierno revolucionario existente. Existe cierta tendencia a ver en los bolcheviques no la culminación de la revolución sino su traición: Que el poder de los soviets es capturado, y en cierto sentido destruido, por el partido. La tradición marxista, defendiendo al partido que era su representante en 1917, por cierto plantea más bien que la verdadera revolución es la de octubre. Que mientras lo de febrero no era más que una ‘revolución burguesa’, una clase que en la Rusia de 1917 no estaba a la altura de su tarea histórica,  por lo tanto era necesaria la revolución proletaria de octubre. Por cierto eso requiere la mistificación de reemplazar la sede del poder proletario desde los Soviets, que era donde ellos se habían organizado, a la vanguardia del partido.

Sin embargo, aquí podemos pasar al segundo punto, que dice relación con el tema básico de hacer la revolución para instaurar el comunismo en octubre. La tradición marxista del siglo XX ha tenido uno de sus puntos comunes en declarar la genialidad de Lenin en superar el dogma marxista clásico, que primero es necesario una revolución burguesa que establezca el capitalismo, y sólo luego puede producirse una revolución proletaria posteriormente -una vez que la burguesía ha producido una sociedad capitalista desarrollada. Pero Lenin habría pensado y ejecutado algo distinto: la posibilidad de saltarse las fases y pasar directamente a construir el comunismo. El hecho que los bolcheviques se tomaran el poder mostraría, entonces, la corrección basal de esa estrategia.

Y sin embargo… El carácter de una revolución, bien se puede decir, no se lo da las opiniones de quienes la llevan, sino sus resultados. Los holandeses estaban luchando por su independencia contra España, pero lo que hicieron fue instaurar la primera república burguesa y capitalista de la historia. Y algo similar se puede decir de la Guerra Civil Inglesa (la revolución francesa, y en general el período revolucionario atlántico de finales del siglo XVIII, es la última, en cierto sentido, de las revoluciones burguesas). Si aplicamos entonces ese baremo al caso de los bolcheviques hay que decir que, al fin y al cabo, lo que instauraron no fue el comunismo. Medido bajo el baremo de avanzar a lo que se quería habrá que decir que el putsch de octubre fue un fracaso total. Fue un éxito total en lo que concierne a tomarse el poder, pero eso es otra cosa.

Más aún, y si se quiere abundar en el asunto, podemos decir que el triunfo del putsch de octubre fue la causa de la derrota de la revolución obrera en países desarrollados. Sabido es que la situación en Alemania al final de la Primera Guerra Mundial era revolucionaria, y que había posibilidades relevantes de una revolución de izquierda (los espartaquistas de Luxemburgo y Liebknecht). Pero dado lo ocurrido en Rusia, entonces la reacción resultó mucho más fuerte, y condenó a la revolución al aislamiento y a la derrota. Y ello no es menor porque, volvamos a la idea inicial, Alemania era un lugar bastante más adecuado para la tarea de hacer una revolución comunista que Rusia.

La idea de Marx no era un simple tema de fases. Era basal: El comunismo sólo podía desarrollarse en situaciones de abundancia. Y luego, entonces requiere el capitalismo de forma previa, porque (y esto es claro en todos los escritos de Marx) el capitalismo es una máquina que produce abundancia. La cornucopia de las mercancías debe ser transformada en algo que libere a la humanidad de la explotación, pero primero hay que tener cornucopia. O sí se quiere, en Marx la idea es que esa cornucopia deje de ser de mercancías, pero no que deje de ser cornucopia. Si se parte de la ausencia, entonces el comunismo resulta imposible.

Y Alemania a principios del siglo XX quizás no era una sociedad de la abundancia (de hecho, seguía siendo más pobre que Inglaterra durante los ’30), pero claramente ya no era una sociedad de la miseria como lo era Rusia. Los soldados soviéticos a finales de la Segunda Guerra Mundial, invadiendo Prusia, o sea un territorio que bajo los estándares alemanes no era de los más ricos, se sorprendían de lo que para ellos era abundancia y lujos de los campesinos alemanes (lo cual, por cierto, aumentaba su ira, al ver que un país rico los invadía a ellos, que claramente sufrían bastante más pobreza). Era además parte del centro de la economía capitalista, o sea de tecnología ‘de punta’, de gran capital humano y cultural etc. En otras palabras, como lugar para el posible experimento resultaba bastante más ventajoso que Rusia, del cual en teoría no se podía esperar ningún resultado positivo, y al final efectivamente eso fue lo que sucedió.

En otras palabras, el asalto al Palacio de Invierno no es más que un golpe que derroca a la revolución existente (y recordemos que sabemos cuál es la organización que se dan a sí las revoluciones obreras, tanto la Comuna de 1871 como len 1917 replican lo de construir consejos locales, o sea cualquier cosa menos ser dirigido por el partido); y la idea en sí de instaurar el comunismo en un país atrasado, pobre y campesino mostró que era tan ilusa como siempre se lo había pensado. En cierto sentido, octubre es la derrota de la revolución.

 

NOTA. Alguien podría retrucar que los bolcheviques sí representaban la voluntad del pueblo y de la clase proletaria y campesina, porque -más allá de cualquier otra cosa- en la Guerra Civil fue claro por quien finalmente tomaron partido. Y sí, pero eso olvida cuales eran las alternativas para ese momento. Dado que todos los ejércitos blancos tenían como objetivo la contra-revolución total, o sea volver al zarismo tanto como se pudiera, y olvidarse de todo lo formado desde febrero en adelante; entonces era claro que para defender la revolución como tal (y defender, por ejemplo, que los campesinos se quedaran con sus tierras, que era la principal demanda del campesinado ruso, que pudieran quedarse con sus tierras y los dejaran en paz) sólo quedaban los bolcheviques. En otras palabras, el apoyo a los bolcheviques en ese momento era porque el bando contrario luchaba contra toda la revolución. No estará de más recordar que, finalmente, los bolcheviques terminaron destruyendo lo que para los campesinos había sido uno de los principales logros de la revolución, quedar en propiedad de sus tierras, pero eso es materia de otra nota.