Acciones y distinciones; interacciones y comunicaciones

Toda acción es distinción y toda distinción es acción.

Realizar una acción implica realizar un cambio en el mundo. Realizar un cambio en el mundo implica que es posible diferenciar las situaciones. Esa diferenciación de situaciones constituye una distinción.

Realizar una distinción implica hacer algo, como mínimo implica plantear, indicar dicha distinción. Y por lo tanto implica una acción.

En otras palabras, podemos decir que actuar y distinguir son dos caras de una misma moneda, y que en cuanto ocurre una ocurre la otra.

La relevancia de esta afirmación es que ella disuelve toda separación entre el ser que actúa y el ser que comprende; digamos, entre acción instrumental y acción comunicativa a la Habermas. y múltiples separaciones parecidas. Siempre hay que pensarlas en conjunto. En última instancia, requiere un rechazo a la separación de la conciencia con el mundo -alguna vez escribiré una entrada sobre como somos herederos de la tradición de la filosofía de la conciencia en Ciencias Sociales.

Además, un asunto esencial es que el número de distinciones, y por lo tanto de acciones, es infinito. Para ser más precisos: que no hay un conjunto predefinido de posibles acciones/distinciones. La distinción se crea en el acto de hacerla. No hay una ontología previa y definida de todas ellas. Los elementos que se distinguen en el mundo lo son en el acto de hacer la distinción -y esto tiene varias consecuencias (por ejemplo, en toda aproximación al aprendizaje que se base en un conjunto definido de cosas y elementos sobre los cuales se aprende, y no se toma en cuenta que es parte del proceso de aprendizaje distinguir esos elementos). Ahora, para no caer en idealismos: Se puede aceptar que lo que se distingue es independiente de la distinción, la distinción reconoce una diferencia pero es al reconocerla que es posible marcarla e identificarla. El hecho que el actor distinga entre A y B se basa en una diferencia que se reconoce entre A y B, y esa diferencia se podría aceptar no es producida por la distinción; pero es el actor el que necesariamente tiene que hacer ese reconocimiento, y bien podría hacer otro cualquiera, y el conjunto de esos reconocimientos es infinito.

 

Actuar implica interacción; distinguir implica comunicar.

Para decirlo de otro modo, quien actúa puede interactuar; y quien distingue puede hacer co-distinciones (comunicaciones).

Esto se desprende del hecho que los actores no están sólos, sino que participan de un mundo en que hay otros actores como ellos (al menos otros seres que pueden actuar y distinguir). Ahora, actuar implica hacer un cambio en el mundo. Ahora quien puede ser afectado por ese cambio puede ser cualquier elemento en él- Y ello incluye otros actores. Con lo cual mínimamente tenemos una interacción (un actor afecta a otro actor). Si esta dinámica se replica por parte del segundo actor ya tenemos una interacción más compleja. Distinguir implica una acción y por lo tanto indica un cambio en el mundo, el que puede ser a su vez observado (distinguido) por otro actor, porque el actor puede hacer distinciones sobre cualquier elemento. En otras palabras, todo actor puede realizar señales, y en tanto estas señales son objeto de una distinción por otro actor ya tenemos una comunicación (i.e señal por parte de un actor junto a una observación de esa señal por parte de otro).

Interacción implica comunicación.

Se desprende de las dos anteriores en realidad. Si quien actúa, distingue; y quien actúa, interactúa; entonces quien interactúa, distingue; y si quien distingue, comunica; entonces finalmente no se puede tener interacciones sin comunicación (y si se realiza la conexión desde la otra vía, no se puede tener comunicaciones sin interacciones).

 

En base a estas ideas básicas es posible explorar los fenómenos básicos de la interacción social -o al menos es lo que nos interesa hacer a partir de ahora

(NOTA: Recordar que tengo pendiente la continuación del tema de las técnicas cualitativas)

Algunas observaciones sobre los fundamentos de la Economía

(Sin mucho orden ni concierto, pero bueno para que no se me olviden las cosas que se me ocurren)

  • Que los economistas suelen preocuparse sobre cómo determinada medida afecta al bienestar general, medido éste en términos de eficiencia y óptimos paretianos, pero no es claro, en su perspectiva desde donde emerge esa preocupación. ¿Por qué a un actor racinal le interesaría preocuparse del óptimo de Pareto?
  • Al final defender ello implicaría defender un proceso social determinado -en el cual los seres racionales eligen preocuparse de esos criterios; pero eso, entonces, abre espacio para (a) otros procesos o (b) otras conclusiones de los sujetos, en ambos casos no llevando a esas preocupaciones
  • En ese sentido, una circunstancia común en economía es la dificultad para los economistas de diferenciar ente lo que es racional y la propia teoría del economista sobre ello. A esto cabría observar que toda teoría de la acción racional implica plantear que los actores hacen -por lo que esta situación no tendría nada de particular: los economistas saben que sus teorías no son el objeto pero para funcionar como teorías deben plantear cosas sobre ese objeto. Ello es razonable.
  • Sin embargo, la forma en que los economistas tratan el tema da cuenta que no han inquirido en profundidad sobre lo que implica esta diferencia. Porque  ella implica que diversos actores racionales alcanzarán conclusiones diferentes -incluso si tienen la misma evidencia-, y dado que la racionalidad es sobre el proceso de alcanzar conclusiones, entonces incluso pueden usar métodos y técnicas de racionalidad distintas.
  • Incluso, pensada como técnica de la racionalidad instrumental es como podemos entender a la economía como tal. Los sujetos pueden tener interés en ser racionales, al menos algunos lo tendrán. Ahora para actuar racionalmente se requiere un conjunto de procedimientos que así lo permitan. Esas técnicas no están dadas, hay que producirlas. O al menos, incluso si hay algunas dadas, ellas no agotan todas las posibles. Ese campo de desarrollo es la tecnología de la racionalidad, y la economía puede entenderse como la investigación y desarrollo de la racionalidad instrumental.

Bajo esta perspectiva, entonces la economía no es una ciencia empírica. Pero tampoco es una ciencia a priori como lo quería von Mises. Es una tecnología. Lo cual a su vez vuelve razonable que la economía, estudio del actor individual, nunca haya observado a la sicología. Mirado desde el estudio empírico, si quiero analizar la vida social usando una perspectiva individual, lo obvio sería usar la sicología. El que la economía no lo haya hecho de esa forma nos muestra de nuevo que la economía no es ni pretende ser una ciencia empírica.

A Propósito del Informe de la Comisión Revisora del Censo

9,3% de omisión general de población, cifras que es bastante superior en algunas comunas y grupos de edad; inconsistencias en el número de viviendas en varias comunas; un 12,3% de viviendas desocupadas, cifra muy superior al de censos anteriores. Todo ello, entre otras muchas otras cosas, amerita a ojos de la Comisión Externa Revisora la necesidad de hacer el censo de nuevo el 2015 (ver el informe aquí).

Esos son los resultados. De particular interés es la descripción del proceso del Censo que realiza la comisión, porque es de los múltiples errores cometidos durante ese proceso que se generaron los resultados ya mencionados. Los principales errores se pueden clasificar en dos grupos que procederemos a analizar a continuación:

A) Errores asociados a la implementación del Diseño. Cambiar de un censo de hecho a un censo de derecho no es un error, como lo muestra con claridad el mayor número de países que realiza este tipo de censo en años recientes. Lo que sí es un error es realizar ese cambio sin realizar las acciones que la hacen posible y sin tomar en cuenta la complejidad que el cambio involucra. En última instancia, fue una actitud de no hacerse cargo de las decisiones. Veamos algunos de los problemas de esta área:

  • Tomar la decisión de cambiar de tipo de Censo cuando el proceso de éste ya se encuentra en curso. Esto ya es problemático, pero lo es más el que no se adapten las actividades ya realizadas al nuevo estándar. Por ejemplo, si bien el Censo contó con pilotos, no se realizó uno para validar los procedimientos después del cambio de la decisión a un censo de derecho.
  • No cambiar la programación de validación del censo, basado en uno de hecho, a la nueva situación, con el resultado que no contamos todavía con una base plenamente consistente.
  • No tomar en serio las necesidades de recursos requeridos para hacer un censo de derecho. Sobre la estimación inicial de costos, la Dirección pidió 800 millones menos. Y ante el hecho que la estimación inicial estuvo bajo lo necesario, en vez de buscar nuevos recursos se toman decisiones como trabajar con un número menor de encuestadores.

B) Errores asociados a la implementación del Terreno. La última consideración nos empieza a dirigir del diseño al terreno. En este ámbito aparecen varios problemas graves que además, muchos de ellos, eran de fácil solución o resultaban previsibles.

  • El hecho de pagar al encuestador por día y no por encuesta realizada, esta última la práctica habitual en las empresas de encuestas, puede que haya resultado inevitable -dado como funciona el Estado-. El hecho de no reforzar la supervisión para resolver los problemas esperables dada esa situación sí constituye un claro error.
  • Establecer que el estado de vivienda desocupada no requería nueva visita, mientras que ocupada sin moradores requería 3 visitas corresponde a un error; cuando el incentivo del encuestador -que recordemos era pagado por día y no por encuesta- era claramente a declarar como desocupada toda vivienda en que no encontrara alguien que respondiera.
  • Falta de dirección frente a los problemas encontrados. Durante el desarrollo del Censo, al aparecer el problema de entrevistas no logradas, la dirección se reduce a plantear que se realicen todos los esfuerzos posibles. Pero no hay protocolos, instrucciones o recopilación de buenas prácticas que provengan desde la dirección, sino que cada equipo regional opero por su cuenta.
  • Los horarios en que se realizaron las encuestas correspondió a un horario laboral, contra la práctica habitual de terreno, Y dado que ese horario es más probable que no se encuentren personas en el hogar, esto claramente ayuda al problema de casos no logrados.
  • Los problemas de terreno también incluyeron una alta rotación de entrevistadores. Esto suele generar problemas logísticos en el terreno, y en este caso en particular implicó que cerca un 27% de los entrevistadores tuviera problemas de capacitación.

Todos los problemas anteriores son relevantes y afectan el contar con un buen censo. Y todo esto sin entrar siquiera en otros problemas, como cuestionario, o la decisión -invento de la dirección del INE de ese momento- de estimar el número de viviendas no censadas y proceder a ‘poblarlas’ de personas e incluir esto en las cifras oficiales. Sin entrar en los problemas de resultados e imputaciones, ya nos encontramos con problemas muy graves.

Dada la centralidad del Censo en la generación de estadísticas sobre la realidad nacional, y su relevancia en generar marcos muestrales para buena parte de los estudios del sistema estadístico nacional, sí parece ser necesario seguir la recomendación de la Comisión.

Tres aproximaciones para fundamentar la investigación cualitativa (I)

Por causas que no serán examinadas en esta entrada, la investigación cualitativa en ciencias sociales se ha fundamentado usualmente en razonamientos que rechazan la idea de una ciencia natural de la vida social, y que abogan que esta estudio es parte de ciencias que son diferentes en su base a las naturales o que implican que el estudio de lo social no es científico. El análisis del sentido requeriría ciencias del espíritu.

No se discutirá aquí a la otra gran forma que ha adquirido esta negación, que es la idea de las ciencias históricas; aunque es necesario recordar que ellas han estado muchas veces asociadas. Pero siendo dos argumentaciones distintas, resulta mejor separarlas también en su exposición.

Se pueden distinguir tres tipos de argumentaciones en torno a la afirmación que el estudio de la vida social exige un análisis del sentido que implica una aproximación radicalmente distinta del de las ciencias naturales. Una argumentación, la más clásica en sociología, es la del sentido de la acción, que tiene uno de sus exponentes clásicos en Weber. Una segunda argumentación es en torno al sentido de las prácticas, argumentación algo más posterior y que encontró uno de sus defensores más importantes en Peter Winch. La última argumentación que analizaremos es la que se preocupa fundamentalmente por el sentido de los discursos; que entre nosotros, al menos, ha estado altamente asociada a Jesús Ibáñez y sus discípulos. Los argumentos se cruzan entre sí y su especificidad no nos debe hacer perder de vista que se han dado en la literatura las más diversas conexiones y combinaciones entre los argumentos que se distinguen. En última instancia, son argumentos, no posiciones.

El hecho que estamos ante argumentaciones tiene como consecuencia que ellos no se limitan tan sólo a temas estrictamente metodológicos, sino que se refieren también a elementos conceptuales y teóricos.

Esto es muy claro en Max Weber, que será usado para dar inicio a la exposición del primer argumento. Antes que nada, el sentido de la acción define el campo de interés de la sociología en tanto disciplina, al ser ella el estudio de las acciones cuyo sentido está orientado hacia otros. Luego es una ciencia que se basa entonces en la comprensión del sentido de la acción.

En el mismo Weber, donde estas nociones tienen raíces neo-kantianas, y en particular experimenta la influencia de Rickert, la discusión del sentido se orienta en términos de asociaciones de valor y de la pertinencia valorativa de las acciones: para qué valor es relevante una acción. La metodología de los tipos ideales, que se basan en torno a un valor y crear un esquema de las acciones pertinentes para ese valor, está íntimamente asociada a esta perspectiva.

Sin embargo, esta orientación del sentido en tanto valor no ha sido tan central posteriormente, por más que muchos textos citen ritualmente los conceptos de Weber. La preocupación por el valor, que llevó a Weber a darle en sus textos tanto espacio a la distinción valor objetivo / valor subjetivo, resultó ser más bien un punto muerto.

La fenomenología de Alfred Schutz, y desarrollada por sus discípulos (de quien trataremos más a Thomas Luckmann) ha sido uno de las continuaciones más relevantes de esta tradición. Schutz encuentra que la aproximación de Weber es la más fructífera para la Sociología, pero que sin embargo su fundamentación filosófica resulta ser insuficiente. Fundamentar, y a partir de ello desarrollar, la idea básica de qué implica una ciencia del sentido de las acciones será parte esencial de su desarrollo. Para ello entonces usará la fenomenología de Husserl como parte de ese esfuerzo de fundamentación. En algún sentido, dado que Husserl se puede entender como un esfuerzo de poner bases más fuertes a la tradición de la filosofía de la conciencia, o sea de Kant; correspondía entonces en ciencias sociales que la misma operación se realizará al neo-kantiano Weber.

(De ese desarrollo, nos ocuparemos en la 2a entrada sobre el tema)

(NOTA: En principio, para bien y para mal, el segundo semestre de este año tengo que hacer un curso de metodología cualitativa, y regularizar mis notas al respecto no estará de más, para lo cual entonces este pobre blog será usado)

La Racionalidad y la Muerte

Perdida entre las páginas de la Ética Protestante, hay una observación de Max Weber sobre la relatividad de la racionalidad: Una vida racionalizada desde un objetivo puede juzgarse altamente irracional desde otro punto de vista. Esto puede variar entre lo más trivial -todo depende de las preferencias- hasta las perspectivas más generales para organizar y juzgar las acciones.

La relevancia de dicha observación se manifiesta cuando procedemos a observar los criterios generales de la perspectiva de la acción racional. Cuando estos teóricos, Friedman siendo el ejemplo más claro, se enfrentaron con el tema del ciclo vital no encontraron nada mejor que declarar que el objetivo de un actor racional es mantener constante su nivel de consumo, y en principio agotar en dicho consumo el total de sus ingresos a lo largo de toda su vida.

Empero, ¿por qué se dice que ese objetivo es racional? ¿Por qué un actor racional debiera intentar mantener su consumo constante? De hecho hay incluso objeciones internas a esa afirmación que uno puede aducir. Primero, que la capacidad para gozar del consumo puede variar a lo largo de la vida, y racional seria aumentar el consumo cuando esa capacidad es mayor, con lo cual el consumo constante seria irracional. Segundo, que si no sólo el consumo presente produce gozo sino el recuerdo de éste también lo genera, entonces sería racional intentar incorporar la maximización de la utilidad proveniente de dicha fuente en el cálculo, lo que induciría racionalmente a consumir más en la juventud que en la vejez.

Más importantes son las objeciones externas. Una de las regularidades más claras de la conducta humana es que los padres intentan dejar algún nivel de herencia a sus hijos. Esto puede incorporarse en la teoría que analizamos mediante el expediente de introducir algún ajuste en la función de utilidad, incorporando algún término que indique preocupación por el bienestar de los hijos. Ese ajuste nos lleva al punto central, que es además bastante obvio: Esa preocupación se traduce en herencia porque los seres humanos mueren.

Pero mirado desde la perspectiva de alguien que muere toda la perspectiva del actor racional que maximiza su utilidad pierde sentido, o al menos puede ser contradicha. Es parte de la experiencia humana el que un número no inconsiderable de personas puestas a pensar en su propia muerte empiezan a preguntarse acerca del para qué de sus acciones, y las respuestas utilitaritas, la base de la perspectiva de la acción racional, son percibidas para estas personas como insuficientes a este respecto. Para toda acción particular se puede dar por respuesta que aumenta mi bienestar, pero puestos a preguntarse porque aumentar su bienestar, porque dedicar mi finita vida a ello, muchos no aciertan a encontrarle sentido a la maximización de bienestar: Esa búsqueda no eliminaría la sensación de sinsentido, que todo da lo mismo y es inconsecuente. Por cierto, a muchos, en esta situación, sí les ha hecho sentido una respuesta utilitarista, pero acá nos baste con señalar que así no ocurre con todos.

Frente a la muerte, una posibilidad de recuperar sentido es precisamente a través de la descendencia (ya sea ésta biológica, cultural o de otro tipo). Porque siendo esa descendencia al menos potencialmente inmortal la radical amenaza al sentido que representa la muerte puede ser, al menos, obviada.

La ausencia de sentido representa irracionalidad, y tomar acciones que maximizan lo que se considera no tiene sentido es claramente algo irracional. Con lo que se vuelve al punto de partida: la racionalidad depende de la perspectiva y ante el hecho universal de la muerte la teoría de la acción racional queda muda.

El control de los medios de reproducción

Los seres humanos como especie realizaron su revolución más profunda cuando adquirieron control de sus medios de sustentación material, de su reproducción continua en tanto individuos. En otras palabras cuando inventaron la agricultura y la ganadería y pasaron a producir su propio alimento.

Si bien los seres humanos no son los únicos seres vivos que producen su alimento y ni siquiera son los únicos animales que lo hacen (algunas especies de hormigas descubrieron la horticultura y la ganadería mucho tiempo ha); si son los únicos que produjeron ellos mismos esa capacidad a través actividad (i.e se inventaron como agricultores). Este cambio de nicho ecológico de la especie ha sido fundamental en su historia posterior, en el sentido de adquirir un mayor control sobre su propio hábitat -de crear su propio hábitat (y el de muchas otras especies que son parte del ecosistema humano).

En la actualidad los seres humanos están en proceso de realizar una revolución igual de radical, profundizando el control que adquieren sobre el mundo. Me refiero al control sobre los medios de reproducción como especie: de la reproducción biológica. Desde los más sencillos (control de natalidad) a medios más complejos (inseminación artificial) a presentes y futuros desarrollos (ingeniería genética o clonación, que cada día están más técnicamente cercanos) la reproducción dejó de ser un proceso puramente ‘biológico’, en que se sigue a la naturaleza humana, a ser un proceso bajo control, en que se cambia y crea dicha naturaleza. En alguna medida, un control sobre la reproducción siempre ha existido en las sociedades, y las mujeres han sido objeto de dicho control; pero éste control siempre ha actuado sobre las premisas biológicas de la reproducción, pero es la modificación de esas premisas la que está en juego en la actualidad. Hasta ahora, dado que la biología de la especie era algo dado, la naturaleza humana era un supuesto de la acción. Pero ya no lo es.

El control de los medios de reproducción, entonces, puede producir transformaciones tan radicales como lo hizo el control de los medios de sustentación. Por cierto, bajo control no se pretende decir transformaciones esperadas o conocidas, ni menos nos referimos a una disminución o control de los riesgos; más bien es precisamente porque está bajo el control de actores que lo inesperado y el riesgo resultan incluso mayores. Pero el que una especie decida sobre su propia naturaleza y reproducción es algo nuevo, y como la analogía con la agricultura lo muestra, implica una transformación radical.

Exploremos sólo una de estas dinámicas. La clonación es sólo una forma de reproducción asexual. Ahora, una especie que se reproduce asexualmente no requiere varones, cuya única utilidad es la de ser parte de la reproducción sexual (en principio, el sexo basal es el femenino). En la naturaleza, en general, las especies clonadas -en particular, las especies multicelulares clonadas- son relativamente escasas (y relativamente jóvenes, indicando una duración no muy extensa); y esto porque la uniformidad genética que produce tiende, finalmente, a ser contraproducente para el éxito de una especie. Pero una especie que adquiere el control de los medios de su propia reproducción bien podría generar una forma de producir variedad genética, de intercambio genético, sin reproducción sexual. Y por lo tanto, en ella la reproducción asexual podría funcionar sin sus problemas asociados sin necesidad de requerir dos sexos. Por lo tanto, la existencia de varones pasaría a ser una elección en vez de una necesidad de la especie. Los efectos de dicha circunstancia en las sociedades podrían ser, digamos, interesante.

NOTA: Esta reflexión nace de una conversación con un compañero de doctorado que está trabajando estos temas, y en particular la clonación, que ahora -porque está prohibida- parece tema esotérico pero que en realidad -porque su factibilidad técnica es muy cercana- no deja de estar entre las cosas que pueden cambiar radicalmente la sociedad, y con ella el estudio de lo social.

Burawoy y la mercantilización del Conocimiento

Continuemos entonces con presentar y discutir las conferencias de Burawoy (revisar la entrada de ayer sobre la primera conferencia). Después de discutir los cambios en el mundo, el 25 la conferencia fue sobre los cambios en las ciencias sociales. Y en particular, sobre la mercantilización del conocimiento, y como este es la nueva mercancía ficticia que está en juego en el actual proceso de avance del mercado (mercancia ficticia, recordemos, siendo aquella que si se mercantiliza sin límites empieza a perder su carácter y utilidad).

El análisis estuvo muy centrado en la mercantilización de la Universidad, y a partir de allí comprender estas dinámicas.

El punto de partida fue que, aunque en principio compaías vendiendo conocimiento es algo que ha sucedido anteriormente, los cambios fundamentales ocurren a partir de la década de los ’80. En Estados Unidos, cambios legales permiten que el conocimiento generado en la Universidad pueda ser vendido. Al mismo tiempo, Tatcher introduce mecanismos de control en las universidades británicas, research assessment eercises, produciendo la paradoja que una defensora del libre mercado introduzca un mecanismo de planificación en la Universidad. Estos son elementos cruciales porque empiezan a generar cambios en como la Universidad se organiza y se relaciona con el conocimiento.

Los cambios en concreto del proceso de comodificación son los siguientes:

  1. Un movimiento de privatización, y en particular hacia el auto-financiamiento (si aun siguen siendo públicas)
  2. Esto implica reducción de costos: precarización e informalización de la fuerza de trabajo (los profesores), outsourcing y aprendizaje a distancia.
  3. Y esto implica un aumento de los ingresos: Mayores aranceles, inversión privada de las empresas en las Universidades (aprovechando que es una fuerza de trabajo barata, un estudiante de doctorado en biociencias bien paga por participar en investigación que produce beneficios para las farmacéuticas), y un aumento de las desigualdades entre las disciplinas (dado que hay algunas que tienen mayores posibilidades de generar ingresos que otras).

Burawoy, para ilustrar las cosas que generan estos procesos, contó de una situación en India: Algunos políticos se las arreglan para poder fundar centros de educación superior; luego se contactan con alumnos que tienen subsidios del gobierno; consiguen que se matriculen en sus instituciones, diciendoles que con tal que vayan unas 3 o 5 veces al centro en el año obtienen su credencial. Y así todos felices: los estudiantes tienen sus títulos, los políticos dinero y clientela, y las Universidades reciben algo de fondos.

Al mismo tiempo, y en parte asociadas a las anteriores dinámicas, tenemos procesos de racionalización:

  1. Racionalización como branding: La constitución de la Universidad como corporación (como un negocio en última instancia), y toda la preocupación por la ubicación en rankings (del nivel que sean).
  2. Racionalización como globalización: El hecho que toda el prestigio académico se juegue en la publicación en revistas internacionales, una mayor jerarquía, distinción y polarización. Y por cierto una falsa universalidad, con lo particular de Estados Unidos pasando por universal.

He ahí entonces los problemas asociados al conocimiento en esta ola de mercantilización de acuerdo a Burawoy.

Y al igual que ayer, algunos comentarios:

El análisis de Burawoy está centrado en la Universidad. Y claro siendo el lugar en que se (a) se genera buena parte del conocimiento y (b) se reproduce a quienes crean conocimiento, tiene sentido darle importancia. Pero el tema del conocimiento y su mercantilización no sólo tienen que ver con la Universidad y lo que sucede con ella. Los temas de patentes, copyrights y todo el régimen de propiedad intelectual (que es lo que permite comprar y vender conocimiento) afectan más allá de la Universidad. ¿Qué pasa con la mercantilización del conocimiento tradicional, digamos en lo relativo a plantas y medicina?

Y lo central es, creo, que se hace necesario pensar en lo que implica una mercancía ficticia. La comercialización del conocimiento (hacíamos la reflexión en otra entrada) afecta la producción del conocimiento. Un régimen donde el conocimiento está afecto a patentes y limitado por propiedad intelectual, es uno donde se dificulta la diseminación de éste -y la diseminación es crucial para su producción. En la medida en que estamos en un capitalismo de la información, entonces este es una de sus contradicciones básicas: Requiere poder comercializarlo, porque es una de las fuentes de valor; pero al mismo tiempo ese proceso afecta a su producción continua. En ese sentido, no es un tema de ‘rechazar’ la mercantilización como una forma de rechazo del capitalismo, es una dinámica que es compleja para la operación del propio sistema. Ahora, los procesos de contra-mercantilización han sido formas en que estas contradicciones se han ‘solucionado’, y en torno a cómo los diversos actores reaccionan y desarrollan estrategias en torno a esta situación será algo interesante de analizar en el futuro.

Burawoy sobre movimientos sociales y la contra-mercantilización.

Ayer 23 de Julio fui a una conferencia en la Facultad de Ciencias Sociales de la U. de Chile en la que Michael Burawoy habló de ‘Facing an Unequal World’. Bien interesante. Así que ahora procedemos a resumir lo que más me pareció relevante de la conferencia y a hacer algunos comentarios.

La idea fundamental es que para poder entender, básicamente, los movimientos sociales de los últimos años es el contexto del avance del neoliberalismo en el mundo. Y ello se entiende mejor si se lo analiza a partir de de las ideas clásicas de Polanyi en La Gran Transformación. Polanyi hablando del proceso de mercantilización en el siglo XIX lo que propone es que, en ultima instancia, el avance del mercado lo que produce es un contra-movimiento, el mercado autorregulado no es sustentable finalmente: termina amenazando la continuación de la sociedad y por ello la sociedad procede a regularlo. Por lo tanto, los movimientos sociales han de entenderse en general como formas de contra-mercantilizar

Lo que hace Burawoy es plantear que uno tiene que complejizar esta idea básica. Lo fundamental es que lo que Polanyi había visto como un sólo movimiento -que habría probado de una vez por todas que el mercado autorregulado no funciona- en
realidad es más bien tres olas distintas. Y cada una de estas olas no es solamente una repetición de un movimiento hacia y desde la mercantilización sino que tiene características distintas. Para ello Burawoy recupera la idea de Polanyi de una mercancia ficticia: un bien que si se mercantiliza por completo ve amenazado su valor de uso (y deja de funcionar). Además varían los actores involucrados en el contra-movimiento.

En un esquema:

Ola Cronología Mercancía Ficticia Actor Teoría
Primera Ola 1795-1914 Trabajo Comunidad Local Espontaneidad
Segunda Ola 1914-1974 Dinero (+T) Estado Nacional Emancipación
Tercera Ola 1974- Naturaleza (+D + T) Sociedad Global Protección

Uno puede observar, entonces, como los movimientos sociales de los últimos años se ubican como formas de protegerse frente al mercado en relación a estas mercancías ficticias: Frente a la mercantilización de la naturaleza, y en particular del acceso a la tierra (y como muchos son excluidos de ella), frente a la mercantilización total del dinero, expresado en el
capital financiero sin límites y en disputas sobre endeudamiento, y frente a la mercantilización del trabajo, expresado en la ola actual como precarización.

Parte de las conclusiones de Burawoy se detuvieron en la relación con el Estado de los movimientos sociales actuales. En parte enfatizó que existe una desconfianza hacia el Estado, visto éste como algo coludido con el capital; y que existe en general una emergente, pero todavía no establecida, visión de una democracia participativa. Además ¿cuál es el actor encargado del contra-movimiento de esta tercera ola? Porque el Estado habría sido el actor de la segunda, pero ya no correspondería a una ola que ocurre a un nivel global. De hecho, en ese sentido, Burawoy enfatizó la posibilidad que no existiera un contra-movimiento en esta tercera ola. La sociedad no funcionaría como un sistema auto-regulado con mecanismos de retro-alimentación que garanticen la existencia de correcciones.

Hasta aquí Burawoy. Ahora los comentarios

  1. Lo primero es en relación al carácter de esos contra-movimientos. Recordemos, Wallerstein dixit, que el capitalismo es una máquina que se basa en el crecimiento. Ahora, en cada ola lo que ha pasado es que la mercancía ficticia en cuestión es una cuya reproducción y uso se encontraría amenazado y que resulta crucial para la reproducción y el crecimiento del capitalismo. Pensemos en el caso del trabajo: Los resguardos al trabajador lo que permiten es que los trabajadores se reproduzcan y además promover su productividad (i.e a través de educación por ejemplo). Las crisis financieras terminan afectando la posibilidad del uso como medio del intercambio y del funcionamiento de los mecanismos de crédito -que son cruciales para el crecimiento. En ese sentido, podemos explicar porque se han dado estas olas: En cada situación el capitalismo se enfrenta a una crisis de un recurso que se mercantiliza por su expansión pero que su pura mercantilización puede afectar el crecimiento posterior del capitalismo. Por decirlo de alguna forma, las razones del contra-movimiento no son puramente anti-capitalistas o productos de movimientos sociales que se enfrentan a la mercantilización.
  2. Con lo que pasamos al segundo tema que es el carácter del Estado. Una cosa importante de recordar es que el Estado ha sido un actor crucial en cada ola de mercantilización: Una de las cosas que Polanyi enfatizaba es que mercantilizar a la sociedad requiere de una fuerte intervención estatal. Y al mismo tiempo ha sido un actor crucial para cada contra-movimiento. Puede que el actor que genera el contra-movimiento no sea el Estado, como por ejemplo en la primera ola, pero es el Estado el que ejecuta las medidas que lo permiten. En este sentido, y pensando en el primer punto, usando el marco del propio Burawoy, el Estado sí parece funcionar como el comité ejecutivo de la burguesía, al menos de cuando en cuando, y es allí donde se juegan los procesos de ‘corrección’.

Más en general, de alguna forma, nos hemos olvidado que los Estados tienen poder -al fin y al cabo, siguen manteniendo control de medios de violencia- y que hay una razón por la cual, siguiendo el razonamiento de Burawoy, los Estados son cooptados: porque su cooptación es relevante porque efectivamente manejan recursos. Pensar el Estado como un agente sin poder ha sido uno de los trucos más ingeniosos de la ideología de la mercantilización.

La dicotomía elección y obligación en la teoría social

Duesenberry planteaba, hace tiempo, que la economía era la ciencia de como las personas tomaban decisiones; y la sociología era la ciencia de cómo las personas no tenían decisiones que tomar. La dicotomía entre el actor libre y la coacción social es una antigua en las ciencias sociales. Varias de las discusiones en ciencias sociales dicen relación con cómo nos ubicamos frente a ella. Y así tenemos a quienes, dado que siempre existe de algún modo alguna alternativa, plantean que no existe finalmente la decisión forzada o la dominación (i.e nadie me puede obligar dado que siempre tengo alternativa), que todas las decisiones son libres y tomadas por el actor; y a quienes, dado que siempre existen condicionantes y contexto, el actor no es libre (i.e el actor nunca puede haber sencillamente lo que quiere).

Planteado a ese nivel la dicotomía no parece tener mucho sentido: Uno bien estaría tentado de decir que es claro que es cierto a la vez que siempre hay alternativas y que siempre hay un contexto para ellas (que establece las alternativas, sus requerimientos y sus consecuencias), y dado que estas dos aseveraciones no se contradicen y son verdaderas al mismo tiempo, la contraposición de ambos elementos no es más que un error.

Y sin embargo, bien podríamos decir que en nuestra experiencia cotidiana si sentimos esa diferencia. ¿Podemos explicarla, reconociendo al mismo tiempo la validez de lo dicho en el párrafo anterior?

Una posibilidad sería decir que la diferencia tendria que ver con el número de alternativas. Cuando existen muchas alternativas sentimos que nuestra decisión es libre, y cuando son pocas sentimos que es obligada. Pero en realidad eso no da cuenta de la experiencia: si tenemos varias alternativas y todas ellas son malas, no sentimos por ello que nuestra decisión sea más libre.

Otra posibilidad sería decir que la diferencia tiene que ver con el carácter de esas alternativas: Cuando se podría haber tomado otra decisión, cuando no es evidente la alternativa a tomar. Así por ejemplo si nos dan a elegir entre ser asesinados y entregar nuestros bienes, si existen una alternativa (y algunos incluso lo tomarían) pero en general es tan evidente que una alternativa es superior a la otra que nuestra decisión sería forzada. Pero en realidad eso tampoco da cuenta de la experiencia: cuando elegimos una opción, una de ellas puede ser para nosotros tan evidentemente superior a la otra que no cabría para nosotros tomar las otras alternativas, y todavía la decisión podría ser libre: Nadie me obligó a ser sociólogo, y en ese sentido la decisión fue libre, aunque para mí claramente no existía ninguna otra alternativa que se acercara a ello.

Yo diría que las diferencias vienen por otro lado. Decimos que una decisión es libre cuando el sentido de la obligación es ‘personal’ (el individuo X no podría haber tomado otra decisión, pero eso es algo de él). Reconocemos la acción como libre porque la necesidad que está en juego solamente involucra al actor que tomna la decisión. Decimos que una decisión es necesaria cuando el sentido de la obligación es común (cualquier individuo hubiera tomado esa decisión). Aquí no está en juego el carácter particular del actor, sino que la necesidad expresa lo que todo actor haría.

Al mismo tiempo, sentimos que nuestra decisión es libre cuando además una de las alternativas no sólo es superior a las otras, que es un dado porque fue elegida, sino que la considero una consecuencia positiva, beneficiosa: No sólo he elegido un mal menor sino que ha mejorado mi situación. Sentimos que una decisión es obligada cuando la alternativa elegida, en realidad, es sólo un mal menor, y sólo la elegí porque no había nada mejor, pero no porque hubiera sido algo que alguna vez hubiera deseado.

Si combinamos lo anterior entonces tenemos varias situaciones. La situación paradigmáticamente libre es cuando lo que elijo es algo que considero beneficioso, y además ese carácter de beneficioso es algo idiosincrático, personal. La situación paradigmáticamente obligada es cuando elijo algo que es un mal menor, y esa elección es además la que cualquiera hubiera tomado. En la bolsa o la vida, elegir la vida es sólo elegir un mal menor (de hecho estoy peor que si jamás se hubiera planteado la disyuntiva, y todos hubieran tomado esa decisión). Entre ambas se dan situaciones cuando los criterios no están en sintonía: Tomo una elección que me beneficia, pero no se podría haber hecho otra cosa, era una decisión necesaria. O tomo una decisión que sólo es un mal menor, pero es una decisión idiosincrática, otros podrían haber tomado otras decisiones, así que no era necesaria en ese sentido. Pero en ambos casos puede sentir que estaba hablando de una elección limitada, y en ninguno de los casos he terminado de expresarme a mí mismo en esa decisión.

Para usar un caso específico para ilustrar la anterior discusión, que me es caro porque es el tema de mi tesis de doctorado: Algunos sujetos piensan que su decisión de ser independientes fue su decisión, fue libre; otros que fue una obligación. Esta sensación se puede dar incluso cuando los sujetos dan la misma razón (compatibilidad con la vida familiar) o se encuentran en la misma situación (dificultad para encontrar empleo asalariado). La diferencia no es una en que el sujeto libre estima que tiene varias alternativas que eran posibles y que el sujeto obligado piensa que no (aunque así lo puedan plantear). El sujeto que siente que decide muchas veces tiene una opinión tan negativa del trabajo asalariado que claramente ninguna otra decisión era posible. Por otra parte, el sujeto que se siente obligado de hecho tiene alternativas -podría quedarse fuera del mercado laboral- pero claramente para él esas otras alternativas son tan inferiores y tan inviables que no vale la pena siquiera pensarlas. En ambos casos entonces puede suceder que una alternativa es claramente superior a las otras, pero en un caso el sujeto se siente libre y en otro forzado.

La diferencia tiene que ver con los temas que hemos enunciado. El sujeto que se siente libre al tomar esa decisión lo hace porque para él esa elección tiene una valencia positiva (es algo bueno) y además siendo una preferencia específica de ese actor -no todos tienen esos problemas con el trabajo asalariado- le reconocemos su carácter de libre. El sujeto que se siente forzado tiene esa sensación porque para él esa elección tiene una valencia negativa (es algo menos malo que otras cosas) y además siendo una preferencia general para todos -todos preferirían estar trabajando a no estarlo, en particular si son jefes de hogar pensemos- claramente la pensamos como obligada, bajo el signo de la necesidad.

Las afirmaciones que hemos establecido bien pueden estar equivocadas, pero creemos que es en ese tipo de distinciones que podemos escapar de las distinciones iniciales que planteábamos: Escapar de la afirmación -que aparece muchas veces entre economistas- que como siempre hay alternativas, entonces no existe tal cosa como la obligación; o del juicio -común entre sociólogos- que en toda situación en que el actor no se le planta su alternativa preferida no es libre, porque está obligado a elegir otra cosa. Y también escapar de la afirmación, algo trivial, que en toda acción hay elementos libres y coaccionados. Los criterios que hemos planteado permiten un juego más interesante entre esas alternativas.

Cooperación y Competencia

La discusión sobre los orígenes y condiciones de la cooperación es una de larga data en ciencias sociales. La comparación con estrategias de competencia también lo es. Ahora, esta es una discusión que no se reduce a estas ciencias. Análisis basados en esta dicotomía de estrategias se han usado también en biología, y esto en diversos niveles -desde relación entre especies a incluso el nivel celular.

Pensando en todo caso en el nivel que usualmente interesa a las ciencias sociales -el de las interacciones entre miembros de la misma especie- podemos observar estas dinámicas en otras especies que comparten con los seres humanos el de tener sociedades altamente elaboradas pero bajo condiciones muy distintas: a saber. las hormigas.

Entre ellas podemos observar que -en general y por ahora sólo queremos limitarnos a observaciones generales- el campo de estas interacciones es claramente distinto: Se coopera con el mismo nido (i.e entre los descendientes de la misma reina) y se compite -y usualmente de la forma más violenta de competencia, con eliminación del adversario- con otros nidos.

La misma dinámica (cooperación intra-grupo y competencia inter-grupos) se puede decir ocurre en seres humanos, y uno puede empezar a elaborar diversos modelos de como la distancia afecta a la elección de estrategia; y pensar que la diferencia intra- e inter-grupos es una dinámica basal de toda socialidad.

Sin embargo, lo que nos interesa aquí es otra observación: El hecho que en en interacciones entre seres humanos si bien esta dinámica se da, lo interesante es que la diferencia no es tan abrupta: En interacciones intra-grupos también se da competencia (pensemos en cualquier grupo, por más cohesivo que éste sea, y los intereses no serán idénticos) y existe cooperación inter-grupos. Ahora, uno podría reducir esto a la idea que lo que es regla pasa a ser tendencia en humanos, e insistir en cómo esto muestra diferencias naturaleza-cultura.

No es esto lo que nos interesa desarrollar sino más bien otra idea: El hecho que exista competencia y cooperación a todo nivel se debe más bien al hecho que la diferencia intra- e inter-grupos es menos marcada en seres humanos: Ellos se sienten pertenecientes a diversos grupos, cada uno con sus propias membrecías, y puede ser más o menos distante con cada uno de ellos. La interacción X pude ser intra-grupo en relación a cierto criterio, e inter-grupos en relación a otros criterios. Luego, en la medida en que se enfatice la dimensión intra-grupo la cooperación tendrá más posibilidades de surgir; y lo contrario en la medida en que se enfatice la dimensión inter-grupos.

Por lo tanto, lo que permite que las interacciones humanas no tengan una división abrupta entre relaciones cooperativas y competitivas es debido a la naturaleza múltiple de la pertenencia a grupos en los seres humanos.

Esta idea tiene algunas consecuencias empíricas que bien pueden revisarse. Por ejemplo, indica que en la medida en que una multiplicidad de identidades existe menos cortes abruptos entre interacciones cooperativas y competitivas debieran existir. Y, por lo contrario, en la medida en que una identidad aparece como crucial entonces debieran separare aún más las instancias cooperativas y competitivas.

Aquí podemos recordar una idea de una entrada anterior que planteaba que el nacionalismo era precisamente eso -el reemplazo de identidades múltiples, que ocupaban todo el rango desde lo local hasta lo global- por una sola identidad pre-eminente. El hecho que el surgimiento del nacionalismo en Europa haya ido aparejado de conflictos militares a mayor escala y de menor intensidad que los anteriores (y por cierto, con la eliminación en la práctica en Europa de anteriores reglas que limitaban el daño a civiles) puede verse como, al menos, compatible con la argumentación.

Si las identidades múltiples son concéntricas (i.e van desde grupos menores a más globales, pero cada grupo menor dentro de un sólo grupo mayor) o cruzadas (i.e entre dos grupos pueden darse intersecciones pero no necesariamente uniones) también debieran afectar la forma en que se da la relación cooperación-competencia.

Por ejemplo, en el caso concéntrico tendríamos una jerarquía de conflictos y cooperaciones (i.e al nivel local tengo mi endogrupo y otros exogrupos, al siguiente nivel esos exogrupos pasan a ser parte del endogrupo y aparece un nuevo exogrupo de mayor alcance y así sucesivamente). Luego, la posibilidad de la cooperación- está altamente asociada al nivel del grupo: Mientras más local, más identidades comunes que facilitan la cooperación. El nivel de los conflictos debiera estar asociado a la identidad en juego (dos identidades locales que son parte de la misma identidad regional debieran mantener el nivel de conflicto local; dos identidades locales que son parte de identidades regionales tienen la posibilidad es escalar el conflicto a nivel regional).

En el caso cruzado debiéramos encontrar dinámicas distintas. Lo característico de este caso es que en las relaciones entre dos identidades debiéramos encontrar tres grupos: Personas que sólo comparten mi identidad de endogrupo, personas que sólo comparten la identidad del exogrupo y personas que tienen ambas. Esto permite posibilidades de cambios de estado de relación dependiendo de cómo se jueguen esas identidades (i,e personas del tercer grupo pueden pasar de cooperación a conflicto fácilmente) y resulta difícil estimar la posible escala del conflicto o cooperación, dada la forma en que pueden ir activándose ellas (y las personas que quedan incorporadas). En cualquier caso, las posibilidades de lealtades cruzadas puede permitir un nivel permanente más alto de conflicto (o de cooperación) pero posiblemente limitar su alcance a gran escala.