Sobre algunas concepciones de la crítica en Ciencias Sociales

Una concepción que se suele encontrar, desde los practicantes más insertos en la práctica de ciencias sociales a grandes teóricos (en Bourdieu se pueden encontrar a veces frases de ese estilo) plantea que la sociología como crítica funciona del siguiente modo: Al desenmascarar la ideología que subyace a cualquier situación social, al mostrar que una situación dada es producto de procesos sociales y no algo ‘natural’; produciría una crisis en la reproducción de las estructuras que perderían su sustentación. Al darse cuenta los grupos que la doxa es doxa (para hablar en Bourdiano), o eliminar la reificación y naturalización de lo social, entonces sería posible cambiar la sociedad. Y es por ello que las ciencias sociales serían peligrosas para el poder. Y si no las ciencias sociales, entonces parte de ella, las que no han sido cooptadas por el poder, y permiten que los sujetos se muestren a sí mismos.

A todo ello Carlos Marx, que algo sabía de críticas, decía lo siguiente al inicio -en el prólogo-de La Ideología Alemana:

Hasta ahora, los hombres se han formado siempre ideas falsas acerca de sí mismos, acerca de lo que son o debieran ser. Han ajustado sus relaciones a sus ideas acerca de Dios, del hombre normal, etc. Los frutos de su cabeza han acabado por imponerse a su cabeza. Ellos, los creadores, se han rendido antes sus criaturas. Liberémoslos de los fantasmas cerebrales, de las ideas ,de los dogmas, de los seres imaginarios bajo cuyo yugo degeneran. Rebelémonos contra esta tiranía de los pensamientos. Enseñémoslos a sustituir estas quimeras por pensamientos que correspondan a la esencia del hombre, dice uno, a adoptar entre ellos una actitud crítica, dice otro, a quitárselos de la cabeza, dice el tercero, y la realidad existente se derrumbará.

Estas inocentes y pueriles fantasías [enfásis JJ] forman el meollo de la filosofía neohegeliana en boga [....]

Un hombre listo dio en pensar que los hombres se hundían en el agua y se ahogaban simplemente porque se dejaban llevar de la idea de la gravedad. Tan pronto como se quitasen esta idea de la cabeza, considerándola por ejemplo como una idea nacida de la superstición, como una idea religiosa, quedarían sustraídos al peligro de ahogarse. Ese hombre se pasó la vida luchando contra la ilusión de la gravedad, de cuyas nocivas consecuencias le aportaban nuevas y abundantes pruebas todas las estadísticas. Este hombre listo era el prototipo de los nuevos filósofos revolucionarios alemanes”

Hay muchos problemas con el marxismo, que finalmente llevan a que no funciona: Su hegelianismo, una idea limitante (economicista si se quiere) de lo que es producción, el uso de la teoría del valor-trabajo, etc. Pero la perspectiva básica, el materialismo histórico si se quiere, sí tiene mucho sentido para las ciencias sociales. O quizás para decirlo de otro modo: quizás lo que se requiere en la actualidad en las ciencias sociales es una reformulación del materialismo histórico, recordando que ella es una perspectiva, una forma de enfrentar el estudio de la vida social, que no necesariamente está ligada a la formulación precisa de Marx.

 

Los Intereses de la Ciencia Social.¿A quién sirven?

Preparando unas clases de metodología estaba leyendo “Rescatar, descubrir, recrear” de Alfredo Ghiso(*), que es sobre investigación social comunitaria y me encontré con el siguiente texto:

La construcción conceptual y discursiva de la academia históricamente y a pesar de sus propios llamados de atención ha separado el conocimiento científico de la vida -“vida cotidiana”- y ha diluido y encubierto su naturaleza cultural, social, política e histórica; fabulando con la posibilidad de un conocimiento impersonal, neutro, aséptico y ajeno a la “praxis del vivir” (p 354)

Se opone el conocimiento comprometido que no diferencia entre sujeto y objeto, o que mejor dicho no olvida el carácter de sujeto de quienes son investigados, de un conocimiento aséptico y neutral que no hace ese requerimiento. Es una oposición que uno puede encontrar muchas veces entre quienes defienden este tipo de investigación.

Sin embargo, dicha oposición realiza una confusión sobre la posición contraria a la comunitaria. Porque claramente el mainstream de las ciencias sociales, más allá de sus propias declaraciones, no corresponde ni quiere corresponder a una ciencia aséptica que sólo se preocupa de temas que son relevantes sólo y desde su propia dinámica interna. Nada más lejano a la práctica de la ciencia social que ello.

Buena parte de estas disciplinas realizan investigaciones no esotéricas sino que destinadas a resolver llamados problemas sociales. Y la relación con los problemas suele ser tan directa que existen tantas ramas de la sociología como objetos problemáticos reconoce la sociedad: Sociología de la salud, de la educación, de la pobreza etc., siendo en cada caso la temática una forma, ya sea directa o sólo con un barniz, de seguir como es nombrado desde la sociedad. La relación de la teoría económica, la menos ‘participativa’ de las ciencias sociales, con la búsqueda de soluciones a problemas sociales acuciantes ha sido observada más de una vez. La ciencia social normal no sólo no es aséptica sino que, si se le pregunta un poco, tampoco en realidad pretende serlo. La oposición entre ciencia comprometida y ciencia aséptica valorativamente ni siquiera funciona en el plano de la representación.

Pero de todas formas, parecen ser modos distintos de hacer ciencia. La diferencia, en realidad, ocurre en torno a desde que lugar emerge el compromiso. En el caso de la investigación participativa el compromiso está y emerge desde el propio grupo investigado, que se asume como sujeto conocedor. En el caso de la investigación tradicional el compromiso emerge desde la agencia a la cual se entrega -directa o indirectamente- los resultados, que no es el grupo investigado; por lo que necesariamente en este caso se genera una distinción entre sujeto y objeto. La investigación académica, en realidad, no investiga para la academia sino que es el órgano de investigación de organizaciones -el Estado, empresas, asociaciones- que requieren, para operar, ‘saber’ cosas de la sociedad, y que no generan ese conocimiento sólo a través de su operación. Los problemas sociales que la academia dice querer resolver son los problemas que las organizaciones están interesadas (o que los científicos creen que pueden convencer a las organizaciones para que se interesen en ellos); y la investigación se estructura, entonces, de acuerdo a las líneas de esas organizaciones. Y así hay sociología de la educación porque hay Ministerio de Educación.

La oposición real no es entre compromiso y neutralidad, sino entre investigación con los investigados e investigación con organizaciones. Y lo cierto es que los científicos sociales en general trabajan para organizaciones y que buena parte de la academia trabaja sobre preocupaciones que emergen de organizaciones. Mayor problema representa al final, mucho más que cualquier investigación de prurito académico, esta investigación compretida con los problemas sociales definidos por las organizaciones.

 

(*) p347-377 en Metodologías de la Investigación Social, Manuel Canales(ed), Santiago: LOM

La Historicidad de las Leyes

El ejercicio de hacer un comentario de un comentario no deja de ser algo extraño. Pero veamos. Hace un par de dìas Ignacio Nazif comentó en su blog (link aquí) una columna que Oscar Landerretche escribió en la Tercera sobre ‘Ensayo sobre el tiempo y la realidad’. Y henos aquí comentando ambos textos.

El de Landerretche aprovecha partir de una reflexión sobre Las Aventuras del Barón Münchausen, y con el sitio de una ciudad por los turcos -Landerretche supone que es el sitio de Viena de 1529, pero creo que la alegoría funciona mejor sobre el segundo sitio de Viena el de 1683 (simplemente el proyecto racionalista-ilustrado europeo no está muy presente en la primera fecha). Y aquí tendríamos frente al asalto de los bárbaros (con sus arcaicas leyes del absurdo) el no menos absurdo tecnócrata de Horacio Jakcson (que insiste en ser científico aun cuando las bases de su accionar quedan en juego), y la alternativa que representa el buen barón (la salida populista tal como el tecnócrata lo crítica). Y claro está, esa salida mágica e imaginativa es la que permitiría salvar el proyecto científico.

Antes de continuar. El análisis de Landerretche -y es por esto que la idea que la alegoría es sobre el segundo sitio no es mera pedantería- tiene una cosa peculiar. Para la conciencia ilustrada del siglo XVIII el Imperio Otomano en particular, y las civilizaciones del ‘oriente’ en general, no representan necesariamente el atraso ni la barbarie. No es casual que ls héroes del Cándido de Voltaire terminen en el territorio otomano y que sea allí donde descubran la buena vida racional y puedan cultivar su jardín. La misma función cumplían los persas para Montesquieu. Y alabar al Imperio Chino no dejaba de ser común. La reducción de lo no europeo a barbarie exótica es más bien producto del siglo XIX y del positivismo. Que el buen barón, vestido como ciudadano del siglo XVIII, estuviera en el palacio del Sultán, mientras que el tecnócrata Jackson, vestido con indumentaria de inicios del XIX, fuera puro enfrentamiento quizás no sea tan casual.

Lo cual nos lleva a otra cosa. Entre los innumerables mitos que nos hacemos de los ilustrados es pensar en el sentimental siglo XVIII como pura racionalidad (es cosa de leer sus novelas y leer sobre sus reacciones a la música para darse cuenta de lo efusivos que podían ser y que estimaban adecuado ser). Al fin y al cabo, los ilustrados eran personas deseosas de fraternidad y de búsqueda de la felicidad. Al ilustrado Hume le debemos la declaración que la razón no es más que la esclava de las pasiones; y las defensas más claras de los sentimientos morales. La disociación entre razón y sentimiento es producto de una era posterior.

 

La declaración sobre la película le sirven a Landerretche para saltar a otro tema. Y allí se dedica a comentar algo a Lee Smolin. Frente al problema de la falta de unificación en la física -el hecho que la teoría cuántica y la relatividad general no sean coherentes- en la física una de las alternativas más importantes para superar lo anterior ha sido la teoría de las cuerdas. Ella ha sido muy criticada porque, por ejemplo, al final termina muy lejana de la posibilidad de la prueba empírica. Frente a ello entonces Smolin plantea la relevancia de la dimensión temporal -que varios físicos muchas veces ha querido ‘olvidar’, y plantear que las escalas temporales de esas teorías son distintas, y más importante: que las leyes mismas pueden evolucionar y cambiar. Y más aún los seres humanos serían, al representar como el universo se explora a sí mismo, parte de esa construcción. Pero en última instancia, he aquí de nuevo repetido lo del Barón:

Hay que decir que siempre hay que tener mucho cuidado al comentar otras disciplinas -algo que Landerretche de hecho reconoce. Pero poco probable que los físicos acepten que las leyes cambien -cuando de acuerdo a su propia percepción las leyes invariantes les sirven para describir los primeros minutos del Universo y prever que podrá pasar miles de millones de años en el futuro (y cuando recibimos ahora información producida en un muy lejano pasado que se interpreta asumiendo que esas leyes son invariables). La hipótesis que las leyes no cambian les ha servido bien. En última instancia, es más elegante -y si hay científicos que se preocupan de la elegancia de sus teorías son los físicos.

Ahora el tema es, dado que Landerretche va a usar a Smolin como punto de partida para hablar de economía, es ¿a que viene usar lo que pasa en física? Al fin y al cabo, si las leyes son universales o no en física no cambia mucho las cosas en ciencias sociales: Si tenemos o no tenemos leyes depende de los datos y circunstancias que para nosotros son relevantes. Y no tener teorías unificadas, cosa que Landerretche también comenta sobre la economía; bueno, tampoco la tiene la química o la biología. La física le ha ido meridianamente bien buscando leyes universales, pero a otras ciencias les ha ido meridianamente bien haciendo otras cosas (la explicación darwiniana, Jay Gould dixit es histórica; los químicos son maestros de la caja de herramientas, creo que se lo leí a Elster). Supongo que es parte de la legitimación de la economía como ciencia la de pensarse como equivalente a la física.

 

Lo cual nos lleva al tercer punto: ¿Y si en economía las leyes son históricas? Primero, no deja de ser hasta chistoso que Landerretche se haga esa pregunta sólo luego de leer al bueno de Smolin cuando esa sospecha es vieja en ciencias sociales, dominante de hecho en algunas, y parte de la historia de su propia disciplina (la Methodenstreit trató de esas cosas al fin y al cabo). Pero bueno, y ahora pasemos al punto crucial: Plantear que las leyes cambian le sirve a Landerretche para defender el estatus de su propia disciplina, la que estaría relativamente bien desarrollada (tanto la micro como la macro). Los problemas de ellas los generan otros (los intentos políticos de extender esas aplicaciones) pero no me toquen las teorías. Si ellas alcanzan sus límites, bueno no es razón para abandonarlas; es que las teorías son limitadas históricamente.

Aquí Landerretche comete de hecho un error que no deja de ser interesante. Nos dice que la economía como la física opera sobre hechos estilizados, que operan en escalas distintas (que explican sus incoherencias). Falso de falsedad absoluta. La economía usos hechos estilizados; la física no. Un hecho estilizado no puede llegar, por ejemplo, al nivel de coherencia de empiria y teoría que se mide en decenas de decimales (como ocurre a veces en física). Los hechos físicos experimentales no son los hechos que se tocan en la calle, pero se producen por un proceso no de estilización (que es uno de dejarlo en términos generales) sino de “purificación” (que es el de llevarlo a su límite sin otras interferencias). Nuevamente, la idea de hacerse pasar por como funciona otra ciencia.

Porque el estatus de la teoría cuántica y la relatividad general (las teorías a unificar o no en física) no es la de microeconomía y macroeconomía (las teorías a unificar o no en economía). Hay un par que a lo sumo se podrá, si uno se levanta de buen ánimo, relativamente exitosas; hay otras que van un poco más allá de ello.

En última instancia, la idea que las paradojas que se observan en la economía implican un cambio de ley, no que la ley estuviera mal en un principio, no es más que una forma de defender lo que ya no se puede defender. Qué es la razón por la cual, de hecho, esas cosas no le gustan mucho a los físicos.

 

Y con ello Landerretche. Nazif realiza varias reflexiones sobre ellas. No comentaré las dos primeras porque estoy básicamente de acuerdo (i.e con lo que de la ciencia única, aquella que no reconocía limites o bordes entre el conocimiento; o con lo del sujeto cuando está conociendo está cambiando la realidad, porque el sujeto no está nunca fuera de la misma). Y me dedicaré a la tercera que es sobre la intervención -porque vuelve a la oposición de Jackson y el barón. Nazif recuerda que Popper criticaba las grandes intervenciones porque son inciertas en sus efectos, y que las teorías que dicen que pueden prever el futuro no funcionan. Y a este respecto entonces nos dice que la solución de Popper, la de la tecnología parcial, sufre de lo mismo: tampoco se conocen sus consecuencias. Frente a ello, y en particular en la situación actual, ¿no debiéramos hacer como el barón y subirnos al globo porque ya no nos queda más que intervenir (la ciudad se cae a pedazos)? El caso es que, finalmente, vivir es intervenir y el barón es superior al tecnócrata Jackson no por su arrojo ni por su ir más allá del racionalismo. Es simplemente porque al revés que el Honorable Jackson está abierto a las posibilidades y al hecho que no se sabe lo que depara el futuro -i.e no hay método que nos garantice el buen futuro. Porque, incluso pensando en Popper, el no vería el problema en el Barón sino en el Honorable Jackson, que no olvidemos se nos presenta en la película ajusticiando a quienes intentan salvar a la ciudad sin seguir el plan infalible.

El caso es que el futuro es desconocido porque ni siquiera sabemos cuál serán nuestras acciones en el futuro, y las conexiones de las consecuencias son siempre inesperadas. Y esto, que son casi leyes eternas, es la razón por la cual siempre aparecen hechos novedosos y circunstancias que hacen que la historia siempre cambie.

El Imperialismo en Ciencias Sociales, o de la peculiar situación de la Ciencia Política

La economía impuso a las otras disciplinas de las ciencias sociales el imperialismo económico: la idea que el actor racional que es fundamento de sus teorías es la mejor explicación del comportamiento. La sociología, a su vez, había hecho lo mismo con su propia versión de imperialismo: la sociología como la ciencia base del estudio de lo social, desde la cual se podía entender todas las otras. Y de la antropología también podemos decir que ha experimentado también sus tentaciones de realizar un imperialismo cultural, la idea que todo es cultural y simbólico.

La ciencia política tiene la particularidad de no haber sucumbido a ninguna tentación parecida. Es explícitamente una disciplina dirigida a abordar un campo específico de la vida social: el poder al interior de las instituciones políticas, al interior del Estado. Tomando en cuenta que los imperialismos son, finalmente, facilismos y equivocaciones, esto bien puede leerse como una alabanza hacia la ciencia política, que en su humildad bien nos podría enseñar al resto.

Pero no es esa la intención de esa entrada. Es cierto que los imperialismos son, sin excepción, equivocaciones: Todo puede ser cultural, pero la cultura no lo es todo; las relaciones sociales pueden ser fundamentales para cualquier entrada en la vida social, pero no agotan todas las perspectivas; y la perspectiva de la acción racional puede aplicarse a cualquier ámbito, no hay necesidad de reducirlo a la vida económica, pero no todo es racional. Y sin embargo esos límites sólo podemos establecerlos con claridad cuando exploramos esos puntos de vista hasta su respectivo límite, cuando los usamos todo lo que pueden dar e incluso más allá. Pero para realizar ese esfuerzo, para poder indagar en cuanto pueden dar esos puntos de vista, requerido es finalmente el imperialismo: la idea de salirse del lugar más obvio de aplicar ese punto de vista y aplicarlo sin resquemores donde sea.

En última instancia los imperialismos son tentaciones del entusiasmo por una idea teórica o un concepto. Y el entusiasmo que suele conducir al error posee, en cambio, la inestimable virtud de permitirnos crar. Por todas sus faltas nada de valor es creado sin entusiasmo. Si bien resulta necesario después recortar lo recogido por él, bien se lo necesita para tener algo que recoger. La tentación imperialista es una equivocación fructífera.

En ese sentido, el hecho que la ciencia política se haya auto-limitado es una limitación del potencial de esa disciplina. O para decirlo de otra forma: El poder es uno de las dinámicas básicas de la vida social, y bien sabemos que cruza distintos y diversos ámbitos. Usar el poder como el elemento sobre el cual basar un imperialismo sería, claro está, una equivocación; pero alguien que estuviera convencido de su potencial e importancia y lo aplicara sin remilgos a toda la vida social bien podría entregarnos muchos aportes e ideas. Somos, si se quiere, más pobres en las ciencias sociales debido a la ausencia de ese imperialismo.

 

NOTA: Debido al carácter imperialista de la sociología es en esa categoría en que queda clasificada esta entrada. Debiera existir una categoría de ciencias sociales pero siendo sociólogo bien creo que no hay aspecto de la vida social sobre el cual no pueda realizarse una mirada sociológica -y los límites que se pone una disciplina científica a sí misma bien son parte de esa vida social.

Precariedad y Emprendimiento en Trabajadores por Cuenta Propia

Dado que subí en la sección escritos la ponencia presentada en el Congreso del ALAS, no estará de más hacer un post al respecto. El archivo en este link.

Y ponemos el resumen:

El trabajo por cuenta propia ha sido analizado desde dos miradas contrapuestas: Una que los  observa como trabajadores precarios obligados; y otra que los observa como emprendedores que eligen. Pero ellas son insuficientes, no sólo por la segmentación interna de estos trabajadores, donde en cada segmento estas visiones pueden ser más adecuada, sino porque no reconoce lo que es negativo y positivo de estos trabajos desde la perspectiva de los propios trabajadores. En el caso chileno, se observa que ellos mantienen, con énfasis distintos, un discurso común, en que lo negativo es incertidumbre -que no es equivalente a precariedad- y lo positivo la autonomía -que no es emprendimiento. Esto tiene consecuencias prácticas para el análisis de estos trabajadores.

Por cierto que la cosa tiene varias fallas, varias de las cuales fueron mencionadas cuando se lo presentó y algunas otras cosas que me quedaron más en claro revisando otras discusiones en el Congreso (i.e enfatizar más la heterogeneidad, jugar más con el tema de las trampas de la autonomía, revisar mejor el tema del control -la diferencia entre jefe y cliente por ejemplo). Pero bueno de eso se trata, y la idea es que así salga mejor la tesis de doctorado.

Retomando el Censo: Los Anexos al Informe de la Comisión Revisora del Censo

En el día del 30 de Agosto de 2013 se publicaron en el sitio del INE los anexos del Informe de la Comisión Revisora del Censo (link aquí). Si bien no aparecen nuevas conclusiones en los antecedentes que presentan los anexos, se manifiestan con mucha mayor claridad los elementos que llevaron a la Comisión a obtener las conclusiones que comentábamos en la entrada sobre este tema.

En una revisión muy preliminar, los anexos tienen más de 1.000 páginas, destacan al menos las siguientes situaciones:

Del análisis realizado por la comisión, tanto de las tabulaciones recibidas por el trabajo supervisado por Lenin Aguinaga de CELADE como de las muestras, se pudo concluir que no se puede llegar de manera precisa a la BASE 0, deshaciendo el proceso de fase previa a partir de las bases actualmente disponibles en el INE. Es decir, en el INE no se ha logrado reconstruir todo el proceso de chequeo de consistencia y correcciones por no respuesta, pues el proceso no había sido plenamente documentado, y se habían “pisado” versiones sucesivas de las bases. por lo tanto, no existe una manera confiable y documentada de aseverar que se cuenta con una base de datos de la población efectivamente censada aún cuando la comisión estimó que los números de personas podrían no variar de manera significativa. Esto adquiere relevancia por cuanto la Comisión pudo constatar que en la fase previa, se introdujeron correcciones por no respuesta en las variables que no quedaron registradas en el informe realizado de manera ex post (página 67)

Según el informe elaborado por INE, un meta de gestión del año 2012 era capacitar el 100% del personal contratado por el proyecto Censo. Sin embargo, “en la práctica se observa que no fue capacitado el 100% de los funcionarios que se desempeñaron en el proyecto”, en cambio, “solo fue posible evidenciar que el personal capacitado fue un 73,62% (11.472 personas) de las 15.583 personas contratadas al mes de julio 2012”. Respecto del 26,38% restante del personal que participó en el censo, en su informe INE dice no contar con registros de la capacitación de estas personas, lo que indicaría que no recibieron la capacitación de 5 días con una evaluación final contemplada para el proyecto, sino que podrían haber recibido una capacitación sin la evaluación final y con un tiempo de desarrollo menor (página 158)

Las citas anteriores, supongo, no requieren comentario.

Lo que sí requiere comentario son algunas de las declaraciones de Francisco Labbé, ex-director del INE. que están registradas en la Comisión, Labbé declara que hay muy pocos especialistas técnicos en Censos en Chile y que las personas que excluyó no lo eran, aún cuando por más artesanales que fueran mal que mal se habían logrado realizar varios de ellos en nuestro país (página 182). Ahora, el caso es que el mismo Labbé muestra en sus declaraciones que tampoco él era un experto al respecto. Porque si la decisión de cambiar a un censo de derecho, y la mera existencia de censos de derecho, fue algo que Labbé sólo conoció una vez que entró a Internet a investigar y merced a algunas conversaciones (página 176), entonces de eso se sigue que no manejaba esa información previamente. Por cierto no hay problema alguno en no contar con información, y obtenerla, pero alguien que es experto debiera ya saber cosas de antemano.  Si Labbé se defiende atacando a otros por falta de expertise, algo con lo cual también atacó a la Comisión, debiera partir reconociendo su propia ignorancia. Pero bueno, esperar eso quizás es demasiado.

En cualquier caso, más de 1.000 páginas o no, es un documento a leer para toda persona que usa cifras y números de estudios en Chile.

La Democracia y los Partidos

Estamos acostumbrados a pensar que los partidos políticos son algo indispensable para una democracia. Ya sea que se evalúe que actúan bien o mal, la reflexión es que se requieren organizaciones que medien entre la población y el Estado.

Un tema interesante a este respecto es que en los orígenes de las instituciones republicanas existe un rechazo a la idea de la facción, como algo que atenta contra el buen funcionamiento de esos órdenes. De hecho, en las discusiones conceptuales originarias -la defensa de la democracia en Spinoza en el Tratado Teológico-Político o en las discusiones de Condorcet sobre votación- se da una conspicua ausencia de discusiones sobre la necesidad y los efectos de estos mediadores. La idea de soberanía popular originalmente es pensada sin mediadores. Lo cual tiene sentido porque si la idea es que en una democracia cada ciudadano gobierna funciona mejor en la medida en que no hay partidos.

Si pensamos en términos de las diferencias de opinión, si éstas no están organizadas -y los partidos son una herramienta que aumenta la probabilidad y se basa en que éstas lo estén- entonces para cada ciudadano es probable que en buena parte, si no la mayoría, de los asuntos su opinión sea coincidente con la voluntad mayoritaria. Si bien en varias casos la opinión general no corresponderá con la personal, la identidad de ambas tenderá a ocurrir en las ocasiones suficientes para que la persona se sienta ‘gobernante’. Pero si las diferencias están organizadas y correlacionadas, lo que con la existencia de partidos se transforma en casi una certeza, entonces es posible sistemáticamente estar derrotado y por lo tanto en ese caso difícilmente se dará la sensación de estar gobernando.

Si consideramos ahora estos temas desde el punto de vista de la deliberación encontramos algo similar. La oportunidad de ser parte de un proceso deliberativo y que la opinión propia se modifique en dicho proceso disminuye en la medida que las opiniones cristalizan. Y los partidos son, precisamente, herramientas de cristalizar opiniones. Luego, las oportunidades de sentirse parte del proceso deliberativo asociado al gobierno también disminuye.

Bien se puede plantear que los procesos asociados a los partidos, correlación y cristalización de opiniones, son procesos ineludibles: Procesos que siempre sucederán, más allá de la existencia de partidos. Conste que no hemos considerado dentro de estos procesos lo relativo a la existencia de liderazgos, porque la constitución de liderazgos no es un proceso que tenga que ver con partidos en primer lugar. En todo caso, si lo anterior es cierto, entonces se puede plantear que las críticas en torno a los partidos son hechos desde una idealidad democrática, y que nada de ello tiene que ver con sus prácticas. Aceptemos el argumento. Incluso en esa situación, esto implicaría que los partidos pueden ser parte inherente del funcionamiento de un sistema democrático, pero no por ello son un elemento que fortalece el desarrollo de la democracia, que sean parte de su buen funcionamiento.

La persistencia de la ideología de la acción racional

Si hay una teoría que se ha mantenido desde el inicio de la investigación social, y que aparece en múltiples contextos más allá de sus cultores, es la acción racional instrumental. Al mismo tiempo, si hay una teoría que ha sido permanentemente criticada y que es manifiestamente inadecuada a primera vista, es la misma teoría anterior.

Puede parecer injusto declarar manifiestamente incorrecta a esta teoría. ¿No se puede plantear que no hay otras teorías que se han equivocado de forma sustancial? ¿No se puede plantear que con esta perspectiva se han descubierto resultados relevantes? Ambas cosas son ciertas, pero al mismo tiempo es correcto plantear su manifiesta incorrección. Y esto porque sabemos que su postulado central es falso y su falsedad es directamente observable: el que la acción humana sea instrumental. Es claro que existen acciones instrumentales, pero ella no cubre toda la acción, y de hecho bien se puede dudar que esa teoría de cuenta de las acciones racionales (Bourdieu es un buen ejemplo de este último planteamiento, y más allá de su corrección, baste para instalar la duda). Para calibrar lo anterior es útil mencionar que la mera preferencia, que quizás se pudiera dar por descontada en la acción, no es equivalente a la acción instrumental. Todo el instrumental analítico que usa este modelo avanza mucho más allá de lo que permite la sola preferencia.

Ahora bien, ninguna de las defensas usuales de esta teoría de hecho resuelve ese problema. La idea que lo adecuado del postulado se defiende en los resultados (Friedman) es insuficiente porque en este caso el postulado es directamente observable. La idea que es un tipo de acción más basal que otros, que otras acciones -como la altruista- se fundamentan en la existencia de acciones instrumentales (Elster) también resulta insuficiente porque la acción instrumental no da cuenta de sus propios fundamentos, por ejemplo desde donde aparecen las categorías de objetos sobre las cuales establece acciones instrumentales. La idea que es la única teoría posible por la necesidad de una aproximación individual olvida la existencia de múltiples otras teorías de la acción y el hecho básico que si quiero estudiar la acción individual entonces no estaría de más usar modelos sicológicos de la acción. La idea que la explicación racional es preferible porque es una explicación final, no se requiere mayor elucidación si explicamos una conducta porque es racional, no funciona porque no es evidente -más allá del sentido común- porque la acción racional es auto-explicativa, y porque sigue quedando abierta la pregunta de cómo el actor alcanza la conclusión de que determinada acción es racional (la verdad no es evidente al fin y al cabo). La idea que la acción racional es usable porque las desviaciones de la racionalidad son aleatorias y se cancelan (Goldthorpe) no resiste puntualizar que hay muchas formas de generar patrones que no pasan por la acción instrumental. La idea que esta perspectiva es superior porque ha sido más fructífera como fuente de explicaciones (Becker) se enfrenta al problema que toda acción puede ser observada como racional y muchas veces no contamos con otra evidencia de las referencias que la propia conducta, con lo cual la explicación se reduce a una mera tautología. Nuevamente todo ello no quiere decir que con estas herramientas no se haya producido conocimiento valioso, pero claramente no es una aproximación que resulte suficiente.

El mero hecho que la explicación racional sea parte del sentido común debiera levantar algunas sospechas. Toda la argumentación sobre la prioridad de los conceptos de los actores aplica a las categorías, no a las explicaciones; por lo que no es válida como una posible defensa de esta teoría su conexión con el sentido común. El hecho que sea parte de este sentido tampoco implica que esté equivocada.

 

La coexistencia entre esta permanencia y la visible inadecuación indica que es una pregunta sociológica interesante preguntarse por este hábito del pensamiento que este tipo de teoría. Para responderla quizás es útil observar los límites que tiene la acción racional.

Un primer límite dice relación con sus condiciones de posibilidad. Por ejemplo, que para tener una acción racional requiero una teoría del mundo, establecer las categorías de ese mundo y como ellas se asocian entre sí. Este es un límite que es fácil pasar por alto dado que a menos que se presenten problemas esa teoría es simplemente asumida y usada por el actor.

Un segundo límite lo constituye lo que no se considera instrumental, lo que es un objetivo en sí mismo -ya sean acciones, relaciones u objetos-. Este límite es relevante porque es un límite que sí es notado por el actor, y porque está asociado a demandas éticas básicas: No tratar al prójimo como instrumento por ejemplo. Esto último resulta crucial.

La operación de los sistemas sociales, y en particular del capitalismo, implica despersonalizar las relaciones y tratar a los otros -y pensar que uno es tratado por los demás- instrumentalmente. Eso es algo que ya sabía Adam Smith y se repite en las teorías actuales. El transformar la acción instrumental en sentido común no es tan sólo una forma en que la persona se acostumbra a actuar en esas arenas, en las cuales se presupone esa aproximación. Es además una forma de neutralizar la intuición ética que no se puede tratar a los otros como instrumentos ni uno puede pensar su propia vida como instrumento.

Las Ciencias Sociales como estudio de la Naturaleza

El estudio de la vida social es en sí mismo vida social. El estudio de la vida social es una operación recurrente de ella misma, en el cual están involucrados todos los agentes y no sólo los practicantes delas ciencias sociales. Ese conocimiento de los agentes es, además, una actividad constituyente de lo social.

Todas estas características se han observado como diferenciadoras de la ciencia social que hacen indispensable pensarlas como ciencias fundamentalmente distintas. Argumentaremos más bien que siendo todo lo anterior cierto, nada de ello obsta para que las ciencias sociales estén unidas al resto de las ciencias.

Primero, en sí mismo el hecho que las ciencias sociales sean vida social que se estudia a sí misma no la diferencia de otras: la biología no es más que vida estudiando vida y la física no más que materia investigando materia. Puede aducirse que estas últimas ciencias eluden estos problemas y se perciben a sí mismas fuera de sus objetos, mientras que las ciencias sociales eso no ocurre. Ello podría ser cierto, pero no cambia el hecho que se puede hacer ciencia del modo usual bajo la condición que el que estudia es parte de su objeto de estudio.

Segundo, sucede también para todas las ciencias, o al menos las más generales, que en su estudio están involucrados todos los gantes. Los agentes, en su vivir, usan y descansan en conocimiento de sentido común sobre la naturaleza; y en ello no hay distinción profunda entre las ciencias.

Donde sí aparece una distinción es que esos conocimientos son objeto del estudio de las ciencias sociales, mientras que el sentido común sobre biología o física no es parte de esas disciplinas. Pero ese conocimiento no es más que otro objeto a estudiar, y para el cual se puede usar la misma aproximación metodológica. Dado que el conocimiento de la ciencia social no reemplaza al sentido común -incluso cuando este último se apropia de elementos del primero, cuando esto sucede cambia de carácter-, y son por lo tanto distintos, entonces no hay consecuencias metodológicas o epistemológicas especiales. Aunque sí lo tienen en relación a las técnicas, no es un cambio metodológico (sigue aplicando la idea de conocimiento objetivo, replicabilidad, control de variables intervinientes etc.).

La necesidad de separar las ciencias sociales de otras ciencias es, finalmente, una herencia del idealismo alemán y de la filosofía de la conciencia, y en última instancia de Kant, del su intento de salvaguardar un espacio para la causalidad de la libertad frente a la causalidad de la naturaleza (por más que en el propio Kant eso es parte del nivel trascendental y no del empírico). Es un intento de defender al ser humano de ser rebajado al nivel de mera naturaleza animal. Pero ese empeño no deja de ser un ejercicio de vanidad.

Tendemos a pensar en torno a la distinción cultura y naturaleza, que al final desciende de la diferencia sujeto y objeto. Pero la cultura no es más que una forma específica de la naturaleza, del mismo modo que el sujeto no es más que un tipo de objeto especial -uno que observa. Si uno quisiera usar ese lenguaje, bien podría decir que los seres humano sson una forma en que la naturaleza adquiere ‘conciencia’, la conciencia no es algo aparte del mundo, sino parte de él.

Si simplemente nos aceptamos como parte del mundo natural, entonces, asumiendo las características específicas de la vida social, la ciencia social es simplemente parte integrante del estudio de la naturaleza. Es el estudio de una parte de la naturaleza, de la naturaleza social.

Acciones y distinciones; interacciones y comunicaciones

Toda acción es distinción y toda distinción es acción.

Realizar una acción implica realizar un cambio en el mundo. Realizar un cambio en el mundo implica que es posible diferenciar las situaciones. Esa diferenciación de situaciones constituye una distinción.

Realizar una distinción implica hacer algo, como mínimo implica plantear, indicar dicha distinción. Y por lo tanto implica una acción.

En otras palabras, podemos decir que actuar y distinguir son dos caras de una misma moneda, y que en cuanto ocurre una ocurre la otra.

La relevancia de esta afirmación es que ella disuelve toda separación entre el ser que actúa y el ser que comprende; digamos, entre acción instrumental y acción comunicativa a la Habermas. y múltiples separaciones parecidas. Siempre hay que pensarlas en conjunto. En última instancia, requiere un rechazo a la separación de la conciencia con el mundo -alguna vez escribiré una entrada sobre como somos herederos de la tradición de la filosofía de la conciencia en Ciencias Sociales.

Además, un asunto esencial es que el número de distinciones, y por lo tanto de acciones, es infinito. Para ser más precisos: que no hay un conjunto predefinido de posibles acciones/distinciones. La distinción se crea en el acto de hacerla. No hay una ontología previa y definida de todas ellas. Los elementos que se distinguen en el mundo lo son en el acto de hacer la distinción -y esto tiene varias consecuencias (por ejemplo, en toda aproximación al aprendizaje que se base en un conjunto definido de cosas y elementos sobre los cuales se aprende, y no se toma en cuenta que es parte del proceso de aprendizaje distinguir esos elementos). Ahora, para no caer en idealismos: Se puede aceptar que lo que se distingue es independiente de la distinción, la distinción reconoce una diferencia pero es al reconocerla que es posible marcarla e identificarla. El hecho que el actor distinga entre A y B se basa en una diferencia que se reconoce entre A y B, y esa diferencia se podría aceptar no es producida por la distinción; pero es el actor el que necesariamente tiene que hacer ese reconocimiento, y bien podría hacer otro cualquiera, y el conjunto de esos reconocimientos es infinito.

 

Actuar implica interacción; distinguir implica comunicar.

Para decirlo de otro modo, quien actúa puede interactuar; y quien distingue puede hacer co-distinciones (comunicaciones).

Esto se desprende del hecho que los actores no están sólos, sino que participan de un mundo en que hay otros actores como ellos (al menos otros seres que pueden actuar y distinguir). Ahora, actuar implica hacer un cambio en el mundo. Ahora quien puede ser afectado por ese cambio puede ser cualquier elemento en él- Y ello incluye otros actores. Con lo cual mínimamente tenemos una interacción (un actor afecta a otro actor). Si esta dinámica se replica por parte del segundo actor ya tenemos una interacción más compleja. Distinguir implica una acción y por lo tanto indica un cambio en el mundo, el que puede ser a su vez observado (distinguido) por otro actor, porque el actor puede hacer distinciones sobre cualquier elemento. En otras palabras, todo actor puede realizar señales, y en tanto estas señales son objeto de una distinción por otro actor ya tenemos una comunicación (i.e señal por parte de un actor junto a una observación de esa señal por parte de otro).

Interacción implica comunicación.

Se desprende de las dos anteriores en realidad. Si quien actúa, distingue; y quien actúa, interactúa; entonces quien interactúa, distingue; y si quien distingue, comunica; entonces finalmente no se puede tener interacciones sin comunicación (y si se realiza la conexión desde la otra vía, no se puede tener comunicaciones sin interacciones).

 

En base a estas ideas básicas es posible explorar los fenómenos básicos de la interacción social -o al menos es lo que nos interesa hacer a partir de ahora

(NOTA: Recordar que tengo pendiente la continuación del tema de las técnicas cualitativas)