A propósito de la Elección Presidencial de 2017

Nada muy ordenado, pero:

(1) FA+NM claramente no constituye una mayoría electoral. La ‘unidad’ de las izquierdas se dió (en lo que puede darse, que tampoco hay traspasos del 100%) y no fue suficiente.

(2) Chilezuela funcionó. Y la razón que funcionara implica una derrota para los más izquierdistas. Me acuerdo de conversar con varias personas de derecha en Twitter que estaban usando ese argumento y (a) nadie dijo que fuera un peligro inminente, sino más bien el inicio de un camino y (b) no era tanto Guillier ni la vieja Concertación que generaba ese miedo, sino precisamente el FA (y el viejo PC).

(3) Además implica una preferencia que es preocupante para esos sectores, que tan contentos estaban en 1a vuelta (es lo bonito de las elecciones). El electorado chileno está disponible para y hasta una socialdemocracia, pero no más: No es anti-mercado ni anti-empresarial; puede tener problemas con cómo funcionan, y querer que el mercado no lo sea todo, pero eso es distinto de rechazarlo (en las marchas de No+AFP los mismos marchantes iban felices a comprar al McDonalds, que de hecho estaba abierto el de Santa Lucía).

(4) El programa de Piñera incluye cosas que eran impensables en un programa de derecha hace 10 años. Y ello también debiera servir para poner límites a los discursos que implican cambios abruptos de lo que la población está buscando (leyendo cada elección como un cambio de timón fundamental en la opinión de las personas). Algo me dice que la población es más estable en sus preferencias, y que los cambios electorales se deben a que ninguna oferta política se ha acercado a ella en los últimos tiempos.

(5) El crecimiento importa. Puede que para la población éste no baste (y por eso también reclamó por menos abusos o mejor acceso etc.), pero era más bien algo que se lo daba por dado -pero cuando fue creíble que no existiera, sí genero reacción. Ninguna oferta política puede funcionar sin ser creíble en que es compatible con crecimiento.

(6) La Concertación fue tremendamente exitosa en los ’90 ofreciendo crecimiento con equidad. En cierto sentido, Piñera está ofreciendo ahora algo de eso (su promesa inicial fue más crecimiento, y durante la campaña reforzó elementos ‘reformistas’ -desde gratuidad a ley de pesca, hasta incluso hablar de AFP estatal). Hay muchos cambios (por cierto ni el discurso ni el contenido de los ’90 es adecuado ahora), pero hay una continuidad de preferencias básicas también.

(7) Hay un tema que aparecía en el Informe de Desarrollo Humano del 2015 que es el hecho que la evaluación de cualquier intento de reforma se hacía siempre desde un prisma individual (¿cómo esto me afecta a mí y a los míos de forma concreta?). En ocasiones posteriores la idea fue planteada como una lógica de apoyo colectivo al esfuerzo individual. Luego, todo discurso que hablara desde lo colectivo (como suele hacer la izquierda, y como buena parte de la izquierda leyó demandas de cambio) no funcionaba. Y luego, en el momento en el cual se realizara una oferta de solución a los problemas sociales desde esa óptica, tenía buena

(8) Los anteriores son sólo unas ideas. No están demasiado hilvanadas, ni siquiera sé si sean muy coherentes entre sí, claramente son hipótesis a explorar (la realidad bien podría ser distinta). Hay bastante que estudiar, pero al menos uno de mis viejos leit-motiv sigue en pie: Observar a la población desde las categorías que usa la discusión pública es una forma segura de no entender a la población.

La Particularidad de las Encuestas Electorales

El miércoles 13 de este mes, el Colegio de Sociólogos tuvo a bien realizar un Panel sobre Encuestas Políticas. En la discusión, a propósito de la diferencia entre encuestas de opinión y encuestas electorales, mencioné como comentario una vieja idea de Jesús Ibáñez: Que la encuesta y la elección son actividades homólogas: En ambos casos se realiza la misma operación (se realiza una selección entre varias alternativas pre-determinadas); y que ello constituye, al final de cuentas, una ventaja de la encuesta electoral sobre otras -donde ello no ocurre.

A propósito de lo anterior, Bernardo Mackenna -que exponía como panelista- hizo el comentario que la encuesta electoral no era la única que tenía un baremo externo. Se puede comparar los ingresos que se obtienen en la CASEN con los datos del Banco Central, se puede comparar los datos de las Encuesta Nacional de Seguridad Ciudadana con las estadísticas de delitos. Y sin embargo, pareciera ser que sólo a las encuestas electorales se les pide una corrección tan precisa.

Creo que a partir de esa discusión se puede perfilar mejor la particularidad de la encuesta electoral -y por qué es, finalmente, muy razonable que a ellas les pidamos una exigencia de corrección tan alta. Volvamos a la observación inicial. Ella no es que hay baremo externo, es que la operación de responder una encuesta y de votar en una elección son la misma operación. Entonces, es claro que ello no ocurre en los otros casos.

En las encuestas de actitud simplemente porque claramente la actitud o creencia que uno tiene no es -para nada- equivalente al responder una encuesta. La respuesta de la encuesta está siempre alejada, no puede corresponder exactamente, a lo que se quiere medir. Hay una distancia infranqueable. No por eso dejan de ser útiles las encuestas de opinión, pero esa utilidad se construye a través de esa distancia.

En el caso de otras encuestas de comportamientos es cierto que, en principio, hay una ‘respuesta correcta’ que es posible determinar. Existe tal cosa como los ingresos de una persona, y ello puede decirse. Sin embargo, sigue siendo cierto que la operación de recibir un ingreso (o la situación de sufrir un delito) no son equivalentes a la de una votación: Recibir un sueldo no es seleccionar una alternativa de un listado, tampoco lo es el realizar un trabajo o el ser asaltado. La distancia aquí no es infranqueable, pero dependiendo de la situación la pregunta y la realidad tienen distancia. Es cosa de pensar en todas las dificultades que existen en lo relativo a poder determinar el ingreso del hogar (es cosa de revisar el cuestionario de la CASEN y observar todas las operaciones que requiere una persona para seleccionar una respuesta). El mapeo de lo real y el mapeo de la encuesta no son idénticos. Más aún, el baremo externo a su vez es distinta de la realidad que queremos investigar: Los ingresos que reciben las personas no son las cuentas nacionales (hay ingreso que no aparece en ellos), los delitos que efectivamente suceden no son equivalentes a las denuncias (hay delitos que no se denuncian, hay denuncias que no siempre corresponden a un delito). Si bien en principio es posible realizar una prueba de realidad, ella es manifiestamente compleja.

El caso de la encuesta electoral es, entonces, claramente más sencillo. Seleccionar al candidato X de una lista de posibles candidatos es la misma operación que realizo al votar. Por cierto, la medición no es trivial ni transparente, pero la cercanía estructural de las operaciones facilita la resolución de esos temas (en última instancia, es tan equivalente que el CEP puede, simplemente, hacer encuesta con voto en urna). Más aún, aquí la prueba de realidad es perfecta: El conteo de votos es el resultado de la votación (mientras que las cuentas nacionales no son el ingreso nacional). La encuesta electoral, que tiene sus propios problemas, tiene bastante menos problemas de validez de medición y una prueba de corrección que, al ser más precisa, permite un mejor ajuste.

Ahora bien, ese permite un mejor ajuste, se traduce en un ‘se demanda mejor ajuste’. Es razonable suponer que la CASEN no de lo mismo que las cuentas nacionales (y en los tiempos en que se ajustaban los ingresos declarados de la CASEN con dichas cuentas, había cambios relevantes). La dificultad de medir el ingreso, y el hecho que las cuentas nacionales no sean la realidad a medir, tiene esa consecuencia. Pero dado que en la encuesta electoral hay menores dificultades, y la realidad es perfectamente conocida, es razonable que se pida mayor precisión y se tengan mayores exigencias en la medición.

En algún sentido, hasta pocos años atrás la encuesta electoral en Chile era un asunto relativamente sencillo. Ahora, debido a diversos cambios (que, por cierto, tampoco está claro en concreto que está detrás de los problemas recientes), esa medición se ha vuelto más compleja. Y, sin embargo, sigue siendo algo menos complejo que lo que el INE debe resolver con empleo, el MDS para medir pobreza y uno puede continuar con otros casos. Y si, en última instancia, esos otros problemas han podido ser resueltos (al menos, se puede entregar una medición que tenga algún sentido y validez), entonces uno debiera esperar que ello también ocurriera con las encuestas electorales.

Las Encuestas Electorales se equivocaron (pero no todas, y no todos reaccionan igual)

Habíamos dicho en varias ocasiones anteriores (para que no digan que se es general después de la batalla) que había problemas con las encuestas: Que no era claro que estuviera bien analizado lo de votante probable, las tasas de rechazo (aquí link), que las primarias habían mostrado varias sorpresas (aquí link). Más en general, habíamos enfatizado el hecho que los métodos han de articularse con la realidad social que estudian, su validez depende del estado de esa realidad (link)

Los resultados del 19 de Noviembre mostraron eso con claridad. La Radio de la Universidad de Chile tuvo a bien mostrar un cuadro que es bastante claro.

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Las principales encuestas tuvieron varios errores importantes para Piñera (10 puntos en varios casos) y Sánchez (12 a 6 puntos), y con una fuerte subestimación de Kast. Más aún, la impresión general -de una votación muy alta de Piñera, de importantes diferencias entre Guillier y Sánchez- resultó claramente errada.

Ahora bien, ¿eso implica que hay un problema de mala fe? ¿Las encuestas de derecha nos engañaron? Y no. CERC que no es de derecha estuvo entre las encuestas con más problemas. UDD-El Mercurio -que la gente que usa esa interpretación diría que es de derecha- estuvo bastante bien.

¿Se equivocaron todas las encuestas? ¿No sirven para nada? Tanto Criteria como UDD obtuvieron estimaciones que resultaron bastante decentes. En general, las encuestas no se equivocaron con Guiller (sólo CERC), y nadie le otorgó muchos votos a Goic (que también era de quien criticaba antes a las encuestas). Adimark, entre las grandes, tuvo los menores errores con Piñera y Sánchez (y dejó de hacer encuestas antes que las otras).

En otras palabras, hay problemas importantes que resolver (¿cómo se calcula votante probable?); pero no todos se equivocaron.

Aquí es importante hacer dos precisiones cruciales. Una de actitud y otra metodológica.

Partamos con la actitud de la reacción. He aquí Mackenna del CEP en Twitter hoy

Captura_CEP

Para ver otra reacción,Izikson de CADEM a través de la misma red social:

Captura_Cadem

Entre Mackenna e Izkinson está la diferencia entre la seriedad y el burlarse de la población. Entre quien de verdad se cree que las cosas hay que hacerlas bien y quien le da lo mismo. La diferencia entre el mínimo profesionalismo y el vendedor de humo.

Una encuesta es, al final, un instrumento cuantitativo, lo mínimo es que vaya más allá del al orden. La impresión que deja una encuesta no es sólo un tema de orden. Un error de 10 puntos no es un tema de ‘hacer más precisas las estimaciones’.

Al fin y al cabo, basados en resultados electorales y analizar políticamente es posible estimar mejor. En mi oficina se hizo el ejercicio de apuesta en intentar predecir el número de votos de Piñera. Los datos que usamos para ello fueron (a) cuantas personas votaron 1a vuelta el 2013, (b) votación primaria derecha 2017, (c) votación Evelyn Matthei en 2a vuelta el 2013. Basado en ello, el promedio de la oficina fueron 2.6 millones de votos, concentradas las opciones entre 2,3 y 2,5 millones (el nivel mínimo de votación derecha es lo que obtuvo Matthei en 2a vuelta el 2013 y de ahí puede sacar más porque es candidato más fuerte). Los outliers pensaron en 3 millones porque siguieron más bien a las encuestas. Esto es importante porque el mismo Izkinson ha retrucado al hecho de sólo dieron al orden con que ese orden sólo parece obvio dadas las encuestas. Sin ellas también es posible obtener estimaciones.

Luego, una buena encuesta necesita entregar algo más que un buen resultado al bulto. En particular, una buena encuesta electoral.

El segundo tema es metodológico. Es sabido que la encuesta CADEM no cumple con ningún requisito metodológico mínimo. Usar encuestas en punto de afluencia para una encuesta política es impresentable (y de nuevo, eso es sabido y ya había sido dicho en este blog ya el 2015). Y sin embargo, se usaban -no sólo los medios, incluso Kenneth Bunker -que desarrolla en TresQuintos predicciones bayesianas- los usaba. Izkinson realizó varias defensas de su método. Esto es incluso peor porque otras encuestas (Criteria por ejemplo, que recordamos ahora porque sus resultados fueron relativamente decentes) fueron vapuleadas por usar un Panel Online -el mismo Bunker en Twitter las declaró impresentables. Lo que aparecía como mostrando su clara inutilidad era la alta votación de Bea Sánchez. Es bien inconsistente declarar inusable una metodología problemática mientras al mismo tiempo aceptar otra.

Recordemos que los paneles online tienen problemas -el sesgo no se soluciona automáticamente a través de ponderadores. Sin embargo, han sido usados en otros contextos (y en algunos estudios de forma bastante exitosa con muestras claramente sesgadas -hay un estudio del 2015 con usuarios de Xbox que entrega buenos resultados para la encuesta norteamericana, link aquí). Incluso en el caso chileno, aparte de Criteria otras encuestas usando paneles (privadas) dieron resultados razonables. Sabemos que las metodologías tradicionales tienen problemas (tasas de respuesta por ejemplo), y luego hay que probar nuevas metodologías en el contexto actual. Ahora bien, para hacer esas pruebas resulta necesario hacer las cosas con seriedad y cuidado.

Y bien sabemos que seriedad y cuidado no es lo que caracteriza a la encuesta CADEM. Problemas con encuestas hay, fallos los habrá; pero lo mínimo es reconocerlos para poder solucionarlos. Salir defendiendo lo indefendible muestra que no hay mucho interés de hacer las cosas bien. Si de esta debacle al menos se logra que no sea aceptable hacer cualquier cosa, algo se podrá obtener en limpio.

La deslegitimización del votar. Una hipótesis

Años ha estaba leyendo un conjunto de cuentos sobre democracia (o derechos) para niños. El último de ellos era un cuento sobre la democracia y la votación. En él un conjunto de niños discutía sobre que juego iban a jugar juntos. Es importante enfatizar que ese enmarque obliga a una decisión colectiva -lo que los niños querían era jugar como grupo, y por lo tanto una salida individual (cada quien juega lo que quiera) no era válida. Dentro de la discusión, entonces alguien propone que se solucione mediante una votación. Pues bien, entonces se presentan alternativas y los niños votan.

Lo interesante es que el cuento no termina cuando los niños votan, eligen una decisión y se ponen a jugar. Ello resulta insuficiente: Puesto que quien promovía y quienes votaron por la opción derrotada no tenían solución a lo que querían, y dado que no habían hecho nada malo -y el cuento era claro en ello, que no tenían más culpa que su opinión no era mayoritaria, entonces un cuento infantil -que quiere un final feliz- no podía dejar la situación en ese momento. El cuento concluye cuando la opción minoritaria es reconocida e incorporada. La solución ideal es que la opción derrotada se juega en algunos días (menos que la mayoritaria).

¿Por qué esto es interesante? Porque muestra con claridad que la solución estándar de decisiones por votación es insatisfactoria como método, y esa insatisfacción es tan clara que un cuento que intenta enseñar a niños de las bondades de la votación no puede usarla. El modelo de decisión usual implica que hay quien pierde, y detrás de esa pérdida no hay ningún motivo superior (no es que su postura sea injusta o perversa, simplemente no es la mayoría).

De hecho, si uno busca las primeras defensas de la democracia observa cómo esa consecuencia es básicamente eliminada. Es la idea de unanimidad la que está detrás de las primeras justificaciones. Y ello es explicado y es coherente dada las nociones de la época.

No es por nada, por ejemplo, que el énfasis en que la democracia funciona en pequeñas sociedades (por ejemplo, en Rousseau): ahí la idea de unanimidad es más factible, o representa -al menos- una idealidad menos forzada. De hecho, en pequeños grupos y comisiones se puede observar la preferencia por la decisión unánime, que todos puedan sostener. La idea de Rousseau de voluntad general ha sido, en muchas ocasiones, vista como una noción totalitaria que impide el disenso. Eso es correcto mirado desde una lógica representativa; pero es precisamente esa lógica la que no usa Rousseau. La idea de voluntad general es distinta de la idea de voluntad de todos, agregación de las voluntades individuales, que entonces marcaría al disenso como negativo. La idea de Rousseau es que en todas las personas hay dos voluntades -una parte en que nos preocupamos de nuestra particular situación, y otra en que pensamos en términos generales y universales. Pues bien, la voluntad general representa la segunda mirada, y luego la idea de Rousseau es que estando puestos todos en este pensar en general, entonces arribaremos a la misma conclusión. Y luego, entonces habrá efectivamente unanimidad. La idea puede ser criticable por diversos motivos, pero nos muestra la importancia de justificar la unanimidad en las decisiones democráticas.

Tampoco es por nada el rechazo, común a buena parte de la teoría inicial, a la facción, al partido. Si no hay facciones, si no hay agrupación coherente de temas, entonces lo más probable es que una persona la mayor parte de las veces esté de acuerdo con la mayoría de la población. Si bien no lo estará siempre, si es probable que lo esté en buena parte de las decisiones, de modo que es fácil aceptar las derrotas particulares, porque en general es factible sostener que cuando el ‘pueblo gobierna’, se está en ese gobernar. Pero si hay facciones, entonces es posible que se esté sistemáticamente en minoría, y entonces claramente es más difícil sentirse representado por un gobierno que nunca toma las decisiones que uno acepta.

Al mismo tiempo, algo que Rosanvallón ha enfatizado recientemente (Le Bon Gouvernement, Seuil, 2015) también se explica por qué los discursos democráticos en sus inicios se concentran sólo en las leyes generales y en los principios básicos. Porque si las decisiones colectivas se limitan a las cosas más básicas y esenciales de la vida social, entonces es más esperable que se alcance la unanimidad. Estaremos, en general, todos de acuerdo en que el asesinato es malo, o que el fraude no se aceptable. En esas condiciones, el gobierno de la ley generada por decisiones democráticas parece más natural.

Las dificultades para mantener esas ideas en la práctica -la unanimidad no resultaba alcanzable, la facción era imposible de evitar, el limitar las decisiones colectivas a las más generales insostenible- llevó al uso del modelo estándar: Uno en que la mayoría impone su voluntad a la minoría, y donde -a cambio- se intentan salvaguardarse ante la posibilidad de una tiranía de la mayoría por diversos límites institucionales (derechos básicos, división de poderes etc.)

Sin embargo, todo ello no evita la insuficiencia basal de un modelo en que se establece por definición perdedores sin culpa alguna, que era lo que el cuento reclamaba al principio. Durante bastante tiempo esa insuficiencia no pareció tan grave, dada la comparación del régimen democrático con otros (mal que mal era superior a la tiranía o a la monarquía). Pero en la medida en que esas comparaciones pierden atingencia (porque ya prácticamente no quedan ejemplos ni reversiones), y en la medida que estamos ante sociedades cada vez más individualizadas (donde la noción misma de no poder satisfacer completamente lo que deseas se vuelve más inviable); entonces esa dificultad vuelve a aparecer en la palestra. ¿Qué hacemos cuando se requiere una decisión colectiva, cuando se desea una decisión colectiva, para que nadie se sienta perjudicado?

El cuento reseñado al inicio podía fácilmente alcanzar una solución feliz. Un grupo pequeño, donde en principio no había ni animosidad entre ellos, y donde existía la voluntad de dejar a todos bien, permitía entonces alcanzar una buen decisión. Ahora bien, esa decisión no era simplemente seguir la lógica real de las decisiones colectivas, y claramente la forma de la solución del cuento no es asequible fácilmente en sociedades con millones de ciudadanos. Entonces, ¿qué?

La Racionalidad de la Acción Racional

Ese es el título, ¿quizás debiera pensar como mejorar los títulos que escribo?, de una ponencia que presenté ayer en el Coloquio de Sociología Económica. Para describirla, nada mejor que su resumen:

La teoría de la acción racional tiene la paradójica condición de ser al mismo tiempo dominante y fuertemente criticada. Por un lado, se dice que sin un concepto de racionalidad resulta imposible entender la acción; por otro lado, aparece como obviamente incorrecta. En esta presentación abordaremos discusiones recientes sobre el tema de la racionalidad a la luz de esa paradoja.

Muchos estudios experimentales han mostrado de forma muy clara las limitaciones de lo que podemos llamar acción racional estándar. Frente a ello cuatro reacciones básicas pueden establecerse: 1) Pensar en términos de racionalidad limitada -asumiendo esos descubrimientos como desviaciones, pero manteniendo el mismo estándar de lo que es racional. 2) Depurar el concepto de la acción racional a su base de racionalidad formal, lo que permite reinterpretar como racional mucho de lo que presuntamente queda fuera. 3) Ampliar la idea de racionalidad, incluyendo otros modos de racionalidad (en lo que quedan autores tan distintos como Boudon y Habermas). 4) Recuperar otros modelos de acción que van más allá de la racionalidad o la decisión, ideas de creatividad o de expresión quedan cubiertas aquí. Lo que resulta común son los límites de la idea estándar de acción racional.

Sin embargo, aquí es necesario volver al inicio: ¿Por qué a pesar de sus insuficiencias se vuelve siempre a esta idea? ¿Bajo que condiciones y qué estructuras puede aparecer un espacio para una acción que se acerque a la racionalidad? Esbozamos una respuesta basada en la combinación de unicidad de criterios y de castigo a la conducta que se sale de él: En situaciones que operan de ese modo puede aparecer la racionalidad.

El link aquí.

Thaler y el Premio Nobel de Economía

El día de ayer, se otorgó el premio Nobel de Economía (en realidad, el premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas) a Richard Thaler. Buena parte de los comentarios se ha centrado en la importancia de la economía del comportamiento, tema al cual Thaler ha dedicado su investigación; y en que este campo, y Thaler en particular, ha mostrado que las personas son racionales, rompiendo con todo un importante dogma en la economía.

Me permitiré disentir de esa celebración. No en lo que se refiere a que se premie a la economía del comportamiento: Que la economía se dedique, como cualquier ciencia empírica, a analizar lo que las personas efectivamente hacen no puede ser más que celebrado. Pero es lo segundo, lo relativo a la racionalidad, lo que es incorrecto.

El  dogma más crucial de la economía no es tanto insistir en que las personas se comporten racionalmente, sino en la definición de lo que es comportamiento racional. Pensemos en todos las paradojas que son tan comunes en el rational choice -por ejemplo, el que las personas voten aun cuando racionalmente no debieran hacerlo (porque su voto no afecta el resultado). Todas esas paradojas lo son sólo desde la perspectiva de una forma bien concreta de pensar la racionalidad, no es que falten razones esgrimibles sobre el hecho de votar que vayan más allá del impacto en el resultado -pero es la economía la que decide que esas razones son irracionales. Lo mismo pasa con múltiples de las paradojas que describe la economía del comportamiento, como la famosa de Allais, en la cual las personas no se comportan de acuerdo a la utilidad esperada. Usemos la descripción de Wikipedia al respecto:

Primer experimento

  • Opción 1A: recibir 1 millón de dólares con probabilidad 100%.
  • Opción 1B: recibir 1 millón de dólares con probabilidad 89%, o 5 millones con probabilidad 10%, o nada con probabilidad 1%.

Segundo experimento

  • Opción 2A: recibir 1 millón de dólares con probabilidad 11%, o nada con probabilidad 89%.
  • Opción 2B: recibir 5 millones de dólares con probabilidad 10%, o nada con probabilidad 90%.

En varios estudios se halló que la mayoría de la gente elige las opciones 1A y 2B. Esto es inconsistente con la teoría de utilidad esperada, que indica que una persona debería elegir 1A y 2A, o bien 1B y 2B. Ello porque la teoría de la racionalidad dice que hay que descontar aquellas cosas que son iguales entre opciones -y tanto en la opción 1A y 1B hay un 89% de probabilidad de recibir 1 millón, por lo cual eso no cuenta; y tanto en la opción 2A como 2B hay un 89% de probabilidad de recibir nada, y ello no cuenta. Al descontar lo que la teoría dice que hay que descontar, entonces la opción 1A es igual a 2A (11% de probabilidad de recibir 1 millón) y la opción 1B es igual a 2B (recibir 5 millones con probabilidad 10% y nada con probabilidad 1%). Luego, si se elije A en una, se debiera elegir en ambas; si se elije B en una, se debiera elegir en ambas.

Pero, ¿por qué definir la racionalidad de acuerdo a esos principios? Siguiendo con el ejemplo de Allais,  él  mismo al diseñar esa paradoja lo hizo para mostrar que lo que era problemático era la concepción de racionalidad que estaba detrás de la racionalidad esperada. Allais estimaba que las elecciones de las personas eran perfectamente razonable (elegir 1A y 2B no es, en realidad, irracional). El lector puede pensar que elecciones le parecían razonable antes que se expusiera la descomposición y se planteara ese axioma de la racionalidad que pone la teoría de la utilidad esperada. Aceptar que la racionalidad puede ser algo diferente de lo que ellos pensaban que era, ha resultado difícil de aceptar para la economía. Al final, es la economía la que decide que es lo racional y que es lo irracional.

En otras palabras, la economía del comportamiento (con Thaler) comparte con la economía tradicional la misma concepción de lo qué es racional. Difieren en su visión de la empiria. Ahora bien, esto implica que ambos prefieren mantener la teoría de la racionalidad incólume, y unos niegan que la gente no se comporte así y otros dicen que las personas no se comportan racionalmente y que ello es, más bien, un problema con las personas (a las cuales se les podría llevar a que se comporten racionalmente, como dice la teoría que deben comportarse), pero ello jamás como un problema de la teoría que debiera cambiar la concepción sobre qué es la racionalidad. La razón es lo que los economistas dicen que es, no algo sobre lo cual se investiga.

No es tan ‘revolucionario’ entonces lo de la economía del comportamiento. Peor aún, se basa en la idea -que en realidad es bien peregrina- que son los economistas (u otros que también manejan esa racionalidad) quienes saben lo que es racional, y quienes juzgan al resto.  Que la racionalidad sea algo claro sobre la cual no existen debates es erróneo; que existan sus sacerdotes que deciden que es y que no es racional es algo impresentable.

Dos formas de percepción de las transformaciones sociales

El primer modelo es el del cambio de percepción tardía: Algo sucede que realmente produce una transformación relevante, pero en el momento nadie se percata de ello, lo que facilita que éste efectivamente se introduzca (no hay grandes resistencias). Sólo posteriormente, una vez ya instalado, aparece el reconocimiento que ello era un cambio relevante. Pero ese cambio ya se había producido.

Mi impresión es que los inicios de la mecánica cuántica tienen algo de eso. Planck está intentando resolver un tema, introduce una hipótesis de cuantos, pero casi como un asunto secundario a lo que le interesaba (que era más bien la termodinámica) -no es algo que destaque en su artículo inicial (‘Sobre la ley de distribución de energía en el espectro normal’ de 1901). Es cuando ese artículo ya esta establecido como un éxito que la importancia y consecuencia de esa hipótesis aparece como revolucionaria. Pero la revolución sólo se reconoció a sí después del diluvio.

El segundo modelo es el del cambio cuya radicalidad es más bien inicial. Hay una transformación que es inmediatamente percibida como relevante, es nombrada como un cambio. Y al ser nombrada aparece como un cambio muy importante y crucial, que transformará todas las cosas. Lo cual, por cierto, genera resistencias. Pero pasado el tiempo sucede que no tenía todas esas consecuencias, y que su impacto era menor del pensado (que conste, todavía puede ser muy relevante).

Creo que el desarrollo del ateísmo moderno, digamos a partir del siglo XIX, es un caso. Si se lee la impresión de lo que significaba el ateísmo en esa época (desde Dostoyevski a Nietzche) es que era un tema crucial -que siendo la creencia en Dios algo tan crucial, obviamente el abandonar esa creencia debiera tener profundas consecuencias sobre nuestra forma de vida. Pasa el tiempo y en las siguientes generaciones ello se pierde, y entre ateos gana fuerza la idea que el ateísmo es sólo eso, una ausencia de creencia en la existencia de dioses, pero que de ahí no se sigue nada. Si se quiere el cambio fundamental es, precisamente, el quitarle un rol fundante a la creencia en Dios sobre cualquier cosa. Y entonces un cambio que parecía fundamental, casi trágico, pasa a ser visto más bien como algo anodino.

En otras palabras, y más en general, nunca sabemos lo que es relevante: Muchos cambios fundamentales ocurren sin que nos demos cuenta, y muchas de las transformaciones que damos por relevantes terminan siendo más bien pequeñas.

¿Por qué se siguen usando las encuestas políticas?

La pregunta del título puede sólo merecer una respuesta rápida y obvia: Porque se necesita algo de información, y ese tipo de información sólo la pueden entregar las encuestas. Lo cual es válido, pero sigue dejando abierta la pregunta de los usos. En otras palabras, ¿cuanta confianza podemos tener en sus resultados? Y dado ello, ¿qué es lo que se puede hacer con ellas?

Ahora bien, sabemos -puesto que ya hemos tenido una elección relativamente masiva- que las encuestas tienen serios problemas. Demos por ciertas todas las prevenciones que hacían (o podían hacer) de quienes hacían encuestas en ese momento: Que no eran encuestas electorales, que claramente no estaban preguntando por voto de primaria, que la primaria no es la presidencial, que no se podían usar para predecir. Sin embargo, uno podría suponer que al menos debieran haber estado en las principales tendencias.

El caso es que no lo estuvieron. De los principales resultados sólo que Piñera estaría primero, y con distancia importante, era algo que ya estaba en las encuestas. Pero, ¿había alguna encuesta que diera que Ossandón tendría algo menos de la mitad de la votación de Piñera? ¿Existió alguna encuesta que nos dijera que Ossandón obtendría una votación similar a la totalidad del Frente Amplio? Repito: No estoy pidiendo que las encuestas dieran numéricamente cerca de los resultados (no he nombrado ningún porcentaje para el caso), sólo que estuvieran cerca de las principales tendencias.

Elecciones Primarias de Julio y Encuestas 

Candidato Primarias (2 Julio) Adimark (Junio) Cadem (30 Junio) CEP (Abril-Mayo)
Piñera 47,4 57,4 45,8 69,1
Ossandón 21,3 7,4 14,6 15,7
Kast 12,5 5,6 10,4 0,9
Total CHV 81,2 70,4 70,8 85,7
Sánchez 12,7 24,1 22,9 14,0
Mayol 6,1 5,6 6,3 0,3
Total FA 18,8 29,7 29,2 14,3

NOTA: Los porcentajes están calculados en torno a lo que sumaban los cinco candidatos en la primaria, no en relación con la población general, para hacerlos comparables.

Y si en ese caso no estuvieron ni cerca, ¿por qué debiéramos pensar que están cerca ahora? Y nuevamente, no estamos hablando de un tema de puntos más o puntos menos, sino de las grandes tendencias.

Cuando recordamos lo endeble que son las bases metodológicas de varias encuestas. No estará de más recordar que no todas las encuestas de las que se habla y discute cumplen siquiera con representar todo el territorio; lo que no deja de ser relevante cuando la conducta electoral difiere entre los diversos territorios. Pensemos que la encuesta CEP -aunque la más lejana de la votación, y por lo tanto con casi nula presencia de Mayol o Kast (que se levantan más bien posteriormente)- es la que mejor apuntó a la votación de Sánchez. Precisamente el hecho de ser encuesta nacional permite eso, al salir de  espacios donde Sánchez le fue mejor (más urbanos por ejemplo).

Podemos seguir: También podemos recordar que dado que estamos ante voto voluntario se necesitan modelos de predicción de voto, y que no tenemos -hasta donde llega mi conocimiento- estudios que muestren que los modelos pensados y aplicados al respecto efectivamente funcionan en Chile (creo que sólo Mori intentó hacer ello). Al fin y al cabo, en Chile no se usan mucho las encuestas a salida de urna porque esa herramienta, de uso común en tantas partes, tuvo un fracaso estrepitoso cuando se intentó aplicar en Chile.

Es cierto, por otra parte, que no tenemos otras fuentes, y que no queda más que usar la información que se tiene. Lo que se requiere es usarlas con circunspección. Pero, al mismo tiempo, cuando se las usa de ese modo, ¿cuánto es lo que efectivamente aportan? El dato que es claro en todas las encuestas, y que podemos dar por cierto, es que Piñera es el candidato en primer lugar, y a distancia del resto, pero ¿necesitamos las encuestas para saber ello?

La utilidad de las encuestas, al final, depende de la respuesta a esa pregunta. Yo tengo la impresión que para ese tipo de resultado basta con vivir en la sociedad; pero conociendo, al mismo tiempo, la facilidad con que las personas se engañan sobre estos temas, quizás sí -incluso ese tipo de resultado general ya sea lo suficientemente valioso.

NOTA FINAL: Es cierto que esta entrada se podría haber hecho bastantes meses antes, pero en fin, la vida y todo eso no siempre permite escribir cuando uno primero lo había pensado. Sería más adecuado probablemente analizar la última CEP, al menos sería más atingente, pero mejor tarde que nunca supongo.

Debating Humanity. Socialidad, universalismo y naturaleza

debating_cherniloRecientemente Daniel Chernilo publicó Debating Humanity, que es parte de su proyecto de desarrollar una sociología filosófica; basado en la idea -relativamente sensata- que los problemas sociológicos básicos son, en última instancia, también filosóficos. Si bien no sé si me convence plenamente dicha idea, si comparto el que a la sociología, y las ciencias sociales en general, no les vendría mal un mayor conocimiento de la filosofía, al fin y al cabo hay varias horas de interés solapado.

En el libro Chernilo selecciona diversos autores, cada uno asociado a un concepto clave para entender la condición humana (para tomar la frase de Arendt): Auto-trascendencia (Arendt), Adaptación (Parsons), Responsabilidad (Jonas), Lenguaje (Habermas), Evaluaciones fuertes (Taylor), Reflexividad (Archer), Reproducción de la vida (Boltanski). La discusión entre Sartre y Heidegger a propósito del humanismo funciona como marco de la discusión, donde Chernilo defiende una posición humanista y universalista.

En este breve comentario no voy a entrar en lo que el propio texto llama, al menos ostensiblemente: A la discusión y comentarios sobre autores: ¿Están bien analizadas las posiciones? ¿Corresponden los conceptos a los autores? Y esto por algo bien sencillo: A estas alturas creo que Chernilo debiera abandonar la teoría-como-comentario y entrar ya definitivamente en la teoría como pensamiento sistemático. Y luego, el comentario será a partir de las opciones básicas que a lo largo del comentario son las que Chernilo está defendiendo.

El proyecto de Chernilo es un proyecto que defiende (a) una posición universalista para comprender la vida social -hay elementos comunes detrás de toda esa diversidad, que nos definen como los particulares seres que somos; (b) una universalidad que no requiere ser pensada en términos biológicos, como algo puramente natural -dado que hay varias de esas características que irían más allá de lo que la naturaleza es; (c) todo lo que es universal no puede ser social -lo social es lo que genera la variedad; y luego aquellas características universales implican que no todo es social en lo humano; (d) la universalidad permite basar una posición ética -y entonces podemos superar aquellas posiciones neutrales.

Frente a ello me encuentro en la posición de aceptar varias de las conclusiones de Chernilo sin aceptar el argumento en particular. De partida, estoy de acuerdo con la apuesta de universalismo. Hay características y procesos que cruzan a todas las sociedades, son las que nos permiten reconocerlas como un tipo de situación; y, claramente, si incluso decimos que las sociedades humanas se caracterizan porque no hay verdades universales, entonces habría que preguntarse porque ello es válido para todas. En última instancia, hay cierta continuidad básica en la vida social que generan los seres humanos -hay una razón por la cual, finalmente, es posible traducir (incluso si traditore) entre todos los lenguajes; y el hecho que seamos la misma especie no deja de ser relevante (desde los hechos de la reproducción -el embarazo tiene un tiempo relativamente determinado- hasta nuestras capacidades de los sentidos -reconocemos colores basados en tres tipos de receptores- pasando por los efectos del metabolismo y cuanta otra cosa hay). En este nivel, creo, no hay mayor desacuerdo; pero hay otras conexiones donde sí me parece que los argumentos y las contraposiciones no son necesarias.

Así, comparto que los seres humanos no son seres completamente sociales (es algo que Simmel planteaba hace tiempo), y que eso es bastante relevante para entender nuestra socialidad. Al mismo tiempo, la conexión que se hace con una visión que plantea que todo lo universal no puede ser social no me termina de convencer. ¿Por qué no pueden existir procesos sociales que sean universales? (digamos, tipos de conversación o procesos de alianzas). El caso del lenguaje creo que es útil para ello. Por un lado, claramente se requiere de una capacidad instalada en el individuo (en el cuerpo) antes que se despliegue la socialidad, por que es lo que le permite conectarse con ella. Pero, por otro, ¿no viene esa capacidad, en el largo plazo, determinada porque somos seres sociales?, y -por cierto- nuestra capacidad de comunicación es bien primal (y previa al lenguaje): los seres humanos venimos al mundo incorporados desde el principio en un tejido de relaciones y de comunicaciones. En otras palabras, no entiendo porque lo social ha de entenderse como en conflicto con lo universal.

El segundo punto es la relación con la naturaleza. Hay una tendencia en el texto a postular que aquello que es humano está en contraposición a lo que es natural. Y nuevamente, no veo por qué ello. Si los seres humanos son una especie particular, una línea de primates que tuvo bastante éxito, no veo porque cualquiera de nuestras características nos saca del mundo natural. Incluso si tuviéramos características exclusivas (posición que tiendo a no pensar, a lo más creo que tenemos más desarrolladas, más ‘reflexivizadas’ -o sea con capacidad de actuar sobre ellas mismas-, varias características que están con un menor despliegue en otras especies), eso no nos saca de la naturaleza. A veces creo que esto se debe a una visión más bien simple de la naturaleza que otra cosa.

En última instancia, creo que en esta defensa del universalismo lo importante es la última afirmación de nuestro resumen: el uso de ese universalismo para fundar una posición ética. Y de hacer notar que sigue siendo para mí una posición indefendible. Supongamos que las siguientes frases son verdaderas: ‘Todos los seres humanos comparten tal intuición ética’ (o de hecho, más general, ‘comparten el hecho de tener un sentido para la ética’); o ‘tal como es la socialidad, para que ella se despliegue requiere que se cumpla con tal estándar’. Pero ellas serían verdades de hecho. Para que fueran afirmaciones éticas hay que agregar una visión ética, que sigue siendo distinta del asunto de hecho (por ejemplo, el principio que ‘todo debe desplegarse al máximo de su potencial’). Las afirmaciones éticas que permiten esa conexión (que de una afirmación de hecho se sigan consecuencias éticas) pueden ser triviales, pueden ser hasta universalmente verdaderas, pero siguen siendo afirmaciones éticas. A veces creo que basar la idea de la neutralidad valorativa en esa mezcla de Kant y Nietzche que es Weber no nos llevo a buen camino; siendo que la versión más sencilla de diferenciar afirmaciones de hecho de afirmaciones de valor, que debemos a Hume no tiene esos problemas.

En todo caso, el punto esencial de esta entrada es más bien otro: Las posiciones sustantivas de Chernilo son relevantes y ameritan debate; y no estaría de más, entonces, que su esfuerzo se dedicará más al desarrollo sistemático que al comentario de autores. Sería, creo, nuestra ganancia.

 

Una nota sobre la idea de gobierno y la democracia

Hace pocos días estaba leyendo un texto de Rosanvallon (Le bon gouvernement, 2015) en que menciona que, efectivamente, no tenemos una noción de lo que implica el gobierno democrático. Las ideas de democracia tienen que ver con otras dimensiones (ciudadanía, legislación, participación) pero la idea de democracia en el gobierno está ausente. El poder ejecutivo ha aumentado de importancia en las modernas democracias, pero la operación misma de ese poder está fuera de la conceptualización democrática. Como dice en las primeras líneas del libro:

Nos régimes peuvent être dits démocratiques, mais nous ne sommes pas gouvernés démocratiquement (p 9)

Ello tiene consecuencias: Parte no menor de los problemas actuales de la democracia dicen relación con el estatuto del gobierno democrático. Pero la ausencia de una delimitación clara de lo que es un gobierno democrático cambia las cosas. La idea de la democracia participativa -y Rosanvallón recuerda que mucho de ello ya está desde el siglo XIX- sigue en el mismo espacio de la democracia representativa, como un perfeccionamiento o superación (p 19). Pero el problema real está en otra parte: en el gobierno, en el ejecutivo más que en el parlamento, si se quiere.

Esto tiene raíces históricas. Las estructuras políticas que constituyen la democracia fueron pensadas originalmente bajo teorías que lo que querían hacer era limitar el gobierno. Es el pueblo como legislador, bajo la idea de un gobierno que se limite a seguir una ley (que es a su vez una ley clara y estable) era el objetivo e idea central, es por algo que se llama poder ejecutivo (Castoriadis hace notar que en el nombre hay ya una mistificación: El poder ejecutivo no se limita a ejecutar una ley, el gobierno no es ello -el gobierno puede hacerse en el marco de las leyes, pero sus decisiones no son simple y mera ejecución).

La culte du droit d’un côte et celui-ce du marché de l’autre, régi, par la loi naturelle d’une main invisible, conduiront de la sorte les hommes des Lumières à réduire l’espace du politique comme sphère de la décision (p 39)

El desarrollo del Estado y de los regímenes representativos durante el siglo XIX y XX ha llevado a mayor democratización y al mismo tiempo a un crecimiento de la dimensión de gobierno de la sociedad. Pero esa dimensión queda fuera de toda lógica democrática (uno puede recordar aquí que Weber, pensando desde la burocracia, pensaba que la democracia era solamente poner una cabeza no burocrática en el ápice; pero eso no cambiaba mayormente el funcionamiento burocrático).

Rosanvallón tiene una serie de sugerencias e ideas para pensar un gobierno democrático (lo que él llama la democracia de apropiación en vez de la democracia de autorización -y al leer ello recordé la idea de O’Donnell de democracia delegativa), de como cambiar la relación entre gobernantes y gobernados; pero eso sería tema de otro día (*)

Quería finalizar con otra observación: En la actualidad, en nuestro país hay una parte importante de las fuerzas políticas que, en última instancia, lo que desean y postulan es mayor gobierno (un Estado más activo y relevante en la vida de las personas). Ahora bien, no he visto mucha reflexión sobre lo que ello implica. Esto tiene varias dimensiones, pero al menos una de ellas, es que entonces el carácter del gobierno adquiere más relevancia, y las preguntas por la gestión ejecutiva (el lado burocrático del asunto) y el gobierno democrático (lo que aquí hemos destacado) aumentan de importancia; y no sé, si en realidad, ellas están siendo preguntadas.

 

(*) Tradicionalmente, en este blog he terminado siempre haciendo entradas más o menos largas (alrededor de mil palabras). Y no están mal. Pero definitivamente disminuyen el número de entradas que escribo, así que veremos que cambia con esta nueva política.