La Particularidad de las Encuestas Electorales

El miércoles 13 de este mes, el Colegio de Sociólogos tuvo a bien realizar un Panel sobre Encuestas Políticas. En la discusión, a propósito de la diferencia entre encuestas de opinión y encuestas electorales, mencioné como comentario una vieja idea de Jesús Ibáñez: Que la encuesta y la elección son actividades homólogas: En ambos casos se realiza la misma operación (se realiza una selección entre varias alternativas pre-determinadas); y que ello constituye, al final de cuentas, una ventaja de la encuesta electoral sobre otras -donde ello no ocurre.

A propósito de lo anterior, Bernardo Mackenna -que exponía como panelista- hizo el comentario que la encuesta electoral no era la única que tenía un baremo externo. Se puede comparar los ingresos que se obtienen en la CASEN con los datos del Banco Central, se puede comparar los datos de las Encuesta Nacional de Seguridad Ciudadana con las estadísticas de delitos. Y sin embargo, pareciera ser que sólo a las encuestas electorales se les pide una corrección tan precisa.

Creo que a partir de esa discusión se puede perfilar mejor la particularidad de la encuesta electoral -y por qué es, finalmente, muy razonable que a ellas les pidamos una exigencia de corrección tan alta. Volvamos a la observación inicial. Ella no es que hay baremo externo, es que la operación de responder una encuesta y de votar en una elección son la misma operación. Entonces, es claro que ello no ocurre en los otros casos.

En las encuestas de actitud simplemente porque claramente la actitud o creencia que uno tiene no es -para nada- equivalente al responder una encuesta. La respuesta de la encuesta está siempre alejada, no puede corresponder exactamente, a lo que se quiere medir. Hay una distancia infranqueable. No por eso dejan de ser útiles las encuestas de opinión, pero esa utilidad se construye a través de esa distancia.

En el caso de otras encuestas de comportamientos es cierto que, en principio, hay una ‘respuesta correcta’ que es posible determinar. Existe tal cosa como los ingresos de una persona, y ello puede decirse. Sin embargo, sigue siendo cierto que la operación de recibir un ingreso (o la situación de sufrir un delito) no son equivalentes a la de una votación: Recibir un sueldo no es seleccionar una alternativa de un listado, tampoco lo es el realizar un trabajo o el ser asaltado. La distancia aquí no es infranqueable, pero dependiendo de la situación la pregunta y la realidad tienen distancia. Es cosa de pensar en todas las dificultades que existen en lo relativo a poder determinar el ingreso del hogar (es cosa de revisar el cuestionario de la CASEN y observar todas las operaciones que requiere una persona para seleccionar una respuesta). El mapeo de lo real y el mapeo de la encuesta no son idénticos. Más aún, el baremo externo a su vez es distinta de la realidad que queremos investigar: Los ingresos que reciben las personas no son las cuentas nacionales (hay ingreso que no aparece en ellos), los delitos que efectivamente suceden no son equivalentes a las denuncias (hay delitos que no se denuncian, hay denuncias que no siempre corresponden a un delito). Si bien en principio es posible realizar una prueba de realidad, ella es manifiestamente compleja.

El caso de la encuesta electoral es, entonces, claramente más sencillo. Seleccionar al candidato X de una lista de posibles candidatos es la misma operación que realizo al votar. Por cierto, la medición no es trivial ni transparente, pero la cercanía estructural de las operaciones facilita la resolución de esos temas (en última instancia, es tan equivalente que el CEP puede, simplemente, hacer encuesta con voto en urna). Más aún, aquí la prueba de realidad es perfecta: El conteo de votos es el resultado de la votación (mientras que las cuentas nacionales no son el ingreso nacional). La encuesta electoral, que tiene sus propios problemas, tiene bastante menos problemas de validez de medición y una prueba de corrección que, al ser más precisa, permite un mejor ajuste.

Ahora bien, ese permite un mejor ajuste, se traduce en un ‘se demanda mejor ajuste’. Es razonable suponer que la CASEN no de lo mismo que las cuentas nacionales (y en los tiempos en que se ajustaban los ingresos declarados de la CASEN con dichas cuentas, había cambios relevantes). La dificultad de medir el ingreso, y el hecho que las cuentas nacionales no sean la realidad a medir, tiene esa consecuencia. Pero dado que en la encuesta electoral hay menores dificultades, y la realidad es perfectamente conocida, es razonable que se pida mayor precisión y se tengan mayores exigencias en la medición.

En algún sentido, hasta pocos años atrás la encuesta electoral en Chile era un asunto relativamente sencillo. Ahora, debido a diversos cambios (que, por cierto, tampoco está claro en concreto que está detrás de los problemas recientes), esa medición se ha vuelto más compleja. Y, sin embargo, sigue siendo algo menos complejo que lo que el INE debe resolver con empleo, el MDS para medir pobreza y uno puede continuar con otros casos. Y si, en última instancia, esos otros problemas han podido ser resueltos (al menos, se puede entregar una medición que tenga algún sentido y validez), entonces uno debiera esperar que ello también ocurriera con las encuestas electorales.

Evolución de la propiedad en la Francia medieval. Notas de Lectura

La petite et moyenne propriété, qui formait le support économique de la société carolingienne, disparaît ente Xe et XIe siècle sous la pression des puissants.

Francois Menant et al. (1999) Les Capétiens, Parte I, Cap 3, p 86. Paris: Perrin.

A propósito de un posible argumento a obtener de The Great Leveler (Scheidel, 2017, Princeton University Press): Que una vez que se ‘estabiliza’ un determinado orden, tiende a aumentar la desigualdad (y no te olvides de escribir la reseña)

Ahora bien, crucial aquí es cómo se entiende la palabra ‘estabilizar’. El período analizado es uno de pérdida de poder estatal, y de traspaso a la aristocracia (a quienquiera que pudiera poner un castillo, a decir verdad, el mismo punto lo hace Baschet, La civilisation féodale, Flammarion 2006, Parte 1, Cap 2, p 143-147). Eso, y los niveles de violencia concomitante, puede observarse como desestabilización -los años previos a la instalación de los Capetos con incursiones vikingas de forma regular son una muestra de ello. Pero al mismo punto, es un tipo claro de orden (de una práctica reconocida y estable en el tiempo). Luego, si se lo entiende de esta última forma podría pensarse como apoyando la hipótesis. Pero, por otro lado, los tiempos carolingios son también un tipo de orden, y claramente más estables en el mismo sentido (mayor fuerza poder central). Y no están, a su vez, esos tiempos ya alejados de la ruptura de la caída del Imperio Romano de Occidente -uno de los ejemplos de Scheidel sobre cómo el colapso social produce igualdad, o para decirlo de otra forma que una de las varias precondiciones del aumento de la igualdad es el colapso-, como para decir que ese efecto debiera diluirse.

Supongo que eso requiere más lecturas de los tiempos previos a los Capetos (entre los 400 y los 900), en particular con los Carolingios. En fin, así sucede con la historia en cualquier cosa.

Al centro+izquierda no le fue mal en la elección, pero la Nueva Mayoría fue claramente derrotada

Hace cuatro años la derecha tenía muy buen animo porque, contra pronóstico (¿habrá que recordar que en esa ocasión el CEP se equivocó hacia la izquierda? Lo único constante es que sobre-representa el primer lugar parece), se había logrado. Tanto que pasó por alto (a) que no tenia posibilidad alguna para la 2a vuelta y que (b) la elección parlamentaria había representado una derrota contundente.

Hoy se repite un poco el escenario, pero con actor cambiado (es ahora la Nueva Mayoría la que tiene ese ánimo). Es cierto que hay diferencias. La 2a vuelta es meramente muy difícil en vez de imposible. El 2013 Matthei no tenía donde crecer, y la 2a vuelta la habían producido los candidatos de izquierda. Aquí, sucede que Guillier tiene donde crecer. La magnitud y la dificultad de ese crecimiento lo vuelven muy difícil, pero en principio hay un camino. Pero también ocurría que si Matthei representaba el peor resultado de la derecha en todo el ciclo desde 1989, lo mismo ocurre con Guillier (si se suma Guillier+Goic se repite el resultado 2009).

Ahora bien, lo que sí se repite es el desastre parlamentario. La debacle es en escaños y en votación. Una tabla dejará las cosas más en claro:

Comparación votación parlamentaria (diputados) Nueva Mayoría 2013-2017

Votos Escaños
2013 (Nueva Mayoría) 2.967.896 67
2017 (NM + DC) 2.082.808 56
Diferencia 885.088 11

Casi un millón de votos menos (la votación 2017 es similar a la votación de la municipal que ya era un desastre). Además, 11 diputados menos -en una Cámara que dispone de 35 más diputados.

En general, la Concertación-NM había ganado todas las elecciones parlamentarias desde 1989 en adelante, a veces por poco, pero siempre era la primera coalición. Esta es la primera vez que no es la principal coalición en la cámara de diputados. Y conste que estoy sumando listas que no por nada no pudieron ir reunidas.

En resumen, a la Nueva Mayoría (con o sin DC) el resultado fue paupérrimo.

Ahora bien, al centro+izquierda (no digo centroizquierda porque ni van juntos ni forman una sola sensibilidad, pero tiene sentidos reunirlos porque la alianza entre centro e izquierda ha sido efectivamente una base política desde 1989 en adelante) le fue relativamente bien. O al menos, efectivamente los que apoyan cambios y transformaciones son más de los que no los apoyan. La Suma de NM+FA+PRO en diputados es más que CHV (la votación de diputados de la DC puede ir a cualquier parte).

La derecha obtuvo su un poco menos de 40 puntos y 2.3 millones que es su base electoral. Una base que sigue siendo minoría pero que, como ha sido la tónica desde hace muchos años, es individualmente el sector más fuerte. El centro+izquierda “progresista” sigue siendo la mayoría política, que es lo que ha sido en realidad durante todo el período. Que esa mayoría pueda efectivamente operar como una mayoría (i.e operar como unidad) no es claro -y algo me dice que para poder operar como unidad se requeriría primero una transformación interna importante.

 

Las Encuestas Electorales se equivocaron (pero no todas, y no todos reaccionan igual)

Habíamos dicho en varias ocasiones anteriores (para que no digan que se es general después de la batalla) que había problemas con las encuestas: Que no era claro que estuviera bien analizado lo de votante probable, las tasas de rechazo (aquí link), que las primarias habían mostrado varias sorpresas (aquí link). Más en general, habíamos enfatizado el hecho que los métodos han de articularse con la realidad social que estudian, su validez depende del estado de esa realidad (link)

Los resultados del 19 de Noviembre mostraron eso con claridad. La Radio de la Universidad de Chile tuvo a bien mostrar un cuadro que es bastante claro.

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Las principales encuestas tuvieron varios errores importantes para Piñera (10 puntos en varios casos) y Sánchez (12 a 6 puntos), y con una fuerte subestimación de Kast. Más aún, la impresión general -de una votación muy alta de Piñera, de importantes diferencias entre Guillier y Sánchez- resultó claramente errada.

Ahora bien, ¿eso implica que hay un problema de mala fe? ¿Las encuestas de derecha nos engañaron? Y no. CERC que no es de derecha estuvo entre las encuestas con más problemas. UDD-El Mercurio -que la gente que usa esa interpretación diría que es de derecha- estuvo bastante bien.

¿Se equivocaron todas las encuestas? ¿No sirven para nada? Tanto Criteria como UDD obtuvieron estimaciones que resultaron bastante decentes. En general, las encuestas no se equivocaron con Guiller (sólo CERC), y nadie le otorgó muchos votos a Goic (que también era de quien criticaba antes a las encuestas). Adimark, entre las grandes, tuvo los menores errores con Piñera y Sánchez (y dejó de hacer encuestas antes que las otras).

En otras palabras, hay problemas importantes que resolver (¿cómo se calcula votante probable?); pero no todos se equivocaron.

Aquí es importante hacer dos precisiones cruciales. Una de actitud y otra metodológica.

Partamos con la actitud de la reacción. He aquí Mackenna del CEP en Twitter hoy

Captura_CEP

Para ver otra reacción,Izikson de CADEM a través de la misma red social:

Captura_Cadem

Entre Mackenna e Izkinson está la diferencia entre la seriedad y el burlarse de la población. Entre quien de verdad se cree que las cosas hay que hacerlas bien y quien le da lo mismo. La diferencia entre el mínimo profesionalismo y el vendedor de humo.

Una encuesta es, al final, un instrumento cuantitativo, lo mínimo es que vaya más allá del al orden. La impresión que deja una encuesta no es sólo un tema de orden. Un error de 10 puntos no es un tema de ‘hacer más precisas las estimaciones’.

Al fin y al cabo, basados en resultados electorales y analizar políticamente es posible estimar mejor. En mi oficina se hizo el ejercicio de apuesta en intentar predecir el número de votos de Piñera. Los datos que usamos para ello fueron (a) cuantas personas votaron 1a vuelta el 2013, (b) votación primaria derecha 2017, (c) votación Evelyn Matthei en 2a vuelta el 2013. Basado en ello, el promedio de la oficina fueron 2.6 millones de votos, concentradas las opciones entre 2,3 y 2,5 millones (el nivel mínimo de votación derecha es lo que obtuvo Matthei en 2a vuelta el 2013 y de ahí puede sacar más porque es candidato más fuerte). Los outliers pensaron en 3 millones porque siguieron más bien a las encuestas. Esto es importante porque el mismo Izkinson ha retrucado al hecho de sólo dieron al orden con que ese orden sólo parece obvio dadas las encuestas. Sin ellas también es posible obtener estimaciones.

Luego, una buena encuesta necesita entregar algo más que un buen resultado al bulto. En particular, una buena encuesta electoral.

El segundo tema es metodológico. Es sabido que la encuesta CADEM no cumple con ningún requisito metodológico mínimo. Usar encuestas en punto de afluencia para una encuesta política es impresentable (y de nuevo, eso es sabido y ya había sido dicho en este blog ya el 2015). Y sin embargo, se usaban -no sólo los medios, incluso Kenneth Bunker -que desarrolla en TresQuintos predicciones bayesianas- los usaba. Izkinson realizó varias defensas de su método. Esto es incluso peor porque otras encuestas (Criteria por ejemplo, que recordamos ahora porque sus resultados fueron relativamente decentes) fueron vapuleadas por usar un Panel Online -el mismo Bunker en Twitter las declaró impresentables. Lo que aparecía como mostrando su clara inutilidad era la alta votación de Bea Sánchez. Es bien inconsistente declarar inusable una metodología problemática mientras al mismo tiempo aceptar otra.

Recordemos que los paneles online tienen problemas -el sesgo no se soluciona automáticamente a través de ponderadores. Sin embargo, han sido usados en otros contextos (y en algunos estudios de forma bastante exitosa con muestras claramente sesgadas -hay un estudio del 2015 con usuarios de Xbox que entrega buenos resultados para la encuesta norteamericana, link aquí). Incluso en el caso chileno, aparte de Criteria otras encuestas usando paneles (privadas) dieron resultados razonables. Sabemos que las metodologías tradicionales tienen problemas (tasas de respuesta por ejemplo), y luego hay que probar nuevas metodologías en el contexto actual. Ahora bien, para hacer esas pruebas resulta necesario hacer las cosas con seriedad y cuidado.

Y bien sabemos que seriedad y cuidado no es lo que caracteriza a la encuesta CADEM. Problemas con encuestas hay, fallos los habrá; pero lo mínimo es reconocerlos para poder solucionarlos. Salir defendiendo lo indefendible muestra que no hay mucho interés de hacer las cosas bien. Si de esta debacle al menos se logra que no sea aceptable hacer cualquier cosa, algo se podrá obtener en limpio.

Las Barricadas Misteriosas (Couperin)

Siquiera alguna vez hacer algo, cualquier cosa, tan perfecto como los sólo 53 compases, ni siquiera tres minutos, de esta pieza.

Las Barricadas Misteriosas, ¿cuanta tinta se ha gastado en discutir en que consiste lo misterioso de las que nunca sabe nadie muy bien por qué son barricadas?, de François Couperin es la quinta pieza de su Sexto orden en su segundo libro de obras para clave. Pero claro está, no son esas las cosas que finalmente importan.

El hecho relevante es que un buen día de 1717 Couperin escribió una obra inmejorable, que a tres siglos sigue siendo una maravilla, de una belleza inmerecida (la belleza en ello es como la gracia).

La versión del video es de Cziffra.

La deslegitimización del votar. Una hipótesis

Años ha estaba leyendo un conjunto de cuentos sobre democracia (o derechos) para niños. El último de ellos era un cuento sobre la democracia y la votación. En él un conjunto de niños discutía sobre que juego iban a jugar juntos. Es importante enfatizar que ese enmarque obliga a una decisión colectiva -lo que los niños querían era jugar como grupo, y por lo tanto una salida individual (cada quien juega lo que quiera) no era válida. Dentro de la discusión, entonces alguien propone que se solucione mediante una votación. Pues bien, entonces se presentan alternativas y los niños votan.

Lo interesante es que el cuento no termina cuando los niños votan, eligen una decisión y se ponen a jugar. Ello resulta insuficiente: Puesto que quien promovía y quienes votaron por la opción derrotada no tenían solución a lo que querían, y dado que no habían hecho nada malo -y el cuento era claro en ello, que no tenían más culpa que su opinión no era mayoritaria, entonces un cuento infantil -que quiere un final feliz- no podía dejar la situación en ese momento. El cuento concluye cuando la opción minoritaria es reconocida e incorporada. La solución ideal es que la opción derrotada se juega en algunos días (menos que la mayoritaria).

¿Por qué esto es interesante? Porque muestra con claridad que la solución estándar de decisiones por votación es insatisfactoria como método, y esa insatisfacción es tan clara que un cuento que intenta enseñar a niños de las bondades de la votación no puede usarla. El modelo de decisión usual implica que hay quien pierde, y detrás de esa pérdida no hay ningún motivo superior (no es que su postura sea injusta o perversa, simplemente no es la mayoría).

De hecho, si uno busca las primeras defensas de la democracia observa cómo esa consecuencia es básicamente eliminada. Es la idea de unanimidad la que está detrás de las primeras justificaciones. Y ello es explicado y es coherente dada las nociones de la época.

No es por nada, por ejemplo, que el énfasis en que la democracia funciona en pequeñas sociedades (por ejemplo, en Rousseau): ahí la idea de unanimidad es más factible, o representa -al menos- una idealidad menos forzada. De hecho, en pequeños grupos y comisiones se puede observar la preferencia por la decisión unánime, que todos puedan sostener. La idea de Rousseau de voluntad general ha sido, en muchas ocasiones, vista como una noción totalitaria que impide el disenso. Eso es correcto mirado desde una lógica representativa; pero es precisamente esa lógica la que no usa Rousseau. La idea de voluntad general es distinta de la idea de voluntad de todos, agregación de las voluntades individuales, que entonces marcaría al disenso como negativo. La idea de Rousseau es que en todas las personas hay dos voluntades -una parte en que nos preocupamos de nuestra particular situación, y otra en que pensamos en términos generales y universales. Pues bien, la voluntad general representa la segunda mirada, y luego la idea de Rousseau es que estando puestos todos en este pensar en general, entonces arribaremos a la misma conclusión. Y luego, entonces habrá efectivamente unanimidad. La idea puede ser criticable por diversos motivos, pero nos muestra la importancia de justificar la unanimidad en las decisiones democráticas.

Tampoco es por nada el rechazo, común a buena parte de la teoría inicial, a la facción, al partido. Si no hay facciones, si no hay agrupación coherente de temas, entonces lo más probable es que una persona la mayor parte de las veces esté de acuerdo con la mayoría de la población. Si bien no lo estará siempre, si es probable que lo esté en buena parte de las decisiones, de modo que es fácil aceptar las derrotas particulares, porque en general es factible sostener que cuando el ‘pueblo gobierna’, se está en ese gobernar. Pero si hay facciones, entonces es posible que se esté sistemáticamente en minoría, y entonces claramente es más difícil sentirse representado por un gobierno que nunca toma las decisiones que uno acepta.

Al mismo tiempo, algo que Rosanvallón ha enfatizado recientemente (Le Bon Gouvernement, Seuil, 2015) también se explica por qué los discursos democráticos en sus inicios se concentran sólo en las leyes generales y en los principios básicos. Porque si las decisiones colectivas se limitan a las cosas más básicas y esenciales de la vida social, entonces es más esperable que se alcance la unanimidad. Estaremos, en general, todos de acuerdo en que el asesinato es malo, o que el fraude no se aceptable. En esas condiciones, el gobierno de la ley generada por decisiones democráticas parece más natural.

Las dificultades para mantener esas ideas en la práctica -la unanimidad no resultaba alcanzable, la facción era imposible de evitar, el limitar las decisiones colectivas a las más generales insostenible- llevó al uso del modelo estándar: Uno en que la mayoría impone su voluntad a la minoría, y donde -a cambio- se intentan salvaguardarse ante la posibilidad de una tiranía de la mayoría por diversos límites institucionales (derechos básicos, división de poderes etc.)

Sin embargo, todo ello no evita la insuficiencia basal de un modelo en que se establece por definición perdedores sin culpa alguna, que era lo que el cuento reclamaba al principio. Durante bastante tiempo esa insuficiencia no pareció tan grave, dada la comparación del régimen democrático con otros (mal que mal era superior a la tiranía o a la monarquía). Pero en la medida en que esas comparaciones pierden atingencia (porque ya prácticamente no quedan ejemplos ni reversiones), y en la medida que estamos ante sociedades cada vez más individualizadas (donde la noción misma de no poder satisfacer completamente lo que deseas se vuelve más inviable); entonces esa dificultad vuelve a aparecer en la palestra. ¿Qué hacemos cuando se requiere una decisión colectiva, cuando se desea una decisión colectiva, para que nadie se sienta perjudicado?

El cuento reseñado al inicio podía fácilmente alcanzar una solución feliz. Un grupo pequeño, donde en principio no había ni animosidad entre ellos, y donde existía la voluntad de dejar a todos bien, permitía entonces alcanzar una buen decisión. Ahora bien, esa decisión no era simplemente seguir la lógica real de las decisiones colectivas, y claramente la forma de la solución del cuento no es asequible fácilmente en sociedades con millones de ciudadanos. Entonces, ¿qué?

La Racionalidad de la Acción Racional

Ese es el título, ¿quizás debiera pensar como mejorar los títulos que escribo?, de una ponencia que presenté ayer en el Coloquio de Sociología Económica. Para describirla, nada mejor que su resumen:

La teoría de la acción racional tiene la paradójica condición de ser al mismo tiempo dominante y fuertemente criticada. Por un lado, se dice que sin un concepto de racionalidad resulta imposible entender la acción; por otro lado, aparece como obviamente incorrecta. En esta presentación abordaremos discusiones recientes sobre el tema de la racionalidad a la luz de esa paradoja.

Muchos estudios experimentales han mostrado de forma muy clara las limitaciones de lo que podemos llamar acción racional estándar. Frente a ello cuatro reacciones básicas pueden establecerse: 1) Pensar en términos de racionalidad limitada -asumiendo esos descubrimientos como desviaciones, pero manteniendo el mismo estándar de lo que es racional. 2) Depurar el concepto de la acción racional a su base de racionalidad formal, lo que permite reinterpretar como racional mucho de lo que presuntamente queda fuera. 3) Ampliar la idea de racionalidad, incluyendo otros modos de racionalidad (en lo que quedan autores tan distintos como Boudon y Habermas). 4) Recuperar otros modelos de acción que van más allá de la racionalidad o la decisión, ideas de creatividad o de expresión quedan cubiertas aquí. Lo que resulta común son los límites de la idea estándar de acción racional.

Sin embargo, aquí es necesario volver al inicio: ¿Por qué a pesar de sus insuficiencias se vuelve siempre a esta idea? ¿Bajo que condiciones y qué estructuras puede aparecer un espacio para una acción que se acerque a la racionalidad? Esbozamos una respuesta basada en la combinación de unicidad de criterios y de castigo a la conducta que se sale de él: En situaciones que operan de ese modo puede aparecer la racionalidad.

El link aquí.

De la Administración del ‘Modelo’

La idea que los gobiernos de la Concertación (1990-2010) administraron al modelo de la dictadura generó, entre quienes defendían y defienden esos gobiernos, gran escozor; una forma de menosprecio de los logros de esos gobiernos. Sin embargo, aparece la forma más sucinta de referirse a lo que hicieron esos gobiernos -comparados con los cambios fundamentales implantados durante la dictadura, los gobiernos de la Concertación resultan menores (que, por cierto, cuando ganaban elecciones se mostraban a sí como gente moderada que hacía cambios moderados, en otras palabras continuaban el modelo).

Ahora bien, toda afirmación sobre la continuidad del modelo ha de basarse en una definición. Por ahora usaremos una que fue usada por parte del Gobierno de la época, más allá de cuan en serio se tomara, como resumen de los principales cambios realizados. Las famosas ‘siete modernizaciones’. Ellas pueden sintetizarse en el siguiente listado (siguiendo a Darío Menanteau-Horta, El rol del Estado en el desarrollo social y la Reforma de la previsión en Chile y EE.UU, Revista Austral de Ciencias Sociales 2006, 10: 5-22)

1. El Plan de Reforma Laboral.
2. La Reforma Previsional.
3. Cambios en los planes de la salud.
4. Municipalización de la Educación.
5. Modernización Judicial.
6. Cambios en la Agricultura.
7. Regionalización y Cambios en la Administración Pública.

En una entrevista realizada a José Piñera en 1979, quien diseñó en forma concreta parte de varias de ellas, usando el mismo listado, nos dice de sus principios:

El Plan laboral con la libertad sindical; la futura reforma previsional con un sistema de pensiones basada en la capitalización individual; la Directiva Educacional y la reforma de la salud a través de la descentralización operativa y la mayor flexibilidad de opciones individuales; la modernización judicial al hacer más efectivo y expedito el acceso de toda persona a la justicia; el reordenamiento agrícola al fortalecer la propiedad privada en el campo; y por último, la reforma administrativa al agilizar el sector estatal y permitir reducir su tamaño que abruma con su pesada carga a todo los chilenos

Definidas de esa forma, es claro que vivimos bajo la égida de esas transformaciones. Con los cambios posteriores, la Reforma Laboral sigue en vigencia; las pensiones operan bajo capitalización individual; en Salud siguen existiendo Isapres; en educación la municipalización, la pérdida de prerrogativas del MINEDUC y la expansión de la educación privada siguen operando; seguimos operando bajo una agricultura de exportación con fuertes derechos de propiedad (pensemos en el código de Aguas). Las reformas puramente estatales (Justicia y Administrativa) son menos claras, aun cuando se puede mencionar que continua el ordenamiento territorial con regiones.

Más en general, la orientación de la economía a las exportaciones, con bajos aranceles, libre cambio de divisas, menor presencia del Estado de forma directa (empresas) e indirecta (menos regulaciones, por ejemplo, queda muy poco de regulación de precios), centralidad del mercado y el sector privado, la orientación focalizada de las políticas públicas, siguen operando.

Los grandes cambios de la Concertación se centran, fundamentalmente, en dos tipos -y ninguno de ellos implica más que administrar. Uno de ellos es en términos de resultados: crecimiento, disminución de la inflación, disminución de la pobreza. Pero claramente no es parte del modelo como tal una alta pobreza. Lo que muestran esos resultados (y no es aquí la intención negar su magnitud o relevancia para la sociedad) es, literalmente, buena administración. Los segundos son todos ellos modificaciones en los margenes: Pensemos en pensiones, algunas de las modificaciones siguen los lineamientos puestos por Piñera (elección de tipo de fondo, entre A y E); otras operan de manera subsidiaria (pilar solidario para pensiones bajas). El núcleo del sistema se mantiene intacto (sistema de capitalización individual  administrado privadamente). Incluso aceptando que la intención fuera otra (estoy pensando que en varios casos las intenciones iniciales de reforma eran más amplias que en otros casos, como el AUGE, como lo ha investigado Garretón); el caso es que el resultado es del tipo administrativo: Realizar las modificaciones necesarias para que el sistema siga operando -una lógica tan conservadora que la frase clásica está en Burke en las Reflexiones sobre la Revolución en Francia.

En otras palabras, es tan obvio y evidente que es cierto que la Concertación administró el modelo (si se quiere, además, lo hizo exitosamente), que el resquemor sólo puede ser producto de una mala conciencia al respecto.

Las contradicciones derechistas sobre el 12 de Octubre de 1492

En la entrada anterior planteamos algunos mitos tipícamente progresistas en torno al 12 de Octubre. Corresponde entonces escribir otra entrada que sea su par sobre los problemas que aparecen en visiones del ‘ala derecha’. En este caso, no sé cuán dominantes sean estos problemas, pero son todos ellos afirmaciones con las que me he encontrado efectivamente.

La entrada anterior versaba sobre mitos, esta sobre contradicciones. Al final de la entrada discutiremos la importancia de la distinción. Otra nota: la palabra progresista tiene la ventaja de identificar a un grupo amplio sin especificarlo a una ideología en concreto; para el otro lado no haya palabra equivalente (aparte de ‘derechas’). Si pongo conservador, algunos dirían que no aplica a liberales; y lo mismo si uso liberal. La idea es usar una palabra genérica que aplica a un segmento de la discusión de un modo amplio, y por lo tanto, por ahora quedará en derechas. Dichas estas consideraciones, entremos en materia.

Contradicción 1. La conquista fue buena porque trajeron civilización, al mismo tiempo  se propugna el principio de no-agresión

Reaccionando a la crítica progresista, se enfatizará que la conquista nos trajo lenguaje, civilización, religión etc (lo que usted quiera). Al mismo tiempo, entre quienes declaran lo anterior aparece, en otras ocasiones, la defensa de la idea de no-agresión: Que lo que es invalido es el uso y amenaza de la fuerza, de la violencia, en las interacciones. Entendiendo al Estado como estructurado por la coerción y la fuerza, a partir de ese principio se critica la regulación (y llevando el argumento a su extremo lógico, a los impuestos).

La contradicción debiera ser evidente. La Conquista no fue un proceso pacífico de intercambio, fue un proceso violento de coerción. Resulta imposible defender, con buena fe, la preponderancia irrestricta de condenar la violencia (pensada de forma que incluya, digamos, el IVA o regulaciones laborales) y al mismo tiempo celebrar un proceso transido completamente de violencia. Porque si se va a justificar la máxima violencia por sus resultados (por ahora ni siquiera entraremos a discutir el error factual de ese ‘trajeron la civilización), entonces el famoso principio defendido nunca fue el tema.

Contradicción 2. No eran propietarios (Terra Nullius), al mismo tiempo la idea de propiedad es algo universal.

Entre las justificaciones de la apropiación europea del Nuevo Mundo, y esto es algo viejo, ya está en Locke por lo menos, es la idea que los habitantes no tenían propiedad alguna sobre esas tierras. Ya fuera porque se los declarara nómadas, y solo un pueblo sedentario puede tener propiedad; o incluso porque no tenían la idea de propiedad de la tierra, el caso es que su uso de esas tierras no constituía propiedad. Legalmente, entonces eran Terra Nullius -disponibles al primero que la proclamara. Al mismo tiempo, entre estas personas es común declarar que la idea de propiedad es universal -de validez universal y encontrada de hecho a través de las culturas: Lo mío y lo tuyo son cosas bien básicas.

Nuevamente, nos encontramos ante una contradicción evidente. Porque tendríamos a un largo y diverso grupos de cultura que no podrían reclamar que fueron desapropiadas, que se les robaron sus tierras, en ellos esas ideas no aplican. Y al mismo tiempo se declara que la propiedad es un fenómeno universal, sin excepciones. Si la propiedad es un fenómeno tan universal, y si es válido el principio que a nadie se le puede quitar su propiedad sin su consentimiento, entonces la Conquista claramente no es un proceso de respeto de la propiedad ajena, sino un proceso no sólo de apropiación sino de expropiación, algo que, entre estas gentes, es usualmente denostado de forma tajante.

Contradicción 3. Criticar la Conquista es aplicar principios de otras eras lo que no corresponde, al mismo tiempo los propios principios son de validez universal.

Una tercera contradicción es la insistencia en que todos los críticos de la llegada de los europeos están cometiendo el pecado de anacronismo: Criticar a personas del siglo XVI de acuerdo a cánones del siglo XXI. Y ello claramente no correspondería. Al mismo tiempo, es común en estas personas una rígida defensa de sus principios en la actualidad, bajo la idea que -finalmente- sus ideas son universalmente válidas, y que toda crítica es errónea. En más de un caso, esto lleva a preguntarse por los límites de la democracia, el viejo argumento de la tiranía de la mayoría, la vieja desconfianza por la muchedumbre, dado que una mayoría bien puede aprobar algo que es inmoral.

Entonces, se plantea que la opinión mayoritaria no es suficiente para validar algo moralmente, y al mismo tiempo se justifica algo porque correspondía a la opinión mayoritaria de su tiempo. La contradicción es menos flagrante que en ocasiones anteriores: Por ejemplo, alguien podría decir que que esta circunstancia no justifica, sino que aminora la culpa. Sin embargo, sigue siendo una tensión pragmática en el argumento.

En los asuntos anteriores, dado que el centro está en la contradicción, no entré mayormente en la corrección empírica del aserto. En este caso lo creo necesario, porque muestra un desconocimiento cabal del tema. Es bastante sabido, de hecho era uno de los temas recurrentes entre apologistas pro-hispánicos, que la conducta de los conquistadores fue un tema discutido en la época, en España. Está la Brevísima Relación de la Destrucción de las Indias, está la Junta de Valladolid, están las Leyes Nuevas. El tipo y naturaleza de la crítica son diversas, y van desde quienes en la época no creían en la justificación de la Conquista como tal, hasta quienes (como el propio emperador Carlos V) si bien creían en la validez de la Conquista estaban en contra de los excesos de los conquistadores contra los pueblos originarios. De hecho, estamos ante asuntos cuya disputa llegó al conflicto armado. El intento de implantar las Leyes Nuevas por el primer virrey en Perú generó una rebelión, el asesinato del virrey e incluso los conquistadores pensaron independizarse. Claramente, no estamos ante hechos que fueran claramente y fácilmente aceptados en la época.

Por cierto, planteada así la discusión se esconde a un grupo que resulta bastante importante: Cuando decimos que la Conquista era justificada o no en la época, habrá que recordar que quienes actuaron y vivieron en esos años no se reducen a los españoles, sino incluyen a los pueblos originarios. Y aquí claramente la conquista no era algo aceptado ni deseado.

Luego, ¿quienes eran esos de la época que aceptaban la conquista, y la conducta de los conquistadores? Eso no incluye a los pueblos indígenas, tampoco incluye una parte, de cierta influencia, de la opinión y autoridad de los españoles. Pero es la opinión de que era aceptable, la que queda como ‘lo que correspondía a la época’. Lo que no deja de ser una burda simplificación de una era que, como todas, era compleja.

 

Una nota final. Los problemas en la interpretación estándar del progresismo los puse como mitos: Usualmente parten de una constatación correcta, pero extralimitan y obtienen conclusiones equivocadas. Luego, el principal problema es usualmente empírico. En este caso, los problemas son de otro tipo (aunque, de hecho, también hay problemas empíricos): Hay un discurso específico sobre la Conquista que contradice el discurso general que aducen estas personas. En otras palabras, dado su deseo de justificar la Conquista (¿por qué los progresistas se oponen?) entonces no hay problema en caer en contradicción con lo que supuestamente dicen en general con tal de construir un discurso que la justifique. Si se quiere, hay un tema de buena fe que es algo más profundo, y al menos es diferente, de lo que ocurre entre progresistas.

Los mitos progresistas en torno a la irrupción europea en América

Desde el progresismo hay varias ideas, que a estas alturas ya son algo predominantes al interior de estos segmentos, sobre el significado del 12 de Octubre de 1492. Entre ellas hay algunas que tienen claramente problemas, y que esconden temas que son relevantes.

(1) No hubo descubrimiento.

El hecho inicial que es correcto es que eran tierras pobladas, y luego ya sabían dónde vivían. Lo cual es cierto, pero esconde un hecho fundamental: Que nadie más sabía ello. Los habitantes de la meseta de México bien sabían que vivían en sus tierras, y lo mismo es válido para quienes vivían en Cuzco, o en cualquiera de los muy distintos lugares que componen estas tierras. Ahora bien, los aztecas no sabían que existían los chinos, ni los europeos, ni los indios; ni ninguno de estos últimos tenía la más peregrina idea que existía un pueblo como los aztecas. De hecho que existe tal cosa como el conjunto de las tierras que va desde Alaska a Tierra del Fuego era también desconocido para los habitantes de esos lugares, los aztecas bien poco conocimiento tenían que existía un Imperio lejano al sur de ellos.

Lo anterior es relevante, y no mera pedantería, porque enfatizar que eso constituye descubrimiento implica observar una serie de circunstancias que son cruciales: La invasión del viejo mundo por la papa; la irrupción de muchos tipos de ganado en el nuevo; la conformación -por primera vez en la historia- de circulación global de bienes, y así con múltiples otras cosas que se pueden entender sólo si recordamos que en 1492 finaliza una separación prácticamente completa entre América y el Viejo Mundo. Es cierto que para los habitantes América no fue descubierta; pero para todo el resto sí fue un descubrimiento.

(2) Lo que se produce a partir de 1492 es un genocidio.

La afirmación inicial correcta aquí es que existió un desastre poblacional gigante -probablemente, el mayor de la historia. Además es correcto que en las Antillas y el Caribe las poblaciones indígenas fueron exterminadas; y en general, los españoles en sus combates fueron claramente brutales. Sin embargo, de ello no se sigue genocidio.

La voluntad clara y evidente de los españoles es la de subyugar y dominar a los pueblos originarios; claramente para eso querían conquistarlos. Ahora bien, la voluntad de subyugar y la voluntad de genocidio no son compatibles -ambas son formas de pasar por encima al otro, pero claramente son diferentes. Quien quiere subyugar a los pueblos originarios necesita que ellos sigan existiendo, y que se multipliquen -es la forma de poder continuar mi dominación. La disminución de la población originaria era un problema para los españoles (son múltiples los documentos en que, así funciona el colonialismo, acusan a los propios indígenas de su desaparición). Todo ello es distinto a la voluntad de exterminio que es parte de un genocidio.

Por cierto, lo anterior no implica que los españoles no fueran responsables del desastre poblacional. La argumentación de ‘fueron las enfermedades y epidemias’ es muy parcial: Es cierto que la mayoría de los muertos proviene de esas enfermedades, y es claro que no importa quienes fueron los primeros que se contactaran desde fuera con América, las epidemias hubieran sido de gran magnitud. El tema no es ése, sino la falta de recuperación demográfica -la caída es constante  y llega hasta cerca de 1650 (o sea, más de un siglo y medio de contacto). Una población explotada al nivel que fueron buena parte de las indígenas (la cantidad de muertos en el Potosí es seña suficiente de ello) no es una población donde se facilite el crecimiento de la población.

La brutalidad de los españoles al hacer la guerra tampoco tiene relación con genocidio. Y ello no porque la brutalidad sea falsa, sino por una circunstancia más general: Los españoles eran brutales y carniceros en la guerra en todas partes. La famosa leyenda negra no nace en América, nace en Europa: es el tratamiento de Amberes, de Roma, de las ciudades holandesas lo que hizo famosos a los soldados españoles como crueles. Las descripciones que los testigos hacían del destino de esas ciudades no es tan diferente a lo que uno puede leer que hacían por nuestras tierras. La repulsión que generaron esos actos en esos tiempos indica, por cierto, que no eran simplemente ‘diferentes tiempos con diferentes estándares’ (de hecho, en particular, las acciones de Colón en las Antillas fueron denunciadas al interior de la cultura española de ese tiempo). Sin embargo, todo ello es distinto del tema del genocidio.

Ahora bien, decir que genocidio no aplica no quiere negar la debacle demográfica ni la brutalidad de la conquista, ni menos condonar el hecho. Simplemente es recordar que los españoles querían efectivamente disponer de siervos, y eso es distinto de querer exterminarlos.

(3) Que la conquista fue algo que hicieron los españoles contra nosotros

Quienes en la actualidad se identifican y son parte de los pueblos originarios pueden decir, con toda propiedad, que todos estos europeos en sus tierras fueron una invasión de un foráneo. Quienes no somos parte de esos pueblos no podemos decir ello.

No me refiero aquí al tema biológico del mestizaje, al hecho que buena parte de las poblaciones de América Latina tienen entre sus antecesores personas de pueblos originarios y personas europeas (por cierto, ¿desde cuando al progresismo basa algo en un tema biológico?). Estoy hablando de un asunto cultural. Sucede que la lengua materna de buena parte de la población es el castellano, sucede que la religión que las personas aprenden en su infancia (o rechazan después, o por último, tienen que referirse a) es el catolicismo. Y así. Los españoles fueron, más allá de lo que se opine al respecto, extremadamente exitosos en diseminar su cultura y transformar a esas poblaciones en su impronta. No se puede tratar esto como algo simplemente externo que nos hicieron, porque ese ellos que hizo cosas es parte fundamental del nosotros (a 500 años de la conquista de las Galias, al momento de las invasiones germánicas, la cultura romana no era extraña a los habitantes de la actual Francia).

Esto no dice nada en relación con la postura sobre las luchas actuales de los pueblos originarios. Sin embargo, hay que reconocer que son, para buena parte de quienes vivimos por estas tierras, las luchas de ellos. Dudo mucho que un mapuche podría aceptar, por ejemplo, que alguien como yo diga que soy uno de ellos; y habría que asumirse como winka. Esto independiente, nuevamente, del hecho que -como también la mayoría de los que vivimos por estas tierras- parte de mi herencia cultural es también indígena (desde muchas palabras, al uso masivo del maíz, choclo por estos lugares. en la alimentación, pasando por la ubicación de la ciudad donde nací -Santiago); pero el núcleo cultural es producto de la expansión de los españoles. En otras palabras, 500 años de dominación no pasan sin consecuencias profundas.

 

En todos estos casos hay un origen en la afirmación tipícamente progresista que es correcto, pero la elaboración posterior -las implicancias que se obtienen de ella- no lo son (Por si acaso fuera necesario, que en estos tiempos al parecer este tipo de aclaraciones son requeridas: Todo ello no quita nada en torno al criticar o deplorar los hechos sucedidos). Y ellas suelen, más bien, obstaculizar y simplificar la comprensión de esos asuntos.