Historia de las Tecnologías Sociales (IX). La expansión de la civilización (1200 AC-1500)

Una visión muy común de la historia al interior de las civilizaciones es una imagen cíclica de ella; la idea de imperios que surgen y caen (o dinastías, como es la impresión en China). En el largo plazo, una idea cíclica implica la ausencia de novedad: todo es pura repetición. Lo cual quiere decir, entonces, que desde el punto de vista estructural es todo lo mismo. La pregunta entonces es, ¿pasa algo al interior de la historia ‘civilizada’? Una vez que aparecen la forma de vida de la civilización ¿sucede algo importante antes de la emergencia de la ‘modernidad’ (que implica otro cambio en la forma de vida)? La pregunta es particularmente pertinente desde la perspectiva de una historia de las tecnologías sociales, o sea de esos arreglos institucionales, porque mucho de lo que sucede y que puede ser relevante desde ciertas perspectivas, lo es  menos mirado desde esta.

El problema resulta menor pensando en el período anterior -el de origen (del 3.000 al 1.200 AC): Simplemente describir los procesos y características de ese origen ya implica un cambio mayor, y darse cuenta que esas modificaciones no son instantáneas sino que se despliegan (y que es necesario aprender como vivir con ellas e ‘inventar’ todas las consecuencias de ellas) muestra con cierta claridad que durante esos 1.800 años pasan diversas cosas.

Si se piensa en el período que pasaríamos a describir ahora (1200 AC-1500), o sea 2.700 años, el tema es distinto. Es plausible decir que si se comparan las sociedades al inicio y al final nos encontramos más o menos en la misma situación: Sociedades agrarias, donde la base económica es el sector agropecuario, con una base tecnológica material común (el uso del hierro), y que se mantienen usando y desplegando las mismas herramientas sociales básicas (la ciudad, la escritura, el Estado). Mirado de esa forma, la imagen cíclica que tenían esas civilizaciones no parece ser muy errada: la historia sí parece ser mera repetición de lo mismo, con diferentes nombres y circunstancias. A lo más, uno podría encontrar un despliegue de las diversas formas de tener esa forma de vida (ciudades-estado e Imperios), pero no ninguna novedad que cambiara fundamentalmente las cosas.

La intención de esta entrada, y de las siguientes en la serie, es negar lo anterior. O más bien: negar la consecuencia que ‘no pasó nada’. La descripción anterior no es errada en su totalidad (son civilizaciones agrarias, que usan hierro, con la tríada ciudad-escritura-Estado), pero al interior de esa estructura común, en primer lugar, la variación existente es lo suficientemente amplia que tiene interés como tal y, en segundo lugar, que hay creación y desarrollo de nuevas estructuras y arreglos institucionales durante el período. La postura que criticamos sería como plantear que una vez que aparece la estructura y características de los animales que llamamos cordados no pasará nada después: que la aparición de cordados terrestres, o el huevo amniótico, o aprender a volar y así no fueran eventos de relevancia, puesto que todo se hacía con la misma base cordada.

El cambio más básico, y uno que ya apuntamos en la entrada anterior, es el mero hecho de la extensión de la civilización: Toda su expansión por la cuenca mediterránea y por Europa, su expansión hacia (Mali y Etiopía por ejemplo), en las estepas del Asia Central, a lo largo de todo el subcontinente indio, o en el Asia Sudoriental, sin contar que la civilización china pasa de estar centrada en el río Amarillo a todo lo que ahora cuenta como China, y además su expansión hacia Corea y Japón. La expansión de las tierras bajo la civilización implica, al mismo tiempo, su mayor conexión. Hacia el 200 se puede ya plantear la existencia de un cinturón de civilizaciones en el Viejo Mundo desde las islas británicas en las costas occidentales hasta el archipiélago japonés en sus costas orientales. Cinturón que, aunque procederá a tener algunas interrupciones, termina caracterizando de manera permanente el mundo ya en la segunda mitad del primer milenio de nuestra era (la ruta de la Seda, embajadas bizantinas en China y viceversa, y el mero hecho que las mercancías se transporten a través de ese cinturón etc.). Todo ello aporta al hecho que, como se mencionaba en la entrada anterior, entonces el hecho de la civilización, la forma de la civilización se consolide. Para recordar el ejemplo de debacle más conocido, la caída del Imperio Romano: Sí, es cierto que, por ejemplo, la vida urbana se repliega y lo mismo con la alfabetización, pero ni la escritura ni la ciudad desaparecen por completo, ni tampoco las formas y memoria de ese imperio (se siguió usando su lengua, su derecho, y siguió operando como ideal).

Además, se puede observar el despliegue de nuevos arreglos institucionales y sociales, que han resultado fundamentales para comprender la vida social. Es en estos años que se desarrollan lo que podemos llamar formaciones imperiales (unidades políticas que cubren muchas culturas, donde el problema de cómo gobernar grandes extensiones separadas por tiempos relevantes etc.), se generan religiones universales (de hecho, es la época que corresponde a la era axial de Jaspers), donde de hecho se crea la moneda, el dinero (con todo lo que ella implica para la operación de los mercados y la economía, y su relación con el Estado), en los cuales se genera y aparece la Educación Superior (en sus distintas versiones Academias, las distintas versiones de escuelas religiosas, Universidades etc.). Si bien no corresponden a desarrollos del mismo nivel que los vistos en la etapa anterior -no crear una nueva forma de vida social-, claramente estamos ante cambios que afectan de manera importante como funcionan las sociedades.

Las instituciones generadas en la etapa anterior también experimentan modificaciones. Algunas de ellas, se puede plantear, son efectos de las transformaciones que experimentamos en esta etapa. Con el desarrollo de los imperios, aparecen sus ciudades capitales; y la ciudad imperial (Roma, la Chang’an de los Tang o Bagdad) es un nuevo tipo urbano, que trae sus propios desarrollos y características. Los cambios experimentados por las instituciones de la civilización no se reducen a los del tipo anterior. Así, por ejemplo, tenemos la emergencia como forma civilizada de Estado de las repúblicas (tanto en el ámbito mediterráneo como en la India de acuerdo a mis pocos conocimientos); o todos los cambios experimentados por la escritura a lo largo de ese tiempo (desde el desarrollo de escrituras alfabéticas al desarrollo del libro como objeto, y la expansión de sus usos en la sociedad); y ello sin contar con procesos combinados (la interacción entre escritura y desarrollo del Estado que está en la base de diversas evoluciones del derecho). Un tipo de institución, como es evidente, no termina su evolución cuando se genera; y si bien concentraremos la atención en los nuevos tipos de institución (puesto que son los que con más claridad muestran que estas sociedades no pueden entenderse como una simple repetición cíclica), no se puede dejar de anotar dichas evoluciones de lo ya existente.

El lapso de tiempo que cubre la época es lo suficientemente largo para que resulte adecuado dividirlo en dos. En el primero (1200 AC-600) se observa la aparición de todas estas nuevas instituciones y es donde además se genera la parte más crucial de la expansión de la civilización: En los primeros siglos de la era común se genera por primera vez un cinturón de sociedades civilizadas en el viejo mundo desde sus costas atlánticas a su costa oriental. En los siguientes siglos muchas de estas formaciones entran en crisis, disolución del imperio romano de occidente, caída de la dinastía Han en China y del Imperio Maurya en India por ejemplo -siendo eventos de distinto tipo (repliegue de civilización en un caso, pérdida de unidad política pero sin repliegue del hecho de la civilización en los otros), pero son siglos de una crisis que, si bien no es simultánea, es relevante y que marca el fin de la cultura pre-religión universal. El punto de inicio de la siguiente fase es en siglo VII con la aparición del Islam, la más reciente de las religiones universales, con la cual aparece ya una estructura que sigue estando vigente en los tiempos modernos (en lo que concierne a la religión, que es parte importante de la vida social, ya están todos los actores relevantes hasta la actualidad). En esta segunda fase (600-1500) en algún sentido se consolida la existencia del cinturón de civilizaciones (es la era de la ruta de la Seda por ejemplo), y se sigue expandiendo el hecho de la civilización (por ejemplo, al norte de Europa); y aparece una pregunta que cada tradición ‘civilizada’ respondió de manera diferente: ¿cómo relacionar la nueva cultura de la religión universal con la vieja cultura clásica? Cada tradición (si se quiere, la ‘occidental’, la islámica, la india, y la china) respondió a ello de manera diferente. Esas características son suficientes para dar cuenta del tono de esa época.

Toda este período, de despliegue y desarrollo de la civilización, se cierra en el 1500. En particular, podemos insistir en 1492. La irrupción del viejo mundo en el nuevo implica a su vez no sólo la aparición de los primeros flujos realmente globales, sino que a partir del siglo XVI se empiezan a desarrollar (no necesariamente a crear, estas cosas tienen sus ‘preparativos’ en siglos anteriores, pero sí a adquirir cierto peso en la sociedad) los fenómenos de aquello que corresponde a la modernidad, entendida en términos de tecnología social. Defender que es a partir del 1500 que se puede hablar de modernidad, sin embargo, es materia que deberá ser desarrollada a su vez en otras entradas. Pasemos ahora a describir los cambios en las tecnologías sociales en el período que nos convoca, el de expansión y consolidación de la civilización.

Historia de las Tecnologías Sociales (VIII). La crisis del fin de la Edad del Bronce

Hacia el 1.200 AC, el rey Hitita, Suppiluliuma II, requirió de uno de sus vasallos, el rey de Ugarit (en la actual Siria), Ammurapi, asistencia contra una invasión desde el oeste, la que el vasallo entregó. Algún tiempo posterior Ammurapi envío (o intento enviar, la carta está en los archivos de Ugarit, por lo que no es claro si es una copia de archivo o no se entregó) la siguiente carta al rey de Alashiya (Chipre):

Dile al rey de Alashiya, mi padre, que el rey de Ugarit tu hijo dice: Caigo a los pies de mi padre. Pueda mi padre estar bien. Puedan tus casas, tus esposas, tus tropas y todo lo que pertenece a rey de Alashiya, mi padre, estar muy, muy bien.

Padre, los navíos del enemigo han estado llegando. Ellos han estado quemando mis aldeas y hecho malas cosas al país. ¿No sabe mi padre que todas mis tropas [y carros] están en Hatti [el imperio Hitita] y que todos mis barcos están en Lukka? Ellos no me han alcanzado todavía, por lo que el país no está defendido. Pueda mi padre informarse de esto. Ahora los sietes barcos del enemigo que han llegado han hecho malas cosas. Si otros navíos enemigos aparecen, envieme un mensaje para que pueda saber (Carta del rey de Ugarit al rey de Alashiya, citada en Marc van de Mieroop, A History of the Ancient Near East, Blackwell Publishers, p  194. Traducción al español propia)

Ugarit, hacia alrededor del 1.200 AC, era un típico reino de menor rango en Siria-Palestina, en una zona disputada por los grandes reinos de la época, estando en la zona de influencia de los hititas -tenía sus obligaciones hacia el Imperio Hitita (devolver a quienes se escapan, apoyo militar) a cambio de protección para la dinastía. Como casi todas las monarquías burocráticas de la época (en un área que va desde Egipto hasta Elam, en el sur del actual Irán, que incluye Anatolia y que alcanza a los reinos micénicos en la actual Grecia) el palacio administra directamente una parte importante de la economía (buena parte de los textos de la época son documentos contables), tiene un núcleo de gobernantes, junto a dependientes del palacio (que incluye a buena parte de la élite), un grupo urbano de artesanos y comerciantes, y un número de importante de campesinos empobrecidos en situación cercana a la servidumbre (por lo bajo, su libertad de movimiento se encuentra restringida, una parte no menor de las relaciones entre grandes poderes y reinos menores es sobre devolución de fugitivos).

Es en esta situación que aparece la crisis de la invasión de lo que los egipcios llamaron ‘los pueblos del mar’, y que era a la que estaba respondiendo Suppiluluima II. Mucha investigación se ha desarrollado en torno a si puede caracterizarse como ‘invasión’, como una migración o como movimientos más internos; lo que sí es claro es que representa una crisis para las sociedades civilizadas y estatales. El imperio Hitita se desintegra, al igual que la civilización micénica y muchos de las ciudades (aunque no todas) en el área sirio-palestina, Asiria y Babilonia reducen la escala de su cultura urbana (de hecho, es en el 935 AC cuando volvemos a tener documentos escritos en Asiria y los asentamientos urbanos se reducen a un 25% de su tamaño con respecto a finales del tercer milenio), y Egipto es el reino que mejor sobrevive la crisis; y las fuentes egipcias, propagandísticas y todo, remarcan un hecho real -la sobrevivencia del reino de los faraones en comparación con sus rivales de siglos, los hititas.

Una crisis de esta magnitud implica, en general, dos cosas. Por un lado, un evento que la desencadena -en este caso, independiente de la interpretación general, de un hecho de alta violencia. Por otro lado, una condición que hace posible que ese evento genere dicha crisis: estamos hablando de sociedades que se han debilitado, donde la capacidad de los Estados de efectivamente controlar y dirigir a sus poblaciones (y de contar con lealtad por parte de ellas) es débil, donde la situación de explotación del campesinado no parece muy viable (o al menos, que pueda soportar una crisis). El hecho que Egipto, uno de los más ‘territoriales’ de los estados existentes, con una identidad bastante fuerte, soportara mejor la crisis, algo nos dice de los factores que la causan.

Es importante destacar la magnitud de la crisis. Caída de imperios y de ‘civilizaciones’ ya había ocurrido con anterioridad. Las sociedades civilizadas se habían extendido y contraído, reinos habían aparecido y desaparecido (Mittani por alrededor de dos siglos constituyó uno de los grandes poderes antes de desaparecer, y el lapso de su importancia es similar en extensión a la historia de Prusia). Lo que tenemos ahora es una crisis más o menos general; y donde en muchas de esas zonas simplemente la formación ‘civilización’ desaparece. Todas las zonas que para el 1.200 llevaban cerca de dos milenios de civilización se enfrentan a un debilitamiento de ella (una debilidad de esa forma de vida que es vivir en ciudades, con escritura, con Estados etc.). Las zonas donde ello no ocurre son lugares donde la civilización se está más bien formando (la dinastía Shang en China) o donde se está lentamente reformando (como en el período védico en India, que después de la caída de la civilización de Harappa está todavía re-creando formaciones estatales, las que en realidad se desplegarán un par de siglos más tarde).

La magnitud de la crisis nos hace ver a su vez otra característica de ella. Mittani, Ugarit, el Imperio Hitita -todos ellos son cosas olvidadas. Los griegos del período clásico -los autores que todavía leemos, Tucídides, Platón- desconocían el pasado de la civilización micénica; sabían sobre ella menos que nosotros. Se puede recordar que todas las escrituras de la época han tenido que ser re-descubiertas, porque fueron olvidadas con posterioridad. Todo este pasado se perdió. Ese pasado no se pierde en el 1.200 AC necesariamente -las civilizaciones egipcia y mesopotámica entraron en crisis y no desaparecieron, se siguió escribiendo con jeroglíficos o con escritura cuneiforme,

Y esa es la principal diferencia con el período que se va a abrir a continuación. La edad del hierro, el metal que será central para las civilizaciones posteriores, podrá experimentar crisis y caídas de civilizaciones, lo que simplemente no volverá a ocurrir es un olvido total. Hubo que redescubrir el Poema de Gilgamesh y descifrar el Lineal-B, la escritura de la civilización micénica; ello no ocurrirá con los Vedas, la Odisea, y -aunque ha experimentado continuas variaciones- hay una descendencia lineal entre la escritura china en las inscripciones Shang y la escritura moderna (y varios caracteres son, de hecho, legibles todavía). La caída del imperio romano representa, todavía, una imagen de decadencia y caída de civilización; y sin embargo Roma nunca fue olvidada, este texto se escribe con las letras de Roma y el propio latín jamás desapareció. La continuidad y la memoria son cosas que ahora casi damos por descontadas, pero sólo lo son -a decir verdad- a partir de la siguiente etapa, tras el fin de la edad del bronce y el inicio del hierro. Al mismo tiempo que adquirirá continuidad, el hecho de la civilización va a expandirse -y ambas dinámicas, se puede argumentar y es lo que haremos en las siguientes entregas, están en asociación.

La historia de los siguientes 2.700 años (del 1.200 A.C hasta el 1.500) es una de expansión y de consolidación; en la que -además- se generan nuevas instituciones (por ejemplo, todas aquellas que dicen relación con formaciones imperiales o con religiones universales de salvación). Dicha expansión y consolidación produce que actores, eventos y procesos sean todavía conocidos y recordados -César, Gengis Kan, Mahoma etc. No comparten la suerte de Ugarit, que después de los sucesos con los que iniciamos esta entrada, no sólo es arrasada por los ‘enemigos’ sino que es abandonada por alrededor de 1.000 años y toda su historia (y este drama de fiel vasallo que envía sus tropas y que por eso mismo queda sin defensa) pasa al olvido y se desvanece.

De la divinidad y el amor. Unas notas sobre un par de citas de Borges

Borges no es un autor romántico, y sin embargo, repartidas entre su obra, hay varias citas que hablan del tema. Del mismo modo, siendo un escéptico en general, el interés de Borges en temas teológicos aparece múltiples veces, y la idea de la visión de la divinidad aparece de forma recurrente. Esta doble recurrencia produce que, de hecho, el tema de dios y del amor aparece en más de una ocasión en su obra; y las ideas que aparecen ahí no dejan de tener su interés.

Enamorarse es crear una religión cuyo dios es falible (El encuentro en un sueño, en Nueve ensayos dantescos)

La cita se puede entender de manera muy directa, y usando una idea muy común: En el amor solemos idealizar a las personas (a veces, de hecho, se usa endiosar) y, claro está, las personas nunca están a la altura de esa idealización. Lo que hace el amor, entonces, es producir engaño y falsedad. Es cuando pasa el enamoramiento, cuando hemos salido de ese velo idealizante, que realmente conocemos a la persona, y no una imagen de perfección. Lo que hace Borges, simplemente, es decir esa idea de una forma memorable -que corresponde, de hecho, a una idea que Borges ya había escrito: Que un buen poema lo que hace es poner en palabras, y en lo posible de decirlas que no se pueda mejorar, algo que toca a la experiencia de todos (se discute ello en La Busca de Averroes, en El Aleph).

Sin embargo, creo que la cita se entiende de mejor modo cuando se la yuxtapone a la siguiente:

Por la diversidad de las criaturas que forman este singular universo,
Por la razón, que no cesará de soñar con un plano del laberinto,
Por el rostro de Elena y la perseverancia de Ulises,
Por el amor, que nos deja ver a los otros como los ve la divinidad (Otro poema de los dones, en El otro, el mismo)

¿Qué quiere decir que el amor nos deja ver como ve la divinidad? Si la visión divina es una visión verdadera, entonces en el amor -eso es lo que nos diría la cita- vemos a la persona tal cual es de verdad. Es una intuición en la antípoda de la lectura de la anterior. Si en el amor vemos al otro en su mejor forma, en su mejor ser, entonces lo que nos dice es que así es ese otro en realidad. La versión idealizada, ese mejor ser, no es un fraude, es la verdad.

La persona que somos cotidianamente es una versión engañosa, la persona que somos en realidad -la que mostramos a quienes amamos, la que podemos llegar a ser cuando amamos- sería nuestra mejor versión. La persona que todos ven no es el verdadero ser, la persona que sólo pueden ver quien nos ama (y eso incluye a Dios, que bajo la cita es amor) es la verdadera persona.

Es una versión más generosa de la identidad: Somos realmente nosotros cuando somos de nuestra mejor forma, cuando damos todo nuestro potencial. La forma que mostramos y que somos en el día a día, esa forma mezquina, no es quien realmente somos. Ambas versiones concuerdan en la diferencia entre la visión normal de una persona y de cuando ella es amada, la diferencia estaría simplemente en el signo de esa diferencia, de cuando realmente somos, y de cuando somos realmente vistos. Yourcenar, en su ensayo sobre Mishima (Mishima o la visión del vacío) comenta, en torno a los personajes de la tetralogía del Mar de la Fertilidad que sólo en pocas ocasiones, a pocas personas, realmente las vemos en su plenitud como personas, con la intensidad de ser que implica el otro. Bien podemos decir que por lo general nos limitamos a ver a los otros en términos de un conjunto de características genéricas (y algo impersonales), pero ahí claramente no está el quién de la otra persona. Bajo esta idea, entonces, sólo a través del amor podemos correr el velo de lo genérico y ver a esa persona como persona.

Aquí podemos volver a la cita inicial. El centro de la lectura en la interpretación directa está en la palabra falible; pero podemos centrarnos más bien en la palabra dios. Dicho así, es claro por qué el amor nos deja ver a los otros como los ve la divinidad, porque en el amor somos la divinidad. Y la experiencia común que recoge la cita es la experiencia que en el amor somos, efectivamente, nuestra mejor versión. La falibilidad se debe a que no podemos mantener la intensidad que ello requiere; pero es sólo ahí, en esa intensidad, que realmente somos; y en esa intensidad es que vemos y conocemos realmente. Recordando una cita de 1 Corintios que Borges analiza en El Espejo de los Enigmas (en Otras Inquisiciones):

Ahora vemos por espejo, en oscuridad, más entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; más entonces conoceré como soy conocido (1 Corintios, 13, 12)

La epístola se refiere a la visión en el paraíso, donde la visión humana se acerca a la divina. Lo que nos dice entonces el Otro Poema de los Dones es también algo que toca a la experiencia de todos: que el amor es una forma de experimentar el paraíso.

Historia de las Tecnologías Sociales (VII). La Emergencia de la Estratificación. Elites y Subordinados

Las comunidades humanas, en su origen, eran más bien igualitarias. Ello, al menos, en lo que concierne a los recursos económicos y materiales. Simplemente, las capacidades para acumular recursos por parte de un individuo y por parte de un linaje eran más bien escasas; en particular, las capacidades de defender esa acumulación. Dicha capacidad aumenta con la sedentarización, pero sigue siendo más bien baja en aldeas y campamentos. En cualquier caso, con ello ya empieza la marcha de la desigualdad.

Conste que hemos hablado de la desigualdad de recursos materiales. Es altamente probable que liderazgos y otras formas de influencia y poder personal hayan existido en todos los niveles de complejidad social. Sin embargo, ello en la aldea y el campamento no parece traducirse en diferencias tan amplias de recursos. Al menos, en comparación con lo que provendrá después.

La desigualdad aumenta progresivamente con el aumento de la complejidad social, o si se quiere: con la capacidad de la sociedad para producir y generar más actividades. La mayor complejidad de los monumentos y la mayor desigualdad de las tumbas suele ir de la mano (conste que es un ‘suele’, suficiente divergencia hay en arqueología para dar esto como regla universal, pero es claramente un camino común).

La aparición de las civilizaciones, la tríada ciudad-escritura-organización, ha implicado en general un aumento de la desigualdad. No su aparición, ella ya existía con anterioridad; y las así llamadas jefaturas, que son previas a la aparición del Estado, ya muestran niveles relevantes. En todo caso, con la civilización la desigualdad aumenta. Cuando ella puede observarse no sólo en las tumbas sino en los esqueletos (diferencias de estatura por ejemplo) la inequidad está presente en un alto grado.

Sin embargo, lo que aparece y se desenvuelve con la civilización no es solamente la desigualdad como tal; además, se puede argüir, se desarrolla la estratificación. Con esto me refiero no solamente a que diversas personas (y linajes) tengan acceso a diferentes recursos, es que diversas personas (y linajes) tienen derechos y potestades diferentes. Hay libres y siervos; hay personas privilegiadas (por ejemplo, ante impuestos) y personas que no lo son. Y así sucesivamente. Nuevamente, ello no aparece con la civilización y el Estado, formas de servidumbre hay en sociedades pre-estatales; lo que sucede es que ellas se desarrollan de manera más fuerte en este nuevo medio social: Las leyes y regulaciones reconocen la diferencia de personas, la diferencia de dignidad y de derechos que debe ser reconocida. No se trata igual, no se sancionan igual las faltas, no tienen por derecho acceso igual a recursos y premios etc.

Es importante marcar la diferencia de la estratificación con la desigualdad. En última instancia, la desigualdad es una situación de hecho (hay quienes manejan más recursos que otros), lo cual tiene consecuencias sobre temas legales (por ejemplo, la propiedad implica todo un conjunto de sentencias sobre traspasos, sobre robos etc). Pero la estratificación, diferenciar la calidad de las personas, es un asunto de derecho desde el inicio, que se sostiene y se implanta a través de decisiones y regulaciones. Es por ello que adquiere más fuerza al aparecer organizaciones que implantan y desarrollan decisiones vinculantes y establecen regulaciones estables.

El fortalecimiento de la desigualdad y la estratificación tiene que ver con la concentración de poder y de actividad que implican estas nuevas formaciones (o al menos eso se puede argumentar). Por un lado, una mayor concentración de actividad implica una mayor oportunidad para la desigualdad -hay más recursos y se acrecienta la posibilidad de acumularlos; por otro lado, una mayor concentración de poder implica una mayor capacidad para proteger esa distribución desigual. Es uno de los usos más antiguos del aparato coercitivo creado con la civilización.

Más aún, si se toma en cuenta que en este período la desigualdad está altamente asociada al poder político. El uso del aparato coercitivo para generar y proteger la desigualdad no es sólo, o tanto, en la forma de ‘la ley se inventa para proteger la propiedad’ sino en la forma directa que quienes se apropian de los recursos lo hacen a través de  medios políticos. La existencia de mercaderes desde los inicios de la civilización (y hay documentación relevante de los comerciantes asirios en Anatolia, como de los comerciantes del sur de Mesopotamia comerciando a lo largo del golfo pérsico) nos indica que no toda acumulación de recursos fue por medios políticos, pero claramente fue una manera dominante. Los señores, los dueños de la tierra y de los recursos, no estaban separados del poder político. La élite política es, al mismo tiempo, la élite económica. Si bien antes del Estado es posible que quienes actuaran de líderes no tuvieran una acumulación de recursos mayor, eso deja de ocurrir. Los gobernantes acumulan recursos a escalas inimaginables previamente, y incluso con posterioridad.

Para construir las pirámides se requiere el control de una cantidad de recursos (en materiales, en cantidad de trabajo) bastante alta, y que no dejan de ser importantes inversiones del conjunto de la economía. Y todo ello para producir tumbas para los gobernantes. Son, en ese sentido, una muestra concreta de procesos de desigualdad y de estratificación.

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Pirámides de Guiza. La Gran Pirámide de Keops, circa 2.570 AC. Una demostración de desigualdad

La civilización, entonces, implicó la generación de élites y subordinados. Ahora bien, ¿Qué tipo de grupos sociales son los que normalmente se generan? Están los segmentos asociados al control administrativo -los escribas-, los funcionarios y sacerdotes de los templos, los dependientes de los palacios (que incluyen desde soldados a trabajadores manuales), comerciantes, artesanos, campesinos, siervos, esclavos etc. La emergencia de la ciudad, ya lo indicamos anteriormente en la entrada correspondiente, implica una mayor división del trabajo, y la diferenciación funcional de esos roles está asociada a un mayor dinamismo de la economía. El hecho que todas esas divisiones puedan constituirse en una diferencia de calidades de personas (con mayores o menores derechos) se debe a la incrustación en ella de esta capacidad de producir desigualdad que generan la civilización, y en particular el Estado.

La aparición de la desigualdad, y de la estratificación, generan a su vez asuntos de ‘política pública’. ¿Cómo lograr que los desposeídos, aquellos que tienen menos derechos, acepten esa situación? ¿O al menos se comporten de acuerdo a esas pautas? Se exploraron, si se quiere, diversas alternativas. Desde la fundación teológica -el soberano es un Dios, así que se le hace caso y recibe los recursos del resto de la población como cualquier Dios; a la presentación del soberano como protector del débil -logrando que el fuerte no abuse del débil (como vimos es como se presenta Hammurabi); al simple recuerdo del poder y de la fuerza. De hecho, las mismas sociedades usaron diversas alternativas con el paso del tiempo. De hecho, parte del relato de la crisis con la que hemos elegido terminar esta primera fase de la historia (el cierre de la etapa del inicio) puede entenderse a partir de estas dinámicas. Puede que la lucha de clases no sea el motor de la historia, pero dado que el nacimiento de la civilización está unido al aumento de la desigualdad y la estratificación, los conflictos entre diversos grupos acompañan estos desarrollos desde la aparición de las sociedades estatales.

 

Durante alrededor de dos milenios (hasta el 1.200 AC) estas nuevas formaciones sociales que podemos llamar civilización (esta tríada ciudad-escritura-Estado) cambia la vida social. La manera de vivir, las posibilidades de existencia (digamos, la posibilidad de ser un escriba, de ser un artesano especializado en un palacio, de ser un mercader ‘internacional’ entre Estados, de ser un capataz de una cuadrilla de trabajadores etc.) se diversifican y aparecen muchas nuevas formas. Incluso para la forma de vida que existía previamente -el campesino en una aldea- el mero hecho que existan ciudades o Estados cambia, al menos indirectamente, las cosas: puedo ser afectado por un recolector de impuestos, la propiedad de la tierra queda registrada de manera escrita (y puede ser intercambiada) y diversos contratos escrito en que puedo estar involucrado y aunque yo quizás no participe de ellas, si soy afectada por ellos. El hecho que esté documentado, por ejemplo, la pérdida de terrenos por deuda o la práctica de adopciones falsas (el campesino vende su tierra al adoptar de manera ficticia a un hijo, que es el comprador, que fue una práctica relativamente usual en Mesopotamia para obviar la prohibición de venta de tierra), es una muestra que la vida del campesino también es ya distinta en esta nueva forma social (sin contar que la mera existencia de la ciudad permite la posibilidad de la venta de productos a ella, y ya sea que el campesino aproveche de ello, o sea explotado en esa producción, el caso es que le afecta).

Esta nueva forma de vida, en todo caso, todavía no alcanza plena estabilidad. La primera expansión urbana, que es incluso algo previa al nacimiento de esta forma, entró en crisis con cierta rapidez; y el ciclo de caída de dinastías en más de una ocasión implica una crisis de esta forma de vida: Que donde existían ciudades y Estados, estos desaparezcan posteriormente. Durante todo este período la forma de vida civilizada nunca perece como tal, y en los núcleos básicos (Egipto y Mesopotamia) es más o menos permanente. Sin embargo, sigue siendo más bien frágil y limitada en términos espaciales. La crisis del 1.200 AC, materia de la siguiente entrada, es una muestra de ello. Tras dicha crisis, en todo caso, se entrará en un proceso de consolidación y de expansión, pero ello abrirá otra etapa distinta, ya alejada de las dinámicas iniciales de la civilización. En cualquier caso, estas etapas iniciales cubren alrededor de 1.800 años (entre el 3.000 y el 1.200 AC, en los cortes algo arbitrarios que estamos usando), que no dejan de ser una parte importante de todo el conjunto de la historia de la ‘civilización’ (que cubre alrededor de cinco milenios en última instancia). El inicio fue una etapa muy larga, generar la vida ‘civilizada’ y aprender a vivir en ella es un proceso que tomó un tiempo no menor.

Historia de las Tecnologías Sociales (VI). Nacimiento de las organizaciones y del Estado

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Estela del Código de Hammurabi (alrededor de 1754 AC)

De todas las entradas dedicadas a la emergencia de nuevas instituciones sociales con el nacimiento de la civilización, esta es la que resultó más compleja. No tanto por lo que hay que decir, que dado que estoy en estas entradas sólo poniendo las ideas centrales, siempre lo tuve relativamente claro; sino más bien por su denominación: ¿La tecnología social a destacar son las organizaciones ? ¿O el Estado?

Se puede defender fácilmente la idea que lo que se debe destacar es el nacimiento de la organización formal: Puesto que incluye al Estado, pero no se limita a éste, y la idea en sí de la organización (una entidad completamente distinguida de los individuos que operan en ella, que posee y se le reconoce capacidad de acción) es lo radicalmente nuevo. Por otro lado, si bien desde los inicios el hecho organizativo no se ha reducido al Estado, es claro que la principal organización en muchas de estas sociedades fue el Estado, y buena parte de lo que distingue a estas sociedades tiene que ver con la emergencia de ellos: impuestos, ‘códigos legales’, ejércitos, campañas de conquista, reyes -y sus monumentos y palacios; y así. Si bien la ciudad y la escritura cambiaron la vida social, también hay que reconocer que para muchos campesinos esas innovaciones eran más bien lejanas, o a lo más de influencia directa; la aparición del recolector de impuestos o el paso o rapiña de los ejércitos reales, aunque fueran infrecuentes, eran cosas que sí podían afectar su vida más directamente. Del lado positivo se podrían mencionar la capacidad de desarrollar obras de irrigación que requerían la organización de grandes cantidades de personas, pero no estoy seguro si ello requería el Estado o bastaba con el hecho organizativo. La capacidad de la acción coercitiva, en cualquier caso, es uno de los cambios más relevantes en la historia social.

Por ahora nos limitaremos a mencionar ambos en la misma entrada.

La emergencia de la organización y su separación del individuo.

La aparición de la organización formal va más o menos de la mano con el desarrollo de la escritura que se destacaba en la anterior entrada de esta serie. Y ya decíamos allí las razones de ello: la escritura favorece la separación de la información con respecto a un individuo en particular, y esa separación es fundante del hecho organizativo: Cuando mi derecho a una acción o un recurso me es asignado por parte de una organización y en tanto cumplo un rol en ella (soy un funcionario). Es en tanto tengo el cargo de supervisor de la bodega es que recibo ciertos recursos y tengo ciertas responsabilidades. Lo que se requiere es que existan bienes y recursos que ya no son propiedad personal de una persona o de un grupo, sino que son propiedad de esa organización -que los administra y distribuye.

La separación entre los individuos y su rol organizativo, y la capacidad separada de la organización para ser sujeto de propiedad (o para tomar acciones -que tenga sentido decir que es tal empresa la que compró algo, no tal persona), es el mecanismo fundamental de una organización; y al mismo tiempo, es también fundante el hecho que nunca llega a ser completa. Las personas nunca dejan de ser individuos, y no sólo cumplidores de sus roles, y así siempre existe el lado informal; y todos los fenómenos del patrimonialismo y del feudalismo tienen que ver con la dificultad de mantener esa separación. Sin embargo, difícil o no, parcial o no, ambigua o no, mientras esa diferencia exista, tenemos una organización.

Al menos en el caso mesopotámico se puede plantear que el hecho organizacional es previo al hecho estatal. O quizás, que es previo al hecho estatal secular. Las primeras organizaciones son los templos, que funcionan como unidades económicas. El hecho que, en principio, los terrenos y bienes del templo son del Dios de ese templo; y que ese Dios sólo puede actuar por funcionarios humanos, es quizás uno de los elementos que permite que emerja esta separación de unos bienes y recursos que son propiedad no de individuos o grupos, sino de la organización (son del templo); y sobre los que se toman decisiones por funcionarios, que son ‘remunerados’ por esa organización (los funcionarios del templo). Si estos templos-organizaciones son equivalentes a un Estado depende de la capacidad que ellos tuvieran para ejercer coerción fuera de los bienes del templo, o si creemos que la economía de esos templos cubría toda la economía de la ciudad.

 

La emergencia del Estado. Las dinámicas de la concentración del poder coercitivo.

En cualquier caso, con la aparición del palacio -o sea, de una organización que se centra en torno a un líder seglar- que podemos decir que aparece algo que corresponde a un Estado. Puesto que los palacios no se limitan a ser grandes organizaciones -que administran una gran cantidad de bienes propios; que por cierto, también son -entre las tabletas de un rey como Hammurabi no tenemos sólo edictos y decisiones de un rey, tenemos varias que corresponden a las de un latifundista, en relación con sus propios terrenos. Esta organización adquiere derechos coercitivos sobre todo un territorio: En otras palabras, puede cobrar impuestos, tomar decisiones judiciales vinculantes, entrar en guerra con sus pares y con otros, desarrollar obras públicas etc; y, por cierto, además de las actividades simbólicas que representan a la comunidad (dirigir festivales, por ejemplo, es una de las actividades típicas de un rey).

Aunque el hecho organizativo no se limita al Estado (y corresponderá cuando esto se escriba en profundidad explorar la emergencia de la firma comercial por ejemplo), es cierto que -con distancia- el principal actor organizativo de toda esta primera fase de la civilización es el Estado. Aparte del Estado no hay otras organizaciones con sus recursos, con su división de tareas entre funcionarios especializados, que mantenga a tantas personas etc. El hecho que, por ejemplo, vasijas estandarizadas para distribuir raciones (una de las formas de ‘remuneración’ de la época), se encuentren entre los objetos más comunes en la III dinastía de Ur hace recordar su importancia. De hecho, la complejidad de las organizaciones en esta su primera aparición se puede incluso aducir será mayor que lo ocurrido hasta siglos posteriores, y al menos se puede decir alcanzó igual nivel de complejidad: Las tabletas nos muestran, por ejemplo, el manejo de la idea de días-persona de trabajo (que implica cierta capacidad de abstracción y de estandarización de la idea de trabajo). El número de tabletas conservadas de dicha dinastía es de alrededor de 25 mil, y en algunos casos se puede observar que la muerte de una oveja quedó registrada en al menos tres de ellas. Aunque esa dinastía es claramente un caso exagerado de presencia y poder administrativo, el caso es que Estados con organizaciones fuertes es una característica común en el período inicial de la civilización (en la edad del Bronce).

No por nada entre varios investigadores se extendió la idea que la  economía administrada -la que caía bajo esta organización- cubría casi toda la economía: la idea se mostró insostenible, y la aparición de una economía no-administrada, de intercambios más o menos libres entre personas, ha sido demostrada. Y sin embargo, la importancia de la economía administrada no deja de aparecer: el artesano especializado que vende sus servicios tiene muchas veces su empleo principal en la organización (que es la que genera la demanda permanente que le permite existir) y procede a actuar en el mercado como forma de complemento. La identificación entre Estado y organización, por un lado, y entre Estado y sociedad, por otra, son erradas, pero tienen su fundamento, en el hecho que el Estado es la principal organización, y que, por lo tanto, adquiere una posición particular por el simple hecho que no hay ninguna concentración de poder y recursos similar. O para ser más precisos: que las únicas entidades similares son otros Estados. No por nada, una de las reacciones comunes entre sociedades no-estatales al enfrentarse a las sociedades estatales ha sido la de desarrollar sus propios Estados (estados secundarios siendo el nombre usual): ese tipo de organización parece ser el modo más sencillo de confrontar esa concentración de poder que es el Estado.

El hecho que el Estado es una concentración de poder y recursos nos permite, creo, entender además porque la aparición de un Estado es tan universal en las sociedades que adquirieron la tríada ciudad-escritura-organización. Al fin y al cabo, habría sido posible que el hecho organizacional-administrativo no generara un Estado, sino que las organizaciones quedaran simplemente insertas al interior de una ciudad, como su unidad más fuerte, pero sin cubrir todo el espacio. Al fin y al cabo, no se requiere Estado, por ejemplo, para generar decisiones judiciales vinculantes -las comunidades pre-estatales no logran sin el aparato administrativo-; y la comunidad de una ciudad (y sabemos que al menos las ciudades mesopotámicas tenían niveles importantes de identidad común e instituciones comunitarias como asambleas) que podrían haber tomado esos roles. Y sin embargo, eso no ocurrió, o al menos no pudo establecerse como algo estable.

Simplemente, una organización es una concentración de poder y recursos que es mucho mayor que cualquier otra. Una vez que ella emerge, el paso de ser una institución poderosa a ser una dominante, y de ahí a constituirse en una (dado que no hay otra) que cubre todo el territorio son pasos sencillos. La emergencia de un estado territorial -que incluye más allá de una comunidad urbana- además establece con claridad la emergencia de una organización que se constituye en un espacio más allá de donde puede operar una comunidad: Si un estado territorial genera una comunidad ella es siempre una ‘imaginada’, para reusar esa frase. Sólo un Estado puede operar a ese nivel. Y es un nivel que se alcanzó con rapidez en Egipto (donde el valle del Nilo facilitaba crear una unidad) y que si bien se demoró bastante más en Mesopotamia, ya entre Sargón de Akkad (2334-2884 AC) y la III dinastía de Ur (2.112-2004 AC) queda ya establecido (la distancia son siete siglos, lo que nos separa de Dante, no es un período menor, aun cuando se reduzca a unas pocas páginas en los libros y aquí a un par de líneas). El caso chino si bien muy posterior, es al menos otra dinámica de estado primario, también es una muestra de un estado territorial relativamente temprano. Generado un polo de poder, con una capacidad mucho mayor que la de cualquier otro, la formación de una agencia concentrada de poder coercitivo resultó, si no fácil, al menos imposible de evitar.

Si bien el Estado, como recordábamos en la entrada en cuestión, es una dinámica diferente del de la ciudad, cierto que existen relaciones entre ellas. Fundar,una capital para el rey, crear una nueva ciudad, es una actividad que muestra la relevancia de una base urbana de poder para el Estado (El ejercicio de fundación, en todo caso,  no es universal, y en el cercano oriente es más común en la zona norte de Mesopotamia que en el sur; pero su existencia en sí muestra que la ciudad es relevante). La concentración de poder político y la concentración de población y de actividad parecen fortalecerse entre sí.

Una característica que en esta entrada sólo mencionaré, pero que debiera ser materia de expansión cuando se escriba el texto. es la pregunta de la forma política de estos Estados: todos son básicamente monarquías. ¿Por que cuando emerge el Estado es tan común esa forma? No parece existir formas republicanas, como ocurrirá prontamente en esa expansión de lo urbano en el Mediterráneo en el primer milenio A.C (y al parecer, también aparecen en India por ese mismo período). Y al menos en el caso mesopotámico, tenemos -como ya se indicó- comunidades urbanas importantes y una conformación de ciudades-Estado que se mantuvo durante varios siglos. Pero allí fueron (como en el caso de la civilización maya) gobernadas por reyes (la otra alternativa discutida es teocracia, o sea la dominación del sacerdote principal).  Aquí sólo dejamos la pregunta.

 

El Estado y la sociedad. Ejército, impuestos, decisiones judiciales, obras públicas.

Hasta ahora nos hemos concentrado en el hecho basal del Estado -en la aparición de una organización formal que tiene una pretensión efectiva sobre todo un territorio sobre el cual ejerce un poder coercitivo. ¿Qué significa eso en concreto? ¿Qué hace un Estado más allá de ser una organización, o sea de tener funcionarios y recursos propios?

Ejercer un poder coercitivo implica dos cosas básicas. Primero: tiene una capacidad coercitiva de extraer recursos. En otras palabras, impuestos. No hay Estado sin impuestos, y no hay impuestos sin Estado. La otra posibilidad son los recursos propios de la organización estatal (en otras palabras, lo que puede extraer de los terrenos que son de su propiedad). Ambas cosas son combinables (el Estado puede pretender que todo el terreno es de su propiedad, y por lo tanto los recursos que extrae de los hogares siempre fueron suyos); el caso es que -sea como sea- para que pueda operar se requiere poder extraer recursos. Segundo: para poder ejercer coerción se requiere tener disponible de una fuerza, La fuerza puede no ser el medio más común, y su uso recurrente siempre implica una falla o una crisis de la operación, pero siempre está ahí operando: En principio, es mejor que los hogares entreguen sus recursos o las decisiones judiciales se realicen sin requerir la fuerza, por la pura autoridad, pero la fuerza está disponible. El ejercicio de la fuerza no se reduce al uso interno, una posibilidad es la de extraer recursos expoliando otros territorios -y la figura del conquistador, o al menos, del victorioso guerrero, acompaña a buena parte de los dirigentes desde los inicios, y las celebraciones de los recursos que se traen hacia el Estado (materiales y simbólicos) comunes. La cara ofensiva implica, inmediatamente, la cara defensiva -y el ejercicio de crear guarniciones de defensa y de murallas defensivas también resultó común.

Las dos operaciones anteriores son las que permiten que un Estado exista: obtener recursos de forma coercitiva, y la construcción de esa capacidad de ejercer coerción. Si se quiere, el orden administrativo, la organización, cuando se transforma en Estado (o sea, cuando va más allá de los límites de sus recursos ‘propios’) necesita de esas operaciones. Como ya dijimos, la operación es más fluida en la medida que la fuerza no se ejerce de manera permanente y de manera ostentosa. Esto implica, entonces, que el Estado debe realizar operaciones que transformen su dominación en legítima.

Lo primero es la ejecución a través de medios estatales de algunas funciones básicas. Inicialmente, y durante este período, podemos decir que hay dos fundamentales, o al menos hay dos operaciones materiales fundamentales.

La primera es la judicial. Aunque hacer juicios y lograr que esas decisiones sean vinculantes ha sido realizado fuera de los Estados, con su aparición, la potestad de tomar decisiones judiciales pasó a dicha institución. Si hacer valer una decisión judicial es finalmente un asunto que involucra fuerza, que la institución que posea esa capacidad la tome, resulta fácil. He enfatizado el tema judicial más que lo relativo a la ‘ley’: Es claro que el Estado hace de juez desde sus inicios, pero no es claro que tome la función de legislador de inmediato. Buena parte de lo que aparecen ahora como códigos pueden ser entendidos más bien cómo ‘antologías’ de decisiones judiciales (que muestran que el rey es un buen juez), más que como leyes; y cosas como edictos pueden ser entendidos como decisiones particulares más que como leyes que regulan y ordenan. Con la escritura, y la conformación de ciudades, aparece además un campo relativamente amplio para juicios sobre propiedad: la propiedad queda registrada (y se pueden hacer contratos sobre ella), y la emergencia de ciudades y estados territoriales lleva estos temas más allá de lo que puede manejarse al interior de una comunidad dada (de una aldea); y todo eso lleva entonces al uso del Estado para resolver estas controversias. Aunque sólo parte de estos temas pase a través del Estado, el caso es que esta posibilidad existe, y permite disociar la propiedad de los recursos del ámbito de la comunidad concreta.

La segunda son las obras públicas. Una de las más cruciales, porque es una de las que entrega beneficios más claros, son las de irrigación. La relación de estas obras con el Estado tiene, al menos, dos caras. Por un lado, la organización de trabajo que requiere la irrigación (en particular la más compleja) se facilita con la aparición de estas organizaciones coercitivas, que precisamente pueden disponer de esos recursos. Por otro lado, la irrigación implica la transformación de todo el territorio (puesto que cambia la distribución de las aguas para todos), y en ese sentido lleva a una asociación que cubre todo ese territorio (que tiene pretensiones para tomar decisiones sobre todo éste). Pero las obras no se reducen a lo anterior: También tenemos construcción (y reconstrucción) de templos, de ciudades, de murallas, de caminos y otros. Algunos de ellos pueden realizarse sin Estado, pero nuevamente la aparición de una agencia coercitiva facilita el que esas tareas pasen a ella; y en algunos casos, como ya planteamos sobre grandes obras de irrigación, la relación parece ser mucho más estrecha.

Varias de las obras públicas que mencionamos anteriormente son de carácter simbólico, y con ello pasamos a la última forma de relación entre el Estado y el resto de la vida social: la propaganda y la ideología. Con el Estado surgen, al mismo tiempo la necesidad de justificar el hecho de gobernar. En algunos casos, esto proviene directamente de la religión -el gobernante es un Dios, en otros se enfatiza el carácter justo y bueno de ese gobierno, el gobernante como pastor y protector de la comunidad; o, lo que también era común, simplemente el carácter fuerte y el poder del gobernante.

Esto se realiza tanto a través de ceremonias públicas, que todos pueden ver, y también a través de textos escritos (muchas veces monumentales). Ahora bien, ¿para quién se escriben esos textos? Esto es relevante, porque del contenido de ese trabajo de justificación conocemos más bien por textos escritos, o sea, en buena parte, por esas inscripciones en monumentos. La sospecha es que son textos hacia la élite (la que podía leer). El trabajo de propaganda es, en buena parte, propaganda ‘interna’ -hacia el interior de la élite (no exclusivamente, la propaganda externa, hacia el resto, bien está en las ceremonias y en los propios monumentos).

Los mensajes pueden verse como pura propaganda, y en ese sentido no dirían nada de la sociedad. Sin embargo, que se elija uno u otro tipo de mensajes (presentarse como rey fuerte, como rey justo, como rey Dios) dice de esa sociedad -dice de lo que es aceptable y de lo que efectivamente justifica. El mero hecho que esos mensajes existen, que el Estado se presente ante la sociedad, ya nos plantea que -por toda su concentración de poder- está el problema perenne de la aceptación de la ‘gobernabilidad’.

Siempre nos podemos preguntar por la efectividad, por la ‘realidad’, de esas declaraciones. ¿Cuán justo es el rey que se presenta como justo? ¿Cuanto efectivamente protege un rey que se presenta como pastor? ¿Cuán fuerte es el rey que se presenta como poderoso? Si bien las declaraciones son declaraciones, tampoco las declaraciones son sólo declaraciones. Producen expectativas y generan acciones.

Como ejemplo de lo que hace un Estado al inicio de esta entrada está la estela donde Hammurabi inscribió su código, que es precisamente una demostración de estas operaciones ideológicas. El Código en sí es una antología de sus decisiones judiciales, que muestran -en concreto- la justeza de su reino; en la introducción  nos dice como el Dios Marduk lo convoca a llevar la justicia y en el epílogo narra su reinado. Es un ejercicio de justificación de su reinado. En el epílogo nos dice:

Let the oppressed, who has a case at law, come and stand before this my image as king of righteousness; let him read the inscription, and understand my precious words: the inscription will explain his case to him; he will find out what is just, and his heart will be glad, so that he will say [sigue alabanza a Hammurabi] (Traducción de L. W. King)

No entremos ahora en el tema de cuánto creerle a la inscripción, sino centrémonos en otro tema: La estela habla de un oprimido que puede leerla y que puede encontrar la justicia. ¿De donde aparece esta figura del oprimido que necesita justicia? En otra parte de la estela, se nos menciona la figura del fuerte que oprime al débil. Se requiere, entonces, en la siguiente entrada de esta serie tratar el tema de la aparición de las clases y estratos sociales -que aparecen al mismo tiempo que aparecen los otros elementos de la civilización.

Nota. Hemos usado en las fechas mesopotámicas la cronología media.

El punto es la crueldad. Una cita de las memorias de Zweig y la llegada del nazismo a Viena

Hitler n’était pas depuis huit hours maître de la ville qu’on prit un arrêté bestial interdisant aux Juifs de s’asseoir sur un banc -une de ces mesures qui visiblement n’avaient été inventées que dans le dessein sadiqur de tourmenter perfidement (Stefan Zweig, Le Monde d’hier, p 473, Le Livre de Poche)

El Mundo de Ayer, las memorias de Stefan Zweig, literato vienés de ascendencia judía. es un libro bien interesante para observar el cataclismo que sobre la civilización burguesa de Europa significó la 1a guerra mundial, y todo lo que ella desencadenó. Hacia los capítulos finales aparece el régimen nazi, y su implantación en Austria, y ahí aparece la cita anterior.

En años recientes se ha discutido bastante, a propósito de los populismos de derecha, sus similaridades (y diferencias) con esta versión anterior de populismo de derecha; y muchas veces se ha mencionado que todo partió con pasos pequeños. No se llega al lager en un solo paso, sino a muchos pasos pequeños. De hecho, en unas páginas antes de la cita Zweig hace notar todo la sorpresa que implicaba para él, ciudadano formado en la vieja civilización burguesa, el hecho que la policía fuera a realizarle un interrogatorio en su casa. El simbolismo de esa barbarie algo se ha perdido, porque efectivamente ya no vivimos en ese mundo burgués para el cual eso era radicalmente inaceptable.

En la cita aparece, en una práctica de un hecho muy cotidiano, todo el odio al que es diferente. Zweig compara esa decisión (la prohibición de sentarse) con otras (la decisión de quitarles sus propiedades) y nos dice que esto último tenía alguna explicación económica (expoliar a un grupo se puede comprender, por más ilegítimo que se lo encuentre), “mais refuser à une vieille femme ou à un vieillard épuisé le droit de reprendre haleine quelques minutes sur un banc, cela était réservé au XXe siècle et à l’homme que des millions de gens adorent comme le plus grand de ce temps” (Ibid, p. 474).

En años recientes la idea de hacerles la vida imposible a los grupos inmigrantes (era la política de May en el Reino Unido cuando era ministra del interior si no me equivoco) sigue la misma idea: A estas personas no se les extiende la cortesía de la vida civilizada (el de poder sentarse tranquilo en el parque) sino que deben ser hostigados a cada momento. Puesto que al final no son personas como uno. En la actualidad, una abogada del gobierno de Estados Unidos ha defendido que los niños tengan acceso a cepillos y pasta de dientes en sus centros de detención no es parte necesaria de las condiciones sanitarias. Todo ello es comparable a esa regla que los judíos no pueden sentarse en los bancos públicos.

Cuando uno quiera pensar en cuáles pueden ser los peligros del futuro, no estará de más recordar que la barbarie mayor, partió con la producción cotidiana de la indignidad.

 

El derecho a (no) tener derechos. Una nota sobre Agamben

L’usage, opposé ainsi au droit de propriété, n’est cependant aucunement défini. Il n’est donc pas étonnant que Hugues de Digne, comme nous l’avons vu, puisse encore présenter la condition franciscaine en termes juridiques certes peut-être de manière ironique, comme le droit d n’avoir aucun droit (De la très haute pauvreté, III 3, 1, p. 1028 en mi edición, Homo Sacer, L’intégrale, Editions du Seuil, 2016)

Hacia el final de Altísima Pobreza, Agamben describe el esfuerzo de los franciscanos por buscar una forma de existencia fuera de la noción de propiedad, lo que implicó -de maner muy directa- un rechazo a ser inscritos en el mundo del derecho: Una forma de existencia más allá de la idea de ley. Describe los conflictos que ello produce con la Iglesia, que había elegido más bien crear su propio derecho y su propia ley.

En medio de esas discusiones aparece la idea, que se menciona en la cita, del derecho a no tener derecho alguno. La misma idea se repite varias veces. Al interior del texto es claro que Agamben estima que esta tentativa es una tentativa de salir fuera de la matriz general del mundo occidental, y por eso mismo resulta tan difícil de pensar.

Ahora bien, una de las tesis centrales de todo el proyecto del Homo Sacer es que, en la actualidad, el núcleo y centro a lo que llevan las tradiciones de pensamiento occidental no es ya (¿o nunca fue?) la idea de la polis, sino llevan ineludiblemente al campo de concentración. Hay una razón por la cual el texto sobre Auschwitz ocupa el centro de la investigación. Y en relación con los campos uno puede recordar (y estaría casi seguro que Agamben conoce el texto) la idea de Arendt en torno a que una de las invenciones del totalitarismo es precisamente la persona que no tiene el derecho a tener derechos, y que el derecho a tener derechos es el tema más básico -y precisamente lo que aparece contrario a las pretensiones totalitarias que llevan al lager.

No tengo tan claro cuál es la relación entre este derecho a no tener derechos y el derecho a tener derechos, ni sus respectivas consecuencias sobre cómo se llega al campo de concentración; pero hay ahí algo a pensar. La idea en sí del derecho (que las ciencias sociales no han pensado en profundidad desde hace un buen tiempo creo, con la excepción quizás de -precisamente- el mundo alemán, Habermas y Luhmann) no deja de ser crucial para comprender la vida.

Historia de las Tecnologías Sociales (V). El desarrollo de la Escritura

Hasta que nos dimos cuenta que las tecnologías de comunicación son, al mismo tiempo, instituciones que cambian la forma de la interacción social, que en una parte no menor, son una forma de interacción social, la importancia que al nacimiento de la escritura se le daba tradicionalmente podía parecer algo extraña. ¿Qué el nacimiento de la historia se hiciera equivalente al hecho que las cosas quedaran registradas? ¿Qué cambiaba eso en la vida? Lo que ha quedado de manifiesto en la investigación a lo largo del tiempo es precisamente que eso implicó transformaciones en campos muy diversos -desde la organización social a los hábitos mentales (no han faltado autores que han visto que la escritura, en sí, produce diversas características que después se asociarán a la modernidad o a la racionalidad).

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Sellos de Mohenjo-Daro, civilización del Indo, actual Pakistán, circa 2.500 AC

La escritura, como todas las instituciones complejas, no nació de un momento a otro, y algún examen de su desarrollo será de interés. La capacidad de registrar en un medio con cierta permanencia cualquier mensaje expresado en un lenguaje es el resultado final de un proceso largo. Los primeros registros tienden a ser sellos. Así, con claridad en Mesopotamia -donde, debido al material usado, tenemos un buen registro del desarrollo de todo el proceso-, pero también en la civilización del Indo, donde buena parte del material al que tenemos acceso parecen ser diversos tipos de sellos. A lo largo del cuarto milenio A.C aparecen ya sellos, en otras palabras, registros, en las diversas zonas donde se está generando la civilización; y la aparición de la plena escritura (en otras palabras, de textos que podemos leer en cuanto conocemos el lenguaje en que están escritos) ocurre alrededor del 3.000 A.C. El registro es previo a la escritura.

El hecho que la escritura se desarrollara, en buena parte, a partir de sellos entrega varias pistas sobre los procesos que llevan a su desarrollo. En otras palabras, ¿qué tipo de procesos requieren que se certifiquen con sellos?

Por una parte, es claro que procesos no lo requieren: Es claro que la transmisión cultural como tal no requiere escritura. Múltiples culturas han transmitido sin mayores problemas su acervo, e incluso historias y mitos complejos, sin necesidad de escritura; e incluso en sociedades letradas, una parte no menor del trabajo de transmisión cultural se realiza sin escritura.

La certificación y el registro son requeridos por otro tipo de procesos. Los primeros sellos, en general, simplemente muestran si han sido abiertos o siguen sellados, y están asociados a ciertos bienes. Las primeras tabletas que tienen información inscrita suelen implicar información sobre número de bienes y el equivalente a una firma: Un número, un signo que dice de qué se habla (unidades de cebada, digamos), y un nombre asociado a dicha cuenta. En general, podemos decir que todos estos usos se asocian a lo que sucede con cierta propiedad. Los sellos indican si están cerrados que una transacción no se ha llevado a cabo y si están abiertos que ella ya se llevó a cabo, quien recibe un traspaso ‘sabe’, si el sello está cerrado, que ha recibido lo que ha sido enviado. Las tabletas certifican la situación de ciertos bienes, digamos son similares a ‘recibos’.

Ahora bien, el traspaso de propiedad como tal no requiere de este tipo de procedimientos. Nuevamente, el comercio, y recordemos que en buena parte el ‘comercio primitivo’ ocurre entre grupos sociales no en su interior. En una aldea o banda no comercio con mis co-habitantes, se intercambia con otros grupos. Y en esos casos el intercambio no requiere registro porque se realiza de inmediato.

Sólo cuando aparecen interacciones mediadas, cuando hay operaciones sociales donde no todos los que participan están ubicados en el mismo lugar, es que el registro aparece como relevante. Si recibo unos ciertos bienes, pero no estaba cuando ellos se enviaron, un registro me puede indicar que recibí lo que se envío. Certificar la existencia de ciertos bienes resulta indispensable si hay que dar cuenta de esas transacciones ante otros: llevar mis cuentas ante mi puede ser útil, pero sólo si se requiere presentarlas a otros es que llevar un registro resulta algo indispensable.

Lo anterior lleva a la conclusión que la escritura, el desarrollo del registro de información, resulta particularmente útil cuando aparece la administración, la organización formal. Las administraciones generan, por sí, interacciones mediadas. La organización formal ocurre, precisamente, cuando se generan instrucciones que son llevadas a cabo fuera del control inmediato de quienes las emiten; ella ocurre a través de procesos de control administrativo, que quienes realizan las órdenes puedan ser auditados. Todo ello se facilita cuando aparecen registros.

Ahora bien, una organización formal, una administración, sin escritura puede existir: todas esas certificaciones pueden realizarse oralmente. Y no estará de más recordar que, en muchas culturas, incluso cuando hay escritura, la información oral se le otorgaba mayor confianza. En Mesopotamia (y repitiendo ese mismo proceso un par de milenios después, Grecia) hay un largo proceso bajo el cual, por ejemplo, aumenta la importancia de la información escrita sobre la oral en términos legales. Lo que sucede es que la escritura facilita esos procesos -ese llevar a cabo instrucciones, ese control.

El núcleo central de la relación entre escritura y organización, que va más allá de ese facilitar, es -creo- el hecho que con la escritura el soporte de la información ya no depende de individuos: Queda objetivado (en un sentido literal: la información está en un objeto). Y el hecho esencial de la organización es, precisamente, diferenciar entre individuos y roles (entre este individuo concreto que vigila que bienes están en la bodega y el rol y posición de supervisor de la bodega). La existencia de un soporte de información distinto de cualquier individuo resulta particularmente apropiado para esa diferencia: Quienquiera que recibe esos registros tiene lo necesario para cumplir ese rol y posición: esa información objetivada es el estado de ese rol y posición. Toda la investigación sobre la existencia de elementos informales en organizaciones formales nos recuerda que esto no es la figura completa, y que lo informal (lo oral) no deja de existir; pero esa diferencia y separación es lo que produce la aparición del elemento formal.

 

Un proceso evolutivo común es aquel en el cual un elemento producido por cierto proceso, es prontamente usado por otros procesos, lo cual a su vez genera nuevos cambios. Si las necesidades administrativas de registro facilitan el inicio del desarrollo de la escritura, el potencial que genera el registro hace que sus usos se expandan. El registro administrativo inicial no requiere plena escritura (en el sentido que mencionamos previamente, un sistema de registro que permite indicar cualquier mensaje de ese lenguaje). La utilidad de requerir cada vez menos información contextual (o sea, que cualquiera que conozca el sistema de signos pueda entender el lenguaje) y la necesidad, si se quiere darle nuevos usos, de pasar nuevos elementos bajo registro, hace que los sistemas de registro más bien limitados se expandan progresivamente hasta alcanzar el estado de escritura completa. Entonces así se despliega el potencial de esos sistemas para comunicar cualquier tipo de mensajes, y es así que pueden pasar a escritura himnos religiosos, instrucciones más completas etc.

Y además se empiezan a generar textos que se generan sólo con la escritura. Aparecen cartas e inscripciones monumentales: géneros que tienen una contraparte oral (la conversación, el discurso protocolar etc.), pero que al pasar a la escritura adquieren características propias. Lo mismo puede decirse de los textos literarios y ‘filosóficos’.

El ejemplo de la carta resulta de interés. La carta permite comunicar un mensaje personal (lo que distingue las cartas es que se dirigen a alguien en concreto y son emitidas por alguien en concreto) a través del tiempo y del espacio. Han sido usadas, desde su aparición, para permitir el manejo de múltiples actividades: Así, con las comerciales, lo que conocemos acerca de firmas comerciales asirias en Anatolia o sumerias en el Golfo Pérsico es muchas veces a través de cartas en que se envían instrucciones, se cuentan resultados o se hacen reclamos. También para comunicaciones personales, familiares y para dar instrucciones administrativas. Ahora bien, la carta puede ser equivalente a una conversación a distancia, pero el hecho que se realice a través de la escritura, que quede registrada, modifica la situación. Nada deja eso más en claro que el desarrollo de las cartas diplomáticas (el archivo de Tell el-Amarna en Egipto, siglo XIV A.C es una de nuestras mejores muestras): la capacidad que adquieren los reyes de comunicarse entre sí sin necesidad de movimiento físico amplía, de hecho, las posibilidades de comunicación. El ‘club de los grandes poderes’ que se desarrolla al fin de la Edad del Bronce se hace posible por este tipo de comunicación en última instancia.

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Carta de Ashur-uballit, rey de Asiria, al rey de Egipto. Alrededor del 1353–1336 A.C. Archivo de Tell el-Amarna

También aparecen textos que sólo tienen sentido como mensajes escritos: La aparición de listas de palabras, que ya son una forma de ordenar y categorizar el mundo. La aparición de textos bilingües, destinados en varios casos a aprender otros lenguajes, y aquí aparece algo que será una característica de varias culturas escritas: la aparición de un lenguaje ‘muerto’ que se destina a fines culturales y que existe centralmente a través del medio de la escritura. Toda esta expansión de tipos de mensajes, y de creación de nuevos géneros de inscribir información, implican nuevas capacidades para la acción y el pensamiento.

Como ejemplo de ello, hay algunas tabletas administrativas de la III dinastía de Ur (aproximadamente 2.100 AC) que resultan de particular interés.

‘For every year documented in the text, the exact number of animals is given according to the age categories listed above [menores a un 1 año, 1 año, 2 años, 3 años, adultos]. The calculation of the expected delivery of dairy products for each basis on the basis of the number of animals in the preceding year is then recorded: for each adult cow 5 sìla of 2 dairy fat’ and 7 1/2 sìla of cheese was to be delivered’
‘The annual reproduction of cattle was fixed as a rule at an average rate of one newborn calf for every two adult cows. The gender distribution of the calves was also theoretical: the text exhibits a strict adherence to the sequence male-female, and so on. For years in which adult cows were registered in odd numbers, calving success was recorded by dividing this number by two and rounding the result to the next lower number’ (Archaic Bookkeeping, Nissen, Damerow y Englund, Chicago University Press, 1993: 100)

Es un texto extraño, inusual para la época nos mencionan los autores, pero ilustran algunas tendencias de interés. Lo que hay aquí es un ejercicio conceptual de pensar la evolución futura del ganado; claramente esos cálculos no corresponden a la evolución de ninguna manada particular. Es un ejercicio que, desde el punto de vista actual, tiene deficiencias en su instrumental técnico (nosotros no haríamos ese cálculo de esa forma) pero cuya intención es clara: Esto permite planificar el manejo del ganado (y calcular la producción esperada de ciertos productos), a través de un ejercicio sistemático, usando reglas claras y precisos. Es un ejercicio que solamente puede realizarse con la escritura -es ella la que permite que sea un ‘ejercicio sistemático, usando reglas claras y precisas’. Esa racionalización, particularmente útil para la burocracia administrativa (que pueden entender planificar ciertas acciones) es algo que la escritura permite.

La escritura se co-posibilita con el desarrollo de la organización, de la vida administrativa; y a su vez es una condición de posibilidad de diversas interacciones sociales y de diversas maneras de pensar. Constituye, así, una de las principales ‘invenciones’ sociales a lo largo del desarrollo de la humanidad.

 

Sobre el PNUD, el Desarrollo Humano y la Subjetividad cotidiana

Habiendo ya salido del PNUD desde hace más de un año, y habiéndose cerrado no sólo mi periplo personal allí, sino en realidad también el proyecto concreto que eran los Informes de Desarrollo Humano ahí, al menos en la forma en que se hacían tradicionalmente, no estará de más, creo, realizar una pequeña mirada retrospectiva.

Al menos internamente, para ser precisos, al menos eso fue lo que me fue dicho en variadas ocasiones, lo que distinguía el esfuerzo que eran los Informes en Chile era una mirada específica, que reivindicaba la subjetividad de las personas, el punto de vista del ciudadano de a pie si se quiere, y en particular, con una preocupación particular de pensar e investigar desde la vida cotidiana. Eso habría sido la diferencia que traían los Informes al debate público: Intentar en vez de discutir sólo desde las formas y estructuras de pensamiento de los actores de ese debate, traer las formas y estructuras de pensamiento que tiene la población (los que no siempre coinciden).

El caso es que esa auto-comprensión me parecía, y así sigo pensando, equivocada; y en un aspecto, esa equivocación es total. Los Informes pueden haber sido sobre subjetividad, lo que es claro que nunca fue lo de interés, fue la vida cotidiana. Lo que interesaba, más bien, era la aproximación de Lechner hacia esos temas: No la vida cotidiana como tal, sino la cotidianeidad para la política. En otras palabras, lo que desde la vida cotidiana puede ser relevante para la vida política. La concepción de política de los Informes, que en esto siguieron de manera permanente a Lechner, nunca fue institucional (y menos contingente), siempre fue más orientada a la política como lugar donde se juega la concepción de la vida en común, y de lo que somos en común. Para usar términos que los Informes se apropiaron hacia el final, preocupados de lo político más que de la política. Preocupados, en ese sentido, de la construcción de una subjetividad común y de la posibilidad misma de actores colectivos. Y desde ese lugar, entonces preocuparse de cómo la vida cotidiana se relaciona (afecta y es afectada) por ellos.

Lo que no era, entonces, era una preocupación por la vida cotidiana como tal. Mi experiencia es que cada vez que aparecía algo que podía ser interesante en los datos desde la sola vida cotidiana, la pregunta inmediata era por la relevancia de ello. A menos que contactara con la vida política -con la posibilidad de construir acción y sujeto colectivo-, la vida cotidiana no parecía relevante en sí misma.

Ahora bien, lo anterior puede ser relevante como simple precisión: Hay que entender los Informes no como se pensaban a sí (como miradas construidas desde la vida cotidiana) sino de una forma distinta (como miradas centradas en la relación cotidianeidad y política). Sin embargo, esto tiene una consecuencia algo más fuerte, porque afecta temas conceptuales.

Pensar la vida cotidiana en su relación con la política tenía como consecuencia, fortalecido además por tendencias que provenían de las conceptualizaciones de desarrollo humano, una comprensión de la subjetividad como proyecto. En otras palabras, de lo que se trata es potenciar la dimensión proyectiva de la vida de las personas, y pensar su carácter de actor en torno a la categoría de proyecto.

Lo cual puede ser muy útil en muchos casos, pero presenta un problema básico en relación con la vida cotidiana. Puesto que la vida cotidiana no se orienta ni construye en torno a la noción de proyecto; y cuando pienso la acción en términos de proyecto, entonces observo aquello donde no hay proyecto como un momento de desagenciamiento. Lo cual es una forma muy inadecuada de pensar la cotidianeidad. En la cotidianeidad hay actores, que despliegan su vida de múltiples formas; pero eso no implica la existencia de proyectos, que es una forma, si se quiere, racionalizante y de largo plazo hacia la acción. En la acción cotidiana hay cosas que uno quiere hacer y uno se plantea posibilidades (‘hoy podría juntarme con tal persona, o ver una película, o limpiar la casa, o…’), pero esos realmente no corresponden a proyectos. En la vida cotidiana se pueden realizar proyectos (el proyecto de educarse implica, por ejemplo, la acción cotidiana de ir al colegio, hacer tareas, estudiar etc.). Pero en cuanto se está en la cotidianeidad no se está en el proyecto. Pensar desde la cotidianeidad es obligarse a pensar en una forma de acción (e insisto de acción, no automatismos o cosas no pensadas, casi fuera del mundo del sentido como Weber planteaba como límite de la acción tradicional), que simplemente no corresponde a la mirada reflexiva, racionalizante de la proyección.

Al pensar la vida cotidiana en su relación con la política, y estudiarla siempre desde las potencialidades (y dificultades) hacia ella, lo que terminaba haciendo los Informes de Desarrollo Humano en Chile era no observar la vida cotidiana en toda su gloria, en su carácter de vida cotidiana como tal. Ahora bien, hay que decir que, a pesar de la existencia de una tradición de estudio sobre ella, en nuestros lares la vida cotidiana, lo que se vive todos los días, no interesa tanto finalmente a los sociólogos. Por dar un ejemplo que me ha llamado la atención recientemente, porque algo (tampoco tanto) me dediqué al tema: Está lleno de estudios sobre conflictos y movimientos territoriales, pero por sobre lo que implica vivir en un lugar, pues bien, los hay bastante menos. Y a menos que de ese vivir se puedan sacar conclusiones en torno a sujetos colectivos, tampoco será tan interesante.

El mero hecho de la vida social no parece resultar tan interesante para quienes, se supone, se dedican a su estudio.

Historia de las Tecnologías Sociales (IV). La emergencia de la ciudad

Ziggurat_Ur
Gran Zigurat de Ur, levantado como lugar de culto de Nanna hacia el siglo XXI AC, reconstruido en el siglo V AC. Fachada y escalera reconstruidas en el siglo XX

Mandó edificar los baluartes
de Úruk, bien amurallada,
y también el santo tesoro,
el sagrado templo Eanna.

Admirad su muro exterior,
de bronce parece construido;
sus columnas, inimitables.
Subid la antigua escalinata
y aproximaos al Eanna,
morada de Íshtar la diosa,
tal que hombre alguno ni rey
logrará igualarlo jamás.

Ascended luego a las murallas
de Úruk y allí recorredlas.
Examinad bien sus ladrillos
y fijaos en los cimientos.
¿No fueron acaso cocidos
en horno aquellos ladrillos?
¿Y no fueron los Siete Sabios
los que sus cimientos pusieron?

Estas palabras están al inicio del Poema de Gilgamesh, que se replican en forma breve al fin del poema. Es una de las obras esenciales de la civilización mesopotámica, copiadas en múltiples ocasiones, y que cuenta uno de sus mitos centrales: la búsqueda de Gilgamesh, rey de Uruk, de la inmortalidad, al darse cuenta, tras la muerte de Enkidu, su amigo, de la realidad de la muerte. Y la obra se inicia y finaliza con la loa a la ciudad.

La ciudad es uno de los ejes centrales de la vida social en las civilizaciones. En el caso mesopotámico ello es muy claro, siendo una sociedad altamente urbanizada; pero todas las civilizaciones iniciales del Viejo Mundo se organizan en torno a ciudades. Incluso el caso egipcio, sobre el cual durante un buen tiempo se discutió la importancia de la ciudad, ellas aparecen como núcleos administrativos relevantes.

Ahora bien, ¿qué queremos decir cuando hablamos de ciudad? Si la ciudad es un tipo de asentamiento diferente, y su nacimiento es una de las marcas de una nueva forma de vida social, ¿cuál es la diferencia entre la ciudad y la aldea? No estamos ante un tema sólo de tamaño. Históricamente han existido ‘aldeas’ que han sido mayores que sitios reconocidos como urbanos. La existencia en sí de obras de arquitectura mayor no es suficiente, puesto que existen múltiples de esas construcciones no sólo fuera de ciudades sino en sociedades que no las conocían. Tampoco es necesariamente una diferencia de carácter económico, que la vida urbana sea comercial o artesanal, mientras que la vida ‘rural’ es agrícola o pastoral. Sabemos que, por ejemplo, las ciudades ‘clásicas’ en las culturas griega y romana no tenían una distinción clara entre el habitante rural y el urbano (en contradistinción con el medioevo europeo). Y múltiples aldeas rurales han tenido artesanos incorporados (cuando aparezca el hierro, el herrero será parte de muchos ambientes aldeanos a lo largo del tiempo), y vendedores ambulantes que visitan aldeas rurales también han sido parte de la vida en muchas zonas rurales.

Lo que sí podemos plantear como algo común es que la existencia de ciudades implica la existencia de una jerarquía de asentamientos. Las sociedades que tienen ciudades son sociedades que distinguen, que usan y operan bajo la distinción, entre la ciudad y la aldea (o lo rural). La ciudad es un asentamiento que se ubica en la parte superior de dicha jerarquía. En otras palabras, no es un tema absoluto de tamaño, y el limite siempre es poroso (existen evidencias de áreas suburbanas para la antigua Mesopotamia para el caso) y hay mucha superposición, pero la ciudad aparece cuando se generan asentamientos que pueden distinguirse de las aldeas rurales. Y esto implica entonces que la ciudad ha de entenderse siempre en relación (en sus distintas relaciones) con el mundo rural que lo circunda. Al mismo tiempo, escasas son las ciudades que están aisladas -una ciudad opera en relación también con otras ciudades. Entre ambas relaciones se constituye esta unidad.

La distinción es un tema, si se quiere, de densidad y de concentración de actividad. Quién dice ciudad habla de construcciones cercanas, de habitantes que viven aglomerados, y toda la actividad que ello permite. En particular, en las condiciones de comunicación y de transporte que existen en la época en que nacen las ciudades, algo así como un mercado (que en esos tiempos es equivalente a un mercado físico) permanente se sostiene bajo condiciones urbanas. La capacidad de división del trabajo, que aparezcan y que tengan suficiente actividad para sostenerse, de especialistas y de trabajadores que no vivan de la agricultura, es algo que la ciudad permite. La concentración que implica la vida urbana es una condición de dinamismo de la vida económica y social. Algo que en general sigue siendo válido, pero lo es aún más cuando la disminución de la distancia física facilita crucialmente la actividad social coordinada.

La emergencia de la ciudad es la emergencia de focos de concentración de actividad social, y de ello deriva una dinamización general de dicha vida social. Las ventajas que produce la concentración generan, a su vez, la producción de centros urbanos de tamaño importante a fechas relativamente tempranas. Uruk contó con poblaciones cercanas a 60 mil habitantes cerca del 3.000 AC y Ur con una población similar en la época de la III dinastía de Ur (2100-2000 AC), y siempre es posible encontrar estimaciones mayores. En épocas de ciudades de 20 millones ello puede parece ‘pequeño’, pero si comparamos esos tamaños con una aldea típica podemos darnos cuenta inmediatamente del salto y pensar en todo lo que éste implica.

 

Los otros dos elementos que hemos mencionado como estructurantes de la civilización, la escritura y la organización formal (el Estado usualmente), tienen una relación muy estrecha entre sí. No hay organización sin registros escritos, los registros escritos se generan a partir de las necesidades de estas organizaciones. No ocurre lo mismo, al menos ese es mi parecer ahora, con la ciudad: La vida urbana puede pensarse separada de los otros fenómenos.

Al mismo tiempo, están altamente asociados. Los Estados crean y hacen crecer a sus capitales (y fundar ciudades se convierte en una actividad típica de reyes desde temprano), y la vida urbana  y el Estado han ido muchas veces de la mano. La concentración de actividad que es la ciudad y la concentración de poder que es el Estado si bien no tienen relaciones necesarias entre sí, si se han facilitado mutuamente. La coordinación social urbana fácilmente se transforma en coordinación organizada (y Estado), y el Estado usa y promueve esos bastiones de actividad y poder que son las ciudades. Empero, la ciudad y el Estado no son lo mismo.

En nuestros lenguajes, ciudad y civilización tienen una raíz común. Y esta casualidad de todas formas es relevante: La vida de la ciudad, el mero dinamismo generado por una alta densidad de población y de concentración de actividad, es crucial para comprender las dinámicas de la vida social una vez que emerge la civilización.

No por nada las caídas de las ciudades se presentan y son experimentadas como desastres que equivalen a la muerte de la civilización. O como dice la Lamentación de la ruina de Ur, a propósito de la caída de la III dinastía antes mencionada:

¡Ciudad, alza tu lamento; que sea amargo tu lamento!
Amargo sea tu lloro, alzalo tan grande como puedas.
De una santa ciudad destruida el lamento ha de ser muy alto.
Ur la santa, la dormida: amargo sea su lamento.
Ladrillos de la ciudad, alzad el doliente son.
Santuarios de las deidades, alzad el doliente son.